Cassandra López tiene veinticuatro años, una montaña de deudas sobre los hombros, unos padres jubilados a los que ayudar y un sueldo que apenas le alcanza para sobrevivir. Cada día es una lucha por llegar a fin de mes, hasta que una inesperada propuesta en una clínica de fertilidad pone su mundo patas arriba.
Un millón de dólares.
Esa es la cifra que le ofrecen por alquilar su vientre y gestar al hijo de un hombre que parece tenerlo todo: dinero, poder y un apellido capaz de hacer temblar a cualquiera. Un hombre tan apuesto como arrogante, tan misterioso como peligroso. Un Alfa acostumbrado a dar órdenes y conseguir siempre lo que desea.
Para Cassandra, aceptar parece la solución perfecta a todos sus problemas. Nueve meses a cambio de una fortuna. Un contrato, unas cuantas reglas y una promesa: no involucrarse emocionalmente.
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Capítulo 4
Damián no dijo nada durante varios segundos. La estancia parecía pequeña ante la inmensidad de su presencia; el silencio era un hilo tenso a punto de romperse. Su mirada bajó lentamente desde los ojos de Cassandra hasta su vientre aún plano, cubierto por la tela sencilla de su blusa.
Extendió la mano, acercándola a escasos milímetros del centro de su abdomen. El calor que emanaba de su palma atravesó la tela, haciendo que a Cassandra se le erizara la piel y se le cortara la respiración por la expectativa de ese contacto imponente.
Sin embargo, antes de llegar a tocarla, Damián detuvo el movimiento en el aire. Con una disciplina implacable, cerró los dedos en un puño tenso y retrocedió la mano, alejándose de ella con la misma frialdad distante y calculadora de siempre.
Se incorporó cuan largo era, arreglándose el saco del traje y la corbata con una elegancia impecable, devolviendo la barrera invisible que los separaba.
—Prepárese, señorita López —dijo Damián con una voz grave, categórica y carente de cualquier atisbo de calidez—. Esta noche se vestirá a la altura de las circunstancias. La llevaré a la mansión ancestral de mi familia.
Cassandra parpadeó, sorprendida por el giro repentino de la situación, y lo miró con la frente ligeramente fruncida.
—¿A la mansión ancestral? ¿Para qué?
—Mis padres y mis abuelos deben conocer la noticia —respondió el Alfa con tono frío y sin margen de discusión—. Para el linaje Rossi, la continuidad del apellido es un asunto de Estado. Ellos deben saber que el heredero que tanto han exigido ya está en camino, y la verán a usted para confirmar que el trato se ha cerrado.
—Señor Rossi... ¿sus padres y abuelos? —preguntó Cassandra en un hilo de voz, sintiendo que una nueva ola de angustia le oprimía el pecho—. ¿Cómo voy a presentarme ante ellos? No soy parte de su mundo, Victoria es su esposa...
—Victoria también estará allí —la cortó Damián con una mirada helada que congelaba el aire a su alrededor—. Y no necesita pertenecer a mi mundo, Cassandra. Solo necesita estar impecable, mantener la compostura y responder con la verdad cuando le pregunten sobre su salud. Martha le entregará el vestido y las joyas seleccionadas para la ocasión a las seis de la tarde. No me haga esperar.
Damián dio media vuelta con paso firme y abandonó la habitación, dejando la puerta entornada tras de sí.
Cassandra se quedó sentada en el borde de la cama, llevando involuntariamente una mano hacia su vientre aún plano. El alivio por la confirmación del embarazo se había disipado de golpe, sustituido por el terror helado de tener que enfrentarse a toda la dinastía Rossi y a una Victoria llena de odio en su propio terreno. La jaula de oro no solo se estaba cerrando, sino que la llevarían a exhibirse frente a los verdaderos dueños de la ciudad.
A las seis de la tarde en punto, la Sra. Martha llamó a la puerta de la habitación del ala este. Tras ella, dos empleadas jóvenes portaban una funda protectora de vestuario y una elegante caja de terciopelo azul marino.
—Señorita López, por orden del señor Rossi, venimos a prepararla para la cena de esta noche —anunció el ama de llaves con su acostumbrada voz neutral y profesional.
