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EL PROYECTO DOMO

EL PROYECTO DOMO

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis
Popularitas:231
Nilai: 5
nombre de autor: Luis Ochoa

En la ciudad de Arcadia, la rutina terminó en un instante 🔥. Lo que comenzó como un supuesto accidente químico terminó convirtiéndose en el encierro más grande de la historia moderna 💥. Un domo de energía azul eléctrico cubre la ciudad completa: bloquea señales, distorsiona el aire y descarga electricidad a cualquiera que intente cruzarlo ⚡️. Nadie entra. Nadie sale 🚫.

Mientras el caos consume las calles, una infección conocida extraoficialmente como VX-17 comienza a propagarse 🔴. No mata de inmediato. No destruye el cuerpo. Destruye la conciencia 🧠.

Los infectados —apodados Los Vacíos— no sienten dolor, no sienten miedo… solo un impulso violento que los vuelve más rápidos, más agresivos y más activos en la oscuridad 💀.

Pero el verdadero horror no está solo en ellos 🤯. Un grupo de jóvenes atrapados en el Instituto Central Arcadia deberá aprender que sobrevivir no significa seguir siendo humanos 👥. Aislados, vigilados desde el exterior por drones militares 🚁.

NovelToon tiene autorización de Luis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 12

El sonido de pasos resonaba en los pasillos. No eran pasos normales. Eran demasiados. Golpes contra lockers. Puertas azotándose. Gritos que aparecían y desaparecían entre los corredores del Instituto Central Arcadia.

Ángel Alfredo corría. Sus zapatillas golpeaban el suelo de cerámica con un eco que parecía demasiado fuerte para un lugar donde lo más importante ahora era no hacer ruido.

...—¡Por aquí! —susurró....

Giró bruscamente en una esquina. Yeyra casi se estrelló contra él cuando frenó. Ambos se apoyaron contra la pared intentando recuperar el aire.

Los gritos seguían escuchándose en la distancia. Pero lo peor no eran los gritos. Era lo que venía después de los gritos. Silencio. Un silencio breve. Y luego… Ese sonido húmedo. Mordidas.

Yeyra se cubrió la boca para no llorar.

...—Dios… Dios… Dios…...

Ángel se asomó apenas por la esquina del pasillo. Nada. Pero eso no significaba que estuvieran solos. Nada en ese lugar era seguro ahora.

...—Tenemos que seguir moviéndonos —susurró....

Yeyra negó con la cabeza.

...—No puedo… no puedo correr más…...

Ángel la miró. Su rostro estaba pálido. El maquillaje que llevaba en la mañana ahora estaba corrido por el sudor y las lágrimas. Nunca había visto a Yeyra así. Normalmente Yeyra Hernández era la persona que siempre sabía todo. La chica que conocía cada rumor del instituto. La que escuchaba conversaciones a medias y las terminaba armando como rompecabezas. La que caminaba por los pasillos como si el instituto fuera su territorio. Pero ahora… Ahora parecía una niña asustada.

...—Ey —dijo Ángel con vos baja....

Ella lo miró.

...—No nos vamos a morir aquí....

No sabía si eso era verdad. Pero necesitaba decirlo.

Yeyra respiró profundo.

...—Mi mamá me va a matar…...

Ángel parpadeó.

...—¿Qué?...

...—Si se entera que estoy aquí cuando todo esto pasó…...

Por primera vez desde que empezó el caos, Ángel soltó una pequeña risa nerviosa.

...—Creo que tu mamá va a tener otras prioridades....

Yeyra lo miró.

...—No la conoces....

Eso hizo que Ángel recordara algo.

...—¿Tu mamá sigue trabajando en el hospital?...

Yeyra asintió.

...—Turno nocturno....

Un silencio incómodo cayó entre ellos. Ambos pensaron lo mismo. Si esto estaba pasando en el instituto… ¿qué estaba pasando en el resto de la ciudad? El domo encerraba todo. Las casas. Las calles. Los hospitales.

La garganta de Yeyra se cerró.

...—Si esto está pasando allá afuera…...

Ángel terminó la frase en su mente. Pero no la dijo. No podía.

Un golpe fuerte resonó en el pasillo. Ambos se congelaron. Una puerta se abrió violentamente al fondo del corredor. Un estudiante salió corriendo.

...—¡AYUDA!...

Detrás de él venía otro. Corriendo. Pero de una forma… incorrecta. Su cabeza estaba inclinada hacia un lado. La camisa cubierta de sangre. Sus movimientos eran demasiado rápidos.

El estudiante que huía tropezó. Cayó al suelo.

...—¡NO! ¡NO!...

La cosa que lo perseguía se lanzó sobre él. Yeyra giró la cabeza inmediatamente. Pero el sonido… El sonido era imposible de ignorar.

Ángel sintió que el estómago se le revolvía.

...—Vámonos —susurró....

