Sabrina, sería nombrada la Santa del Reyno Auroria, sin embargo fue hechizada por un demonio muy poderoso, con la ayuda de alguien más. Cuando daría la prueba de su poder, quedó como impostora frente a todos los que habían ido a presenciar dicho acontecimiento, ya que había aparecido la verdadera santa, no era nadie más que la enamorada del príncipe heredero. Las leyes y tradiciones decían que el príncipe heredero debía casarse con la santa, para mantener un equilibrio y la paz en el reino, todo estaba claro en ese momento, los dos confabularon para que Sabrina pareciera una impostora, su castigo sería la muerte. Aunque no contaban con que su familia la defendería a capa y espada, fue una dura batalla, pero al final de nada sirvió, todos terminaron muertos. En ese momento, Sabrina con las pocas fuerzas que le quedaban, rebobino el tiempo y regreso justo al día en el que se manifestó su poder por primera vez.
No caería en el mismo juego, está vez ella les enseñaría como se juega.
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Fiesta
—Parece que quieren que me ponga celoso. ¿Acaso no hay beso y abrazo para mí?— levantándose de su silla, Leo se dirigió a dónde estaba Sabrina y la felicitó por su cumpleaños, con un abrazo y un beso en su frente.
Éste era el cuarto hijo y un marqués, que siempre fue muy cariñoso con Sabrina, pues desde siempre la protegió más que el resto de sus hermanos.
—Vaya, no nos dejen fuera de esto. La celebración es más tarde y por eso pensaba darte tu abrazo ahí, pero ya que se pusieron cariñosos, tendré que hacerlo ahora— dijo Abraham, que se levantó y también fue a felicitar a Sabrina.
Entonces todo el comedor se llenó de felicitaciones, abrazos y besos, todos para Sabrina, quién era la cumpleañera.
La duquesa hizo una señal y de la cocina, llegaron un par de sirvientas con un pastel pequeño, pero con las frutas favoritas de Sabrina, dejando sorprendida a la chica. Lo pusieron en el centro de la mesa y su padre se acercó a ella.
—Pide un deseo, se que los dioses te lo concederán— encendiendo una vela, el duque le dijo a su hija.
Sabrina se acercó, se inclinó y sopló la vela, que era en forma de estrella, hecha de un tipo de madera. —«Deseo salvar a mi familia, ser feliz y hacer justicia»— fue el deseo que pidió en su mente.
Continuaron comiendo amenamente y al finalizar, todos se despidieron para ir a preparar todo y estar presentes en la fiesta y baile de Sabrina, el cual se llevaría a cabo en la noche.
El día paso muy rápido y la tarde llegó, todo estaba más que listo para el momento tan esperado por todos, menos por Sabrina, si los recuerdos no le fallan, cuando descubrió que tenía poderes extraños, fue el día de su cumpleaños, justo cuando sin querer atacó a un desconocido en su propia fiesta, ella no quería que nadie se diera cuenta de eso, así que se escaparía por un momento para calmarse y tratar de controlar lo que llegará pronto.
El jardín central de la mansión Tinks estaba adornado con luces mágicas, parecían estar flotando, eran en un tono dorado y plateado, los colores favoritos de Sabrina, cada mesa estaba muy bien distribuida, había música de arpa y también algunas personas como show de baile. Comida y bebida de diferentes partes del continente, para satisfacer cualquier gusto de los invitados, además también un increíble pastel de seis pisos, que estaba en medio de dónde estaba el bufet.
Así los invitados fueron llegando poco a poco, mientras Sabrina estaba en su habitación, algo nerviosa por lo que pudiese llegar a pasar, hasta que ya la mayoría de los invitados habían llegado, ella tuvo que salir para saludarlos y comenzar el baile junto a su padre y hermanos.
Desde la puerta, era anunciada la entrada de la festejada.
—Damas y caballeros, con ustedes Lady Sabrina Tinks, nuestra anfitriona— anunció el hombre que se encargaba de eso.
De la puerta principal, salió Sabrina, vistiendo un vestido dorado con tonos plateados, con la parte del corset ajustado y una falda amplia y suelta que llegaba al suelo. Llevaba el cabello recogido con un peinado hecho a base de trenzas, como accesorios optó por unos aretes plateados en forma de cascada y un collar simple con la forma de un trébol, no hizo falta tanto maquillaje, pues así era hermosa.
Cuando la vieron todos comenzaron a aplaudir y la felicitaban, no solo por su cumpleaños, sino también por su atuendo, en realidad estaba maravillosamente hermosa.
El duque se acercó a ella y le susurró al oído. —Me gustaría sacarte de este lugar ahora mismo, viendo la forma en como te miran los jóvenes, desearía que jamás hubieras crecido mi Sol—
Lo que dijo el duque, hizo sonrojar a Sabrina, pues jamás pensó que su padre se pusiera celoso de ella.
—Siempre seré tu niña y tú siempre serás el hombre más importante en mi vida, padre— dando un abrazo y un tierno beso a su padre, Sabrina le dijo.
Era hora de que el baile comenzara. El duque con su mano izquierda tomó la mano derecha de Sabrina y con su mano derecha, tomó la cintura de la chica, ésta por su parte, puso su mano izquierda en el hombro de su padre y comenzaron a danzar como si el mundo no existiera, se movían tan bien sincronizados, claramente podía verse que habían bailado incontables veces juntos.
El primer baile acabó y la fila para bailar con Sabrina se hizo grande, al principio estaban sus cinco hermanos, pero detrás de ellos, estaban varios jóvenes solteros, parte de la nobleza, que obviamente querían ganarse el favor de la chica, para quizás lograr un compromiso.
Sin embargo, Sabrina no estaba dispuesta a casarse por compromiso, ella siempre quiso hacerlo con alguien que ella quisiera, aunque por lo sucedido debería de cambiar su actitud, con respecto al matrimonio. Tal vez sea una buena idea casarse con alguien solo para conseguir más poder.
Todo iba muy bien, mientras la festejada bailaba y en pausas, hablaba con los invitados, hasta que lo vio, a esa persona que antes había dañado con el poder despertado de la santa.
Se puso completamente pálida al verlo, pues significaba que en realidad pasaría de nuevo. Fue ahí cuando decidió salir del lugar, dejando a todos algo confundidos.
—Madre, por favor atiende a los invitados. Me siento muy mal de pronto, creo que tomaré un poco de aire— fue lo único que Sabrina le dijo a la duquesa y salió a toda prisa del lugar donde estaba la fiesta.
Corrió hasta las caballerizas, tomó a su caballo, soltó la falda de su vestido y quedó con un pantalón que utilizaba para cabalgar. Se lo había puesto desde el principio por si era necesario salir del lugar.
Montó su caballo y se dirigió a una dirección incierta, lo único que quería era estar lejos de su casa.
Cabalgó durante unos minutos y entonces se encontró con una escena desagradable, en uno de los caminos que llevaban a la mansión del ducado. Sacó de una bolsa su capa y bajó de su caballo.