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EL CEO MAS DIFICIL DEL MUNDO
Valeria se sentó con cuidado en la silla frente al escritorio, procurando no hacer ruido.
Sentía la mirada de Gael Montenegro fija sobre ella, como si estuviera intentando leer algo más que su hoja de vida… como si quisiera saber exactamente quién era.
El silencio dentro de la oficina era incómodo.
Gael tomó la carpeta que estaba sobre el escritorio y la abrió nuevamente, pasando las hojas con calma, sin mostrar ninguna emoción.
Valeria juntó las manos sobre sus piernas para que no se notara que le temblaban.
—No tienes experiencia como secretaria ejecutiva —dijo él finalmente, sin levantar la vista.
La voz grave hizo que Valeria enderezara la espalda.
—No… señor —respondió con sinceridad—, pero aprendo rápido.
Gael levantó los ojos y la miró directamente.
Su mirada era tan seria que parecía imposible saber qué estaba pensando.
—Aquí no tenemos tiempo para que aprendas.
La respuesta fue seca, directa, sin intención de ser amable.
Valeria sintió que el estómago se le apretaba, pero no iba a rendirse ahora.
No después de haber llegado hasta ahí.
—Entonces… déme una oportunidad para demostrarlo —dijo, obligándose a mantener la voz firme.
Gael se recostó lentamente en la silla, cruzando los brazos sobre el pecho.
La observó en silencio durante unos segundos, como si estuviera decidiendo si seguir hablando o simplemente decirle que se fuera.
Justo cuando abrió la boca para responder, alguien tocó la puerta… y entró sin esperar permiso.
—Gael, necesito que firmes unos docu—
El hombre se detuvo al ver a Valeria sentada frente al escritorio.
Era alto, de cabello oscuro, con una expresión relajada y una sonrisa fácil, completamente diferente al ambiente tenso que había en la oficina.
—Oh… lo siento —dijo, levantando las manos con una pequeña sonrisa—. ¿Interrumpo algo?
Gael frunció el ceño, claramente molesto.
—Siempre interrumpes, Mateo.
El recién llegado se acercó sin preocuparse demasiado.
—No sabía que estabas en entrevista.
Miró a Valeria con curiosidad, pero sin la frialdad que tenía Gael.
—Buenos días, señorita.
Valeria se levantó por respeto.
—Buenos días…
Mateo sonrió ligeramente.
—Soy Mateo Montenegro, primo de este amargado.
Gael lo miró con fastidio.
—Si terminaste de hablar, sal.
Mateo ignoró el comentario y se apoyó en el escritorio.
—¿Otra candidata?
Gael suspiró, claramente cansado.
—La última.
Mateo miró a Valeria de arriba abajo, pero sin incomodarla, más bien con curiosidad.
—Entonces espero que esta dure más que la anterior.
Valeria parpadeó confundida.
—¿La anterior…?
Mateo soltó una pequeña risa.
—No te asustes. Solo renunció… llorando.
Gael cerró la carpeta con un golpe seco.
—¿Terminaste?
Mateo levantó las manos.
—Está bien, está bien. Me callo.
Gael volvió a mirar a Valeria.
Su expresión volvió a ser seria, profesional, distante.
—Dime, Valeria…
¿por qué debería contratarte?
La pregunta la tomó por sorpresa.
Podía decir muchas cosas…
pero ninguna sonaba lo suficientemente importante para alguien como él.
Pensó en su madre en casa.
En las medicinas sobre la mesa.
En su hermano preguntando si todo estaba bien.
Respiró profundo.
—Porque necesito el trabajo.
El silencio fue inmediato.
Mateo levantó una ceja, sorprendido.
Gael no se movió, pero sus ojos se quedaron fijos en ella.
Valeria continuó, sin bajar la mirada.
—No tengo influencias… no tengo contactos…
pero no me rindo fácil.
Y cuando necesito algo… hago todo lo posible por conseguirlo.
Mateo sonrió levemente.
—Al menos es honesta —dijo.
Gael no respondió de inmediato.
Se levantó de la silla y caminó hacia el ventanal, dándoles la espalda.
—Este trabajo exige disciplina —dijo con voz tranquila—.
La persona que esté aquí debe estar disponible todo el tiempo.
Sin errores.
Sin excusas.
Sin sentimentalismos.
Valeria dudó un segundo… pero habló.
—Puedo hacerlo.
Gael giró lentamente.
Sus ojos se clavaron en los de ella.
—¿Estás segura?
El corazón de Valeria latía rápido, pero asintió.
—Sí.
Mateo cruzó los brazos, divertido.
—Yo digo que la contrates.
Gael lo ignoró.
Caminó hasta el escritorio, tomó la carpeta… y la dejó caer frente a Valeria.
El sonido la hizo sobresaltarse.
—Empiezas mañana.
Valeria abrió los ojos, sorprendida.
—¿… en serio?
Gael ya se había sentado otra vez, revisando otro documento.
—No me gusta repetir las cosas.
Mateo soltó una pequeña risa.
—Bienvenida al infierno, señorita secretaria.
Valeria no sabía si reír o preocuparse.
Pero en ese momento solo pensaba en una cosa.
Había conseguido el trabajo.
Lo que no sabía…
era que trabajar con Gael Montenegro sería más difícil de lo que imaginaba.
Y que ese hombre frío…
iba a convertirse en el problema más grande de su vida.
Y también…
en el más importante.