"El Renacer de Beaumont" no es simplemente una historia de fantasía y romance; es una deconstrucción profunda del tropo de la "villana de novela" que desafía la idea del destino prefijado. La trama sigue a Elena Vega, una estratega brillante de nuestro mundo moderno que despierta en el cuerpo de Elaria de Beaumont, la antagonista destinada a morir en una serie de eventos trágicos dentro de un universo ficticio. En la narrativa original, Elaria estaba condenada a ser una marioneta sacrificable en un juego de poder, destinada a caer ante la "heroína", una chica llamada Aria que, obsesionada con los tropos de las novelas de romance, intentaba forzar un guion que no existía en la realidad.
La historia comienza con la transición de Elaria. A diferencia de otras protagonistas que aceptan su destino con resignación, Elaria de Beaumont utiliza su mente analítica, propia de una experta en teoría de juegos y estrategia, para diseccionar el imperio de Heliodor. Se da cuenta rápidamente
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CAPÍTULO 20: El Guantelete del Orgullo y el Teatro de Sombras
El chisme corría por las venas de la Academia Real de Magia más rápido que el maná. En menos de tres días, la "facción de los marginados" de la Clase B parecía haber encontrado un líder espiritual en el Marqués Valen de Roselawn. Los reportes de los espías imperiales volaban hacia el Palacio del Sol: la plebeya Aria estaba bajo la protección del fiero caballero, y la arrogante Lady Elaria de Beaumont contenía la respiración, supuestamente celosa y acorralada.
Nada más lejos de la realidad. Para Elaria, cada rumor era una capa más de niebla que ocultaba sus verdaderos movimientos en el tablero político.
Una Provocación en el Patio de Honor
El mediodía tiñó de blanco el patio central de la academia, donde los estudiantes de la Clase A y B se cruzaban inevitablemente para ir al comedor principal. Elaria caminaba con su habitual elegancia, con Cedric un paso por detrás como su sombra protectora, y Lysander a su lado derecho, manteniendo esa fachada de príncipe heredero aburrido del mundo.
De repente, una figura con armadura de entrenamiento ligera les cortó el paso.
Valen de Roselawn plantó su bota en el mármol, sosteniendo un guante de duelo de cuero en su mano derecha. Detrás de él, encogida sutilmente pero con una mirada de expectación oculta, se encontraba Aria, con sus grandes ojos rosa fijos en las reacciones de la realeza.
—¡Príncipe Lysander! ¡Lady Elaria! —la voz de Valen resonó con la fuerza de un trueno, atrayendo la atención de decenas de nobles que se detuvieron de inmediato—. He estado observando las injusticias que se cometen en esta academia bajo el nombre de la alta aristocracia. La señorita Aria fue humillada públicamente por pura soberbia en la evaluación de aptitud.
Aria tiró suavemente de la capa de Valen, fingiendo timidez.
—Valen, por favor, no lo hagas... No quiero causar problemas con la familia real —susurró con una voz trémula, lo suficientemente alta para que todos los presentes la escucharan.
—¡No, Aria! —replicó Valen, inflando el pecho—. Un verdadero caballero no tolera la tiranía. Lady Elaria, exijo que se disculpe con Aria por insultar su control de maná, o de lo contrario, desafiaré a su campeón a un duelo de honor.
La Sonrisa de la Mente Maestra
Un silencio tenso cayó sobre el patio. Desafiar a los Beaumont era una estupidez monumental, pero Valen estaba cegado por su rol de "héroe del pueblo".
Elaria observó el guante de cuero con un desdén pintado a la perfección en su rostro. Por dentro, Elena Vega estaba celebrando. El teatro no podría ser más perfecto. Miró de reojo hacia una de las torres superiores del ala de administración; allí, parpadeando sutilmente, había una runa de transmisión activa. Los ojos del Emperador Saint Valerius los estaban viendo.
Dando un paso al frente, Elaria soltó una risa melodiosa, fría y cargada de una superioridad aplastante.
—¿Un duelo de honor, Marqués de Roselawn? —preguntó Elaria, enarcando una ceja con absoluta parsimonia—. Me pregunto qué tipo de "honor" busca defender al aliarse con una plebeya que no sabe distinguir la eficiencia mágica de un espectáculo de fuegos artificiales. Mis palabras en el anfiteatro no fueron un insulto, fueron una evaluación técnica. Que la señorita Aria sea demasiado frágil para aceptar la realidad no es mi problema.
—¡Eres una mujer desalmada! —rugió Valen, apretando el guante.
—Y tú eres un idiota que confunde la caballería con la manipulación emocional —intervino Lysander, dando un paso al frente. Sus ojos azules se afilaron, y una sutil ráfaga de viento helado barrió el patio, haciendo que las puntas de los dedos de Valen se entumecieran instantáneamente—. Cuida tus palabras, Roselawn. Estás hablándole a mi prometida y a la futura Emperatriz de Heliodor. Si vuelves a alzarle la voz, no necesitarás un duelo; la guardia imperial se encargará de enseñarte modales en los calabozos.
Aria dio un paso atrás, con los ojos rosa abiertos de par en par. En el juego, Lysander debía mostrarse intrigado por la valentía de Valen y la dulzura de la heroína. ¿Por qué el príncipe defendía a la villana con tanta ferocidad? El guion seguía torciéndose de formas horribles.
El Reporte Perfecto
Elaria colocó una mano delicada sobre el brazo de Lysander, simulando calmar su "ira real", un toque posesivo que los espías de la torre anotarían como otra escena de celos territoriales.
—Déjalo, Lysander —dijo Elaria, mirando a Valen y Aria como si fueran insectos molestos—. El Marqués de Roselawn ya tiene suficiente con intentar que su apellido no caiga en el olvido. No vale la pena retrasar nuestro almuerzo por esto. Vámonos.
La Pareja Dorada avanzó, obligando a Valen y Aria a apartarse hacia un lado del camino. Al pasar junto a la heroína, Elaria inclinó sutilmente la cabeza hacia ella, dedicándole una sonrisa de absoluta complicidad oscura.
Cuando entraron al comedor privado de la aristocracia, lejos de los oídos de la multitud, la frialdad de Lysander se disolvió en una sonrisa ladina llena de una diversión adictiva.
—Eso fue glorioso —admitió el príncipe, tomando asiento—. Mi padre debe estar frotándose las manos en este momento, creyendo que la heredera de los Beaumont está perdiendo la cabeza por los celos y que la academia está al borde del caos por una plebeya.
—Exactamente —respondió Elaria, sentándose frente a él mientras Cedric cerraba la puerta con llave—. Dejemos que el Emperador Saint se concentre en este absurdo triángulo amoroso que Aria está intentando crear. Mientras tanto, el Festival de Caza de la academia se acerca. ¿Están listos los preparativos para la inversión de maná?
Lysander apoyó los codos en la mesa, entrelazando sus dedos frente a su rostro, con sus ojos azules brillando con la misma intensidad peligrosa de la noche anterior en la biblioteca.
—Mis caballeros de confianza ya tienen las coordenadas de las matrices de la tesorería imperial. En el momento en que mi padre intente activar tu grillete en el bosque, tú y yo le quitaremos hasta la última gota de poder acumulado. Que sigan jugando a los héroes y a los villanos, Elaria. Nosotros nos quedaremos con el Imperio.