Mi última orden para mi marido mafioso fue que firmara los papeles del divorcio. Por fin dejé atrás mi obsesión por él, y ahora es libre para vivir con su verdadero amor… sin embargo, ahora es él quien me persigue.
Mi marido Gio no era más que un soldato, una herramienta para los trabajos sucios de la mafia de mi padre.
Pero yo estaba enamorada de él y lo perseguía durante años. Mi primera orden fue que firmara los papeles de nuestro matrimonio, y creía que lograría conquistarlo.
Pero en mi peor momento, el día de la muerte de mis padres, me abandonó para estar con la mujer que amaba. Esa fue la gota que colmó el vaso.
Le dejé los papeles del divorcio y me fui, decidida a criar sola al bebé que llevaba en mi vientre.
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Capítulo 7
Savanna
Estaba sentada, en el pasillo frío del hospital. Mis manos arrugaban los bordes del papel, mientras leía y releía.
Positivo.
Deseé tantas veces vivir este momento, imaginé que sucedería en el mejor momento de mi vida, cuando estuviera segura de haber logrado que Gio me amara.
No quería traer un hijo a este desastre de matrimonio, pero hace menos de un mes descubrí que él desobedeció mi orden, fue a ver a esa mujer a escondidas.
Peleamos, dijimos muchas cosas que no recuerdo bien, solo sé que nos enredamos en un torbellino de besos ásperos, manos desesperadas y movimientos bruscos.
No usamos protección y ni siquiera me di cuenta de eso.
Cuando desperté por la mañana, lo supe, él no hizo eso por mí, lo hizo para proteger a esa mujer.
Desde ese día entramos en una huelga de silencio. Él esperaba mis órdenes, como siempre, y yo ya no quería dar ninguna orden.
Esos días me mostraron la verdad. Nunca logré conquistarlo como la Savanna de antaño pensaba.
Todo lo que yo ordenaba era para que él hiciera lo que todo marido enamorado debería hacer por su esposa.
Esperaba que él se diera cuenta de que yo lo amaba con el tiempo, pero fracasé.
Él todavía estaba allí, solo por su lealtad a mi padre.
Solo porque prometí que mientras estuviéramos juntos le daría el mejor tratamiento hospitalario a su madre.
Pensé que lograría conquistar su amor y seríamos felices, pero en esos días de silencio, me mostraron también que solo me até a la persona que iba a destruirme por dentro poco a poco, todos los días y, en el futuro, yo sería solo una cáscara vacía.
Hace tres días que él no vuelve a casa y hace tres días que yo no llamé para ordenarle que volviera.
Pero esta prueba de embarazo, cambiaba todo.
Mis lágrimas cayeron, mojando el papel. Y un vislumbre negativo se formó en mi mente.
Yo, ordenándole al padre que tratara bien a nuestro hijo, pues sin mis órdenes, él ignoraría a este niño así como lo hacía conmigo.
Mientras estaba sumergida en posibilidades negativas, mi teléfono sonó y lo que dicen sobre cómo todo puede empeorar aún más, sucedió.
Dejé el papel y corrí.
Todo parecía un borrón.
Mi corazón estaba acelerado y no importaba cuánto oxígeno succionaba para mis pulmones, nada era suficiente.
Llegué al galpón de entrenamiento de los soldatis de élite de la mafia De Luca y, allí estaban, los cuerpos de mis padres.
Me lancé, grité. Los soldatis y todos nuestros compañeros bajaron la cabeza, en luto.
Sentí mi corazón ser rasgado en mil pedazos.
Palpé el rostro de ellos.
— ¡Madre. Padre. Despierten! Es una broma, ¿no es así? ¡Ustedes son las personas más fuertes de este mundo! Es broma, ¿no es así?
Ellos no se movían, sus rostros que eran tan feroces, estaban pálidos, helados y manchados de sangre.
Tomé mi celular, con las manos temblando. Y marqué, para aquel número que yo estaba evitando.
Ahora nada tenía sentido, yo solo quería al hombre que yo amaba abrazándome en este momento, confortándome. Yo estaba desmoronándome por dentro.
— Gio, ¡por favor! Ven a encontrarme…
— Ahora no puedo, Savanna. Más tarde conversamos.
— ¡Gio! ¡Es serio! Te necesito. Necesito como nunca antes.
— Savanna, estoy en una misión importante, tú prometiste no interrumpir mi trabajo. Más tarde te llamo.
Él colgó.
Intenté llamar algunas veces más y no lo conseguí, porque él me bloqueó.
Arrodillada allí, frente a los cuerpos de mis padres, tuve la certeza, yo estaba sola ahora.
Por cierto, no estaba, yo tenía este bebé.
Sequé mis lágrimas y Ferdinando, el Consigliere de mi padre, me ayudó a levantarme.
