Adrián siempre fue el omega bonito, el prometido adorno del CEO Alejandro Torres. Su vida era poesía, diseño de interiores y un amor no correspondido por un alfa que solo valoraba el poder. Hasta que su primo Sergio lo empujó desde una azotea.
Pero el destino le regala una segunda oportunidad. Vuelve atrás en el tiempo con el recuerdo de su muerte grabado a fuego y un descubrimiento que lo hiela: Sergio, el primo brillante y esforzado que siempre vivió a su sombra, lleva años enamorado de Alejandro. Y su plan para ser visto por el alfa es sencillo: eliminar al heredero legítimo y ocupar su lugar, con el patrimonio y la posición que siempre le faltaron.
Ahora Adrián tiene un año para reescribir su historia. No para conquistar a Alejandro, sino para salvarse a sí mismo. Para demostrar que vale más que el apellido que heredó. Y quizá, solo quizá, para tenderle un puente a un primo que, como él, solo quería ser amado.
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Personajes
Adrián Guerrero — El que renace
Edad: 27 años
Rasgos físicos:
Adrián tiene la clase de belleza que no pide permiso para existir. Mide 1,68, con una complexión delgada pero no frágil; hay una firmeza en sus hombros que antes pasaba inadvertida y que ahora, con su renacer, empieza a notarse. Su piel es clara, con ese tono ligeramente cálido de quien ha heredado el sol mediterráneo de su madre, y salpicada de pecas diminutas que solo aparecen en verano, como un mapa de constelaciones privadas que él siempre intentó ocultar con polvos y ahora deja ver.
Su pelo es castaño, con reflejos cobrizos cuando la luz le da de cierta manera. Lo lleva normalmente un poco revuelto, como si acabara de pasar las manos por él, y tiene un remolino testarudo en la nuca que siempre se niega a domarse. Cuando trabaja en sus diseños, se recoge un mechón detrás de la oreja con un gesto automático que delata años de práctica.
Pero lo más notable son sus ojos. Grandes, color miel, con un destello dorado cuando algo le apasiona. Tienen una cualidad casi líquida, como si detrás de ellos hubiera un caudal de sentimientos a punto de desbordarse. Cuando está triste, sus ojos se vuelven más oscuros, más profundos; cuando está feliz, parece que llevaran luz propia.
Su nariz es recta, con un pequeño tabique que se desvía ligeramente a la izquierda (un accidente infantil jugando con Sergio, una carrera de bicicletas que acabó mal). Ese detalle, casi imperceptible, le da a su perfil una asimetría que los artistas buscarían y que él siempre consideró un defecto.
Tiene las manos de quien trabaja con ellas: largas, elegantes, pero con las yemas endurecidas de tanto dibujar, y una pequeña cicatriz en el dedo índice derecho de cuando, a los veinte años, un cúter le resbaló mientras maquetaba una maqueta. Esa cicatriz, blanca y fina como un hilo, la mira a menudo cuando necesita recordar que es capaz de construir cosas con sus propias manos.
En la comisura derecha de sus labios, una pequeña mancha marrón, casi imperceptible, que su abuela llamaba "el beso del sol". Cuando sonríe de verdad, no solo con la boca sino con los ojos, esa mancha se arruga ligeramente y es entonces cuando resulta imposible no quererlo.
Su voz es calmada, con un timbre ligeramente grave que sorprende cuando se le conoce. Tiene la costumbre de bajar el tono al final de las frases, como si pidiera permiso para ocupar espacio. Está aprendiendo a no hacerlo.
Aroma (feromonas): Jazmín y canela. Un olor dulce pero con un punto especiado, cálido, hogareño. Cuando está nervioso, el jazmín se intensifica; cuando está seguro de sí mismo, la canela gana protagonismo. En su primera vida, su aroma era casi exclusivamente jazmín: dulce, sumiso, complaciente. Tras renacer, la canela empieza a despuntar.
Gustos:
· La luz natural entrando por las ventanas por la mañana.
· Los libros de poesía y las novelas de amor bien escritas (aunque ahora las mira con cierta ironía).
· Las texturas: telas suaves, maderas envejecidas, papeles de acuarela.
· El café con leche y una gota de canela
· Los espacios vacíos que esperan ser transformados.
· Las conversaciones con personas que de verdad escuchan.
· El olor de la lluvia sobre el asfalto caliente.
· Los finales felices, aunque ya no crea en ellos para sí mismo.
Disgustos:
· Que le hablen sin mirarlo a los ojos.
· Los espacios fríos, impersonales, de diseño vacío.
· La superficialidad disfrazada de elegancia.
· Las reuniones de negocios donde todos fingen interés.
· El silencio de Alejandro cuando debería haber palabras.
· La sensación de ser un adorno.
· Las feromonas agresivas de alfas que creen que pueden imponerse por aroma.
· Recordar la caída (aunque lo hace a menudo).
Miedos:
· No poder salvar a Sergio.
· Convertirse en alguien frío como Alejandro.
· Desperdiciar esta segunda oportunidad.
