NovelToon NovelToon
La Tentación Del Capo

La Tentación Del Capo

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo
Popularitas:147.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesenia Stefany Bello González

Salvatore Greco nunca tuvo problemas con la tentación.
Hasta que una mujer que no lo necesita se cruza en su camino.

Elira Rama es una sobreviviente.
No cree en rescates ni en promesas. Ha pasado su vida cuidando a otros y luchando por no perder el control de la suya.

Mientras él intenta protegerla y mantenerla a salvo, ella lucha por no depender de nadie.
Y cuando el deseo, el pasado y la ambición chocan, ambos deberán decidir si la tentación es una promesa… o una condena.

Porque no todas las mujeres quieren ser rescatadas.
Y no todos los capos sobreviven a aquello que no pueden dominar.

NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dolor

Salvatore Greco

El olor a pan tostado me despierta, solo para desear nunca haberlo hecho cuando un dolor punzante reclama toda mi atención.

Trato de incorporarme, pero no puedo hacerlo, el dolor es incapacitante.

Escucho el sonido de alguien duchándose no muy lejos de donde estoy y me concentro en eso para bloquear el dolor.

Me concentro en cada pequeño sonido mientras miro a mi alrededor tratando de entender dónde estoy.

El lugar es pequeño, ínfimo incluso, pero acogedor. Hay lavandas en pequeños vasos decorando todo el lugar. A mi lado, hay una pequeña mesa donde hay tres libros de anatomía y un kit de instrumentos quirúrgicos llenos de mi sangre. O al menos es lo que creo, por la venda que cubre todo mi vientre bajo y torso.

El sonido de la ducha se detiene y luego aparece una hermosa mujer secando su cabello mientras mira el destartalado tostador, que salta con dos rebanadas de pan quemado.

La mujer suspira antes de sacarlo y dejarlo en un plato. Busca un cuchillo y comienza a raspar lo más quemado de su pan.

Su cabello castaño cae en ondas hasta la mitad de su espalda moviéndose de forma suave y cautivante.

Deja caer la toalla sin mirar en mi dirección mientras se inclina para alcanzar la ropa que hay doblada sobre una de las sillas, dejándome ver ese culo prieto en primer plano.

Supongo que es una bendición estar vivo.

Su pequeña cintura solo hace que su trasero luzca más redondo, más perfecto… más azotable.

Oh, lo que le haría a ese culo.

Se gira un poco y puedo ver la mitad de uno de sus pechos.

Mi boca se seca y comienzo a sudar helado ante la perfección frente a mí.

Tiene el cuerpo de una sirena.

El cuerpo por el que los hombres han ido a guerras y los dioses han castigado naciones completas.

El cuerpo que te puede volver a la vida o arrastrarte al infierno.

Se coloca una camiseta y quisiera llorar cuando la fea tela cubre la preciosidad que hay debajo. Luego se coloca unas bragas blancas y un pantalón de tela que le queda grande y que no muestra la forma de ese precioso trasero.

Se sienta y comienza a masticar el pan quemado sin añadirle nada, ni siquiera mantequilla.

–¿No deberías al manos acompañarlo con mantequilla? –pregunto.

La mujer se gira hacia mi voz, tan rápido, que la silla se tambalea por unos segundos antes de equilibrarse nuevamente.

Se levanta y coloca su mano fría sobre mi frente.

–Ya no tienes fiebre –susurra aliviada–. ¿Cómo te sientes?

–Como si un camión me hubiese pasado por encima –digo tratando de incorporarme.

–Creo que fue peor que un camión –dice apuntando a los fragmentos de balas sobre un plato–. Dos balas alojadas en tu costado y otra en tu hombro –agrega elevando una de sus perfectas cejas mientras sus ojos castaños, casi rojizos, me miran disgustados–. Dos heridas de cuchilla…y no olvidemos los múltiples golpes y el dislocamiento de tu hombro.

–He estado peor.

–No llamé a la policía, aunque sé que debería haberlo hecho. Te vi matando a alguien.

–¿No me tienes miedo? –pregunto con curiosidad.

Se inclina hacia mi rostro y mi respiración queda atrapada en mi garganta cuando un rayo de sol entra por la ventana iluminando sus ojos, que comienzan a cambiar del marrón rojizo a un verde suave con motas castañas rojizas.

Es un espectáculo hermoso.

–No lo creo –dice tomando una de mis armas con su pequeña mano y apuntando a mi frente–. ¿O tú crees que debería?

Mi boca se eleva en una sonrisa y tomo su mano para ayudarla a apuntar mejor.

