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Demasiado tarde, Alfa, tu exesposa regresó

Demasiado tarde, Alfa, tu exesposa regresó

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Hombre lobo / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Aria Winters

Tres años de matrimonio. Un Alfa que nunca dijo «te amo». Y un divorcio firmado el mismo día en que ella descubre que está embarazada.

Aurora Bennett lo había dado todo por Alexander Sterling: su carrera, su juventud, su lugar como Luna de la manada Crescent Ridge. Pero cuando él la deja sin nada para volver con su primer amor, Aurora toma una decisión: desaparecer y criar a su hijo lejos de él, donde nadie pueda volver a usarlos.

Cinco años después, la doctora Bennett es una cirujana respetada que lo ha reconstruido todo desde cero. Hasta que el destino la devuelve al lugar que juró no pisar jamás, y frente a frente con el hombre que la abandonó.

Alexander no es el mismo. Ahora la mira como si no pudiera respirar sin ella, y quiere recuperar lo que perdió. Pero hay un niño de ojos azules que todavía no sabe quién es su padre, una esposa que no piensa soltarlo y un vínculo de pareja destinada que arde más fuerte que nunca.

¿Se puede perdonar a quien te rompió el corazón? ¿Y qué pasa cuando el Alfa que te dejó ir descubre que ya es demasiado tarde?

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Capítulo 20

Capítulo 20

Estaba igual que como la recordaba. Siempre producida de pies a cabeza, aunque no hubiera motivo. Con el pelo en rizos y vestida como una puta.

Llevaba un vestido negro diminuto y una bolsa Chanel.

Se quedó clavada en el suelo en cuanto me vio. Miró de mí a Matteo y a un Alexander inconsciente.

—Tú... —dijo mientras caminaba despacio hacia nosotros. Se volvió hacia Matteo—. ¿Qué hace ella aquí? ¿Por qué regresó? Y lo más importante, ¿por qué carajos está con mi esposo?

—Vivian...

—¡No! ¡Respóndeme! ¿Qué hace aquí?

—Vivian, cálmate. Este no es el momento...

—¿Que me calme? ¿Quieres que me calme cuando tu zorra trabaja con el hombre con el que me casé? Te la estás cogiendo, ¿verdad? ¿¡Verdad!? Por eso está aquí, y por eso él está aquí. Esta maldita perra regresó para quitarme a mi esposo. ¡Quiero que se largue ahora mismo!

—Vivian, Alexander la contrató. Nunca supo que era ella, pero es una de las mejores doctoras que hay. Justo lo que necesita nuestra manada. Y tú no tienes derecho a despedirla.

—¡Claro que lo tengo! ¡Soy la Luna de esta manada, así que tengo todo el derecho de correr a esta maldita perra para que nunca vuelva a trabajar aquí!

—Me temo que no funciona así, Viv. Yo soy el segundo al mando. Luna o no, si el Alfa no está en condiciones de dar órdenes, técnicamente quien sigue en la línea soy yo. Y como el Alfa es mi hermano y Aurora no le hace daño a nadie, se queda aquí hasta que mi hermano o yo digamos otra cosa.

—Pero...

—Esto no está a discusión, Viv. Vete a tu casa.

—No voy a dejarlo. No con ella.

—Es lo único que puedes hacer. Él no necesita ruido ahorita, y es lo único que sabes hacer.

—Vete a la mierda, Teo —susurró, y salió dando un portazo.

—Qué bien salió eso —murmuré, volteando hacia la cama y poniéndome las manos en la cintura.

Verla otra vez sacó el odio que llevaba tanto tiempo escondiendo. Saber que ella era la mente maestra detrás de cada cosa horrible que viví. Perder el corazón de mi pareja destinada, mi divorcio, el accidente que casi le cuesta la vida al hijo que llevaba dentro.

Era la villana principal, y la causa de cada desgracia de mi vida.

Si pudiera hacerla pagar... pero eso sería demasiado fácil.

Pasé el resto de la noche en la UCI, como se esperaba de mí siendo la jefa médica, y el día siguiente fue pesado. Jessica se había ido a casa a pasar la noche con Noah, y una punzada de culpa no me soltó en toda la noche.

Noah sabía a qué se dedicaba su mamá, e incluso me llamaba heroína por salvar vidas, pero igual extrañaba a mi bebé.

Había montones de papeleo y pacientes que atender. Tuve que ir a ver a unos cuantos de mis pacientes y después me fui a la cafetería.