· Descubrir que, en el fondo, Sergio tiene razón y el mundo solo valora el poder.
Manías:
· Ordenar los lápices por color antes de empezar a dibujar.
· Dejar siempre una ventana abierta cuando trabaja, incluso en invierno.
· Hablar solo cuando diseña, como si explicara sus ideas a un cliente imaginario.
· Tocar las paredes al entrar en un espacio nuevo, como si pudiera sentir su historia.
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Alejandro Torres — El que aprende a mirar
Edad: 34 años
Rasgos físicos:
Alejandro impone. No porque lo intente, sino porque no sabe ser de otra manera. Mide 1,86, y su cuerpo es el de alguien que entrena con disciplina pero sin obsesión: espalda ancha, hombros firmes, una cintura que estrecha en proporción perfecta. No es un cuerpo para exhibir, es un cuerpo funcional, como todo en él.
Su pelo es negro, muy negro, con algunas canas prematuras en las sienes que se niega a teñir porque "no son importantes". Lo lleva siempre corto, casi militar, pero con un desorden calculado que solo consiguen los peluqueros caros. Cuando se pasa la mano por el pelo (gesto que solo hace cuando está realmente frustrado), el gesto es brusco, casi agresivo.
Pero lo que paraliza de Alejandro son sus ojos. Son de un color difícil de definir: a veces parecen grises, a veces azul muy oscuro, a veces casi negros. Depende de la luz, de su estado de ánimo, de quién los mire. Son ojos que evalúan, que pesan, que deciden en décimas de segundo si mereces su tiempo. Tienen una fijeza inquietante: cuando Alejandro te mira, sabes que no está pensando en otra cosa. El problema es que, a menudo, decide que no mereces que te mire.
Su mandíbula es potente, cuadrada, con esa línea dura que los escultores buscan y que en él parece tallada a cincel. Cuando algo le molesta (casi siempre), los músculos de esa mandíbula se tensan formando un ángulo aún más pronunciado. Es la única señal de emoción que se permite.
Tiene una cicatriz muy fina que le cruza la ceja izquierda, herencia de un accidente de esquí a los veintidós años. Es tan tenue que solo se ve de cerca, pero él la odia porque "rompe la simetría". Paradójicamente, es lo único que impide que su rostro sea demasiado perfecto, demasiado inhumano.
Su nariz es recta, ligeramente aguileña, con un puente pronunciado que le da un aire aristocrático que no le viene de cuna sino de actitud. Sus labios son finos, siempre ligeramente apretados, como si estuviera conteniendo palabras que no merece la pena decir.
Pero hay un detalle que pocos conocen: sus manos. Son grandes, con dedos largos y nudosos, y las tiene siempre impecablemente cuidadas. Cuando habla de algo que realmente le importa (su empresa, un proyecto), sus manos se vuelven expresivas, dibujan formas en el aire, contradicen su propia rigidez. Él no es consciente de ello. Quien lo ama, lo sabe.
Su voz es grave, pausada, con una claridad que exige atención. No levanta el tono nunca. No lo necesita.
Aroma (feromonas): Sándalo y cuero. Un olor seco, elegante, con un punto áspero. Es el aroma de quien no necesita demostrar nada porque sabe lo que vale. Cuando se siente descolocado, el cuero se suaviza y el sándalo se vuelve más presente, casi inquisitivo. Nunca huele a sudor ni a nada que pueda interpretarse como debilidad. Es un aroma controlado, como todo en él.
Gustos:
· Las mañanas sin reuniones (raras, pero las atesora).
· El silencio.
· Los informes bien redactados, concisos, sin florituras.
· La sensación de cerrar un trato difícil.
· El whisky de malta, solo, sin hielo.
· Conducir de noche por carreteras vacías.
· La precisión en todas sus formas.
· Los desafíos intelectuales.
Disgustos:
· Las interrupciones.
· Las conversaciones sin propósito.
· Las muestras de afecto excesivas (las considera una pérdida de tiempo).
· Las feromonas dulces de omegas que intentan manipularlo.
· Las preguntas personales.
· No entender algo
· Las cenas familiares.
· El desorden.
· La impuntualidad.
Miedos (ocultos, que él mismo no reconoce):
· No ser suficiente sin su imperio.
· El fracaso.
· La soledad, aunque jure que no le importa.
· Descubrir que ha desperdiciado años sin mirar a quien debía.
Manías:
· Colocar los objetos de su mesa en ángulos perfectos de 90 grados.
· Revisar el correo antes de abrir los ojos por la mañana.
· Apretar la mandíbula cuando algo le incomoda (siempre).
· No dormir más de cinco horas.
· Llamar a las personas por su apellido, incluso a las que conoce bien.
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Sergio Guerrero — El que se perdió
Edad: 28 años (un año mayor que Adrián)
Rasgos físicos:
Sergio es de esos hombres que pasan desapercibidos hasta que decides mirarlos. Y entonces no puedes dejar de hacerlo. Mide 1,75, una estatura media que en las reuniones le permite mezclarse, no sobresalir. Su complexión es delgada, casi ascética, como si la comida fuera una distracción que no puede permitirse. Los trajes le cuelgan con una elegancia natural, pero siempre parece que le quedan un poco grandes, como si su cuerpo estuviera encogiéndose de puro esfuerzo.