–Ahora me matarías, de la otra forma solo romperías la pequeña ventana.

En su otra mano tiene un bisturí, cuyo filo brilla casi como si se tratara de un diamante.

–No te preocupes por mi puntería, este sí que sé usarlo bien –declara con firmeza.

–¿Es muy pronto para declararte mi amor eterno? –pregunto tratando de hacerla sonreír.

Sus ojos, que ahora vuelven a ser castaños cuando se aleja de la luz, me miran serios.

–¿Tienes hambre?

Miro sus pechos empujado esa horrible camiseta y asiento. –Muchísima.

–Solo tengo tostadas quemadas y un poco de leche –dice antes de incorporarse.

–Creo que no solo las tostadas están ardiendo.

Pone los ojos en blanco, antes de caminar a una nevera, del porte de un microondas, de la cual saca un envase de leche.

–Venció ayer, pero imagino que todavía estará buena. Siempre mienten en las fechas de caducidad –explica–. Por normativa tiene que colocar una fecha antes del vencimiento real.

–¿Cómo debo llamar al ángel que me salvó?

Su ceño se arruga. –No soy un ángel –devuelve seria–. Soy solo una estudiante de medicina… o lo era –agrega en un susurro–. Me llamo Elira Rama.

–Yo soy Salvatore…–callo cuando recuerdo que ahora mi apellido es otro–. Salvatore Greco –digo mientras el sonido se siente extraño y pesado en mi boca.

–Griego –dice mientras lleva un vaso con la leche que podría matarme.

–Sí –respondo antes de recibirle el vaso que me entrega. Primero huelo el líquido blanco, y luego, cuando no encuentro nada sospechoso, lo bebo–. Está bebestible.

–Te lo dije. Solo quieren que el dinero nos dure menos –dice sonando cansada antes de dejar una de las tostadas quemadas a mi lado–. Has estado con suero los últimos días, así que come solo lo que puedas.

–¿Últimos días? –pregunto extrañado–. ¿Cuánto tiempo llevo aquí?

–Cuatro días –responde.

–Mierda –mascullo e intento incorporarme, pero lo único que consigo es que un siseo salga de mi boca cuando algo se desgarra en mi vientre.

–¡No te muevas! –ordena molesta–. Se te abrieron los puntos –se lamenta mientras ambos miramos como la venda comienza a teñirse de rojo.

Se levanta y comienza a lavarse las manos con enfado en el lavaplatos.

–No me quedan muchas vendas ni suturas –empieza–. Tendrás que quedarte quieto o tendré que llevarte a un hospital público y no sé si puedas explicar cómo te hiciste eso.

Me dejo caer contra la almohada mientras la hermosa, pero seria mujer, se pone unos guantes y abre el botiquín.

La observo trabajar sobre mi herida mirando la perfección de ese rostro.

Dios sabe que he follado a muchas mujeres, pero nunca antes me detuve a admirar la belleza en ninguna de ellas como lo estoy haciendo ahora.

–¿Sonríes alguna vez? –pregunto curioso.

Me encantaría ver su sonrisa.

–¿Por qué lo haría? –devuelve–. No he tenido motivos para sonreír desde que soy una niña.

–Por mí –insisto.

Sus ojos se posan unos segundos en los míos, furiosos, antes de seguir trabajando con delicadeza sobre mi piel.

–Dos puntos –regaña–. Si no puedes quedarte quieto tendré que amarrarte a la cama.

Sonrío. –Ahora estamos hablando en serio –bromeo–. Puedes hacer conmigo lo que quieras, mi precioso ángel.

La piel alrededor de su boca se tensa y sé que está más furiosa con cada palabra que sale de mis labios.

Supongo que Elira es inmune a mis encantos que tantas buenas folladas me han regalado.

O quizá le gustan las mujeres.

Miro su precioso rostro y suspiro, eso sí que sería una lástima.

Sus dedos se sienten fríos y ligeros cuando se mueven sobre mi piel, dándome un alivio que disfruto.

El dolor disminuye con su tacto.

Y dice que no es un ángel cuando puedo sentir la evidencia de su poder curativo.

–Listo. No puedes moverte.

–Y si quiero ir al baño –digo para molestarla.

–Yo te traeré algo, pero no puedes levantarte, no todavía.

Mis ojos se abren, sorprendidos. –¿Sostendrás mi polla mientras me alivio? –pregunto sintiéndome impotente por no poder moverme con libertad.

–Si hace falta, sí –responde luciendo tan fresca como una lechuga, como si lo que acaba de admitir no fuera denigrante.

