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CORAZONES REBELDES

CORAZONES REBELDES

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor a primera vista / Triángulo amoroso / Colegial dulce amor / Melodrama / Chico Malo
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Entre los secretos de un pasado enterrado que la marcó para siempre y las manipulaciones de una élite dispuesta a devorarla, Ángela deberá descubrir si es capaz de romper los hilos de su propia dinastía antes de que la obliguen a vender el resto de su vida al mejor postor.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Escapada

...CAPÍTULO 8...

...----------------...

...NATHAN SALLES...

Me quedé de pie en medio del salón, mirando el reporte de notas sobre la mesa como si fuera el acta de una sentencia. Me dolía el orgullo, sí, pero lo que me quemaba por dentro era ese "te odio" que todavía resonaba en mis oídos.

Me serví un whisky, buscando algo que me apagara el incendio interno, y saqué el teléfono. Sabía que tenía que hacerlo, aunque fuera lo último que quería. Marqué el número de Sofía.

—¿Nathan? ¿A qué debo esta llamada a estas horas? —Su voz sonó tan impecable y distante como siempre, con ese tono que parecía juzgarme incluso a través de la señal.

—Ángela volverá contigo, Sofía —solté sin preámbulos, frotándome la sien—. Se acabó el experimento. No puedo más.

Escuché una risa seca y breve del otro lado. Una risa que conocía demasiado bien.

—Vaya, vaya... ¿El padre perfecto se rinde tan pronto? —dijo ella, y podía imaginar perfectamente su sonrisa de superioridad—. ¿Ves, Nathan? No es tan fácil criar a alguien. La crianza no es solo enviar cheques mensuales, aparecer en las fotos de los eventos escolares y ya. Ser padre es ensuciarse las manos. Me encanta que finalmente estés pasando por este tipo de situaciones, aunque me preocupa mi hija. Me pregunto qué habrás hecho para que se descarrile así.

Apreté el vaso de cristal con fuerza. Sus palabras eran dardos directos a mi inseguridad.

—Sí, sí... tenías razón, como siempre —respondí, tragándome el orgullo con un sorbo amargo—Pero si nuestra hija está incontrolable, es porque algo cambió en ella. Hubieras escuchado cómo me respondió hoy. Fue grosera, hiriente... Me dijo que somos idénticos, que somos de lo peor. Me miró con un asco que... —me detuve, incapaz de admitir cuánto me había roto eso—. Me equivoqué pensando que aquí estaría mejor.

—Ella siempre ha sido algo rebelde, Nathan, solo que tú la tenías anestesiada con lujos —replicó Sofía, ahora con un tono más serio—. Mañana mismo prepararé su habitación. Si está tan rebelde como dices, necesitará una mano firme, no tus mimos.

—Haz lo que tengas que hacer —sentencié, sintiendo una punzada de culpa por "entregarla" así—Pero prepárate, porque la niña que enviaré mañana no es la misma que salió de tu casa hace un año.

Colgué antes de que ella pudiera decir nada más. Me quedé mirando hacia la ventana, preguntándome en qué momento perdí el rastro de mi propia hija.

El líquido ámbar quemaba en mi garganta, un recordatorio familiar de una época que juré haber dejado atrás. Me serví el segundo vaso, y luego el tercero. El hielo chocaba contra el cristal con un tintineo que me taladraba los nervios. Sabía que estaba jugando con fuego; el alcoholismo no es algo que se cura, es una fiera dormida que, ante el primer rastro de debilidad, te salta al cuello. Y hoy, las palabras de Ángela habían sido la debilidad perfecta.

"Te odio... me das asco... son de lo peor".

Cada frase de mi hija era un trago más. Me senté en el sillón de cuero del despacho, sintiendo cómo el mundo empezaba a perder sus bordes afilados. La llamada con Sofía solo había servido para recordarme por qué bebía en primer lugar: para silenciar esa voz que me decía que nunca sería suficiente, ni como hombre, ni como padre.

—Solo uno más para calmar los nervios —susurré, con la voz ya un poco pastosa.