— Savanna, fueron los Santinni, ellos lograron invadir el cuartel principal y asesinaron a sus padres. El asesino fue alguien infiltrado, ya lo mataron, pero fue demasiado tarde. Los Santinni después de eso tomaron el local y ahora los territorios De Luca son de ellos.
Yo apenas sollocé, todavía sintiendo mis manos temblorosas y mi corazón apretado como si estuviera siendo estrangulado en mi pecho.
— Ferdinando, reúne a todos los hombres y a todos nuestros aliados, vamos a dar un funeral digno a mis padres.
— Savanna, deja eso conmigo… tal vez no estés bien para hacer eso.
— No estoy bien, no estoy nada bien. Pero como única familia que quedó, yo les debo eso a ellos.
Con el corazón destrozado con el luto y con la decepción, incluso con las piernas flojas como gelatina y las manos temblorosas, me obligué a ponerme de pie.
Sola, organicé todos los preparativos para el funeral. En el velorio me quedé allí, de pie, sola recibiendo todas las condolencias.
Mi padre fue un buen Don, era respetado por todas las mafias, menos por los Santinnis, nuestros enemigos sin escrúpulos.
Los soldatis de mi padre eran leales a él y agradecidos por él haberles dado una chance de escapar de una vida miserable.
Todos estaban allí, enlutados, menos Gio.
Al amanecer hicimos el sepelio en un cementerio secreto de la mafia. Los nombres de mis padres ni siquiera fueron colocados en sus lápidas, para evitar una posible profanación de las tumbas.
Pero allí estaban las inscripciones,
“Hombre que trataba a los más bajos por igual, que continuará teniendo nuestra lealtad hasta en la vida después de la muerte.”
“Mujer fuerte, un cimiento de su familia. Su voz era sabiduría y su mirada era amor.”
El sepelio acabó y, poco a poco, las personas fueron despidiéndose, dando sus últimas condolencias.
Al final solo quedamos yo y Ferdinando.
— Señora De Luca, vamos.
— Ferdinando, ¿trajiste aquellos papeles que pedí?
— Sí, pero… ¿es realmente preciso? Usted tendrá ahora una nueva identidad.
— Sí, es preciso. No quiero que quede ningún vínculo más.
Ferdinando me entregó el sobre pardo y yo miré aquello forzándome a aceptar aquella realidad.
— Ferdinando, ¿dónde Gio estaba todo este tiempo?
Me forcé a preguntar. En realidad, ya sabía la respuesta, pero era tanto sufrimiento que yo me rehusaba a tener la confirmación de mis sospechas.
Ferdinando hizo una pausa, él parecía constreñido. Algo que ya me daba toda la respuesta.
— Él estaba con Mia. Dijo que ella estaba con náuseas de embarazo.
— Ah… — fue solo lo que conseguí decir.
De una hora para otra, todo mi mundo se derrumbó. Mis padres se fueron y el hombre del que me enamoré a primera vista, prefirió una vez más a la otra. Pero yo no debería sufrir por él.
Yo estaba dejándolo ir.
Miré para el sobre pardo en mi mano. Toda nuestra historia pasando por mi cabeza y todo acabaría de vez. Yo estaba desistiendo de mi obsesión por él.
— ¡Savanna! ¿¡Estás loca!? ¿¡Por qué no me contaste!?
Miré para el lado y allí estaba él,
Gio.
Corriendo, sudado y jadeando.
Él llegó finalmente, pero demasiado tarde.
— ¿¡No vas a decir nada!? ¿Vas a continuar con este drama, haciendo huelga de silencio?
Yo reí. Para él era drama yo haber estado triste por haber descubierto que él se estaba encontrando con otra mujer.
Cualquiera entendería, pero alguien que no se importa con tus sentimientos, ni siquiera intentaría entender.
Extendí el sobre y dije:
— ¡Toma! Firma esto aquí.
Él pareció confuso y vacilante, pero luego sacó el papel de dentro del sobre y pareció leer varias veces hasta entender.
— ¿Divorcio? ¿Te estás divorciando porque no comparecí al velorio de tus padres?
— No. Me estoy divorciando porque tú ya tienes a alguien importante en tu corazón. No tiene más sentido tú y yo.
— ¿Todavía estás celosa? ¿En este momento tan importante, estás celosa, Savanna? ¿Es por eso que no me avisaste lo que sucedió?
Yo reí. Él todavía intentaba empujar la responsabilidad para mí.
— Yo intenté avisarte, pero tú estabas muy ocupado cuidando de las náuseas de Mia. Tan importantes que incluso me bloqueaste.
— Bloqueé…
Él pareció atónito, pero yo no quería engañarme más con mis sentimientos por él.
— Soldati, firma, esto es una orden, mi última orden.
Gio, estamos acabados, mi primera orden fue que firmaras nuestro contrato de matrimonio y mi última orden es que firmes el acuerdo de divorcio.