–No quieto que sostengas mi polla –empiezo–. Bueno, sí, pero no en este contexto.

–Es en el único contexto que lo haré alguna vez.

Todo se enfría dentro de mí. –Entonces, es verdad, ¿no? –pregunto irritado–. ¿Te gustan las mujeres?

–No –responde antes de volver a lavarse las manos–. Bueno, no lo sé. En realidad, nunca me ha gustado nadie –reflexiona.

–¿Qué quiere decir eso? –pregunto confundido–. ¿Cómo puedes no saberlo? Es como si no supieras cuál es tu sabor favorito de helado.

Suspira. –Nunca he probado el helado. Son muy caros –dice antes de sentarse.

Miro a mi alrededor y entiendo que estamos en una caravana. Mi ángel es pobre. Muy pobre.

Por eso no hay nada más que leche vencida y pan quemado.

–¿Nunca? –insisto.

Su mirada se eleva unos segundos, tratando de recordar. –Una vez mamá intentó llevarme a una heladería cuando le habían pagado por planchar veinte kilos de ropa. Dijo que nos habíamos ganado una recompensa –dice y sus ojos se suavizan con un amor profundo, sincero–, pero cuando llegamos ya habían cerrado. Y al otro día mi papá encontró el dinero de mamá y se lo robó antes de desaparecer de nuestras vidas –agrega y luego su voz se hace más suave–. Pero, ¿sabes? No verlo más fue mejor que probar todos los helados del mundo. Al menos, nunca más tuve que ver cómo lastimaba a mi madre.

–¿Dónde está él? –pregunto furioso y con ganas de poner una bala en su frente.

–No lo sé. Mi tía me dijo una vez que había muerto cuando entró a robar a la casa equivocada, pero no sé si sea cierto. Nunca me importó lo suficiente como para averiguarlo.

Mi pecho duele y esta vez no lo hace por el peso de mi propia historia y por todo lo que mamá me ocultó.

Esta vez duele por ella.

1
Zuliner Chacon
Eli a mandaaarrrrr😁 que Salvat te va a complaceerrrrr en todo, todito 😁. Amo a ese hombre 😍
Gabi Carreño
/Heart/
GiovannaXchelMayaCejudo
que bueno que Salvatore sea ese incondicional que Ely necesitaba, le da todo pero sin hacerlo sentir abrumada, por consiguiente Ella es su todo haciéndolo sentir vulnerado, definitivamente un amor genuino...
Fabiola Miranda
más capitulos si que emoción 👏👏👏
Athenas Torruco
Yo quiero un Salvatore en mi vida 😂😂😂😂, no cabe duda que le dio duro el amor a Salvatore que no espero más para pedirle matrimonio a Ely...... que emoción habrá boda
Yelitza Goyo: amiga me sorprendio que venia a escribir lo mismo yo.quiero necesito un Salvatore en mi vida ❤️❤️❤️
total 1 replies
Vicky
hay que emoción pronto tendremos boda 🥰🥰
Edith Villamizar
Feliz día de la MUJER. 🌺🌷🌸💮🏵️
Edith Villamizar
Ojalá existiera más Salvatore en éste mundo, Elira y él han dado otro paso adelante para ser felices, que lindos.
Zoraida Parra
yo también quiero una argolla
MARYORI SEGOVIA
Excelente... lograste captar mi atención y hacerme sentir muchas cosas... Gracias por compartir tu trabajo... muchos éxitos
Yesenia Bello González: Gracias por leer y por la puntuación 💛 😊 💕 🙌 💜 ♥️ 💛
total 1 replies
Dulce maria Canelon
ya te pusistes la correa tu solito Salvatore no va a necesitar un 🐕 ella te dice mueve la colita y tú se la mueves 🤣🤣🤣
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
Yuhaly Hernandez
Definitivamente Salvatore es el mejor
Kim Nava
jajajajaj te condenaste salvatore ella querrá tener un zoológico 😂😂
Lucy alejo
🥰😍❤️😍❤️🔥🥳
Lucy alejo
🤣🤣🤣 como un puerco 😁, ay Salvatore solo a ti se te ocurren esas cosas
Lucy alejo
un perrito, un gatito, hasta un burro si quieres, Salvatore te lo dará 😁
Lucy alejo
un rapidin si se puede 🤭
Edith Villamizar
Salvatore y Ely se han salvado uno al otro y ella lo ayuda a él a recuperar su familia
me gusta 😍
Muriel 💟
Metiche
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play