Descripción
Esta historia comienza con Samantha, una joven universitaria de 21 años que siempre ha dicho que le gustan los hombres mayores, porque los considera más maduros y seguros de sí mismos. Un día conoce a un hombre de 31 años que ya tiene un compromiso sentimental. Sin embargo, su relación está llena de discusiones y problemas constantes, y él siente que cada vez se distancia más de su pareja. Entonces conoce a Samantha. Entre ambos nace una conexión que ninguno esperaba, pero que los lleva por un camino complicado. Ella terminará convirtiéndose en su amor prohibido, mientras él deberá enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
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Capítulo 9: El primer mensaje
Eran aproximadamente las ocho de la noche cuando llegué a la casa después de un día bastante largo. Había pasado varias horas en la empresa, revisando algunos documentos y tratando de concentrarme en el trabajo, pero mi mente volvía una y otra vez a la conversación que había tenido con Samantha en la universidad.
Dejé las llaves sobre la mesa y me senté un momento en el sofá.
Saqué el celular.
Ahí estaba su contacto.
Samantha García.
Me quedé mirando la pantalla durante unos segundos.
No sabía si escribirle o no.
—¿Y qué le voy a decir? —murmuré.
Finalmente abrí WhatsApp y escribí:
Santiago: Hola, buenas noches, hermosa. ¿Cómo te fue?
Miré el mensaje antes de enviarlo.
—Bueno, ya está.
Lo envié.
Pasaron unos minutos.
Yo dejé el celular sobre la mesa e intenté concentrarme en otra cosa, pero terminé revisándolo nuevamente.
De repente apareció la respuesta.
Samantha: Hola, buenas noches. Bien, gracias. ¿Y a vos cómo te fue?
Sonreí ligeramente.
Santiago: Bien, aunque fue un día bastante pesado.
Samantha: ¿Mucho trabajo?
Santiago: Demasiado. Reuniones, documentos, llamadas... lo normal.
Samantha: Jajaja, entonces sos de esos que viven trabajando.
Santiago: Últimamente sí.
Samantha: Eso no debe ser muy bueno.
Santiago: No siempre. A veces uno necesita desconectarse un poquito.
Samantha: Totalmente de acuerdo.
Me quedé pensando qué más preguntarle.
Santiago: ¿Y vos qué hacés todavía despierta?
Samantha: Estudiando.
Santiago: ¿Medicina?
Samantha: Sí. Tengo que leer bastante para una clase.
Santiago: Ya me imagino. Esa carrera no debe ser nada fácil.
Samantha: No lo es. Pero me gusta mucho.
Santiago: Eso es importante. Cuando a uno le gusta lo que hace, los sacrificios valen la pena.
Samantha: ¿Y vos siempre quisiste ser empresario?
La pregunta me tomó por sorpresa.
Miré la pantalla durante unos segundos antes de responder.
Santiago: La verdad, no exactamente. La empresa es familiar y terminé haciéndome cargo de ella.
Samantha: Ah, entiendo.
Santiago: ¿Y vos siempre quisiste estudiar Medicina?
Samantha: Desde hace varios años. Me gusta ayudar a las personas y aprender sobre el cuerpo humano.
Santiago: Se nota que te gusta lo que estudiás.
Samantha: Sí. Aunque hay días en los que quiero tirar los libros por la ventana.
Me reí.
Santiago: Jajaja. Supongo que eso le pasa a todo estudiante.
Samantha: Exactamente.
Hubo unos minutos de silencio.
Después Samantha volvió a escribir.
Samantha: ¿Vos por qué me escribiste?
Me quedé quieto.
Era una pregunta sencilla, pero no quería responder de cualquier manera.
Santiago: Porque me caíste bien.
Samantha: ¿Solo por eso?
Santiago: Y porque me pareció agradable hablar contigo.
Samantha: Bueno, eso sí me parece más sincero.
Santiago: Siempre trato de ser sincero.
Samantha: Eso está bien.
Miré el reloj.
Ya eran casi las nueve.
Santiago: Bueno, Sami, no quiero distraerte del estudio.
Samantha: No me estás distrayendo.
Santiago: Igual tenés que estudiar.
Samantha: Sí, señor empresario.
Santiago: Jajaja, no me digás así.
Samantha: ¿Entonces cómo?
Santiago: Santiago está bien.
Samantha: Bueno, Santiago.
Sonreí.
Santiago: Mucho mejor.
Samantha: Yo también debería seguir estudiando.
Santiago: Dale, no te quito más tiempo.
Samantha: Está bien. Que descansés.
Santiago: Vos también, Sami. Y suerte con ese estudio.
Samantha: Gracias. Buenas noches.
Santiago: Buenas noches.
La conversación terminó ahí.
Dejé el celular sobre la mesa y me quedé unos segundos mirando al techo.
Había sido una conversación sencilla. No habíamos hablado de nada extraordinario, pero me había gustado conocer un poco más de ella.
Entonces recordé mi realidad.
Tenía una esposa, una hija y un matrimonio que estaba atravesando una situación complicada.
Sabía que cualquier decisión que tomara podía tener consecuencias.
Por eso guardé el teléfono y traté de dejar de pensar en aquella conversación.
Sin embargo, antes de irme a dormir, miré una última vez la pantalla.
El nombre de Samantha seguía allí.
Y, aunque todavía no quería admitirlo, aquella conversación había conseguido alegrarme un poco el día.
Con uno era suficiente.
Si ya no quiere a la esposa, pues empezar el trámite del divorcio y volver a hablar con ella y la hija.
Si está interesado en Samantha, también ser honesto y maduro para decirle la realidad de su situación y dejar que ella tome la decisión de si continuar con la incipiente relación.
Así cómo va, sólo crearà conflictos entre todos y se sentirán traicionadas por él.
gracias por compartir esta atrapante movida interesante novela 💥✨❤️🧬🌹🇨🇴🌹🇨🇴