Pero "uno más" nunca era suficiente. El Nathan metódico y controlado se estaba desvaneciendo, dejando paso al hombre que ahogaba sus fracasos en la botella.

De repente, el silencio de la casa se me hizo insoportable. Necesitaba verla. Necesitaba que me pidiera perdón o, al menos, que me gritara de nuevo para saber que seguía ahí. Me levanté, tambaleándome un poco, y subí las escaleras apoyándome en el pasamanos.

—¿Ángela? —llamé, arrastrando un poco las palabras mientras llegaba a su puerta—. Ángela, abre... Tenemos que... tenemos que terminar de hablar.

No hubo respuesta. Golpeé la madera con los nudillos, primero con suavidad y luego con más fuerza.

—No te hagas la dormida. Sé que estás despierta. ¡Abre la maldita puerta!

Al no recibir contestación, giré el pomo con violencia. Para mi sorpresa, la puerta no tenía el seguro puesto. Entré a trompicones, preparado para enfrentarme a su mirada de desprecio, pero lo que encontré me dejó sobrio de golpe.

La cama estaba perfectamente hecha. La ventana estaba abierta de par en par, dejando que las cortinas ondearan con la brisa nocturna como fantasmas burlones. No había rastro de ella. Mi hija, la única razón por la que intentaba mantenerme sobrio cada día, se había ido.

—No... no, no, no —gemí, acercándome a la ventana y mirando hacia el jardín oscuro.

El pánico se mezcló con el alcohol, creando un cóctel explosivo de náuseas y furia.

El mundo daba vueltas. El ardor del whisky en mi garganta era lo único que me anclaba a la realidad mientras me sostenía del marco de la ventana, viendo cómo las cortinas bailaban con el viento. Mi cabeza era un caos de reproches y la imagen de esa habitación vacía me golpeaba como un martillo.

—¡Ángela! —grité de nuevo, aunque mi voz salió pastosa y quebrada.

—¡Nathan! ¡¿Qué demonios está pasando?! —La puerta se abrió de golpe y Chloe entró a toda prisa, con una mano apoyada en su vientre, que ya empezaba a notarse bajo su camisón de seda.

Se detuvo en seco al verme tambalear cerca de la ventana abierta. Sus ojos se abrieron de par en par, pasando del susto a una decepción profunda en un segundo. Se acercó a mí y, en cuanto estuvo a un metro, arrugó la nariz con asco.

—Estás bebiendo... —susurró, y su voz temblaba de rabia—. Nathan, me prometiste que esto se había acabado. ¡Estoy esperando a tu segundo hijo! Sabes perfectamente lo que pasamos la última vez, sabes lo que este estrés le hace al bebé y aun así... ¡¿te atreves a recaer ahora?!

—Ella se fue, Chloe... —balbuceé, ignorando sus reclamos mientras señalaba la cama vacía—. Se escapó. Me dijo cosas... cosas horribles.

Chloe dejó de gritarme por un momento y miró alrededor de la habitación. Su rostro se puso pálido al confirmar que Ángela no estaba. La furia por mi borrachera se mezcló con un pánico genuino.

—¿Cómo que no está? ¡Nathan, son casi las once de la noche! ¿A dónde se fue? ¡¿Dónde está la niña?! —me gritó, sacudiéndome por el hombro.

—No lo sé... simplemente saltó por ahí —dije, dejándome caer en la silla del escritorio, sintiéndome patético bajo su mirada.

Chloe caminó de un lado a otro, frotándose las sienes, tratando de mantener la calma que yo no tenía. Se detuvo frente a mí, con los ojos encendidos.

—Piensa, Nathan. Piensa a pesar del alcohol —sentenció—. Ángela no conoce a mucha gente aquí. Llama a ese muchacho, al tal Collins, con el que le prohibiste hablar. Si ella quería herirte y escapar, lo más probable es que esté con él. ¡Llámalo ahora mismo antes de que cometa una locura!

