Mi vida ya era un desastre antes de que él apareciera.
Estoy endeudada, vivo en un apartamento horrible y trabajo en una cafetería donde apenas sobrevivo y entonces llega mi nuevo vecino.
Alto, atractivo, arrogante… Y probablemente un asesino serial.
Todas las noches hace ruidos extraños, aparece cubierto de sangre y actúa como si quisiera matar a cualquiera que se acerque a mí.
Pero mientras más intento evitarlo, más comienzan a cambiar las cosas.
Sueños extraños.
Secretos ocultos.
Y una peligrosa verdad sobre mí que nunca debió despertar.
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Capitulo:20
AMELIA:
Sostenerle la mirada a un Alfa de dos metros que te mira como si fueras el banquete principal de su vida es un deporte de alto riesgo.
Asher me sonríe de lado, una sonrisa de pura arrogancia victoriosa y sin decir una palabra más se separa de mi lado y camina hacia el enorme vestidor que hay al fondo de la habitación.
Mientras lo observo de espaldas, no puedo evitar que mis ojos se deleiten con la amplitud de sus hombros y la forma en que su camiseta negra se le ajusta a la espalda.
—Definitivamente hay favoritos.
Murmuro en un susurro casi inaudible, abrazando la almohada contra mi pecho.
—Te escuché, Amelia.
Retumba su voz desde el vestidor, seguida de una risita baja que me hace esconder el rostro en la almohada de la pura vergüenza.
¡Maldito oído de lobo! Se me olvida que este hombre escucha hasta el aleteo de una mosca.
A los pocos minutos, Asher sale vistiendo únicamente un pantalón de pijama gris oscuro, flojo y desgastado que se le apoya peligrosamente bajo en las caderas.
Sin camiseta... Cielos, sin camiseta. Su torso es un mapa perfecto de músculos marcados, abdominales esculpidos a mano y un par de cicatrices descoloridas que solo lo hacen ver diez veces más peligroso y atractivo.
Trago saliva con tanta fuerza que casi me ahogo.
—¿Te vas a quedar ahí acostada con la ropa de la calle toda la noche?
Pregunta cruzándose de brazos mientras me mira con una ceja levantada.
—Eh... Yo... No saqué pijama de mi maleta.
Miento descaradamente, porque la verdad es que mi maleta está al otro lado del cuarto y no me atrevo a ponerme de pie con las piernas temblándome.
Asher camina hacia un cajón, saca una de sus camisetas negras de algodón y me la lanza a la cama.
—Ponte esto... Te quedará grande, pero estarás cómoda.
Tomo la prenda y la llevo a mi rostro sin pensarlo, huele pura y exclusivamente a él: bosque... Hombre rico y millonario jajaja.
—Voy a voltearme... Cámbiate.
Dice dándome la espalda con caballerosidad.
Me cambio a toda prisa, la camiseta me llega casi hasta las rodillas y es tan ancha que podría usarla de tienda de campaña, pero sentir la tela suave con su olor envolviéndome el cuerpo me provoca un cosquilleo en la piel.
Me quito los pantalones y me deslizo rápidamente bajo las pesadas y suaves sábanas oscuras.
—Ya puedes voltearte, lobito.
Asher se gira, me examina con la mirada de arriba abajo y sus ojos se oscurecen al instante al verme con su ropa en su cama.
Camina hacia su lado de la cama, apaga la lámpara de noche y la única luz que queda es el tenue resplandor anaranjado del fuego de la chimenea.
El colchón se hunde bajo su enorme peso cuando se acosta a mi lado y de repente la cama que parecía gigantesca se siente ridículamente pequeña.
Asher se acomoda de lado mirando hacia mí, no me toca, pero la distancia entre nosotros es de apenas un par de centímetros y el calor que emana de su cuerpo es como tener un calefactor encendido al máximo.
—Buenas noches, pequeña bruja.
Susurra su voz ronca en la penumbra.
