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Hielo Y Alquitrán

Hielo Y Alquitrán

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor-odio / Completas
Popularitas:13k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞Zen, el gélido estratega Grimhand, y Hendrik, el indomable lobo De Vries, desafiaron la biología y el poder corporativo. Tras huir, fundaron un imperio. Su amor prohibido, transformó la guerra en una dinastía inquebrantable.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Chispa

La sala de juntas olía a papel, café amargo y el aroma rancio de dos Alfas ancianos que ya no tenían nada que demostrar, pero que aún disfrutaban del poder como si fuera oxígeno. Arthur Grimhand y Viktor De Vries presidían la mesa como dos reyes cansados de una guerra que ellos mismos habían iniciado décadas atrás, observando a sus herederos con una mezcla de orgullo y desconfianza.

Zen y Hendrik se sentaron frente a sus respectivos padres. La tensión entre los jóvenes era tan espesa que incluso los asistentes en las esquinas de la sala parecían contener el aliento, temiendo que una sola palabra fuera el detonante de una explosión.

—El contrato está listo —dijo Arthur, el padre de Zen, golpeando una carpeta de cuero sobre la mesa con una finalidad que resonó en toda la estancia—. Pero no vamos a firmar una alianza basada solo en promesas. Las acciones de ambas empresas se fusionarán en un proyecto logístico masivo. Y ustedes dos serán la cara, el cuerpo y el alma de ese proyecto.

—Ya lo sabemos, padre —interrumpió Zen con voz gélida, manteniendo su máscara de indiferencia—. Supervisaremos las operaciones desde las oficinas centrales. No es necesario tanto teatro.

Viktor De Vries soltó una carcajada ronca que hizo que Hendrik apretara los puños sobre sus muslos.

—Ahí es donde te equivocas, muchacho —dijo Viktor mirando a su hijo—. El mercado está nervioso. Corren rumores de que los herederos se odian tanto que la fusión fracasará antes de la primera auditoría. Necesitamos demostrar una unidad absoluta. Una "hermandad" que sea indiscutible ante los inversores.

Hendrik se reclinó en su silla, su espalda ancha tensando la tela del traje.

—¿Y qué sugieren? ¿Que salgamos a cenar y nos dejen tomarnos una foto sonriendo? Nadie se lo tragaría. Ni siquiera los ciegos.

—Sugerimos algo más drástico —sentenció Arthur Grimhand—. Durante los próximos seis meses, vivirán juntos. Pero no en un hotel, ni en uno de sus apartamentos de soltero donde pueden esconderse en habitaciones separadas.

Zen sintió un escalofrío que le recorrió la columna, una premonición biológica.

—¿A qué te refieres con "vivir juntos"?

—Hemos rehabilitado la antigua residencia de la frontera —explicó Viktor—. Es una propiedad aislada, tecnicamente neutral. Solo hay una suite principal funcional, una cocina y una oficina. Estarán bajo la mirada de la prensa y de nuestros propios auditores. Si uno de ustedes deja la casa antes de tiempo, el contrato se anula y la familia que rompa el pacto perderá el cuarenta por ciento de sus activos.

El silencio que siguió fue absoluto. "La residencia de la frontera" era una mansión de cristal y concreto en medio de la nada, diseñada para la seguridad extrema, pero que para ellos sería una jaula transparente.

—¿Una sola suite? —la voz de Hendrik salió como un gruñido bajo, casi animal—. ¿Están locos? Somos dos Alfas. Poner a dos Alfas en un espacio tan reducido sin un Omega que medie la tensión es una receta para el desastre. Podríamos matarnos en una semana.

—Entonces aprendan a ser líderes y no animales —respondió su padre con frialdad—. Demuestren que son lo suficientemente hombres para dejar de lado su orgullo por el bien del apellido.

Dos horas después, Zen se encontraba en medio de la sala de la mencionada residencia. Sus maletas estaban en la entrada y el eco del coche alejándose lo dejó en un silencio sepulcral, solo roto por el zumbido casi imperceptible del sistema de ventilación.