Saqué el teléfono con manos torpes, pero antes de que pudiera marcar, la pantalla se iluminó con la llamada de la madre de Asher. Chloe me arrebató el celular al ver un número desconocido, puso el altavoz y ambas escuchamos la voz de esa mujer avisando que Ángela estaba en su casa.

Chloe me miró.

—Está con él —dijo ella, con voz firme pero cargada de miedo—. Y tú no vas a tocar ninguna llave de auto en ese estado. ¡Marcus! —gritó hacia el pasillo—. ¡Marcus, prepara la camioneta ahora mismo!

...----------------...

...ANGELA SALLES...

Estábamos sentados en el suelo, de espaldas contra la cama, con las piernas encogidas. El único hilo de luz provenía de la lámpara del escritorio.

Lo miré de perfil. Asher tenía la vista fija en la puerta, como si esperara que en cualquier momento alguien entrara para terminar de romper lo poco que quedaba de su noche. Sus ojos, ahora se veían apagados, vacíos.

Pasaron los minutos, o quizá fueron horas. En ese silencio, me di cuenta de lo frágiles que éramos. Dos piezas de cristal tratando de sostenerse mutuamente mientras el mundo nos golpeaba con fuerza. Estiré mi mano lentamente por el suelo hasta que mis dedos rozaron los suyos. Estaban helados.

Él no me miró, pero entrelazó sus dedos con los míos, apretándolos con desesperación.

—No me quiero separar de ti, Asher —solté finalmente. Mi voz sonó pequeña, quebrada, rompiendo la calma de la habitación.

Él suspiró y bajó la cabeza, dejando que su frente descansara sobre sus rodillas, pero sin soltar mi mano.

—Salles... las cosas se pusieron muy feas ahí abajo —susurró con voz ronca—. Y lo que me contaste de tu padre... Si Nathan se entera de que estás aquí, después de lo que me dijiste que pasó en tu casa, esto ya se saldrá de control.

—No me importa —insistí, moviéndome para quedar frente a él, obligándolo a mirarme—. Me van a mandar con mi madre. Ella va a querer moldearme a su antojo y va a vigilar cada uno de mis pasos. Si me voy ahora, siento que voy a perder lo único que me hace sentir viva.

Asher levantó la vista. Tenía los ojos empañados, un rastro de vulnerabilidad que solo yo conocía. Se acercó un poco más, reduciendo el espacio entre nosotros en ese suelo frío.

—Yo tampoco quiero que te vayas —admitió, y su voz tembló por primera vez—. Pero míra la situación, Ángela. Mi familia se acabó hoy y tu padre... —se detuvo, sin querer mencionar el estado de mi padre

El silencio de la habitación de Asher fue profanado por el sonido inconfundible de unos neumáticos derrapando sobre la grava del sendero. Luego, el portazo de una camioneta pesada. Mi cuerpo se tensó de inmediato; conocía ese sonido. Era la SUV de mi padre.

Asher y yo nos pusimos en pie de un salto, con el corazón martilleando contra nuestras costillas. Él caminó hacia la ventana y se asomó con cautela.

—Es él —susurró Asher, y su mandíbula se apretó tanto que vi una vena latir en su sien.

Desde el piso de abajo, los gritos empezaron a filtrarse por las paredes. La voz de mi padre, distorsionada por el alcohol y la rabia, resonaba en el vestíbulo de los Collins.

—¡COLLINS! ¡SÉ QUE MI HIJA ESTÁ AQUÍ! ¡SACA A ESE DELINCUENTE Y DEVUÉLVEME A ÁNGELA AHORA MISMO! —rugía Nathan.

—¡Nathan, por el amor de Dios, cállate! ¡Vas a hacer que nos arresten a todos! —Esa era Chloe. Su voz sonaba aguda, al borde del llanto.

Salimos al pasillo y nos asomamos por el barandal de la escalera. La escena abajo era un caos absoluto. Mi padre estaba en medio del vestíbulo, tambaleándose levemente, con el rostro rojo y los ojos inyectados en sangre. Se veía desaliñado, con la camisa desabrochada; no era el hombre elegante que el mundo conocía. Era un extraño.

