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La Heredera que Él No Pudo Romper

La Heredera que Él No Pudo Romper

Status: En proceso
Genre:CEO / Centrado emocionalmente / Mujer poderosa / La mimada del jefe / Casada con el millonario / Amante arrepentido
Popularitas:236.5k
Nilai: 4.7
nombre de autor: lulu

Lala Salcedo creyó que su boda con Damián Alcázar sería el inicio de una vida tranquila. Pero el mismo día de la ceremonia, su media hermana Iris, enferma y mimada por toda la familia, le arrebata el vestido, el novio y hasta el lugar que durante años le perteneció.

Lo que nadie esperaba era que Lala dejara de agachar la cabeza.

Con el corazón roto, una empresa en las manos y demasiadas cuentas pendientes, decide cobrar cada humillación una por una. Damián cree que puede volver cuando quiera. La familia Salcedo cree que todavía puede usarla. Iris cree que todo lo que Lala ama puede terminar en sus manos.

Hasta que aparece Sebastián Suárez, el heredero más reservado y poderoso de la ciudad, dispuesto a respaldarla cuando todos esperan verla caer.

Pero en un mundo de familias ricas, secretos viejos y amores que llegan demasiado tarde, Lala tendrá que descubrir quién quiere salvarla de verdad… y quién solo quiere usarla otra vez.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

Capítulo 20

Damián no se movió.

Ni siquiera miró a Iris.

Su rostro estaba tranquilo, como si aquello ya no tuviera nada que ver con él.

—¡Damián! ¿Estás sordo? —Iris empezó a perder el control.

Tanteó la mesa junto a la cama, agarró lo primero que encontró y se lo lanzó.

—¡Iris, Iris, no hagas eso! —Tamara se asustó al ver que hasta se había arrancado la vía de la mano.

Damián esquivó dos veces.

Entonces por fin habló.

—Si tanto lo quieres, ve y quítaselo tú. Yo tengo cosas que hacer.

Su tono no tenía ternura.

Tampoco rabia.

Solo cansancio.

Había que reconocerle algo a Damián: cuando tomaba una decisión, podía ser cruel sin mirar atrás.

Un mes antes decidió dejarme y casarse con Iris. Aguantó presión, burlas y escándalo con tal de abandonarme.

Ahora que veía la verdadera cara de Iris, también era capaz de dejarla ahí, aunque estuviera al borde de la muerte.

Iris, por fin, probó el sabor de ser abandonada.

Se lo había ganado.

Salí de la habitación.

Damián salió detrás de mí.

La puerta aún no se cerraba cuando escuchamos a Tamara gritar:

—¡Doctor! ¡Mi hija está vomitando sangre!

Seguimos caminando.

Ninguno volvió.

Los médicos y enfermeros corrieron por el pasillo hacia la habitación.

Alguien gritó:

—¡A quirófano! ¡Rápido, a urgencias!

Iris debía estar muy mal.

No miré a Damián.

—¿Seguro que no vas a volver? Tal vez sea la última vez que la veas.

Él se detuvo un segundo.

No respondió a eso.

—Lala —dijo con voz baja—, perdón.

—No hace falta.

—Antes yo...

—Damián, ya no te odio.

Me miró.

Sonreí apenas.

—Para odiarte tendría que seguir guardándote un lugar.

Su cara cambió.

El dolor le cruzó los ojos con una claridad que, en otro tiempo, me habría hecho dudar.

Ahora no.

Llegamos al elevador.

La puerta se abrió.

Él entró primero y sostuvo la puerta.

—Lala...

Yo lo miré desde afuera.

—Somos extraños. No hace falta compartir elevador.

La puerta se cerró entre nosotros.

De camino a casa, las palabras de Iris seguían clavadas en mi cabeza.

No quería creerlas.

Pero tampoco podía fingir que no las había escuchado.

Llamé a mi abuela.

—Abuela, ¿mamá conoció a Héctor cuando él ya estaba con Tamara?

Mi abuela se enfureció tanto que casi tosió.

—¡Tonterías! Es cierto que tu mamá se fijó primero en Héctor. En ese entonces él se veía decente, bien vestido, con cara de hombre educado. A tu mamá le gustaban esos hombres tranquilos. Pero fue él quien la persiguió. ¿Cómo iba ella a saber que ya tenía novia?

La voz de mi abuela temblaba de rabia.

—Ahora que lo dices, quizá Héctor y esa mujer ya estaban coludidos desde antes. Engañaron a tu mamá por dinero. Si no, ¿cómo explicas que los hijos de esa mujer sean apenas un par de años menores que tú? Seguro nunca cortaron.

