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Renacer: Del Altar Al Trono

Renacer: Del Altar Al Trono

Status: Terminada
Genre:Fantasía / Timetravel / Venganza / Enfermizo / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:25
Nilai: 5
nombre de autor: Fiona Mey

Traicionada por el marido. Engañada por la hermanastra. Asesinada por el hijo.

Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Ahora, de vuelta al día de la boda, Helena cambia los contratos y modifica su propio destino.
Casada con el tío de su ex, descubre el sabor de la venganza… y de un amor que jamás esperó encontrar.

“En la vida pasada fue engañada. En esta, nadie volverá a usarla.”

NovelToon tiene autorización de Fiona Mey para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

La frase de Saulo martillaba, cruel e incesante:

"Tal vez deberías seguir el ejemplo de Helena."

Helena. Aquella maldita.

Lorena sintió el estómago revolverse. La última vez que había visto a Helena fue en el despacho del abuelo, cuando él firmó la transferencia de las acciones.

En aquella época, Helena estaba encogida, sin gracia, vistiendo ropas demasiado holgadas y con la mirada perdida — como si ella ni siquiera estuviera allí.

No era una amenaza.

Era casi… una sombra.

Lorena tragó saliva.

— Entonces, ¿por qué… — susurró para sí misma — …por qué él diría eso ahora?

Saulo podía ser cruel, pero no hablaba por hablar.

Si él mencionó a Helena, era por algún motivo.

¿Qué cambió?

Se sentó en el sofá, inquieta, pasando la mano por los cabellos desordenados.

El posparto estaba engullendo a Lorena por dentro.

Su cuerpo ya no era el mismo, el sueño se había convertido en un lujo distante, y el miedo — aquel miedo de perder todo lo que había conquistado, inclusive a Saulo — no daba tregua.

En la vida pasada, todo fue diferente: así que el bebé nació, él fue colocado en los brazos de Helena, y Lorena pudo recogerse, cuidarse, recuperar el cuerpo y el brillo sin prisa, sin cobro.

Pero ahora… ahora ella necesitaba estar presente.

Incluso con una red de apoyo, aún era ella quien tenía que ir con el hijo a las consultas, a las emergencias, a las madrugadas heladas en el hospital. Cada ida y venida arrancaba otro pedazo de su energía.

Y al final del día, cuando el mundo finalmente silenciaba, Lorena no encontraba fuerzas para tomar un baño demorado — prefería desplomarse en la cama, dormir, en vez de intentar recuperar quién había sido un día.

En una impulsividad, tomó el celular y llamó a alguien que solía olfatear chismes corporativos mejor que cualquier revista social.

— Quiero saber qué está sucediendo con Helena — dijo, intentando mantener la voz firme — Descubre todo. Dónde ella está, qué está haciendo… todo.

Colgó sin esperar respuesta. El pecho subía y bajaba rápido demasiado.

El silencio en la casa era opresor — solo el sonido distante del agua del baño del bebé.

Minutos después, el teléfono vibró.

Ella atendió inmediatamente.

— Y entonces, ¿qué descubriste? Preguntó ansiosa.

— Tengo una información — dijo la voz del otro lado — Helena está trabajando en la empresa de la familia de tu marido. Comenzó hace algunos días. Parece que el consejo la incluyó en un proyecto importante.

El mundo paró.

Trabajando. En la empresa.

En el territorio de ella.

Cerca de Saulo. Aquella zorra cómo se atreve.

La sangre subió, caliente, venenosa, quemando cada pensamiento de ella.

— Aquella… aquella vaca — Lorena escupió, la garganta apretada, la rabia rasgando cualquier vestigio de dignidad — ¡Ella fue tras mi marido! ¡¿Cómo ella se atreve a ir tras él?!

La mano de ella temblaba tanto que casi dejó el celular caer.

Porque, en el fondo, el miedo incomodaba:

¿Y si Saulo ya estuviera echándole el ojo a ella?

Por interés en las acciones de ella, él vendería hasta la propia conciencia — si es que un día tuvo una.

Lorena respiró hondo, la ira engullendo la inseguridad, transformando dolor en sed de venganza.

— No voy a perder — murmuró, para sí. — No para ella.

Al día siguiente, Lorena entró en el edificio como quien marcha para una guerra pronta para matar o morir.

Tacón alto batiendo en el mármol, maquillaje impecable, un vestido caro que intentaba esconder la inseguridad que latía por debajo de la piel.

Ella estaba allí para marcar territorio.

Para mostrar quién era la dueña de aquel espacio.

Pero así que la puerta del ascensor se abrió en el piso ejecutivo, el mundo quedó demasiado pequeño.

Helena estaba allí.

Y no era la Helena apagada, retraída, mal vestida que Lorena recordaba.

Era otra mujer.

Los cabellos sueltos, brillantes; la postura firme; la ropa elegante, cuerpo moldeado con confianza — y una mirada que transmitía algo que Lorena había perdido hace meses: control.

Ella estaba simplemente… linda.

Algo dentro de Lorena tembló.

Envidia.

Miedo.

Rabia.

Ella sintió todo al mismo tiempo — como si estuviera delante de una amenaza que no sabía cómo enfrentar.

Por algunos segundos, quedó muda, la mirada pegada en Helena, como si no reconociese a la rival.

Pero bastó Helena levantar la mirada y sonreír con calma para la máscara de Lorena rajar.

— ¿Entonces es eso? — Lorena avanzó, voz trémula, pero llena de odio. — ¿Viniste aquí para robar mi marido, no tienes vergüenza?

Helena ni siquiera pestañeó.

Una sonrisa lenta, casi divertida, se dibujó en sus labios.

— Quien acostumbra a meterse en las relaciones de los otros eres tú, Helena — respondió, dulce y venenosa al mismo tiempo. — Y no te preocupes. La basura que yo tiré fuera no me interesa más.

El silencio explotó.

Fue como si el aire hubiese sido succionado de la sala.

Y entonces… murmuraciones.

— Ella cree que todo el mundo es igual a ella — susurró una funcionaria.

— Tomó el novio de la hermana y ¿aún viene a cobrar satisfacción? — dijo otro, bajo demasiado para ser valiente, alto demasiado para pasar desapercibido.

Lorena sintió el suelo desaparecer debajo de sí.

Las palabras dolían más que una bofetada en el rostro.

Ella giró, furiosa, ojos llenos de lágrimas y humillación.

— ¡Callen la boca! — ella gritó alto — ¡SUS IDIOTAS!

Fue ahí que Saulo apareció en la escena, viniendo apresurado tras ser avisado de la confusión.

Él vio a la esposa gritando como una loca, funcionarios chocados, y Helena — impecable, silenciosa, inabalable — apenas observando, su quijada levemente erguida.

El contraste estaba descarado.

Y Saulo sintió eso como un puñetazo.

Sin decir una palabra, él agarró el brazo de Lorena y la arrastró para su sala.

La puerta batió fuerte cuando él la empujó allá dentro.

— ¡¿Estás loca?! — Saulo explotó. — ¿Viniendo aquí a causar ese escándalo? ¡Me estoy matando para recuperar la confianza de mi abuelo y vienes aquí a destruir todo?!

Lorena sollozó, desesperada, manos temblando.

— Me disculpa… perdí la cabeza… cuando dijiste que yo debía seguir el ejemplo de Helena… yo… me quedé con rabia… — los ojos de ella brillaban, suplicantes — Pero ahora lo entendí. Voy a adelgazar, Saulo. Solo engordé por causa del embarazo, voy a volver a ser quien yo era, lo prometo…

Saulo respiró hondo, sintiendo la mezcla de asco y pena.

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