Chloe estaba a su lado, sosteniéndose el vientre con ambas manos, con el rostro pálido como el papel. Se veía exhausta, aterrorizada de que el estrés de la situación le provocara algo a su bebé.

Marcus estaba un paso detrás, con los brazos cruzados, listo para intervenir si Nathan intentaba abalanzarse sobre el padre de Asher, quien los miraba desde el primer escalón con fastidio.

—Tu hija entró aquí por su propio pie, Salles —dijo el Sr. Collins con una frialdad cortante—. Y viendo el estado en el que vienes, no me sorprende que esté huyendo de ti. Das lástima.

—¡TÚ DEBERÍAS CERRAR LA BOCA! —gritó Nathan, dando un paso en falso y casi cayendo al suelo.

—¡Papá, basta! —grité desde lo alto de la escalera, incapaz de seguir escondida.

Todas las miradas subieron hacia nosotros. Al ver a Asher a mi lado, la cara de mi padre se transformó en una máscara de odio puro.

—¡Baja ahora mismo, Ángela! —ordenó, señalando el suelo con un dedo tembloroso—. ¡Baja y sube a la camioneta! ¡Nos vamos de este nido de ratas ahora mismo!

—¡No voy a ir a ningún lado contigo si estás así! —le respondí, con las lágrimas nublándome la vista—. ¡Mírate! ¡Mira a Chloe! ¡La estás matando de los nervios!

Chloe me miró con ojos suplicantes, con una lágrima corriendo por su mejilla.

—Ángela, por favor... —susurró ella, apenas con voz—. Ven conmigo. Hazlo por tu hermanito. No dejes que esto escale más, te lo ruego.

Asher me tomó de la mano, apretándola con fuerza. Estaba listo para pelear, listo para impedir que me llevaran, pero yo miré a Chloe y luego vi la botella vacía que parecía reflejarse en los ojos de mi padre. Si no bajaba, Nathan no se iría, y Chloe podría perder a su hijo en ese vestíbulo.

Bajé las escaleras lentamente, con el corazón encogido y las manos temblando. Cada paso me acercaba más a ese hombre que, hace apenas unas horas, parecía un extraño lleno de odio. Pero a medida que me aproximaba, la furia de mi padre se desmoronaba. Su rostro rojo por el alcohol empezó a desfigurarse, pero no de rabia, sino de un dolor profundo que nunca le había visto.

Nathan se derrumbó emocionalmente en medio del vestíbulo. Sus hombros se hundieron y sus ojos, empañados por las lágrimas y la embriaguez, se fijaron en mí con una desesperación que me detuvo en seco.

—Ángela... —susurró, y su voz ya no estaba llena de furia, era un lamento—. No me dejes... Por favor, no me dejes.

Me acerqué a él, y en lugar de los gritos que esperaba, mi padre me tomó de los hombros con manos temblorosas. El olor a whisky era fuerte, pero sus palabras salían desde un lugar mucho más profundo y oscuro.

—Lo siento, de verdad lo siento —sollozó, sin importarle que los Collins o Chloe lo estuvieran viendo en ese estado—. No te voy a enviar con tu madre. No lo haré. Solo... solo no quería que echaras tu futuro a perder como lo hice yo. No por una rabieta de adolescente.

Me miró fijamente, con una angustia que me partió el alma.

—No quiero que Sofía me vuelva a alejar de ti —confesó, y su voz se quebró por completo—. Tú eres mi vida, Ángela. Eres lo único bueno que he hecho. Si te vas... si me dejas, no me queda nada. Por favor, vámonos a casa. Eres mi hija, eres mi vida entera.

Ver a ese hombre tan poderoso, a ese gigante que siempre creí invencible, reducido a pedazos por el miedo a perderme, rompió todas mis barreras. La rabia que sentía por sus prohibiciones y sus gritos se evaporó, dejando paso a una tristeza abrumadora.

—Papá... —comencé a decir, y el llanto me impidió continuar.

Me lancé a sus brazos y lo abracé con todas mis fuerzas. Nathan me rodeó con un apretón sofocante, escondiendo su rostro en mi hombro mientras lloraba como un niño. Yo también empecé a sollozar, mojando su camisa con mis lágrimas.

