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EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Sustituto/a / CEO / Romance / Completas
Popularitas:11.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cinco años de luto familiar y silencio absoluto fue el precio que Leonor pagó por quedarse atrás mientras Héctor, su amigo de la infancia, triunfaba en el extranjero. Fiel a una promesa implícita, guardó su pureza en un santuario vacío... hasta que llegó el sobre dorado: la invitación de boda de Héctor con otra mujer. Atrapada por el orgullo y el pánico a dar lástima, Leonor miente asegurando que tiene una pareja estable. El destino mueve sus hilos cuando Adrián Valero, el imponente y frío CEO de su multinacional, se queda sin asistente para un viaje de negocios a la misma ciudad del enlace. Lo que empieza como un pacto de urgencia para salvar la dignidad de Leonor se convierte en una farsa de noche y oficina de día dentro de una suite compartida con una sola cama. Entre los celos viscerales del pasado y la protección feroz de un hombre inalcanzable, las amarras se rompen. ¿Podrá Leonor proteger su corazón cuando la farsa se convierta en la verdad más peligrosa de su vida?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 20. FISURAS EN LA MENTIRA

La mañana del jueves comenzó con una calma engañosa. Adrián insistió en que diéramos un paseo por los extensos viñedos que rodeaban la finca familiar, argumentando que debíamos mostrarnos relajados ante el personal de servicio. La caminata bajo el sol suave de la mañana fue un bálsamo para mis nervios. Caminábamos de la mano, compartiendo risas y anécdotas reales de nuestro trabajo diario que, sin darnos cuenta, sonaban cada vez más parecidas a las confidencias de una pareja de verdad. El tuteo fluía entre nosotros con una naturalidad pasmosa, como si toda la vida nos hubiéramos pertenecido.

Sin embargo, mientras nosotros nos perdíamos entre las hileras de vides, en la casa de invitados se estaba perpetrando una invasión silenciosa.

Priscila había estado vigilando nuestros movimientos desde el balcón principal de la casa grande. En cuanto nos vio desaparecer tras la colina de los viñedos, la prometida de Héctor se deslizó por los senderos del jardín con la agilidad de un felino en plena caza. Llevaba en su mano un juego de llaves maestro que había tomado del despacho del padre de Héctor bajo el pretexto de verificar el estado de las toallas de la suite.

Cruzó el porche de piedra, abrió la puerta de madera de roble y subió las escaleras con paso firme pero silencioso. Al entrar en nuestra suite, sus ojos analíticos escanearon la habitación con una frialdad implacable. Caminó directamente hacia la inmensa cama king size. Su primera hipótesis era que dormíamos separados, pero al retirar el edredón de plumas, se topó con una realidad confusa: el colchón mostraba el hundimiento de dos cuerpos y las almohadas conservaban el aroma mezclado de mi lencería y de la colonia de madera y ámbar de Adrián. No había líneas físicas divisorias, ni sábanas extras en el suelo.

Frustrada por no encontrar una prueba evidente en la cama, Priscila se dirigió hacia el escritorio de caoba donde yo había dejado mi bolso de mano la noche anterior. Con dedos rápidos y despiadados, abrió la cremallera y empezó a registrar el interior. Pasó de largo mis llaves, el labial y el monedero, hasta que sus ojos se fijaron en una pequeña carpeta de plástico transparente que sobresalía del fondo.

La sacó con una sonrisa maliciosa dibujándose en sus labios. Al abrirla, descubrió los billetes de avión impresos de urgencia de la compañía y, lo más catastrófico de todo, una copia del anexo del contrato de la firma legal donde se especificaba mi designación como "asistente temporal de la secretaría general del CEO para el viaje de negocios internacional". El documento llevaba fecha de hacía apenas cuatro días y especificaba claramente que mis gastos de alojamiento debían ser cargados a la cuenta corporativa de la multinacional por motivos estrictamente laborales.

—Te pillé, mosquita muerta —murmuró Priscila para sí misma, con un tono de voz gélido, relamiéndose ante el triunfo de su sospecha. El papel demostraba que yo era su empleada, no su prometida de meses.

Justo en ese segundo de máxima vulnerabilidad, el crujido de la puerta principal de la villa abajo anunció nuestro regreso anticipado. Priscila se tensó por completo. Trató de guardar los papeles en el bolso a toda prisa, pero con las prisas, la carpeta de plástico se le resbaló de las manos, desparramando las hojas sobre la moqueta.

Escuchó los pasos firmes de Adrián subiendo las escaleras de piedra. Priscila, acorralada en mitad de su propio delito de allanamiento, se quedó estática junto al escritorio, intentando componer una máscara de fría dignidad mientras la puerta de la suite se abría de par en par.

Entré primero en la habitación, seguida de cerca por Adrián. Al ver a Priscila de pie junto a mis pertenencias con los documentos de la oficina desparramados a sus pies, se me cortó la respiración por completo. El pánico me inundó las venas, congelándome las cuerdas volcales. La farsa acababa de estallar en mil pedazos en mitad de la moqueta y la humillación total que tanto había temido estaba a punto de consumarse ante la mirada despiadada de la prometida de mi amigo.

Sin embargo, la reacción de Adrián fue de una madurez y una velocidad ejecutiva asombrosas. Lejos de mostrar sorpresa o debilidad, dio un paso al frente, interponiéndose sutilmente entre Priscila y yo. Sus ojos oscuros chispearon con una frialdad gélida que heló el ambiente de la suite en un segundo, pero la comisura de sus labios dibujó esa media sonrisa irónica y enigmática que utilizaba en las peores mesas de negociación.

