Renace en un mundo mágico, dispuesta a cambiar su destino, recuperar lo que le pertenece y vengarse de quienes la lastimaron.
*Esta novela pertenece a un mundo*
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Esa noche
La noche finalmente cayó sobre el reino de Sunderland.
Las luces de la mansión brillaban en contraste con la oscuridad y el frío del exterior, mientras los últimos invitados comenzaban a retirarse.
El carruaje ya estaba listo.
Elegante.
Cerrado.
Esperando a los recién casados.
Ophelia estaba junto a la entrada, envuelta en una capa, pero con el rostro iluminado por una mezcla de emoción… y algo más.
Algo expectante.
Algo travieso.
El duque se acercó a ella, pero antes de que pudieran avanzar..
—Dante.
Una voz lo detuvo.
El duque giró.
Su expresión cambió de inmediato.
Frente a él estaba el duque Fitzpatrick.
Un hombre más joven.
De mirada seria.
—Necesito hablar contigo.
El duque lo observó un segundo.
Luego asintió.
Pero antes de ir, se inclinó hacia Ophelia.
—Espérame.
Ella no solo asintió.
Se acercó más.
Lo suficiente para que nadie más escuchara.
Y le susurró al oído:
—No tardes…
Una pausa.
Su voz bajó aún más.
—Estoy ansiosa de que estemos solos.
Sus labios rozaron apenas su oído al hablar.
—Tengo una lencería preciosa…
El efecto fue inmediato.
El duque se quedó completamente quieto por un segundo.
Su mandíbula se tensó.
Y luego..
Tragó seco.
Sus ojos se oscurecieron.
Y lentamente giró la mirada hacia Fitzpatrick.
La intensidad de esa mirada…
Era peligrosa.
Casi como si lo estuviera culpando directamente por cada segundo de retraso.
Fitzpatrick lo notó.
Y, por primera vez, dudó un poco de haber elegido ese momento.
Aun así, hablaron.
Breve.
Directo.
El duque no perdió tiempo.
Respondió lo necesario.
Sin rodeos.
Sin paciencia.
Y en cuanto terminó..
Se dio la vuelta sin más.
Volviendo directo hacia Ophelia.
—Nos vamos.
No esperó respuesta.
Tomó su mano.
Y la guió hacia el carruaje.
Apenas las puertas se cerraron…
El ambiente cambió.
El ruido exterior desapareció.
Y el espacio se volvió íntimo.
Silencioso.
Solo para ellos.
Ophelia no esperó.
Sonrió.
Y se acercó a él.
Sus manos subieron por su pecho con suavidad.
—Te demoraste… —murmuró, con un leve reclamo juguetón.
El duque no respondió con palabras.
La tomó de la cintura.
Con firmeza.
Atrayéndola contra él.
Sus labios se encontraron.
Sin suavidad inicial.
Con intensidad contenida que llevaba horas acumulándose.
El beso fue profundo.
Ansioso.
Como si todo lo que había contenido durante el día finalmente se liberara.
Ophelia respondió.
Con la misma energía.
Con la misma intención.
Sus manos se aferraron a él.
Su cuerpo se acomodó contra el suyo sin reservas.
El carruaje avanzaba.
Pero dentro…
El tiempo parecía detenerse.
Los besos se volvieron más lentos.
Más insistentes.
Más cercanos.
Las manos del duque recorrían su espalda, marcando su presencia.
Mientras Ophelia, entre risas suaves y suspiros contenidos, no dejaba de provocarlo.
—¿No que eras paciente…? —susurró cerca de sus labios.
Él sonrió apenas.
Pero no respondió.
Porque en ese momento…
La paciencia ya no era una opción.
Y mientras el carruaje los alejaba de todos..
De las miradas.
De las normas.
De las interrupciones..
Solo quedaban ellos.
El calor.
La cercanía.
Y una noche…
Que recién comenzaba.
La noche los recibió en silencio.
Cuando el carruaje finalmente se detuvo frente a la mansión, el mundo exterior parecía lejano… irrelevante.
El duque no esperó.
Abrió la puerta primero, bajó, y extendió la mano hacia Ophelia.
Pero en cuanto ella la tomó…
No la soltó.
La atrajo hacia sí.
Y sin decir nada, la guió hacia el interior.
Los pasillos estaban iluminados por luces suaves.
El eco de sus pasos se perdía en la inmensidad de la mansión.
Pero para él…
Solo existía ella.