Agarró a Yeyra del brazo. Y corrieron. Doblaron otro pasillo. Luego otro. Los corredores del instituto ahora parecían un laberinto. Luces parpadeando. Mochilas tiradas. Celulares abandonados. Puertas abiertas. Todo parecía congelado en el momento exacto en que el mundo dejó de ser normal.

...—Aquí —dijo Ángel....

Empujó la puerta de un aula. Entraron. Cerraron. Ángel movió rápidamente un escritorio contra la puerta. Y ambos se quedaron respirando fuerte.

El aula estaba vacía. El pizarrón aún tenía escrita una ecuación de química. Las mochilas de los estudiantes seguían en el suelo. Como si hubieran salido corriendo a mitad de clase.

Yeyra se dejó caer contra la pared.

...—No puedo creer que esto esté pasando…...

Ángel caminó hacia la ventana. Miró hacia el patio. Y lo que vio hizo que el aire abandonara sus pulmones.

...—Yeyra…...

Ella levantó la mirada.

...—¿Qué?...

Ángel no respondía. Solo miraba hacia afuera. Ella se levantó lentamente. Se acercó a la ventana. Y entonces lo vio.

El patio estaba lleno de movimiento. Demasiado movimiento. Estudiantes corriendo. Otros cayendo. Y entre ellos… Decenas de figuras persiguiéndolos. Los Vacíos.

...—Dios…...

Yeyra dio un paso atrás.

...—Hay demasiados…...

Ángel asintió lentamente.

...—Esto no es solo el instituto....

Yeyra tragó saliva.

...—Entonces…...

...—Está pasando en toda la ciudad....

El silencio volvió al aula. Pero no duró mucho. Un golpe resonó contra la puerta. Ambos se giraron inmediatamente. Otro golpe. Más fuerte. El escritorio vibró. Yeyra susurró:

...—No…...

La manija comenzó a moverse violentamente. Ángel agarró una silla.

...—Si entra…...

No terminó la frase. No hacía falta. El golpe se repitió. Pero esta vez… vino acompañado de algo peor. Un gemido. Un sonido bajo. Gutural. El mismo sonido que habían escuchado antes en los pasillos.

Yeyra cerró los ojos.

...—Ángel…...

Entonces… un segundo sonido apareció. Un golpe diferente. Más débil. Como si alguien estuviera golpeando desde el suelo.

Ángel frunció el ceño.

...—Espera…...

Se acercó lentamente a la puerta. El gemido seguía del otro lado. Pero ahora también se escuchaba una voz. Muy débil.

...—Ayuda…...

Yeyra abrió los ojos.

...—¿Hay alguien ahí?...

Ángel dudó. El gemido continuaba. Pero la voz… la voz era humana.

...—Ángel… —susurró Yeyra....

Él movió el escritorio apenas unos centímetros. Solo lo suficiente para abrir la puerta un poco. Miró hacia afuera. Y vio a un chico arrastrándose por el suelo. Estaba cubierto de sangre. Una mordida enorme en el brazo.

...—Por favor… —susurró el chico....

Ángel lo agarró y lo arrastró dentro del aula. Yeyra cerró la puerta rápidamente. El chico temblaba. Su respiración era irregular. Yeyra se arrodilló junto a él.

...—¿Qué pasó?...

El chico apenas podía hablar.

...—Ellos… me mordieron…...

Ángel miró la herida. La piel alrededor ya estaba oscureciéndose.

...—Tenemos que presionar la herida —dijo Yeyra....

Pero el chico comenzó a reír. Una risa débil. Rota.

...—No sirve…...

Los dos lo miraron.

...—¿Qué?...

El chico levantó la cabeza. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

...—Vi lo que pasa…...

Ángel sintió un frío recorrer su espalda.

...—¿Qué viste?...

El chico susurró:

...—Los que muerden… no matan de inmediato…...

Yeyra sintió que el corazón se le detenía.

...—¿Entonces qué hacen?...

El chico respiró con dificultad.

...—Te cambian…...

Silencio. Un silencio horrible.

...—Primero la fiebre… —continuó....

...—Luego… empiezas a sentir que tu cabeza… se rompe…...

Sus manos comenzaron a temblar.

...—Después… dejas de sentir miedo…...

Los ojos de Ángel se abrieron.

...—¿Cuánto tiempo?...

El chico lo miró.

...—No lo sé…...

Su cuerpo empezó a convulsionar. Yeyra retrocedió.

...—Ángel…...

El chico comenzó a respirar más rápido. Demasiado rápido. Sus pupilas se dilataron. La piel de su cuello comenzó a oscurecerse.

Ángel sintió el terror subiendo por su pecho.

...—Yeyra… aléjate....

El chico levantó la cabeza. Sus ojos ya no eran los mismos. Algo dentro de él… se estaba apagando. Y algo más… estaba despertando.

Su mandíbula se tensó. Y cuando volvió a mirar a Ángel… sus ojos ya estaban completamente vacíos.

El Vacío abrió la boca. Y se lanzó hacia ellos.

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