La casa era hermosa, pero se sentía pequeña. El aroma a abedul de Hendrik ya estaba empezando a impregnar los muebles, reclamando el territorio de manera instintiva.

—No voy a dormir en el sofá, Grimhand —dijo Hendrik detrás de él. Ya se había quitado la chaqueta y desabotonado los primeros botones de su camisa, liberando ráfagas de ese aroma ahumado que ahora, en la soledad, se sentía mucho más íntimo.

Zen se giró, tratando de que sus manos no temblaran.

—Hay una cama de tres metros de ancho, Hendrik. No seas infantil. Podemos dividirla. Lo que me preocupa no es el espacio para dormir.

—¿Ah, no? ¿Y qué te preocupa? —Hendrik se acercó, caminando con esa lentitud depredadora, acortando la distancia hasta que Zen pudo sentir el calor que emanaba de su cuerpo.

—Me preocupa que esta casa tiene un sistema de supresores de aroma centralizado —dijo Zen, señalando unas pequeñas rejillas en el techo—. Mi padre lo confesó. Para "evitar conflictos", la casa filtra nuestros aromas, pero también bombardea el aire con una frecuencia que inhibe la agresividad natural de los Alfas.

Hendrik frunció el ceño y olfateó el aire. Se sentía extrañamente ligero, como si la rabia que siempre sentía al ver a Zen estuviera siendo adormecida por una droga invisible.

—¿Y eso es malo? Al menos no nos arrancaremos la cabeza.

Zen lo miró con una mezcla de lástima y ansiedad pura.

—Eres un idiota. La agresividad y el deseo en un Alfa provienen de la misma fuente de energía. Si la máquina nos quita las ganas de pelear, el cuerpo busca otra forma de liberar la presión acumulada.

Hendrik se detuvo a pocos centímetros de él. La diferencia de masa muscular hacía que Zen se sintiera envuelto por la sombra del otro.

—¿Qué otra forma? —preguntó Hendrik, y su voz bajó a un registro que hizo vibrar el suelo bajo los pies de Zen.

—El deseo —susurró Zen—. Sin el odio para mantenernos alejados, nuestros instintos Alfa dejarán de vernos como enemigos para vernos como... compañeros. El sistema nos está forzando a una compatibilidad artificial.

Hendrik soltó un bufido, pero su mirada se desvió involuntariamente hacia la clavícula de Zen, donde la piel blanca parecía invitar a un mordisco. El aroma a enebro, aunque filtrado, se sentía ahora más dulce, casi embriagador, como una ginebra fina que se sube a la cabeza.

—Eso es una teoría de científicos... —dijo Hendrik, aunque su mano se levantó por sí sola, rozando la tela de la chaqueta de Zen. El contacto mandó una descarga eléctrica a través de ambos—. Tú y yo no podemos ser compañeros. Somos dos polos iguales.

—Pruébalo —retó Zen, aunque sus propias piernas se sentían pesadas, ancladas al sitio—. Aléjate. Ve a la cocina. Haz algo que no sea mirarme como si quisieras devorarme.

Hendrik no se movió. En lugar de eso, cerró el espacio. La falta de "agresividad" estaba funcionando; en lugar de querer golpearlo por la provocación, Hendrik sintió una necesidad devastadora de poseerlo.

—Estamos atrapados, Zen —murmuró Hendrik, su aliento rozando la oreja del rubio—. Seis meses. Un solo cuarto. Y una máquina que nos obliga a ser "amables".

Hendrik sujetó a Zen por la cintura con una fuerza posesiva. Zen soltó un jadeo, pero sus manos, en lugar de empujarlo, se cerraron sobre los hombros de Hendrik, arrugando el traje caro.

—Si me tocas... —amenazó Zen, aunque su voz era un ruego disfrazado de advertencia.