Escuché en silencio.

El nudo en mi pecho se aflojó.

La verdad era casi como yo la había imaginado.

Mi mamá fue la víctima.

Desde el principio hasta el final, la engañaron.

Pensar en ella me dolió otra vez.

Eligió mal a un hombre.

Pisó mal en el matrimonio.

Su vida, que pudo haber sido luminosa, quedó llena de espinas hasta terminar joven.

Para ella, el matrimonio no fue la tumba del amor.

Fue su propia tumba.

Ese fin de semana, en teoría, podía descansar.

Pero no me atreví a quedarme quieta.

En cuanto mi cabeza se vaciaba, regresaba la llamada de Sebastián.

Regresaba su voz.

Regresaban todos los momentos breves que habíamos compartido.

Por suerte, la razón todavía podía ganar.

Él era demasiado bueno.

Demasiado brillante.

Precisamente por eso daba miedo.

Una bondad sin origen claro y una diferencia de clase tan grande eran señales suficientes para detenerme.

El domingo temprano fui a la empresa.

Desde que tomé el control completo, entendí lo difícil que era ser jefa.

Yo confiaba en mi oficio, en mis diseños, en las telas, en el corte.

Pero dirigir gente, revisar contratos, cuidar flujo, responder a socios, apagar problemas de producción... eso era otro mundo.

Y ahora varias amigas habían invertido en mí.

No podía fallarles.

Al atardecer, cuando estaba por recoger mis cosas, Vivi llamó.

—¿Dónde estás?

—En la empresa. Trabajando.

—No manches, es domingo. ¿No sabes descansar?

—Ahora todo depende de mí. Todavía no estoy firme. ¿Cómo voy a descansar?

—Ya. Sal. Te preparé algo. Te va a gustar.

—¿Qué cosa?

—No preguntes. Te mando la dirección. Vente ya.

Colgó y enseguida envió la ubicación.

Era un club de entretenimiento con restaurante, bar, karaoke y salas privadas.

Volver sola al departamento tampoco me tentaba.

Había tenido demasiados días horribles.

Tal vez una noche ruidosa me vendría bien.

Apenas salí de la oficina, Vivi mandó un audio:

—No manejes. Pide coche.

Entendí.

Iba a haber alcohol.

También necesitaba eso: soltar un poco la cabeza y dejar que el ruido tapara todo.

Cuando llegué al club y entré al reservado, me sorprendí.

La reunión era grande.

Estaban Vivi, Sofía Navarro, Lorena Duarte, Elena Vargas y otras amigas. Varias me habían prestado dinero antes de la subasta y luego habían invertido en mi empresa. Ahora también eran accionistas.

Tenía sentido que yo las invitara y les agradeciera.

Pero ellas ya estaban en plena fiesta: unas cantando, otras bebiendo, otras jugando dados. La mesa estaba llena de comida y botellas.

—¡Llegó Lala! —Vivi levantó la mano—. Ven, ven.

Saludé una por una y me senté junto a ella.

Sofía dejó el micrófono.

—¿Ya se arregló lo de tu familia?

—Sí. Gracias a ustedes también. Hoy la cuenta corre por mí. Coman, tomen y diviértanse.

—Eso queríamos oír.

—Lala, más te vale dirigir bien la empresa. Nosotras queremos dividendos.

—No voy a defraudarlas.

La conversación saltó de tema en tema.

Hasta que, inevitablemente, llegó a Sebastián.

Aunque las tendencias de internet ya se habían bajado, en el círculo de la alta sociedad todavía se hablaba de que Sebastián Suárez había gastado trescientos millones por mi brazalete.

Mujeres reunidas, chisme seguro.

Todas querían saber qué era Sebastián de mí.

Si pronto me convertiría en señora Suárez.

Yo llevaba dos días intentando sacarlo de mi cabeza.

Había aceptado salir precisamente para no pensar en él.

Y ellas no hablaban de otra cosa.

De pronto entendí algo incómodo.

¿Y si habían invertido en mí porque creían que yo ya tenía detrás a la familia Suárez?

—No, no. No crean rumores. Ese dinero se lo pedí prestado para recuperar el brazalete. Si no, Damián lo habría comprado y se lo habría puesto a Iris.

—Pero trescientos millones no se prestan así nada más.

—La relación tiene que ser especial.

—No es especial.

—Ay, no seas modesta. Entendemos. La familia Suárez es discreta.

No podía explicar más.

Cuanto más hablaba, menos me creían.

Justo entonces sonó el teléfono de Vivi.