—Lo siento, papá, lo siento mucho —le dije entre hipos, aferrándome a su espalda—. No entiendo por qué dices esas cosas... No me voy a ir, no me voy a ir a ninguna parte.

Chloe, que estaba a unos pasos, soltó un suspiro de alivio y se limpió las lágrimas, apoyándose en Marcus. La tensión violenta de la noche se transformó en una escena de pura vulnerabilidad familiar.

Desde lo alto de la escalera, Asher nos miraba. Sus ojos chocaron con los míos por un segundo. Él estaba ahí, quieto, viendo cómo yo arreglaba las cosas con mi padre.

—Vámonos a casa, papá —le susurré, ayudándolo a mantenerse en pie—. Vámonos ya.

Marcus se acercó para ayudar a Nathan a caminar hacia la SUV, mientras yo echaba una última mirada hacia atrás, hacia Asher, antes de cruzar la puerta y regresar a la mansión Salles.

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Maria Elena Martinez Lazaro
Por favor Yazz , que la historia de Sofía y Nathan no se repita en ellos porfis
Maria Elena Martinez Lazaro
Vuelvo y digo ya esto no me está gustando Angela se encuentra a Mark hasta en la sopa, mientras que Asher se está alejando que será lo que irá a pasar entre ellas
Maria Elena Martinez Lazaro
Ya esto no me está gustando, le va a llegar competencia a Asher. Será que Angela le va pasar lo mismo que Sofía ella también se tropezó con Alari en la universidad . ojalá que no se repita la historia
Maria Elena Martinez Lazaro
excelente que buena está la historia , gracias querida Dios te bendiga
Maria Elena Martinez Lazaro
Pero como cambia la plata a las personas si Sofía también era una muerta de hambre que trabajaba con el cuñado si no fue porque conoció a. Alarith no hubiera conseguido lo que tiene ahora y eso que no digo de lo soberbia y altiva que es porque eso siempre lo ha sido creyéndose más que otros y que Nathan
Yausmira Alvarez Herrera
sofia que triste ver en lo que te convertiste mas con tu hija y ese hombre que tanto te amado solo por apariencias
😜 Betsy 🇻🇪
Q le pasa a Sofía ps' no puedes llegar con esa soberbia no joda así se habla Ángela un peo con los errores del pasado 😡
😜 Betsy 🇻🇪
Jajajaja Sarat tu y tus locuras 😜 menos mal q es una novela 😉 porq mi mamá me decía q si me tragaba el chiche se me quedaba pegado del culo 🤣😂🤣😂🤣😂
😜 Betsy 🇻🇪
No joda se te tenía que decir y se dijo 👏👏 así se habla Alaric
😜 Betsy 🇻🇪
Entiendo tus miedos Sofía pero asfixia a Ángela todos cometemos errores pero cada quien como sus propios errores eso es inevitable
😜 Betsy 🇻🇪
Hay Sofía tu cómo siempre 😵‍💫😵‍💫 cuando te enteres q serás abuela te va a dar un soponsio y q vas hacer un coño 😡
😜 Betsy 🇻🇪
A bueno ahora falta Sofía 🫣🫣
😜 Betsy 🇻🇪
Así es mi Nathan 🥰 jajajaja como q raro vas hacer un excelente abuelito 😜 al caracolito no le faltará amor ❤️❤️
😜 Betsy 🇻🇪
Excelente palabras Chloe 👏👏👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Bueno no va hacer facil lo q les esperan pero pa' Lante es paya 💪💪
😜 Betsy 🇻🇪
Hay q bellos 🥰 y con su futuro caracolito 🥰
😜 Betsy 🇻🇪
Muy bien dicho Ángela 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Me encanta Nathan siempre un padre comprensivo 😜
😜 Betsy 🇻🇪
No joda así se habla carajo 👏👏👏👏 ahora sí tienes los pantalones bien puesto 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
No joda Ángela te tardaste en hablar y ya se te adelantaron 😬😬
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