—Vaya, Priscila. Veo que nuestro sentido de la hospitalidad familiar incluye la inspección de la correspondencia privada de mis negocios —comentó Adrián con su voz profunda, pausada y cargada de un aplomo insultante.

Priscila, tragando saliva pero intentando mantener el colmillo afilado, señaló los papeles del suelo con un dedo acusador.

—No intentes dar la vuelta a la situación, Adrián. He venido a revisar si os faltaba algo y me he topado con esto. Tu maravillosa historia de amor es una mentira patética. Este documento legal demuestra que Leonor es solo tu asistente temporal de urgencia, contratada hace cuatro días para este viaje. No es tu pareja. Es una empleada muerta de hambre que te ha utilizado o a la que has contratado para venir a dar el espectáculo en mi boda. ¡Exijo una explicación ahora mismo!

Me temblaron las rodillas. Estaba a punto de romper a llorar por la frustración, pero Adrián se agachó con una elegancia innata, recogió los documentos del suelo con una parsimonia exasperante y los ordenó con un golpe limpio contra el escritorio. Luego, se enderezó por completo, barriendo a Priscila con una mirada de absoluta superioridad.

—¿Una explicación, Priscila? Es asombroso cómo una mente tan cuadriculada es capaz de malinterpretar la realidad de una forma tan burda —respondió Adrián con una suavidad cortante que redujo la soberbia de la novia a cenizas—. Esos documentos son estrictamente confidenciales de la firma multinacional, pero ya que has decidido allanar nuestra suite, te aclararé los conceptos legales. Leonor trabaja en mi firma, sí. Así fue como nos conocimos hace meses. Sin embargo, para poder traerla conmigo en el jet privado de la compañía y justificar su presencia legal en las reuniones de la fusión de esta semana ante la junta de accionistas, el departamento de recursos humanos tuvo que redactar ese nombramiento técnico de urgencia. Es una formalidad corporativa de representación, Priscila. Las multinacionales no mueven personas por capricho romántico; blindamos las estructuras. Yo amo a Leonor, y precisamente porque es mi mujer, quise que estuviera a mi lado en el cierre de negocios más importante de mi carrera. Que sea mi asistente en los despachos no quita que sea la dueña de mis noches en esta cama. ¿O es que acaso tu concepto del amor es tan limitado que no concibes que una mujer pueda ser brillante en su trabajo y el centro de la vida de un hombre al mismo tiempo?

Priscila se quedó completamente muda, con el rostro pálido y la boca entreabierta ante el impecable y aplastante bofetón dialéctico que acababa de recibir. La lógica de Adrián era inexpugnable, y la seguridad con la que defendía la doble faceta de nuestra relación dejó su acusación reducida a un absurdo ataque de celos provincianos.

—Ahora, si me disculpas —concluyó Adrián, dando un paso firme hacia la salida de la suite y abriendo la puerta de par en par con una caballerosidad implacable—, Leonor y yo desearíamos cambiarnos para la comida. Te agradecería que devolvieras ese juego de llaves al despacho de tu suegro. A mi firma no le gusta que personas ajenas a la corporación husmeen en los secretos comerciales de una fusión multimillonaria. No querrás que una llamada de mis abogados empañe los preparativos de tu boda, ¿verdad?

La advertencia legal, implícita y gélida, terminó de destruir la resistencia de Priscila. Agachó la cabeza, con los colores encendidos por la humillación de haberse visto descubierta en mitad de su treta, y salió de la suite a toda prisa sin articular una sola palabra, con los hombros rígidos por la derrota.

En cuanto el eco de sus pasos se perdió en la planta baja, cerré la puerta con el pestillo y me apoyé contra la madera, dejándome deslizar hasta quedar sentada en el suelo, temblando por la descarga de adrenalina. Adrián dejó los papeles sobre la mesa, caminó hacia mí y se agachó a mi altura. Su mano grande y cálida rodeó mis dedos helados, infundiéndome una seguridad que me devolvió el alma al cuerpo.

—Te lo prometí, Leo —me susurró con una ternura profunda que me hizo dar un vuelco al corazón—. Nadie va a humillarte mientras yo esté a tu lado. La farsa sigue en pie, pero la próxima vez... procura cerrar la cremallera de tu bolso.

Le miré a los ojos, sintiendo que el laberinto de la mentira se estaba transformando en la verdad más intensa de mi existencia, y supe que estaba perdida por completo en las redes de mi imponente jefe.

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Akire
hermoso trabajo felicidades escritora , me engancho desde el primer capítulo hasta el final 👏👏👏👏👏👏👏
Doris C Medina Rivero
que bello Adrián.🥰
Doris C Medina Rivero
que bello Adrián.🥰
Doris C Medina Rivero
guaoo.. 🥰🥰🥰
Doris C Medina Rivero
buenísimo, Héctor que te quede claro! 👏👏👏
Doris C Medina Rivero
esa bruja de Priscila 💣💣
Doris C Medina Rivero
que emoción 🥰🥰
Doris C Medina Rivero
Comienzo a leerte autora y me gusta tu escritura, está interesante.
Adiana Navas
genial me encanto muy terna y dulce
Maria Jose PAlma
me encanta 😍
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, una historia de amor donde él protege, defiende y ama tanto a ka mujer, muy bien narrada y escrita...
Muchas felicidades autora!!!!!
Nora Rivoir
Muy linda historia
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
EM
espectacular
EM
ed
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