Y para Ophelia…
Todo era nuevo.
Intenso.
Emocionante.
Su corazón latía rápido.
No por miedo.
Sino por expectativa.
Cuando llegaron a la habitación…
Las puertas se cerraron tras ellos.
Y el silencio cambió.
Se volvió más íntimo.
Más profundo.
El duque se giró lentamente hacia ella.
Sus ojos no la soltaron.
Ni un segundo.
Como si ya no existiera nada más que mirar.
Ophelia sostuvo esa mirada.
Y sonrió apenas.
Con esa mezcla de dulzura… y atrevimiento que tanto lo desarmaba.
—¿Ahora sí…? —susurró suavemente.
No terminó la frase.
No hizo falta.
El duque avanzó.
Lento.
Pero decidido.
Sus manos llegaron primero.
Tomaron su rostro.
Luego su cintura.
Atrayéndola con firmeza.
Y entonces la besó.
No fue como en el carruaje.
No fue apresurado.
Fue profundo.
Intenso.
Como si en ese beso hubiera algo más que deseo.
Algo más oscuro.
Más posesivo.
Más… definitivo.
Ophelia respondió.
Sin retroceder.
Sus manos se apoyaron en su pecho.
Sintiendo la fuerza bajo sus dedos.
La calidez.
La tensión contenida.
El contraste entre lo que él era… y cómo la tocaba.
El vestido cayó lentamente.
Las capas desaparecieron una a una.
Entre caricias.
Entre besos.
Entre suspiros que se escapaban sin querer.
No hubo prisa.
Pero tampoco distancia.
Cada movimiento los acercaba más.
Cada roce encendía más la piel.
Para Ophelia…
Fue un momento maravilloso.
Intenso. Sí.. al inicio un poco doloroso..
Pero también envolvente.
Como si estuviera entrando en algo completamente nuevo.
Un mundo donde todo giraba en torno a esa cercanía.
A ese calor.. entre dos cuerpos desnudos.. que tenia solo la mision de entregarse placer..
A esa conexión que crecía con cada instante.
Se dejó llevar.
Confió.
Se aferró a él.
Y en medio de todo…
Sonrió.
Porque lo sentía.
Real.
Vivo.
Para el duque…
Fue distinto.
No menos intenso.
Pero sí… más profundo.
Más oscuro.
Más suyo.
Cada vez que la tocaba…
Cada vez que ella respondía…
Algo dentro de él se afirmaba.
Se consolidaba.
Como si cada segundo confirmara lo que ya había decidido.
Que ella…
Le pertenecía.
No como objeto.
Sino como destino.
Como algo que no pensaba perder.
Nunca.
La sostuvo con fuerza.
La guió.
La acercó más.
Como si quisiera borrar cualquier espacio entre ellos.
Como si no fuera suficiente tenerla cerca…
Sino que necesitara sentirla completamente suya.
La noche avanzó.
Entre susurros.
Entre respiraciones agitadas.
Entre momentos en los que el mundo desaparecía por completo.
Y cuando finalmente el cansancio llegó…
Ophelia descansó sobre él.
Tranquila.
Satisfecha.
Con una calma suave en su expresión.
Sus dedos aún aferrados a él.
Como si no quisiera soltarlo ni dormida.
El duque no durmió de inmediato.
La observó.
En silencio.
Recorriendo su rostro con la mirada.
Memorizándolo.
Asegurándose.
Y entonces, con una mano firme en su espalda, la acercó más a él.
Aún más.
Como si quisiera que no existiera distancia posible.
Y en la quietud de la noche…
Con el frío de Sunderland afuera…
Y el calor de su cuerpo entre sus brazos…
El duque cerró los ojos.
Con una única certeza en su mente—
Ella ya era suya.
Y no había nada…
Ni nadie…
Que fuera a arrebatársela.
Me revienta cuando los personajes masculinos quieren imponer su voluntad, tomar decisiones, sin tener en cuenta la opinión de sus mujeres!!!!!/Determined/
No son unos niños maravillosos??? 😍
Si ya me tenía enamorada 😍, ahora más!!!
Te sacaste la lotería con Dante, Ophelia!!!
Sean felices !!!!🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Es suicida esta mujer???? No le enseñaron nada los sucesos del pasado????
Esperá y ve junto a Dante a Bernicia
Me quedó colgado el duque Gray, que fué nombrado solo una vez... Volveremos a saber de él también???
unos....yo creo que va a tener mas hijitos..🤭🤭🤭