—¿Si te toco, qué? —Hendrik hundió la nariz en el cuello de Zen, aspirando el aroma a ginebra que ahora parecía quemarle los sentidos—. Aquí no hay reglas, Zen. Solo estamos nosotros dos y esta maldita casa que nos está volviendo locos.

El primer beso no fue una pelea. Fue una rendición. Un choque de labios hambrientos impulsado por una biología alterada que les prohibía odiarse y los obligaba a reconocer que, bajo la guerra de apellidos, solo quedaban dos Alfas necesitados de una chispa que los consumiera por completo.

La guerra acababa de empezar, y esta vez, el campo de batalla era la piel del otro.

Fue un beso lento, hambriento, impulsado por una biología alterada que les prohibía odiarse y los obligaba a reconocer que, bajo la guerra de apellidos, solo quedaban dos Alfas necesitados de una chispa que los consumiera por completo.

La guerra no había terminado; simplemente se había trasladado a la cama que ahora debían compartir.

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ISABELRUIZDIAZ[BETA]😈🖤
Hola escritor como siempre no me defraudas la verdad que Estoy sumamente complacida con la obra que has creado y agradezco tener la oportunidad de siempre tener la grata sorpresa de encontrar una más de tus locuras de mi agrado me impresiona la realidad que puedes llegar a causar en una obra utilizando la biología el amor El Poder el sacrificio y la evolución en una sinfonía espectacular creando así una nota perfecta Gracias escritor nos veremos más adelante y espero poder seguir siendo participe de sus obras como uno de los invitados a ver
Skay P.: ¡Mi Chikis! Gracias por tus elogios, me llenan el alma🤟🌈
Te recomiendo "Sol de la Bahía". Es una historia de amor muy hermosa.
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isisM.
tiene mucha razón lo que le dijo al hombre de hielo
isisM.
pues bruton, bruto no es jajaj
Skay P.: Pobre bebé 🫦
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isisM.
fuera yo le agarro una chichi jajajaj
isisM.
fuera el zen le digo pendeme fuego jajaj🤣
isisM.
intensoooo🤭
Skay P.: ¿Lo querías así o no?😈
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isisM.
de muchas más 🤭
isisM.
todo comenzó mal y Meda miedo que termine mal
Skay P.: ¡Sin miedo al éxito, mi amor!🫣🫠
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isisM.
uuuy esto va a dolor un chingo cuando llegue el momento de salir de esa casa 😭😭😭
Skay P.: ¡Habrá sorpresas!🫰✨️
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isisM.
eso significa " tocame tocame " jajaj
Skay P.: Significa ¡que duela, pero rico!🙈
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isisM.
susurros del diablo jajajja
Skay P.: Estamos en sintonía, mi amor🫰
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isisM.
cielo si te traía ganas desde antes de ese fallo ahora que puede acercarse más vos crees que se irá otro lado
Skay P.: ¿Qué harías en su lugar?🫣
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isisM.
wooooaaaw quedé 🤨🤨🤨🤨
Skay P.: Y lo que falta, mi cielo...🧚‍♂️✨️🌈
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isisM.
vuelvo y repito que quieren Aser esos viejos zorros
Skay P.: Ya te expliqué hace un rato, cariñito📲🌈😈🤟
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isisM.
el diablo y de cristal en la primera estalla esa casa jajajaj
Skay P.: ¡Tu mente es diabólica!😈🤟
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isisM.
viejos zorros que tiene en la cabeza de juntar a dos catástrofes nucleares juntos
Skay P.: jajajaja 😈🌈
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isisM.
por esos pensamientos que inculcaron ahora hay dos bestias una impulsiva y la otra muy serena que aún así sabes que es peligrosa
Skay P.: Bestias peligrosas y sabrosas 🫦
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isisM.
es terrible que el " enemigo " te conosca también 🤣
isisM.
zen lograste herir fuerte el orgullo de ese macho
isisM.
uuuy me encanta la manera de provocarlo
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