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Curvas De Acero

Curvas De Acero

Status: Terminada
Genre:Grandes Curvas / CEO / Romance / Completas
Popularitas:258k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Él era solo un niño de 20 años; ella, una guerrera de 28 huyendo de una traición.
Cuando Elena despierta en una casa de seguridad, lo último que espera es encontrarse con un joven de mirada color miel y una confianza que la descoloca. Tras una noche de pasión que ella jura olvidar, Elena lo desprecia: "Niño, busca a tu padre, no tengo tiempo para juegos".
Él solo le responde con una promesa que le quema el alma: "Este niño acaba de darte el mejor recuerdo de tu vida... y voy a volver por ti".
Diez años después, el niño se ha convertido en un hombre implacable. Elena ha sobrevivido a todo, pero no está lista para el regreso de aquel extraño. Él no ha olvidado su aroma, su fuerza, ni a su "gordita". Esta vez, no aceptará un "no" por respuesta.
Una historia de reencuentro, poder y una obsesión que el tiempo no pudo borrar.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

El sonido de la puerta cerrándose con el seguro electrónico de la oficina retumbó en las costillas de Elena. Se quedó ahí, sentada en su trono de cuero, sintiendo cómo el aire se volvía denso, casi sólido. Alexander no se movió de detrás de ella; sus manos seguían sobre sus hombros, y el calor que emanaba de sus palmas atravesaba la seda de su blazer como si no existiera.

—Alexander, esto es un entorno profesional —soltó ella, tratando de que su voz no sonara tan rota como se sentía por dentro—. No puedes comprar acciones solo para perseguirme.

Él soltó una risa ronca, una vibración que ella sintió directamente en la nuca. Alexander rodeó la silla y se sentó en el borde del escritorio, justo frente a ella, obligándola a abrir las piernas para hacerle espacio. La miraba con esa superioridad que solo un hombre que sabe que tiene el control puede permitirse.

—No te persigo, Elena. Te reclamo. Hay una diferencia —él se inclinó, apoyando los codos en sus rodillas, acortando la distancia—. Te fuiste sin decir adiós. Pensaste que podías volver a tu oficina, ponerte tu traje de jefa y fingir que lo de anoche fue un error de cálculo. Pero yo no soy un error, Elena. Soy tu dueño desde que tenías veintiocho años y me miraste con ese desprecio que solo escondía ganas.

Él alargó la mano y, con un movimiento lento, le desabrochó el primer botón del blazer. Elena intentó apartarle la mano, pero él la sujetó de la muñeca con una firmeza que la hizo estremecerse.

—¿Qué haces? —susurró ella, aunque su cuerpo se inclinaba hacia él de forma involuntaria.

—Darte tu primera lección como socio mayoritario —Alexander se levantó y, sin previo aviso, la agarró por la cintura y la sentó de golpe sobre el escritorio, tirando al suelo los papeles y la tablet que Hugo había dejado—. Aquí mando yo. En el ático, en esta oficina y en cada rincón de ese cuerpo que intentas esconder bajo ropa cara.

Elena sintió el frío del mármol del escritorio en sus muslos, contrastando con el calor abrasador de las manos de Alexander, que ahora subían por sus piernas, apartando la tela de su falda.

—¡Alexander, cualquiera puede entrar! Hugo está afuera...

—Hugo está encantado de tener a alguien que por fin te ponga en tu sitio —él la calló con un beso que no tuvo nada de tierno. Fue un choque de dientes y lenguas, un beso que sabía a castigo y a una urgencia que no se había saciado ni un poco con las horas de la madrugada.

Él la devoraba. Sus manos grandes se hundían en sus caderas anchas, apretando la carne con una fuerza que le recordaba que para él, ella era perfecta tal cual era. Alexander se separó un segundo para mirarla, sus ojos miel estaban oscuros, casi negros por el deseo.

—Dime que me extrañaste desde que saliste de mi cama —le exigió él, su respiración golpeando el rostro de Elena—. Dime que pasaste toda la mañana sintiendo mi rastro entre tus piernas.

Elena apretó los dientes, tratando de mantener un gramo de orgullo, pero Alexander bajó la cabeza y empezó a lamerle el cuello, justo en ese punto donde sabía que ella perdía el juicio. Sus dedos buscaron el encaje de su ropa interior, reclamándola con una destreza que la hizo arquear la espalda y soltar un gemido que rebotó en las paredes de cristal.

—Sí... —admitió ella finalmente, con los ojos cerrados y las manos clavadas en los hombros de Alexander—. Te extrañé, maldito niño.

—Ya no me llames así —gruñó él, alzándola un poco para pegarla más a su cuerpo, haciéndola sentir la dureza de su miembro que pedía a gritos ser liberado—. Llámame Alexander. Llámame como me vas a gritar el resto de la tarde, porque de esta oficina no sales hasta que aprendas que cuando yo digo "quédate", te quedas.