Al abrir la funda, Cassandra contuvo el aliento. Dentro había un vestido largo de crepé en tono verde esmeralda, de corte sobrio, escote barco refinado y mangas tres cuartos; una pieza de alta costura diseñada para envolver el cuerpo con una elegancia reservada y aristocrática. En la caja de terciopelo descansaba un juego discreto de pendientes de esmeraldas montadas en platino.
—No sé si me sienta cómoda usando algo tan costoso… —murmuró Cassandra mientras acariciaba la textura suave de la tela.
—En la mansión de los patriarcas Rossi, la imagen no es un lujo, es un requisito estricto —respondió Martha firme pero respetuosa—. Déjenos ayudarla con el peinado y el maquillaje. El señor Rossi aborrece la impuntualidad.
Una hora después, Cassandra contemplaba su reflejo en el gran espejo de cuerpo entero. Con el cabello recogido en un moño bajo y elegante, unos mechones finos enmarcando su rostro y el maquillaje sutil que resaltaba la calidez de sus ojos marrones, apenas se reconocía a sí misma. La mujer humilde del barrio de las afueras parecía haber quedado oculta bajo la armadura del lujo, aunque por dentro sintiera que el corazón le latía desbocado.
Al bajar por la escalinata central de la residencia, Damián la esperaba al pie de los escalones. Lucía un esmoquin negro impecable que acentuaba su figura imponente. A su lado, Victoria, deslumbrante en un vestido de seda rojo pasión y cubierta de diamantes, la escrutaba con una mirada cargada de veneno y rabia apenas contenida.
Damián alzó la vista y recorrió a Cassandra de arriba abajo. Durante un segundo fugaz, un destello de aprobación indescifrable cruzó por sus pupilas oscuras antes de volver a su habitual expresión de piedra.
—Está a tiempo, señorita López —dijo el Alfa con voz grave—. El vehículo nos espera en la entrada.
—Damián, esto es una ridiculez —intervino Victoria en un siseo bajo, apretando el bolso de mano con fuerza mientras caminaba hacia la salida sobre sus taconazos—. Llevar a esta muchacha a la finca familiar es una afrenta para tus padres y para tu abuelo. ¿Qué se supone que les vas a decir? ¿Que sentaste a la sirvienta en la mesa de la dinastía?
—Les diré la verdad, Victoria: que ella lleva en sus entrañas la continuidad del apellido Rossi —respondió Damián sin siquiera mirarla, abriendo él mismo la portezuela de la limusina blindada e indicándole a Cassandra que ingresara primero.
El trayecto hacia la finca ancestral de los Rossi fue sumido en un silencio denso y sofocante. Victoria mantenía la vista fija en la ventana, consumida por un rencor silencioso, mientras Damián revisaba documentos ejecutivos en una tableta. Cassandra, sentada frente a ellos, apretaba sus manos sobre el regazo para disimular el temblor que le recorría el cuerpo.
Media hora más tarde, el vehículo cruzó las majestuosas puertas de hierro forjado con el blasón familiar en relieve y avanzó por un camino flanqueado por cipreses centenarios hasta detenerse frente a una imponente mansión de estilo neoclásico.
Un mayordomo anciano y pulcro les abrió la puerta principal, guiándolos a través de pasillos de mármol decorados con retratos al óleo de generaciones pasadas de los Rossi. Finalmente, ingresaron al gran comedor formal, donde una gigantesca mesa de caoba estaba dispuesta para cinco personas, iluminada por la luz cálida de una araña de cristal de Bohemia.
En los sillones de cabecera ya se encontraban los patriarcas de la familia. Don Donato Rossi, el abuelo y fundador del imperio corporativo —un anciano de cabello blanco, mirada penetrante y semblante de acero—, y los padres de Damián: don Alberto Rossi, de actitud severa y distante, y doña Valeria, una mujer de la alta sociedad de postura impecable y rostro esculpido por el orgullo.
—Damián, por fin llegan —saludó don Alberto, poniéndose de pie con parsimonia—. Tu abuelo y nosotros llevamos media hora esperando la urgencia de esta convocatoria.
La mirada de doña Valeria barrió de inmediato a los tres recién llegados, deteniéndose con extrañeza y desaprobación sobre Cassandra.
—¿Quién es esta joven, Damián? —preguntó la matriarca con voz fría y educada, arrugando levemente el entrecejo—. No la hemos visto jamás en nuestros círculos sociales.
Victoria aprovechó el momento para dar un paso adelante, dibujando una sonrisa amarga y manipuladora.
