🐺 Sinopsis
En los bosques montañosos de Cali, la joven Valeria Andrade descubre que su destino está ligado a una antigua manada de hombres lobo. Cuando conoce a Adrián Blackwood, el alfa más poderoso del continente, una conexión irresistible los une. Pero una profecía anuncia que su amor podría salvar a todas las manadas… o destruirlas para siempre.
Traiciones, guerras entre clanes, secretos familiares y una pasión prohibida marcarán esta historia épica.
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el vínculo roto
La luz lunar envolvió el cuerpo gigantesco de Fenrir mientras Valeria Andrade permanecía atrapada en el núcleo de oscuridad de la bestia.
Todo a su alrededor era caos.
Sombras.
Dolor.
Ecos de miles de voces consumidas por el odio.
La energía roja del eclipse chocaba violentamente contra la luz plateada de los sellos de Selene.
Valeria sentía que su alma estaba siendo desgarrada.
Cada recuerdo feliz comenzaba a desvanecerse lentamente bajo la presión de aquella oscuridad ancestral.
Pero había algo que seguía brillando.
El vínculo con Adrián Blackwood.
Lo sentía al otro lado del vacío.
Como un hilo cálido intentando mantenerla unida al mundo.
—Valeria…
La voz de Adrián llegó débilmente hasta ella.
Valeria abrió los ojos dentro de la oscuridad.
Podía verlo a través del vínculo.
El enorme lobo negro luchaba desesperadamente contra las sombras que intentaban acercarse al núcleo de Fenrir.
Cada vez que la oscuridad golpeaba a Valeria, Adrián también sufría.
Y el vínculo comenzaba a agrietarse.
En el exterior, el valle entero estaba siendo destruido por la batalla.
Mateo Cruz jadeaba mientras esquivaba el ataque de un lobo salvaje.
—¡Dime que esto está funcionando!
Sofía Reyes derribó otra criatura con sus cuchillas plateadas.
—¡Si no funciona, estamos muertos igual!
Sebastián Blackwood observaba a Valeria con creciente preocupación.
La luz lunar alrededor de ella estaba debilitándose.
Y la oscuridad de Fenrir seguía aumentando.
Lucian Thorne lo comprendió antes que nadie.
—El vínculo no resistirá mucho más.
Adrián rugió con furia.
—¡Entonces ayúdame!
Lucian dudó apenas un segundo.
Luego corrió hacia Fenrir.
Por primera vez en años, no luchaba por poder.
Luchaba por alguien más.
El antiguo alfa clavó sus garras en el cuerpo de la bestia ancestral mientras liberaba toda su energía oscura para contenerla.
Fenrir rugió violentamente.
El impacto lanzó a Lucian varios metros hacia atrás.
Pero logró abrir una grieta momentánea en el núcleo de sombras.
Dentro de aquella grieta, Valeria vio algo inesperado.
Un niño.
Solo.
Asustado.
Cubierto por oscuridad.
Fenrir.
No como monstruo.
Sino como el origen de todo el dolor acumulado durante siglos.
La criatura había nacido del sufrimiento de incontables guerras.
Y seguía creciendo porque el odio nunca desaparecía completamente.
Valeria sintió lágrimas arder en sus ojos.
—Ya basta…
La oscuridad respondió con furia.
Las voces comenzaron a atacar nuevamente.
—El amor siempre termina en pérdida.
—Todos te abandonarán.
—Tu madre murió.
—Adrián morirá.
El vínculo volvió a quebrarse.
Valeria gritó de dolor.
En el exterior, Adrián cayó de rodillas.
El lazo entre ambos comenzaba a romperse definitivamente.
Sebastián palideció.
—No…
La luna roja alcanzó el punto más alto del eclipse.
El cielo entero se oscureció.
Y Fenrir comenzó a absorber aún más energía.
La tierra se abrió bajo el valle.
Montañas enteras temblaron.
Valeria sintió que estaba perdiéndose.
Sus recuerdos empezaron a fragmentarse.
La primera vez que vio a Adrián.
El bosque.
El lago.
Sus manos entrelazadas.
Todo se volvía distante.
La oscuridad intentaba arrancarle aquello que más amaba.
Y entonces escuchó otra voz.
La de su madre.
Lucía Andrade apareció frente a ella como un recuerdo hecho de luz.
—El amor no es debilidad, Valeria.
Valeria sintió que el corazón se rompía.
—Mamá…
Lucía sonrió suavemente.
—La oscuridad siempre intentará convencerte de que estás sola. Pero nunca lo has estado.
La imagen extendió la mano.
Y detrás de ella aparecieron más figuras.
Selene.
Ariana.
Todas las antiguas guardianas de la Luna.
Una cadena de mujeres que habían protegido el equilibrio durante generaciones.
Valeria comprendió entonces que el verdadero poder de Selene nunca había sido la destrucción.
Era la unión.
La capacidad de seguir amando incluso después del dolor.
La oscuridad rugió violentamente alrededor.
Fenrir intentó consumir aquellas luces.
Pero Valeria se puso de pie.
La loba blanca apareció detrás de ella, gigantesca y luminosa.
—No voy a odiarte —susurró Valeria mirando al núcleo oscuro—. Y no dejaré que destruyas más vidas.
La energía plateada explotó desde los tres sellos.
En el exterior, Adrián levantó la cabeza al sentir el cambio.
El vínculo volvió a brillar.
Más fuerte que antes.
Valeria extendió ambas manos hacia el corazón oscuro de Fenrir.
Y en lugar de atacarlo…
Lo abrazó.
El núcleo se estremeció.
La criatura lanzó un rugido desgarrador.
Toda la oscuridad acumulada durante siglos comenzó a desintegrarse lentamente bajo la luz lunar.
Fenrir ya no parecía una bestia.
Parecía un alma cansada.
Una criatura nacida del sufrimiento que finalmente encontraba descanso.
La luna roja empezó a perder intensidad.
El eclipse comenzaba a romperse.
En el valle, los lobos salvajes cayeron al suelo debilitados.
Las sombras desaparecieron poco a poco.
Lucian observó la escena con incredulidad.
—Ella lo logró…
Sebastián sonrió por primera vez en mucho tiempo.
—Porque eligió el amor sobre el miedo.
Pero entonces algo salió mal.
Una grieta oscura atravesó el vínculo entre Valeria y Adrián.
El proceso de sellado exigía un precio.
Valeria sintió cómo el lazo comenzaba a romperse definitivamente.
El dolor fue insoportable.
Adrián corrió hacia ella.
—¡Valeria!
Ella cayó de rodillas mientras la luz lunar envolvía todo el valle.
El vínculo se quebraba.
Pedazo a pedazo.
Y ambos comprendieron la terrible verdad.
Fenrir estaba siendo sellado.
Las manadas sobrevivirían.
Pero el precio para salvar el mundo… era destruir el vínculo que unía sus almas.