Su pelo es castaño oscuro, casi negro en según qué luces, y lo lleva siempre impecablemente peinado hacia atrás, con una raya a un lado que podría haber salido de una fotografía de los años veinte. No hay un solo pelo fuera de lugar. Nunca. Ese control capilar, esa obsesión por el orden, dice más de él que cualquier discurso.
Pero sus ojos... Sus ojos son lo primero que notas cuando te fijas en Sergio. Son de un verde muy claro, casi transparente, como el agua de los glaciares. Fríos. Evaluadores. En ellos no hay calidez natural; hay que ganársela. Cuando mira a alguien, parece que estuviera haciendo cálculos mentales, valorando, descontando, archivando. Es una mirada incómoda, y él lo sabe. Por eso, la mayoría del tiempo, la baja.
Tiene las cejas pobladas, rectas, que acentúan esa expresión de concentración permanente. Cuando frunce el ceño (a menudo), se le forman dos líneas verticales entre ellas que parecen talladas en la piel.
Pero lo más notable de Sergio, lo que realmente lo diferencia, son sus manos. No son manos de oficina. Son manos de creador, de constructor, de alguien que ha trabajado con prototipos, con herramientas, con circuitos. Tiene los dedos manchados de pequeñas cicatrices, quemaduras diminutas de soldadores, callos en lugares insólitos. Cuando está nervioso, frota el pulgar contra el índice, una y otra vez, como si repasara una textura imaginaria. Ese gesto, mínimo, es la única grieta en su armadura.
Tiene una pequeña cicatriz en la barbilla, apenas visible, de cuando se cayó de un árbol a los diez años intentando alcanzar una rama para construir un fuerte. Su padre, el alfa que lo ama pero no puede darle el mundo, le curó la herida con mimo esa noche. Sergio recuerda el momento con una nitidez dolorosa: fue la última vez que se sintió completo sin necesitar la mirada de nadie más.
Su boca es pequeña, de labios finos, y rara vez sonríe. Cuando lo hace, es una sonrisa medida, educada, que no llega a los ojos. La sonrisa de quien ha aprendido que mostrarse es peligroso.
Pero hay un detalle que solo Adrián, después de renacer, empezará a notar: cuando Sergio mira a Alejandro, sus ojos verdes pierden el hielo. Se vuelven más oscuros, más profundos, casi humanos. Y en ese instante, por un brevísimo segundo, deja de ser el primo brillante y se convierte en alguien que solo quiere ser amado.
Aroma (feromonas): Toronja y cedro. Un aroma cítrico, fresco, con un fondo amaderado muy firme. Es el olor de alguien que se ha esforzado por ser agradable sin perder intensidad. Cuando la obsesión aprieta, la toronja se vuelve amarga, casi metálica. En los momentos de vulnerabilidad (muy raros), el cedro se quiebra y deja entrever algo más suave, casi dulce, que él mismo ha enterrado a fuerza de disciplina.
Gustos:
· Los problemas complejos que nadie más puede resolver.
· La madrugada, cuando el mundo está en silencio y puede trabajar sin interrupciones.
· Los libros de texto, los papers, las publicaciones científicas.
· Demostrar que es el más inteligente de la sala.
· La arquitectura moderna, funcional, sin concesiones estéticas.
· El café negro, muy cargado, sin azúcar.
· Las discusiones técnicas con personas de su nivel (casi nadie).
· Ganar.
· Alejandro (este es un gusto que no se permite nombrar).
Disgustos:
· La mediocridad.
· Que subestimen su inteligencia por su origen familiar.
· Los omegas que usan su dulzura para obtener favores.
· Las conversaciones vacías de las cenas familiares.
· Su padre (aunque lo ama) por haber elegido el amor y condenarlo a este segundo plano.
· Su tío (el padre de Adrián) por haber heredado todo sin merecerlo.
· La palabra "primo" en boca de Alejandro.
· Las feromonas dominantes de alfas que no tienen su talento.
· No ser visto.
Miedos (los que lo empujan al abismo):
· Morir sin que Alejandro sepa que existió.
· Que el esfuerzo de toda una vida no sirva para nada.
· Ser olvidado.
· Descubrir que, aunque tuviera la herencia, Alejandro seguiría sin mirarlo.
· Él mismo.
Manías:
· Subrayar los libros con colores diferentes según el tipo de información.
· Escribir ecuaciones en servilletas, en los márgenes de los periódicos, en cualquier superficie.
· Llegar antes que nadie a las reuniones y sentarse donde pueda ver todas las entradas.
· No desayunar nunca (dice que le nubla la mente).
· Llevar siempre una libreta Moleskine negra en el bolsillo interior de la chaqueta.
· Frotarse el pulgar contra el índice cuando la ansiedad aprieta.
por favor autora regalamos una historia diferente si♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
espero que Carlos y Sergio puedan tener algo muy bueno y reparador para sus vidas 💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