"Un pacto con el diablo por amor a su familia. Porque a veces, para salvar la luz, hay que aprender a caminar en las sombras".
NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14: La Cruel Balanza
El ruido de la radio del vigilante cortó el aire como una cuchilla. El hombre, que hasta hacía un segundo mantenía a raya a Juan y Santiago, se puso rígido, presionando el auricular contra su oído. Su rostro palideció.
— ¡Señorita Bianca, al coche ahora! —gritó, tomándola del hombro con una urgencia que no admitía preguntas.
— ¿Qué pasa? ¿A dónde me llevas? —preguntó ella, apretando el bolso con el dinero contra su pecho mientras Juan y Santiago se dispersaban en la oscuridad como sombras cobardes.
— Han atacado la mansión. Es Don Andrés... le han disparado. Tenemos que sacarla de aquí por si vienen a por usted.
Bianca sintió que el mundo se inclinaba. El suelo bajo sus pies pareció transformarse en agua.
— ¿Qué? No... acababa de estar con él. ¡Tengo que volver! ¡Tengo que ver si está bien!
El vigilante la metió en el vehículo y arrancó, quemando neumáticos.
— No puede volver, señorita. La mansión es una zona de guerra ahora mismo. Mi orden es protegerla a usted.
— ¡Detén el coche! —exigió Bianca, con las lágrimas desbordándose—. ¡La ambulancia está por salir de mi casa con Clara! Si no llego con este dinero para el ingreso en la clínica de la ciudad, no la van a recibir. ¡El tratamiento empieza esta noche o ella no pasará de la madrugada!
El guardia la miró por el retrovisor, viendo la agonía en los ojos de la joven. Por un lado, su patrón se desangraba; por el otro, la hermana de la mujer que su patrón más amaba estaba a punto de morir.
— Lléveme al hospital con mi hermana —suplicó Bianca, con la voz rota—. Por favor... él me dio este dinero para salvarla. Si vuelvo a la mansión y Clara muere, el sacrificio de Andrés no habrá servido de nada.
El hombre apretó los dientes y viró el volante. No la llevó a la mansión. La llevó al hospital del pueblo, donde la ambulancia privada ya tenía los motores encendidos.
...----------------...
...----------------...
El Adiós en la Carretera
Fue en el trayecto hacia la capital, mientras la ambulancia devoraba kilómetros, cuando la verdadera magnitud de la tragedia llegó a través de una llamada al teléfono del paramédico. Bianca escuchaba los fragmentos de la conversación: "Dos impactos... perdió mucha sangre... está en cirugía de emergencia".
Bianca se hundió en el asiento, mirando a Clara, que respiraba con dificultad bajo la máscara de oxígeno. El dinero de Andrés estaba allí, en su regazo, salvando a su familia, mientras la sangre de Andrés quedaba en el suelo de la mansión. Se sentía la persona más ingrata del mundo, pero también la más desesperada.
...— Perdóname, Andrés... —susurró, besando la mano de su hermana—. Algún día te pagaré esta deuda, aunque me tome la vida entera...
....----------------...
...----------------...
La Guardiana de las Sombras
Mientras tanto, en el pasillo del hospital de la ciudad vecina, el silencio era absoluto, solo roto por el sonido de los tacones de Elena. La Madame no lloraba; su dolor se manifestaba como una furia fría y eficiente. Se había encargado de limpiar la escena, de silenciar a la prensa y de poner a los hombres más leales en la puerta del quirófano.
Cuando el cirujano salió, Elena fue la única que se puso de pie.
— Está vivo —dijo el médico—, pero el daño fue grave. Va a necesitar cuidados constantes.
Elena entró en la habitación de cuidados intensivos. Ver a Andrés así, conectado a cables y máquinas, le partió el alma. Se sentó a su lado y tomó su mano, la misma mano que nunca la había buscado por deseo, sino por negocios.
— Siempre ella, ¿verdad? —susurró Elena, con una lágrima solitaria rodando por su mejilla—. Ella tiene tu dinero y tu libertad, mientras tú te desangras por ella. Pero ya no, Andrés. Ahora estás conmigo.
...----------------...
...---------------------------...
La Sentencia de Elena
Horas después, cuando Bianca finalmente se atrevió a llamar desde la clínica de la capital, fue Elena quien atendió.
— ¿Elena? Soy Bianca... por favor, dime que está bien —la voz de Bianca era un hilo de esperanza.
— Está vivo, Bianca. Pero ya no existes para él —respondió Elena, con una voz cargada de veneno—. El vigilante me lo contó todo. Le pediste que te llevara con tu hermana en lugar de venir a verlo a él. Elegiste tu vida y tu dinero.
— ¡Era la vida de Clara! —gritó Bianca.
— No importa la razón, importa la elección —sentenció Elena—. Andrés dio la vida por ti esta noche, y tú ni siquiera fuiste capaz de mancharte los zapatos con su sangre. Quédate en la ciudad. Gasta su dinero. Pero no vuelvas. Si te acercas a él, yo misma me encargaré de que te arrepientas. Para Don Andrés, eres solo una deuda que decidió perdonar antes de morir.
Elena colgó el teléfono. Miró a Andrés, que seguía inconsciente, y le acarició el cabello.
— Ella se fue, mi amor. Se fue con su dinero y su libertad. Ahora solo me tienes a mí.
Esa noche, mientras Bianca lloraba en una sala de espera fría en la ciudad, Elena comenzaba a tejer la red de mentiras que mantendría a los amantes separados durante los meses que estaban por venir.