Ella contestó, se levantó y me dijo:

—Viene una amiga nueva. No la conoces, pero te ayudó muchísimo.

Me agarré de esa frase para cambiar de tema.

—¿Quién?

Vivi no contestó.

Salió hablando por teléfono y volvió poco después con una chica pequeña y muy bonita.

Vestía un conjunto tipo uniforme escolar de diseñador, caro y juguetón. Tenía una cara dulce, maquillaje perfecto, como muñeca.

Al principio me confundí.

¿Cómo conocía Vivi a una niña tan moderna, casi de preparatoria?

Pero al mirarla bien, me quedé helada.

Era la chica del Porsche.

La que una vez, afuera del hospital, había fingido manejar por aplicación y me llevó a casa.

—Lala —dijo Vivi—, ella es Mía Cárdenas. Lo de tu boda, cuando se volvió tendencia, ¿recuerdas que te dije que buscaría ayuda? Conocí a Mía por casualidad. Ella tiene contactos con varias plataformas y habló con la gente correcta. Bajaron todo rápido.

Vivi la acercó al grupo.

—Quería invitarlas a comer cuando se resolvió, pero Mía se fue al extranjero a una presentación y volvió ayer. Como hoy ya estábamos reunidas, la traje.

—Vengan, siéntense —dijeron las demás.

Todas empezaron a presentarse.

Yo me levanté y sonreí.

—Qué casualidad. No pensé que nos volveríamos a ver.

Vivi abrió los ojos.

—¿Se conocen?

Antes de que yo hablara, Mía sonrió con picardía.

—Tuve una época difícil. Terminé manejando por aplicación y justo llevé a la hermana Lala. Es tan bonita que no se me olvidó.

—¿Tú, difícil? —Vivi no le creyó—. Más bien estabas jugando a experimentar la vida.

Yo tampoco le creí.

Ahora, viendo todo junto, seguramente Mía había visto mis noticias en internet. Me reconoció en la puerta del hospital y, por curiosidad o diversión, fingió ser chofer.

—Entonces fue destino —dijo Vivi—. Brindemos. Desde hoy somos amigas.

Todas levantaron copas.

Mía agitó las manos.

—Vivi, hermana Lala, yo no puedo tomar. Mi hermano me mata.

—¿Tan estricto?

—Sí. Si se enoja y me corta el dinero, me toca volver a manejar por aplicación.

Levantó un vaso de jugo.

No se sabía qué parte era broma y qué parte verdad.

Nadie la obligó.

—Está bien, tú con jugo.

Mía tenía una soltura natural. Se notaba que venía de una familia grande, de esas donde la confianza se aprende desde niña.

Y si podía bajar tendencias y mover plataformas con una llamada, su origen no era simple.

En poco tiempo, Sofía y las demás ya estaban agregándola a WhatsApp.

El ambiente volvió a subir.

Un rato después, Vivi miró la hora y aplaudió para llamar la atención.

—Chicas, la protagonista de hoy es Lala. Empieza lo bueno.

Me quedé confundida.

—¿Por qué soy la protagonista?

—¿De verdad con tanto trabajo olvidaste la fecha?

—¿Qué fecha?

—Mañana es tu cumpleaños. Veintiséis. Como el lunes todas estamos ocupadas, lo celebramos hoy.

—Vivi...

No alcancé a decir nada.

Ya me habían rodeado.

Me pusieron una banda cruzada en el pecho.

Decía: Hoy mando yo.

Después colgaron detrás de mí dos letreros enormes.

Uno decía: En Ciudad de México hay muchas bellezas, pero Lala Salcedo es la número uno.

El otro: Veintiséis años de debut y todavía parece de veinte.

Quise desaparecer.

—Qué vergüenza.

Vivi me grababa con el celular.

Cuando intenté quitarme la banda, ella me detuvo.

—Ni se te ocurra. La llevas toda la noche.

Sofía y Lorena me sujetaron de los brazos, riéndose.

—Hay gente nueva —protesté—. No asusten a Mía.

Mía ya estaba grabando y riendo más fuerte que nadie.

—No se preocupen por mí. Está buenísimo.

Me rendí.

Esta chica parecía dulce, pero estaba igual de loca que las demás.

—Lala —anunció Vivi—, no digas que tus amigas no te quieren. Sabemos que estos días han sido una porquería, así que preparé una fiesta de cumpleaños carísima y pensada con todo el corazón. Te vas a divertir.

No sé por qué, sentí peligro.

Seguro había algo más.

Tal como lo pensé, tocaron la puerta.

Vivi sonrió con malicia.

—Llegó la sorpresa. Prepárate.

Abrió.

