Una historia de amor y realeza 👑
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Capítulo 6: La primera pieza
Las expectativas flotaban en el aire.
Todo el salón observaba en completo silencio, atentos a lo que sucedería a continuación. La tensión era palpable… casi podía sentirse en la piel.
Pero entonces—
—Perdón, pero Polet, deja de…—
La voz del duque Lancaster rompió el momento.
No pudo terminar la frase.
Su corazón estaba hecho un nudo.
El de ambos.
Padre e hija.
Él jamás había propuesto a Polet como candidata… no porque no la considerara digna, sino por respeto. Respeto al duque Bourgeois. Respeto al lugar que alguna vez ocupó su hija Rosetta.
Jamás intentó que Polet llenara ese vacío.
Porque sabía… que era imposible.
—¿Así que es tu hija? No la conocía.—
La voz de Elliot interrumpió cualquier intento del duque por continuar.
Todos guardaron silencio nuevamente.
—Ella casi no sale de casa… es muy tímida.— respondió el duque Lancaster, con un leve tono de nerviosismo.
Elliot no apartó la mirada de Polet. La observaba con detenimiento.
Como si intentara descifrar algo más allá de lo evidente.
Y entonces...
—¿Tímida? Sí, claro…— intervino Aurora con una pequeña risa.
—Si está igual de chiflada que yo. Por algo es mi mejor amiga.—
Un leve murmullo recorrió el salón.
Pero Elliot no reaccionó.
—Aurora.— dijo con calma, sin dejar de mirar a Polet.
—Déjala que hable ella.—
El silencio volvió. Pesado. Profundo.
—Aún no responde mi pregunta.— continuó.
Y entonces, con un leve movimiento, volvió a extender su mano hacia ella.
—¿Me concederías esta pieza?—
Hizo una breve pausa.
—No estás obligada a aceptar solo porque soy el rey… también puedes rechazarme.—
Las palabras sorprendieron a todos. A los duques. A Aurora. A la corte entera. Pero sobre todo… a Polet.
Su corazón latía con tanta fuerza que parecía salirse de su pecho. Sus pensamientos se atropellaban unos a otros.
Quería hablar. Pero las palabras no salían.
—No… digo, sí… ammm… o sea… sí bailaré con usted…—
Su voz salió temblorosa, torpe. Honesta.Y entonces...tomó su mano.
La mano de Elliot.
Él la sostuvo con firmeza.
Cálida.
Segura.
Como si no tuviera intención de soltarla.
Ambos caminaron hacia el centro del salón.
Cada paso era seguido por decenas de miradas.
El murmullo desapareció por completo.
Solo quedaba la música.
Suave.Elegante.Perfecta.
Elliot colocó una mano en la cintura de Polet. Con respeto.Pero con firmeza.
Polet contuvo la respiración.
Nunca había estado tan cerca de alguien.
Nunca había sentido algo así.
—Relájate.— murmuró Elliot, inclinándose apenas hacia ella.
—Estás demasiado tensa.—
Polet tragó saliva.
—Lo siento… es solo que… nunca había…—
—¿Bailado?— completó él.
Ella asintió levemente.
Elliot la observó por un instante.
Y por primera vez… su expresión se suavizó.
—Entonces sígueme.— dijo en voz baja.
Y comenzaron.
Los movimientos al inicio fueron torpes, dudosos, pero poco a poco…
Polet empezó a adaptarse, a confiar, a dejarse guiar.
El salón entero observaba en silencio. Porque algo era evidente.El rey… no había elegido a cualquiera y no la había elegido por ser la hija del Duque de Lancaster.
Elliot no apartaba la mirada de ella. Había algo en Polet, algo que no lograba entender.No era solo su apariencia.
No era su linaje. Era la sensación, la calma, la familiaridad.
Como si ya la hubiera visto antes. Como si…la conociera.
—¿Por qué me mirabas así hace un momento?— preguntó de pronto Elliot.
Polet se tensó.
—¿Así cómo…?—
—Como si supieras algo de mí.—
El corazón de Polet se detuvo por un segundo.
Desvió la mirada.
—No… yo…—
Dudó.
Pero no podía mentir.
No del todo.
—Solo… pensé algo.— dijo en voz baja.
Elliot frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué cosa?—
Polet respiró profundo.
Y, sin mirarlo, respondió:
—Que incluso alguien tan fuerte como usted… puede verse triste.—
Silencio.
La música seguía. Pero para Elliot… todo se detuvo.
Porque nadie…en doce años… había dicho algo así.
Su agarre en la cintura de Polet se tensó apenas. No con fuerza, sino con impacto.Con sorpresa.Con algo más profundo.
—Ten cuidado con lo que dices…— murmuró él.
Pero su voz…ya no sonaba igual.
Polet levantó la mirada lentamente.
Y sus ojos volvieron a encontrarse, sin miedo esta vez, sin huir.
Y por primera vez en mucho tiempo… alguien no vio solo al Rey. Vio a un joven, un hombre. Y eso…cambió todo.