Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
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Victoria
Después de unos minutos, la carrera final terminó.
El ganador...
¡El Esqueleto de las Profundidades!
—¡No puede ser! —gritó Tobías.
—¡Gané! ¡Gané! —Jack saltaba sobre la cama.
Jack: ¡Te ganó el esqueleto!
Tobías: No es justo. Era obvio que ganarías, es el más rápido.
Jack: Sí, sí, como sea. Me debes algo.
Tobías aceptó su destino y volteó a ver a su amigo con seriedad, preparándose para escuchar su petición.
Jack se quedó en silencio mirándolo.
Tobías: Eh... ¿entonces? ¿Qué quieres que haga?
Jack: Es cierto... em, bueno, no sé qué pedir.
Tobías: ¿Cómo que no sabes qué pedir? Si hiciste esta apuesta es porque querías algo de mí.
¿Y bien? ¿Qué quieres?
Jack: No lo sé...
Tobías: Tienes cinco segundos o el premio expira.
Jack: Tal vez... un abrazo.
Jack bajó la mirada, esperando una respuesta positiva de su amigo.
Tobías: ¿En serio?
Jack: Sí.
Tobías: Jack, sabes que puedes pedirme un abrazo cuando quieras... acabas de desperdiciar la mejor apuesta de tu vida.
Jack: Es que no es solo un abrazo...
Tobías: ¿Entonces?
Jack: ¿Te quedarías conmigo esta noche?
Tobías tragó saliva y se puso nervioso por un momento ante aquella petición.
Tobías: Esto... ¿pero por qué quieres que me quede?
Jack seguía con la mirada baja y las mejillas enrojecidas.
Jack: Es que he escuchado unos ruidos raros que vienen del ático y...
Tobías: Te da miedo.
Jack: Sí. Sabes que soy miedoso.
Tobías: ¿Sabes qué es raro?
Jack: ¿Los ruidos?
Tobías: No, que tengas un ático. Eso no es muy colombiano de tu parte.
Jack: Tobi... hablo en serio. ¿Te puedes quedar conmigo esta noche?
Tobías se quedó un segundo en silencio pensando en la respuesta que le daría.
Tobías: ¿Tu madre no llega esta noche?
Jack: Te había dicho antes que se tenía que ir de nuevo a una expedición o lo que sea...
Tobías: Cierto... ya me acordé.
Jack miró a su amigo esperando su confirmación de una vez por todas.
Jack: Bueno, si quieres no tienes que quedarte. Me conformo con el abrazo.
Tobías: Eres un manipulador total.
Jack se sobresaltó.
Jack: ¡Eso es mentira!
Tobías: Jajaja. Bueno, me quedaré a dormir contigo, pero yo invito la pizza.
Jack: ¡¿En serio?!
Jack se emocionó tanto que empezó a revolcarse sobre la cama como si estuviera teniendo un ataque de felicidad.
Tobías lo observaba con alegría.
Jack: Pero no voy a dejar que me invites la cena. Yo la pediré.
Tobías: Ya te dije que la pagaré yo.
Jack: Pero, Tobi, ya gastaste dinero en el auto que te trajo a mi casa y además me ayudaste con el jardín. Déjame pagarlo.
Tobías: Me humillas porque tienes dinero, ¿no?
Jack: ¡No, no es eso!
Tobías: Jajaja, es broma.
Ven acá, tonto elfo.
Tobías se acercó a Jack y lo abrazó, pagando así su apuesta.
Jack estaba nervioso, pero realmente feliz.
Jack: ¿Cuántas veces me has abrazado hoy?
Tobías: No las suficientes.
Jack empezó a decir payasadas, como de costumbre, mientras su amigo aún lo abrazaba.
Jack: ¿Sabes qué sería épico?
Tobías: ¿Qué?
Jack: Que el Esqueleto de las Profundidades fuera de color rojo y se riera más lindo.
Tobías: Eres un caso de estudio.
Jack: Gracias por aceptar quedarte... aunque sean apenas las doce del día.
Tobías: Tenemos que preparar algo para el almuerzo.
Jack: Yo cocinaré.
Tobías: No, ambos lo haremos.
Jack sonrió mientras seguía pegado a su amigo. El abrazo parecía no terminar.
Al llegar la una de la tarde, los mejores amigos se divertían buscando recetas en internet y cocinando juntos con una sincronía que solo los años de amistad podían explicar.
Jack cortaba y preparaba los ingredientes mientras Tobías seguía la receta al pie de la letra.
Después de una hora y media, el resultado fue increíble.
Una deliciosa lasaña hecha al horno. Una receta sencilla, pero deliciosa.
Después de almorzar, salieron a caminar por las solitarias y frías calles de Chapinero.
Fueron a un parque cercano, se sentaron un rato a hablar de cosas cotidianas, compraron un helado y se tomaron varias fotos juntos.
Y cuando el cielo se pintó de naranja, ambos regresaron a casa.
Jack sentía que había logrado un gran progreso con Tobías. A pesar de que el tiempo que habían pasado juntos había sido como amigos y no una cita, dentro de su corazón sentía que Tobías se estaba acercando cada vez más a él.
Y que, quizás, con mucha suerte y tiempo, aquella amistad podría convertirse en algo aún más hermoso.
Al llegar a casa, Jack le insistió a Tobías para que le ayudara a revisar los extraños ruidos del ático.
Tobías fue por delante y Jack lo siguió con cierto temor.
Jack: La escalera está en el techo... ¿puedes alcanzarla?
Tobías: Sí.
Tobías tiró del cordón de la escalera y ambos subieron despacio.
La madera crujía con cada paso.
Tobías: Mira todo ese espacio... realmente me encanta tu casa, Jack.
Jack: Bueno, ¿qué esperabas de una casa de estilo inglés?
Tobías avanzó con cuidado y observó los diferentes objetos que descansaban sobre viejos muebles cubiertos de polvo.
Tobías: Veo que tienen muchas cosas antiguas... y mucho polvo.
Jack: Sí. Se supone que debo limpiar este lugar, pero me da miedo subir solo. ¿Y si la escalera se cierra a mis espaldas y me quedo atrapado aquí arriba con lo que sea que haga esos ruidos?
Tobías: No hay nada paranormal aquí, rey del drama.