¡Pum!

¡Pum!

Dos cañones de confeti explotaron.

Las cintas brillantes volaron por el aire.

Me encogí del susto.

Antes de entender nada, escuché los gritos emocionados de mis amigas.

Entró una fila de cinco o seis chicos guapos.

El primero traía flores y me las entregó.

El segundo me puso una corona de flores al cuello.

El tercero quitó el gorrito de cumpleaños que alguien me había puesto y lo reemplazó por una tiara con pedrería.

El cuarto llevaba guitarra y empezó a cantar cumpleaños feliz con una voz dulce.

El quinto hizo un truco de magia: de una varita sacó un velo blanco y me lo dejó caer sobre la cabeza.

El sexto empujaba un carrito con un pastel precioso.

Yo estaba en medio, como emperatriz eligiendo favoritos, mirando de un lado a otro y riéndome como tonta.

Vivi y las demás gritaban tan fuerte que casi levantaban el techo.

Entonces entendí por qué me habían puesto la banda.

Estos muchachos eran mi servicio de la noche.

La fiesta, aunque ridícula, me gustó.

Me gustó mucho.

—Mira, Lala —Vivi presentó a los chicos como si vendiera joyas—. Jóvenes, altos, llenos de energía. Cada uno mide casi uno ochenta y seis. ¿Cuál no es mejor que el desgraciado de Alcázar? Hoy escoges el que quieras.

Los chicos se presentaron uno por uno.

Yo, que siempre presumía buena memoria, no retuve ni la mitad de los nombres.

Algo como Alex, Mau, Leo...

De pronto entendí el placer de los nobles antiguos.

La noche se volvió cada vez más ruidosa.

Había comida, vino, canciones, risas, gente bailando, telas brillantes, perfumes mezclados.

Yo agradecía a mis amigas, recibía bromas de los chicos guapos, brindaba con unas y otras.

No sé cuánto tomé.

Solo sé que, por primera vez en mucho tiempo, no pensé en Damián.

No pensé en Iris.

Tampoco en la familia Salcedo.

Cuando llegó el momento de cortar el pastel, agarré el cuchillo.

Vivi me detuvo.

—Espera. Falta alguien.

También había bebido. Las palabras le salían un poco pegadas.

Sostuve el cuchillo, confundida.

—¿Quién más?

Apenas lo pregunté, tocaron la puerta.

Vivi levantó la mano y le indicó al chico más cercano que abriera.

1
Bienaventurada
Muy interesante hasta ahora
Buena la novela 🥰
Bienaventurada
Que gesto tan bonito 🥰de Sebastián
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
Tremendo cara e tabla 😒 infeliz
Eufemia Perez
La novela en me ha gustado. pero me pregunto porque demoran tanto que los protagonista de tanto que la hicieron sufrir😭 🤣🥰🤭 y teniendo un hombre bufno sigas todavia darle largo a una historia de amor que se ha vuelto aburrida para darle un final feliz con hijo a bordo en menos de que cante un gallo. asi no es una historia. que llegue a gustar no se como una hija novia hijastra aguanta tanto
Victoria Garcia
y la estupida le pintan plata y lo hace , que horrible está protagonista , deja que la golpeen , hace todo lo que le dicen que haga por la víbora de la hermana , no no que falta de dignidad , de carácter , de amor propio.
Mirna Vargas olortegui
Cansa mucho que Damian no deje ser feliz y esté siempre fregando a Sebas y Lala.
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente,, una súper historia ,,, más apoyo y likes
Elsa Crivellari
ya me tiene harta con tantas problemas
se hace demasiada larga
Elsa Crivellari
ya me tiene harta con tantas problemas
se hace demasiada larga
Sara Quiroga
muy buena trama felicitaciones 👏
Yolanda Villamar
porque no poner las imágenes para no tener que estar buscando 😡😡 que te cuesta
Daisy García
Hermosa Novela!!! me gusto mucho 👏👏👏
Nelida Romero
la verdad que cansa tanto odio ya. tendría que haber terminado porque repiten mucho el odio siempre a una misma persona
Monica Torti
yo la dejo de leer xq no tiene sentido si ella tiene su empresa para que hacerle caso a esos vividores me cansé de Iris, Héctor, Damián chauuuuuuuu
Monica Torti
que basura no se puede creer 🤬🤬🤬
Monica Torti
El amor es Lala 💓💓💓
Monica Torti
Que amiga loca 😂😂😂
Monica Torti
Ahora va a querer a Sebastián esa zorra
Monica Torti
Vas a reventar bruja ni en el pecho de muerte dejas de ser una víbora
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