Pedí un café rápido y un sándwich, me senté en una esquina y comí. Jessica seguía ocupada con unos pacientes y Noah estaba en la escuela.

—Hola, desconocida. —Oí una voz grave y volteé: Matteo estaba junto a la mesa.

—Hola, Matteo. Siéntate.

Sonrió y se sentó frente a mí.

—¿Cómo va? —preguntó.

—Bien. Sus signos vitales están fuertes y el veneno se está yendo poco a poco. Está estable y va a despertar pronto. Pero tiene que quedarse en el hospital un par de días más para que vigilemos con cuidado su recuperación.

Asintió y soltó un suspiro.

—Lo va a odiar.

—Sí, pero es lo mejor para él. No puede andar peleándose con la gente cuando apenas se sostiene en pie.

—Alexander odia los hospitales.

—Me lo imagino.

—Entonces de verdad eres doctora, ¿eh? Todavía me cuesta creer que pudieras salvarlo a él o a cualquiera. Hasta tienes premios que demuestran lo talentosa que eres.

Suspiré y le di un sorbo a mi café.

—Investigaste mis antecedentes, ¿eh?

—Técnicamente, tienes a mi sobrino. Y necesito estar seguro de que lo cuidas y no le haces ningún daño. Pero hasta ahora estoy muy orgulloso de tus logros, y seguro Noah también. No dejaste que la situación con mi hermano te impidiera por fin sacar a la luz el potencial que él tenía tapado, cuando solo te conocían como la Luna. Pero ahora no solo eres una gran madre para tu hijo, eres una doctora exitosa y buenísima. Así que felicidades, Aurora. Lo lograste.

Sonreí, sintiendo el peso de sus palabras, y me di cuenta de que no me había dado el crédito que merecía. La gente veía la grandeza que yo no veía, y yo seguía preguntándome: ¿por qué yo? ¿Qué tengo de especial para que me den tantos premios? ¿Acaso no salvo vidas como cualquier otro doctor? ¿Por qué el mío destaca?

Ahora lo sabía.

—Gracias, Matteo.

—No, gracias a ti. Eres lo mejor que le ha pasado a nuestra manada. Nuestros servicios médicos eran un desastre y fallaban. Mucha de nuestra gente murió después de un ataque porque los doctores no eran competentes. Pero tú cambiaste eso.

Le di otro sorbo al café y lo dejé en la mesa.

—Sabes, por mucho que me guste estar aquí, y el sueldo y todo, es cuestión de tiempo para que Alexander se entere de lo de Noah. No puedo tener a mi hijo encerrado solo porque no quiero que su padre lo vea. Tengo que dejarlo vivir una vida normal como cualquier niño de su edad, ir al parque, al cine, a paseos de la escuela, y no quiero negarle todo eso solo porque su padre es el arrogante más imbécil que he conocido.

—Bueno, te entiendo, y me alegra que no quieras mantenerlo escondido. Con gusto voy a tener a mi sobrino cerca y a consentirlo hasta el cansancio. Además, ya me conoce. Esta manada es grande, y créeme, Alexander está tan metido en los deberes de la manada y en sus negocios que no va a tener tiempo de fijarse en un niño. Solo lo vamos a vigilar de cerca. Tranquila, puedes divertirte todo lo que quieras sin tener que andar cuidándote las espaldas. Nada más no te pases, y espera a que se le acabe esa estúpida obsesión contigo.

—Sí, claro. La verdad es que no lo entiendo. ¿Por qué diablos actúa como si no hubiera sido él quien mandó hace cinco años y pidió el divorcio? ¿Por qué actúa como si no recordara todas las cosas horribles que me hizo? Como si no las hubiera hecho, como si todo fuera producto de mi imaginación. Pero yo fui la víctima aquí. Yo fui quien tuvo que irse con la frente en alto y fingir que no me estaba desmoronando por dentro.

—Porque es el cabrón más grande que existe. Es la única explicación. No dejes que te afecte, y no permitas que arruine el progreso que has logrado. No vale tu tiempo. Pero hay algo que debes saber.

—¿Qué?

—Alexander no es el mismo hombre que conociste hace cinco años. Ahora es distinto. No es el mismo que te rompió el corazón. No es el mismo que te hizo querer irte. No intento ponerle excusas, pero es muy distinto. Solo quería que lo supieras, para que no tengas en la cabeza la imagen de que es un tipo horrible. Es casi como si Vivian le estuviera lavando el cerebro. Porque, si no, ¿cómo lo explico?

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