—Es justamente lo que le decía a Damián en el camino, suegros. Esta muchacha no pertenece a ninguna familia de nuestro círculo. Es una persona que contrataron de un barrio humilde para…
—Suficiente, Victoria —la cortó Damián con una voz tan categórica que hizo vibrar el aire del comedor. El Alfa dio un paso al frente, colocándose sutilmente al lado de Cassandra, ejerciendo una presencia protectora e intimidante a la vez—. La he presentado aquí porque es un asunto de la máxima prioridad para la familia.
Don Donato Rossi apoyó ambas manos sobre su bastón de empuñadura de plata y clavó sus ojos grises y calculadores en su nieto.
—Habla claro, Damián. Sabes bien que mi tiempo y mi paciencia son limitados. ¿Por qué trajiste a esta muchacha a la mesa de los Rossi?
Damián sostuvo la mirada del patriarca sin pestañear.
—Ella es la señorita Cassandra López. Y la he traído porque los análisis clínicos confirmaron esta mañana que el tratamiento de gestación subrogada ha sido un éxito total. La señorita López está embarazada de mi hijo. El heredero de la corporación y de nuestro apellido ya está en camino.
Las palabras cayeron como un martillazo de hierro sobre la mesa.
Un silencio sepulcral se apoderó de la estancia. Doña Valeria se llevó una mano al pecho, abriendo los ojos con estupefacción, mientras don Alberto fruncía el ceño, evaluando la situación con frialdad corporativa.
Don Donato, sin embargo, no apartó la vista de Damián. Luego, lentamente, giró su cabeza para clavar su mirada en Cassandra, quien, a pesar del nudo paralizante en su garganta, levantó la barbilla y sostuvo el examen del anciano con una dignidad serena y sin titubeos.
—¿Una gestante externa? —preguntó el anciano patriarca con voz baja y cavernosa—. ¿Y qué hay de su linaje, de su salud y de su moral, Damián? Sabes perfectamente las exigencias que impone nuestra sangre.
—La doctora jefe de la clínica *Valentin* certificó un historial médico impecable, ausencia total de enfermedades hereditarias o vicios y un estado de salud idóneo —respondió Damián firmemente—. Y hay un detalle adicional, abuelo: la señorita López era virgen antes del procedimiento. Su cuerpo jamás ha pertenecido a ningún otro hombre. El fruto que lleva dentro es pura y exclusivamente de la estirpe Rossi.
El dato impactó de nuevo en la sala. Doña Valeria entreabrió los labios, sorprendida, mientras don Donato entornaba los ojos con un destello de viva curiosidad y aprobación pragmática.
Victoria, al ver cómo la atención y el estatus se desplazaban irremisiblemente hacia Cassandra, sintió que la rabia le quemaba las entrañas.
—¡Esto es una locura! —exclamó la modelo, perdiendo la compostura—. ¡Un embarazo por contrato con una mujer de la calle! ¿Es que a nadie le importa cómo afectará esto a mi reputación y a la imagen pública de nuestro matrimonio?
Don Donato levantó su bastón y lo golpeó con fuerza contra el suelo de roble. El sonido sordo acalló el reclamo de Victoria al instante.
—¡Silencio, Victoria! —ordenó el anciano con autoridad inapelable—. La reputación se maneja con relaciones públicas, pero el linaje no se negocia. Si el cuerpo de mi nieto y el de esta joven van a darnos al heredero que tú no pudiste dar, no toleraré tus histerias en esta mesa.
El anciano volvió a mirar a Cassandra, haciéndole una seña con la mano.
—Acérquese, muchacha. Siéntese a mi derecha. Quiero escuchar de su propia boca si comprende la magnitud y la responsabilidad del ser que lleva en sus entrañas.
Cassandra miró de reojo a Damián. El Alfa le hizo un leve asentimiento con la cabeza, invitándola a avanzar. Con pasos firmes y la mente puesta en la seguridad de sus padres, la joven caminó hacia la cabecera de la mesa, consciente de que acababa de dar un paso sin retorno en el corazón mismo del imperio Rossi.
Cassandra yo también 😭😭
Gracias Dalia excelente historia
Bendiciones
Para tu veneno acá encontrarás el antídoto, me encanta porque Cassandra no se deja 👏👏 Gracias Dalia bendiciones 🙏🙏🙏