—Buenas noches, lobito...
Murmuro dándole la espalda para intentar calmar a mi loco corazón, pero dormir con un hombre lobo al lado es una misión imposible.
Cada vez que respiro inhala su aroma y en medio de la noche, el frío de la madrugada hace que de manera inconsciente me vaya pegando a la fuente de calor más cercana.
Sin darme cuenta, me giro en sueños y me pego por completo a su pecho desnudo, buscando refugio.
Siento cómo el cuerpo de Asher se tensa al instante y un sordo gruñido de satisfacción vibra en su pecho.
En lugar de alejarse, un brazo enorme y pesado pasa por mi cintura, pegándome por completo a su cuerpo posesivo.
Apoya su barbilla sobre mi cabeza y su respiración cálida se acomoda en mi cuello.
—Mía.
Susurra una voz entrecortada en la oscuridad, una voz que suena más a Arnor que al propio Asher.
Y por primera vez en semanas, envuelta en los brazos de un lobo salvaje, me quedo profundamente dormida sintiéndome absolutamente segura.
(...)
El haz de luz del sol filtrándose por las enormes cortinas es lo que me despierta lentamente.
Pestañeo varias veces, sintiendo una pesadez deliciosa en todo el cuerpo y cuando intento moverme, me doy cuenta de que estoy completamente atrapada.
La pierna de Asher está cruzada sobre las mías y su brazo rodea mi cintura como si fuera un candado de acero.
Mi cabeza está apoyada directamente sobre su pecho desnudo, donde puedo escuchar el latido lento y rítmico de su corazón.
Huelo a él... Literalmente huelo más a ese hombre que a mi propio perfume de fresas.
Alzo la vista despacio y me encuentro con unos lindos ojos que ya están despiertos, mirándome fijamente con una intensidad que me hace saltar los latidos.
—Buenos días, dormilona.
Dice con esa voz mañanera, extraordinariamente grave y sexi.
—Buenos días...
Murmuro sintiendo cómo el rubor vuelve a apoderarse de mis mejillas.
—Te aprovechaste de que estaba dormida para abrazarme como un oso.
—Tú fuiste la que te pegaste a mí a mitad de la noche buscando calor.
Se defiende con una sonrisa arrogante, acariciando con su pulgar la piel expuesta de mi cintura por debajo de la camiseta.
—Y debo decir que mi lobo despertó de muy buen humor gracias a eso.
Antes de que pueda responderle o lanzarle una almohada a la cara, tres golpes firmes en la puerta de la habitación nos interrumpen.
—¡Alfa!
Se escucha la voz de Logan del otro lado.
—Lamento interrumpir la luna de miel, pero los ancianos del consejo acaban de llegar a la mansión... Exigen verte... Y quieren conocer a la chica que trajiste anoche.
Siento cómo el estómago se me cae al piso de golpe... Los ancianos.
Asher no se altera y solo se limita a apretar su agarre en mi cintura, pegándome a él un segundo más antes de soltar un pesado suspiro.
—Diles que bajaremos en veinte minutos.
Ordena Asher con su voz de mando.
—Entendido, Alfa.
Escucho los pasos de Logan alejándose.
Asher se levanta de la cama con una agilidad impresionante, mostrando su torso desnudo a la luz del sol, y se gira a mirarme con una seriedad protectora.
—Llegó el momento, Amelia... Ponte ropa cómoda... Hoy la manada entera sabrá quién eres.
Trago saliva sentándome en la cama mientras me acomodo el cabello revuelto.
—¿Y si esos viejos se dan cuenta de que no soy una loba?
Asher se acerca a la cama, se inclina y me toma del mentón con suavidad, obligándome a mirarlo.
—Hueles a mi piel, tienes mi camiseta y estás en mi cama.
Dice con una voz profunda que me eriza la piel.
—Eres mi pareja ante sus ojos, confía en mí pequeña bruja... Ndie te tocará un solo pelo mientras yo respire.