Alexander la puso de espaldas contra el gran ventanal que daba a toda la ciudad. Elena sintió el vértigo de la altura y el calor de Alexander detrás de ella, una combinación que la hacía sentir más viva que nunca. Él le subió la falda hasta la cintura, exponiéndola por completo al sol que entraba por el vidrio.

—Mira hacia afuera, Elena —le ordenó él, agarrándola del cabello con suavidad para obligarla a mirar la ciudad—. Que todos vean cómo su reina se rinde ante el único hombre que es capaz de domarla.

Elena se aferró al borde del escritorio mientras Alexander la poseía ahí mismo, con la ciudad de testigo detrás del cristal. No hubo 50 sombras que se compararan a la realidad de sentirlo a él, reclamando su imperio y su cuerpo al mismo tiempo. Fue un ritmo frenético, posesivo, una guerra de voluntades donde ella se entregó por completo, pidiéndole más con cada embestida.

Cuando terminaron, Elena estaba colapsada sobre el escritorio, jadeando, con el cabello desordenado y el maquillaje corrido. Alexander se acomodó el traje con una calma insultante, como si no hubiera acabado de profanar la oficina más importante de la ciudad. Se acercó a ella, le dio un beso suave en la frente y le susurró:

—Prepárate. La cena es a las ocho. Y esta vez, no te vas a ir hasta que yo lo diga.

Alexander salió de la oficina, dejando a Elena temblando y con la certeza de que su vida profesional y personal ya no le pertenecían. Eran de él. Y lo peor de todo es que ella no quería que fuera de otra manera.

1
Hilda Ponce
me encanta tu. novela.no hagas caso de malos comentarios.a quien no le guste que pase de largo
Cliente anónimo
Pero eso es ser promiscua
Topy71 🇦🇷
Yo tambien 🤣
Alejandra Sanchez
excelente autora gracias 🙂
Genoveva
Linda novela, sin detalle, me gustó..

aún que me hubiera gustado que hubiera estado un poco más larga, de ahí, sin problema.
Genoveva
dime qué tú novela tiene 2da parte, si no es así está fatal.

porque está novela es para que fuera una saga, quiero saber con quién se queda la hija del vikingo..

Felicidades autora, muy linda novela, narrativa 10/10, tuvo de todo, aún que sinceramente muy cortita, a comparación de las que leo, de ahí en fuera sin detalle..
Genoveva
Hugo es una toda una cosa 🤣🤣🤣 me encanta
Genoveva
Hugo trae su desmadre el solito 🤣🤣🤣
Genoveva
pinche Hugo 🤣🤣🤣 es un desmadre
Alfredo Minicucci
yo pienso igual que Elia Maria ,no será que Alexander hace todo eso por venganza porque no se olviden que el padre de Elena tuvo antes la empresa y a lo mejor se mandó alguna tramoya con su familia y ahora que es rico toma venganza./Shy/
Alfredo Minicucci
si Hugo es un fenómeno es el.hermano que no tuvo y que la ayufo siempre.🤭
Genoveva
valió madres, la cosa 🤣🤣🤣
Alfredo Minicucci
Si me gusta como esta narrando la historia pero todavía no se sabe porque Alexander está tan interesado en Elena.👏👏
Gladys Dona
Linda novela Felicitaciones 👏
Amarilys Martinez
alguien que me explique empezó con 20 paso 10 años y termino con 28 me perdí o entendí mal
Gladys Dona
La viste para lucirse y a la ves lo pone celoso porque miran lo que dice es de el es un poco Enfermo ese Alexander ya que te gusta que ella sea la atención de la noche disfrútalo porque solo vos la tenes
Gladys Dona
Siempre fue de Elena eso lo dejo su madre pero el viejo Atorrante se gasto más de lo que entraba y hay entro Alexander a comprar todas las acciones para ahora devolver a Elena la que no apareció más fue la madrastra se habrá ido con otro Ceo con más 💰/Sob//Sob/
Gladys Dona
A no recuerdo pero ella apareció en la casa de Alexander no se si tuvo un accidente pero ella fue que le decía niño a Alexander por eso paso10 años hizo su fortuna y la vino a buscar pero que no recuerda que el Infeliz la engaño en la oficina
Gladys Dona
Algo se me perdió porque padre madrastra y hermanastra quedaron a la calle de donde saco dinero si no tenían una moneda y que Mateo yo pienso que Elena le da lo mismo si ella con sus propios 👀 los vio en la oficina con la secretaria que quiere inventar el padre en llamarlo a Mateo
Gladys Dona
Ya creo que se cobro lo suficiente de sexo por 10 años directamente no se levantan de la cama
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