Mateo, Elena, Sophia y Liam han heredado el éxito de sus padres y hoy dominan la ciencia, la alta cocina y la moda internacional. Pero el verdadero engranaje del destino estalla cuando los hilos de la infancia se cruzan de forma pasional: los mellizos de ambas familias se enamoran de manera cruzada. Una historia de ambición moderna, lealtad inquebrantable y erotismo explícito donde el amor real se multiplica en la sintonía perfecta de una nueva generación.
Orden de las novelas
- Fuegos Artificiales Invisibles
- frecuencia cruzada: El Legado Del Estéreo
NovelToon tiene autorización de Yelina Lopez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Pulso Del Diseño Y La materia
Mateo – La precisión cuántica
El silencio no es la ausencia de sonido; es la calibración perfecta de todas las frecuencias en un punto de equilibrio absoluto. Mi nombre es Mateo Jiménez, tengo veinticuatro años y mido uno con ochenta y dos de estatura. Heredé los ojos oscuros y la fijeza analítica de mi padre, Gonzalo, un hombre que me enseñó desde que tengo memoria que el universo no se rige por el azar, sino por leyes matemáticas invisibles que esperan ser descifradas en el silencio de un taller. Sin embargo, mientras mi padre dedicó su vida a capturar la acústica perfecta a través de circuitos integrados y amplificadores analógicos que hoy resuenan en las capitales más importantes del mundo, yo decidí llevar ese legado un paso más allá, hacia el espacio exterior.
Soy físico cuántico y actualmente me desempeño como director de desarrollo de sistemas de propulsión limpia para una de las firmas aeroespaciales más prestigiosas de Berlín, Alemania. Mi trabajo consiste en diseñar motores que desafían la gravedad terrestre mediante la manipulación de campos electromagnéticos a escala subatómica. Es un universo pulcro, matemático y riguroso que a muchos les parecería frío, pero para mí es poesía pura escrita en código binario. Cuando no estoy encerrado en los laboratorios de alta seguridad evaluando los balances de energía de un prototipo de plasma, mi verdadera pasión es el desarmado e ingeniería inversa de relojes mecánicos antiguos y tocadiscos de válvulas de los años setenta. Me fascina sentarme en el banco de trabajo de mi apartamento, bajo la luz focalizada de una lámpara técnica, sintiendo el tic-tac rítmico de los engranajes microscópicos entre mis dedos. Es mi manera de mantener los pies en la tierra mientras mi mente diseña motores para las estrellas.
Hablemos de mi familia, el circuito original donde me crié. Mi madre, Yadira, es la mujer más elegante que ha pisado una pasarela internacional; una modelo icónica que dejó el modelaje activo para fundar Frecuencia Model Management, un imperio estético con sedes en Milán, Madrid y Buenos Aires. De ella heredé la prestancia, el perfeccionismo obsesivo y esa incapacidad manifiesta para aceptar un trabajo mal hecho. Mi padre, Gonzalo, sigue siendo mi mayor referente: el artesano que construyó su propia empresa internacional de ingeniería acústica partiendo de un humilde taller de reparación de tocadiscos. Juntos forman una frecuencia perfecta que nos crió a mi hermana melliza, Elena, y a mí bajo un manto de lealtad inquebrantable. Somos una familia que no conoce de silencios dolorosos porque aprendimos que el amor real se comunica en estéreo.
Pero el engranaje de mi vida no estaría completo sin mencionar la fuerza que desorganiza y vuelve a alinear todas mis variables cuánticas: Sophia. La hija de Jester y Caliope, los hermanos de vida de mis padres, es el centro de gravedad de mi universo adulto. Sophia es neurocirujana pediátrica, una mujer de veinticuatro años con una mirada decidida que es capaz de sostenerle el pulso a la muerte en un quirófano. Estamos comprometidos en una relación que muchos considerarían predestinada, pero que para nosotros es la fusión matemática de dos almas que crecieron compartiendo el mismo jardín de la casa de campo. Cuando la rodeo con mis brazos y pego su cuerpo al mío, siento que todas las ecuaciones del cosmos finalmente encuentran su solución.
Elena – La geometría de la seda
Si mi hermano mellizo, Mateo, encuentra la belleza en las variables invisibles del espacio, yo la encuentro en la tangibilidad de una tela de seda cayendo sobre el cuerpo humano con una caída matemática perfecta. Mi nombre es Elena Jiménez, tengo veinticuatro años y mi uno con setenta y cuatro de estatura es una herencia directa de los genes de mi madre. Poseo su misma piel suave, los dedos largos que facilitan el dibujo de figurines y esa mirada felina y segura que me permitió pararme frente a los directores de moda más exigentes de Europa sin que me temblaran las piernas.
Soy la directora creativa global de Frecuencia Model Management. Aunque durante mi adolescencia intenté rebelarme contra el destino evidente estudiando finanzas internacionales en Madrid, descubrí muy pronto que los reflectores, el diseño y la estética visual eran una sintonía demasiado potente en mi torrente sanguíneo como para ignorarla. Hoy en día, coordino las estrategias estéticas de nuestras sedes internacionales, pero mi verdadero logro ha sido la transformación de la empresa hacia la sostenibilidad textil y el diseño ético. Me fascina viajar por el mundo buscando cooperativas de seda orgánica en Asia y talleres de alta costura con impacto social en América Latina. Para mí, la moda no es vanidad superficial; es una declaración geométrica de poder, identidad y respeto hacia el cuerpo y la tierra. En mis pocas horas libres, me pierdo en la pintura abstracta con óleo sobre lienzos de gran formato en mi estudio iluminado por ventanales industriales. Pintar es mi catarsis, el espacio donde las líneas rectas de los balances financieros se disuelven en manchas de color vibrante.
Crecer en el nido de Gonzalo y Yadira fue como vivir dentro de una sinfonía perfectamente afinada. Mi madre es mi mentora, mi jefa y mi mejor amiga; verla manejar las juntas de negocios con la misma prestancia con la que dominaba las pasarelas de Milán me enseñó que la elegancia es una armadura indestructible. Mi padre es el cable a tierra de la casa; el hombre que nos esperaba con el desayuno listo y un disco de jazz sonando en la sala para equilibrar las energías estresantes de la agencia. Mateo y yo compartimos ese nexo místico que solo los mellizos entienden: un lazo que no necesita de palabras para saber cuándo el otro está pasando por una tormenta de diseño.
Sin embargo, el verdadero fuego que consume mi cordura y acelera mis latidos en una frecuencia incontrolable tiene nombre y apellido: Liam Jiménez. El hijo de Jester y Caliope, el heredero culinario de El Refugio, es el hombre que me mantiene unida a la tierra a través de los sentidos. Liam es un gigante de un metro ochenta y cinco con manos fuertes de cocinero y una risa ronca que me desarma por completo. Es el chef ejecutivo de la sucursal de París y recientemente ganó su primera estrella Michelin propia. Nuestra relación rompió todas las barreras de la amistad infantil para transformarse en una pasión carnal y un compromiso maduro que nos une en una sintonía única. Cuando Liam me toma de la mano y me besa con esa urgencia hambrienta que heredó de su padre, entiendo que la alta costura de mi vida solo encuentra su verdadero diseño cuando se fusiona con los sabores de su santuario culinario.
Elena y Mateo
...****************...