Han Seo-yeon está acostumbrada a vivir rodeada de lujos, pero nunca le interesó formar parte del grupo de estudiantes más populares de su instituto.
Kang Ji-ho es todo lo contrario: rico, popular, frío y aparentemente imposible de alcanzar. Tiene fama de mujeriego y está acostumbrado a conseguir lo que quiere.
Cuando ambos se conocen por casualidad, apenas se prestan atención. Sin embargo, una apuesta cambia las cosas.
Los amigos de Ji-ho están convencidos de que Seo-yeon es la única chica que no caerá ante sus encantos. Él acepta demostrarles que están equivocados: hará que ella confíe en él y termine enamorándose.
Lo que Ji-ho no esperaba era que, mientras fingía acercarse a ella, comenzaría a sentir algo real.
Pero detrás de sus familias perfectas existe un secreto que lleva años oculto. Un secreto relacionado con la muerte de la madre de Ji-ho y con la familia de Seo-yeon...
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Capitulo 15: La fotografía
Ji-ho permaneció frente a la mesa sin decir una palabra.
La carpeta estaba abierta.
Los documentos estaban desordenados frente a él, pero solo podía mirar una fotografía.
Su madre.
Su padre.
Y Han Tae-jun.
Los tres aparecían juntos años atrás.
—¿Qué significa esto? —preguntó finalmente.
El antiguo empleado permaneció serio.
—Significa que tus padres y el padre de Seo-yeon compartían un secreto.
—¿Qué secreto?
—Eso todavía no puedo decírtelo.
Ji-ho golpeó suavemente la mesa.
—¡Me trajiste hasta aquí para darme otra mitad de la verdad!
—Porque la otra mitad puede destruir a más de una familia.
—Mi madre murió.
El hombre bajó la mirada.
—Lo sé.
—Entonces ya no tengo nada que perder.
—Estás equivocado.
Ji-ho lo miró.
—Todavía tienes a Seo-yeon.
Aquellas palabras hicieron que Ji-ho se quedara completamente quieto.
—¿Qué tiene que ver ella?
—Más de lo que imaginas.
Antes de que pudiera preguntar algo más, el hombre tomó la carpeta.
—Vete a casa.
—No.
—Ji-ho...
—¡Dime la verdad!
El hombre suspiró.
—Busca a tu padre.
Y desapareció por la puerta.
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Mientras tanto, Seo-yeon estaba sentada en una cafetería esperando.
Había enviado varios mensajes a Ji-ho.
Ninguno tenía respuesta.
Miró la hora.
22:14.
—¿Dónde estás...?
Finalmente, su teléfono vibró.
Ji-ho: ¿Puedes salir?
Seo-yeon respondió inmediatamente.
Seo-yeon: ¿Dónde?
Él le envió una ubicación.
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Veinte minutos después, Seo-yeon lo encontró sentado en un banco frente al río.
—¿Qué pasó?
Ji-ho levantó la mirada.
—Necesitaba verte.
Ella se sentó a su lado.
—Me preocupaste.
—Lo siento.
—¿Encontraste algo?
Ji-ho permaneció callado.
Después sacó la fotografía.
Seo-yeon la tomó.
Su rostro cambió.
—Mi papá...
—Sí.
—¿Dónde la encontraste?
—En unos documentos relacionados con mi madre.
Seo-yeon observó la fotografía nuevamente.
—Ellos estaban juntos.
—Sí.
—¿Sabían que se conocían?
—Creo que sí.
—Entonces nuestros padres nos ocultaron muchas cosas.
Ji-ho asintió.
El viento sopló con fuerza.
Seo-yeon le devolvió la fotografía.
—¿Estás bien?
—No.
Ella lo miró.
Ji-ho bajó la cabeza.
—Toda mi vida pensé que sabía cómo murió mi madre.
—Y ahora no estás seguro.
—No.
Seo-yeon acercó su mano y tomó la de él.
—No tienes que descubrirlo todo esta noche.
Ji-ho entrelazó sus dedos con los de ella.
—¿Por qué haces esto?
—¿Qué cosa?
—Quedarte.
Seo-yeon sonrió suavemente.
—Porque quiero.
Ji-ho la miró.
—Eso suena familiar.
Ella soltó una pequeña risa.
—Quizás te estoy copiando.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Ji-ho se acercó lentamente.
Esta vez no se detuvo.
Seo-yeon cerró los ojos.
El beso fue breve y suave, pero suficiente para que ambos olvidaran todo lo demás.
Cuando se separaron, Seo-yeon abrió los ojos.
—Eso no estaba planeado.
—No.
—¿Te arrepientes?
—No.
Ella sonrió.
—Yo tampoco.
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Al día siguiente, Ha-rin recibió una llamada.
—¿Hablaste con Ji-ho?
—Sí.
—¿Le enseñaste la fotografía?
—No.
—Bien.
Ha-rin frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque todavía no está preparado.
—¿Y cuándo lo estará?
La persona al otro lado guardó silencio.
—Cuando descubra quién estaba conduciendo aquel automóvil.
Ha-rin sintió que la sangre se le helaba.
—Tú sabes quién era.
—Sí.
—Entonces dímelo.
—Todavía no.
La llamada terminó.
Ha-rin cerró los ojos.
Sabía que el tiempo se estaba acabando.
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Esa tarde, Ji-ho regresó a casa.
Su padre estaba en el despacho.
—Tenemos que hablar.
Tae-jun levantó la mirada.
—¿Sobre qué?
Ji-ho dejó la fotografía sobre el escritorio.
Su padre se quedó inmóvil.
—Quiero saber qué ocurrió aquella noche.
Tae-jun no respondió.
—¿Quién conducía el automóvil?
El silencio fue suficiente para darle una respuesta.
Ji-ho lo miró fijamente.
—Tú sabes quién fue.
Su padre cerró los ojos.
—Ji-ho...
—Dime la verdad.
Tae-jun levantó lentamente la mirada.
—No estás preparado para escucharla.
—Entonces prepárame.
Su padre respiró profundamente.
—La persona que conducía aquella noche...
Hizo una pausa.
—Era alguien que tú conoces.