trata de Lukas un líder de una pandilla el cuál es hermano mayor de takimechi claro los dos tenían sus diferencias y Lukas tiempo Después conoció a Leonardo que con el pasar de los día se empezó a enamorar de el hasta que ahora estaban a nada de casarse pero acurrucó algo inesperado Lukas fue plantado en el altar
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el nuevo líder
La ciudad no dormía.
Pero Lukas tampoco.
Sentado en la azotea de un edificio abandonado, con la vista puesta en las luces lejanas… parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
El bate ya no estaba con él.
No lo necesitaba.
—Antes golpeabas primero… —dijo Takemichi Hanagaki, acercándose—. Ahora solo… piensas.
Lukas no respondió de inmediato.
—Golpear es fácil —murmuró al fin—. Ganar… no.
Takemichi se sentó a su lado.
—¿Y qué estás planeando?
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Lukas.
Pero no era cálida.
Era peligrosa.
—Todo.
Días después…
Las pandillas empezaron a notar algo extraño.
Rutas bloqueadas sin razón.
Alianzas que se rompían solas.
Rumores que aparecían… justo donde hacían más daño.
Nada apuntaba directamente a Lukas.
Pero todo llevaba a él.
—¿Crees que es coincidencia? —preguntó uno de los líderes, nervioso.
—No… —respondió otro—. Es estrategia.
Mientras tanto…
En un almacén oculto, Lukas estaba de pie frente a un mapa enorme de la ciudad.
Líneas marcadas.
Nombres tachados.
Territorios divididos.
Ya no era el chico que reaccionaba.
Ahora era el que movía las piezas.
—Este cae mañana —dijo, señalando una zona—. Y este… se une a nosotros.
Uno de sus hombres dudó.
—¿Y si se niegan?
Lukas levantó la mirada.
Fría. Calculadora.
—No lo harán.
Takemichi observaba todo en silencio.
Había algo diferente.
Algo… más oscuro.
—Lukas —dijo—, esto… ¿no es demasiado?
Él giró apenas.
—Antes perdí por confiar.
Pausa.
—No va a pasar otra vez.
Esa misma noche…
Un líder rival fue traicionado por su propia gente.
Otro perdió su territorio sin pelear.
Y uno más… desapareció.
El nombre de Lukas empezó a correr como un susurro.
Pero no de miedo.
De inevitabilidad.
Días después, Takemichi lo encontró solo.
—Estás cambiando.
Lukas no lo negó.
—Estoy evolucionando.
—Pero… ¿a qué costo?
Silencio.
Lukas lo miró fijamente.
—A uno necesario.
Takemichi apretó los puños.
—No quiero perderte.
Eso… sí lo detuvo.
Por un segundo.
Solo uno.
Pero fue suficiente para que Lukas desviara la mirada.
—No me vas a perder.
Pausa.
—Porque ahora… nadie puede tocarme.
Pero en las sombras…
El mismo chico que los observaba antes… sonrió.
—Perfecto…
Sus ojos brillaban con interés.
—Un rey sin corazón… es mucho más divertido.
“El chico de las sombras”
La noche estaba en silencio.
Demasiado.
El tipo de silencio que no trae paz… sino advertencia.
Lukas lo sintió antes de verlo.
—Sal —dijo, sin girarse.
Apoyado contra la barandilla de la azotea, con las manos en los bolsillos, parecía relajado… pero sus ojos ya estaban alerta.
Unos pasos suaves rompieron la quietud.
Desde las sombras… alguien apareció.
Alto. Delgado. Elegante.
Pero había algo en él que no encajaba.
No era miedo.
No era respeto.
Era… interés.
—Así que tú eres Lukas —dijo el chico, con una leve sonrisa.
Lukas lo miró de reojo.
—Depende —respondió—. ¿Quién pregunta?
El chico se acercó un poco más, lo suficiente para que la luz revelara su rostro.
Ojos intensos.
Expresión tranquila… casi divertida.
—Alguien que ha estado observándote.
Silencio.
Lukas no reaccionó.
Pero su mente ya trabajaba.
—Entonces ya deberías saber que eso es un error.
El chico negó suavemente.
—No… —dio otro paso—. El error sería ignorarte.
Eso llamó su atención.
Lukas giró completamente ahora.
Frente a frente.
—Habla claro.
El chico sonrió un poco más.
—Me gustan las cosas interesantes.
Pausa.
—Y tú… acabas de convertirte en lo más interesante de esta ciudad.
No había burla en su voz.
Era honesto.
Eso… lo hacía más peligroso.
—¿Quieres unirte? —preguntó Lukas directamente.
El chico soltó una pequeña risa.
—No.
Un segundo de silencio.
—Quiero jugar contigo.
Eso fue suficiente.
En un instante, Lukas lo tomó del cuello y lo empujó contra la pared.
Golpe seco.
—No juego —su voz era baja, peligrosa—. Gano.
Pero el chico no se resistió.
No se asustó.
Al contrario…
sonrió más cerca.
—Eso es lo que quiero ver.
Sus ojos se clavaron en los de Lukas.
—Hasta dónde puedes llegar… antes de romperte.
Ese comentario…
tocó algo.
Algo profundo.
Lukas apretó más fuerte… pero no lo golpeó.
—Nombre.
—Kai —respondió sin dudar—. Recuérdalo.
Silencio.
El viento sopló entre ellos.
Cercanos.
Demasiado cercanos.
Y por un momento…
nadie habló.
Hasta que—
—Lukas.
La voz de Takemichi Hanagaki interrumpió.
Ambos giraron.
Takemichi estaba ahí.
Mirando la escena.
Confundido.
Tenso.
—¿Quién es él…?
Lukas soltó lentamente a Kai.
Pero no apartó la mirada de él.
—No lo sé —respondió—. Pero no me gusta.
Kai se acomodó como si nada hubiera pasado.
—Mentira —dijo, divertido—. Te intrigo.
Y luego miró a Takemichi.
—Y tú debes ser el hermano.
Una pausa.
—El único capaz de detenerlo.
Takemichi frunció el ceño.
—¿Qué quieres?
Kai inclinó la cabeza ligeramente.
—Ver qué pasa… cuando alguien como él—
miró de nuevo a Lukas
—empieza a sentir algo otra vez.
Silencio.
Pesado.
Peligroso.
Porque esa no era solo una provocación.
Era una promesa.
Kai comenzó a alejarse.
Pero antes de desaparecer en la oscuridad, dijo:
—Nos volveremos a ver, Lukas.
Pausa.
—Y la próxima vez… no voy a irme.
El silencio regresó.
Takemichi miró a Lukas.
—No me gusta.
Lukas tampoco apartaba la vista del lugar donde Kai desapareció.
—A mí tampoco…
Pausa.
—Pero no puedo ignorarlo.
Y eso…
era el verdadero problema.