Siempre ha sentido que tiene mala suerte, y ahora renace con muchas posibilidades, intentando cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
* Todas las novelas son independientes**
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Maceta
Ella siempre decía.. medio en broma, medio resignada.. que había nacido con un imán para la desgracia.
Si llovía, era la única que olvidaba el paraguas.
Si había una promoción “2x1”, el sistema se caía justo cuando le tocaba pagar.
Si un gato negro cruzaba la calle… bueno, probablemente el gato tropezaba con ella.
Aquella tarde caminaba por una calle atestada de gente, con bolsas en ambas manos y el ánimo apenas sostenido por un café tibio. El sol brillaba, el viento era suave..
[bueno, quizas hoy no pase nada malo, no puedo tener mala suerte siempre]
Error.
Entre el murmullo de conversaciones y el sonido de los autos, alguien gritó desde arriba..
—¡MACETA!
Ella alzó la vista con el ceño fruncido.
[¿Quién grita “maceta”? ¿Eso es un insulto nuevo?]
Y entonces lo vio.
Una sombra descendiendo en cámara lenta.
Una maceta de barro girando majestuosamente como si participara en una competencia olímpica de lanzamiento.
Miró a su alrededor.
Había espacio.
Había otras veinte personas.
Había incluso un carrito de hot dogs perfectamente ubicado para recibir el impacto.
Pero no.
La maceta, traicionera y decidida, eligió su cabeza como destino final.
¡PUM!
Oscuridad.
Silencio.
Y una última reflexión antes de apagarse..
[Claro. Tenía que ser yo.]
Despertó.
Pero no en el hospital.
Ni en el cielo.
Ni siquiera en una sala blanca con un túnel brillante y un comité de bienvenida celestial.
Despertó en una cama enorme con mantas elegantes, rodeada de cortinas de seda azul pálido. El techo tenía frescos pintados. Había candelabros. Y alguien estaba llorando dramáticamente a su lado.
—¡Mi lady! ¡Gracias a los cielos ha abierto los ojos!
Ella parpadeó.
[¿Mi lady?]
Giró apenas la cabeza. Una joven vestida con un uniforme antiguo.. de esos que solo había visto en dramas históricos.. sostenía un pañuelo bordado y la miraba como si acabara de presenciar un milagro.
—¿Estoy… en un museo? —murmuró.
—¡No diga cosas tan extrañas! Está en su habitación, en la mansión de los Alderwick.
[¿Los qué?]
Intentó incorporarse y sintió algo pesado en la cabeza. No dolor. Peso. Como si llevara un peinado estructuralmente complejo.
Corrió hacia un espejo cercano.. ignorando los gritos de la sirvienta.. y se quedó helada.
La mujer que la miraba no era ella.
Tenía el cabello largo, negro y liso brillante. Ojos verdes enormes. Piel impecable. Y un vestido de encaje que claramente no pertenecía al siglo XXI.
Se tocó el rostro. El reflejo hizo lo mismo.
—No… no… no… No puede ser.
Memorias ajenas comenzaron a filtrarse en su mente como archivos descargándose.
Nombre: Lady Eveline Alderwick.
Edad: diecinueve años.
Estado civil: prometida.
Reputación: frágil.
Personalidad original: tímida, delicada… y ligeramente torpe.
—¿Torpe? —repitió en voz alta.
[¿En serio reencarné en alguien igual de desafortunada?]
La sirvienta sollozó.
—¡Mi lady! Pensamos que no despertaría después de que la maceta del invernadero cayera sobre usted…
Silencio absoluto.
Ella giró lentamente la cabeza.
—¿…Maceta?
—Sí, mi lady. Fue terrible. Justo cuando paseaba por el jardín.
Ella cerró los ojos.
Respiró hondo.
Luego señaló al techo con indignación..
—¿En serio? ¿Otra vez? ¿Ni en otra vida me libro de las macetas?
La sirvienta, confundida, volvió a llorar.
Pero lo peor no era eso.
No.
Lo peor llegó cuando la puerta se abrió con un golpe elegante y perfectamente calculado.
Entró un hombre alto, impecablemente vestido, con porte aristocrático y una expresión fría que podría congelar el té antes de servirse.
Cabello negro, ojos grises intensos y una presencia que imponía respeto inmediato.
El prometido.
Lord Cassian Rathborne.
La observó unos segundos.
—Veo que, incluso inconsciente, logra causar conmoción —dijo con voz baja y firme.
Ella lo miró.
Él la miró.
Algo extraño vibró en el aire.
No reconocimiento.
No exactamente.
Pero sí una chispa.
Una sensación inquietantemente familiar.
Él frunció levemente el ceño.
—Desde que despertó… parece distinta.
Ella sonrió lentamente.
Una sonrisa que no pertenecía a la Eveline original.
—Tal vez.. es que finalmente tuve un golpe de suerte.
Cassian arqueó una ceja.
—Una maceta en la cabeza no califica como suerte.
Ella suspiró.
—Créame, lord… voy a cambiar y esto es una mejora considerable.
Él la observó en silencio, intrigado por ese brillo desafiante en sus ojos.
Y por primera vez desde que la conocía, la encontró interesante.
Ella, por su parte, decidió algo crucial en ese instante.. Si el destino iba a lanzarle objetos desde balcones incluso en otra vida… entonces esta vez no iba a limitarse a sobrevivir.
Iba a disfrutar.
Iba a cambiar su historia.
Y, si era posible, iba a averiguar por qué el hombre más importantes del reino la miraba como si también acabara de despertar de algo.
Quizá la mala suerte no la había seguido.
Quizá la maceta solo había sido… el comienzo.
me encanta súper bien narrada
nunca perdió el hilo narrativo
ella con su suerte y el siempre ahí al lado