A veces el amor no es un cuento de hadas, sino una promesa de sangre y espinas que el tiempo no pudo marchitar.
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Capítulo 15
Dos hombres de traje bajaron primero, posicionándose como estatuas de piedra. Luego, bajó Zhao Ming.
JiNian no se movió. No bajó la mirada. Sostenía una llave inglesa en la mano, no como una herramienta, sino como un arma.
—Bonito lugar —dijo Zhao Ming, entrando al taller con una expresión de profundo asco—. Me recuerda a los vertederos que mi empresa limpia para construir centros comerciales.
—Diga lo que tenga que decir y lárguese —respondió JiNian, su voz era un gruñido bajo—. No tiene nada que hacer aquí.
—Oh, creo que sí. Tengo algo que te pertenece. O que tú crees que te pertenece —el hombre mayor sacó una de las fotos del beso en la azotea y la dejó sobre el banco de trabajo, justo encima de una mancha de grasa—. Es una imagen conmovedora. Casi parece una película de bajo presupuesto.
JiNian sintió que la sangre se le helaba, pero sus ojos brillaron con odio.
—Si le toca un solo pelo a Zhi Zhi...
—¿Qué harás? —lo interrumpió Zhao Ming con un tono de superioridad aplastante—. ¿Golpearme? ¿Ir a la cárcel de por vida mientras ella ve cómo destruyo su carrera por tu culpa? Escúchame bien, muchacho de barro. Zhi Zhi tiene un vuelo programado después de la graduación. Tiene una vida de privilegios, de arte, de poder. Tú eres un ancla. Eres la mancha que no sale de su vestido.
—Ella me eligió a mí —dijo JiNian, aunque su voz tembló un poco.
—Ella es una niña que juega a la rebeldía. Pero tú... tú eres un hombre que sabe lo que es el hambre. Si te quedas a su lado, la hundirás contigo. La policía vendrá por ti esta tarde a menos que aceptes mi trato. Y si vas a la cárcel, me aseguraré de que ella sepa que tú la vendiste por dinero.
JiNian apretó los dientes tanto que le dolió la mandíbula.
—No quiero su dinero.
—No te estoy ofreciendo dinero por ella. Te estoy ofreciendo su libertad —Zhao Ming dio un paso adelante, bajando la voz—. Si desapareces de su vida hoy mismo, si no te presentas a la graduación, si dejas que se vaya a Europa sin mirar atrás, retiraré los cargos. Ella conservará su beca, su futuro y su nombre limpio. Si te quedas, ella caerá contigo. La haré responsable de tus crímenes. ¿Es eso lo que quieres para la mujer que dices amar? ¿Verla en una celda o en la calle porque no pudiste dejar ir tu ego?
El silencio que siguió fue la traición más ruidosa de todas. JiNian miró a su alrededor: su taller destartalado, sus manos llenas de cicatrices, el horizonte gris del Distrito Norte. Luego miró la foto de Zhi Zhi. Ella se veía tan pura, tan llena de una esperanza que él sabía que el mundo terminaría por aplastar si se quedaba con él.
Él era el villano. Siempre lo había sido en las historias de la gente como los Zhao. Y por primera vez, entendió que para ser el héroe de Zhi Zhi, tenía que aceptar su papel de villano en la realidad.
—¿Cómo sé que cumplirá su palabra? —preguntó JiNian, su voz rota, apenas un susurro.
—Porque a diferencia de ti, yo sí sé lo que es una inversión —respondió Zhao Ming, sacando un sobre con un billete de avión a una ciudad portuaria lejana y un fajo de billetes que JiNian ni siquiera miró—. Tienes dos horas para recoger tus cosas. Si mañana a las nueve de la mañana sigues en esta ciudad, el trato se rompe.
Zhao Ming se dio la vuelta, pero antes de salir, se detuvo.
—Un consejo, muchacho. No intentes despedirte. Las despedidas solo hacen que la gente quiera quedarse. Y tú ya no tienes ese derecho.
Cuando el coche negro se alejó, JiNian se dejó caer sobre un taburete. El peso del mundo parecía haberse concentrado en sus hombros. Miró la llave inglesa, las piezas de motor, las rosas marchitas que habían sobrado de la noche anterior en un rincón.
Tomó la foto de la azotea. Sus dedos manchados de aceite dejaron una huella negra sobre el rostro de Zhi Zhi.
—Lo siento, Princesa —susurró, y las lágrimas que no había dejado ver ante el padre de ella finalmente cayeron, mezclándose con la suciedad de su cara—. Lo siento por no ser suficiente.
Esa tarde, el chico que el Distrito Norte llamaba "Rey" comenzó a empacar su vida en una sola mochila. No había música, no había despedidas, solo el sonido del viento golpeando las chapas del taller. La traición no fue hacia ella, sino hacia sí mismo, hacia la promesa que le había hecho bajo la luna. Pero para salvar la luz de Zhi Zhi, JiNian decidió que era hora de que él se convirtiera en la sombra más absoluta.
Caminó hacia la salida, apagó la luz del taller por última vez y tiró la llave al río. El frío de febrero nunca se había sentido tan mortal. Ella volaría alto, y él... él simplemente dejaría de existir en su mundo. Era el precio de las espinas; era el costo de haber amado a una rosa siendo él nada más que barro.