"La Emperatriz Renacida" narra el brutal regreso de Leticia, una huérfana de los barrios bajos convertida en déspota de la moda, quien reencarna como la humillada Adelfa Sterling en una novela rosa. Armada con una astucia letal, frialdad despiadada y tres hijos genios, Leticia desmantela a quienes la oprimieron en su vida pasada y presente, tejiendo una intriga de venganza y poder que reescribe el destino de los inocentes y los villanos por igual.
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La Justicia de la Reina del Infierno
Hice una pausa, mirándolos uno por uno con una frialdad gélida que les calaba hasta los huesos. Sus rostros, antes arrogantes, ahora reflejaban un terror primario, una desesperación absoluta.
—Harán lo que yo diga —continué, con voz que resonaba con autoridad inquebrantable—. Su primera misión, y lo más importante si quieren ver la luz del día, es destruir la reputación de mi madrastra, esa mujer infame que tanto daño ha causado. Van a destruir la reputación de esa zorra, como han hecho con otras mujeres inocentes, pero esta vez, bajo mis órdenes, su objetivo será ella. Dentro de dos días es el cumpleaños del vejestorio de mi abuelo, y he recibido una invitación de ellos. Claramente, planean destruirme, exhibirme como una paria, pero me adelantaré. Y ustedes, mis queridos peones, serán parte de la diversión. ¡Serán el plato fuerte de mi venganza, la culminación de años de humillación!
Leonel, que observaba la escena desde un segundo plano, esbozó una sonrisa oscura y llena de complacencia. Sus ojos brillaban con una admiración palpable, sus labios se curvaron en un gesto de puro deleite.
—Ya sé lo que planeas, Adelfa —dijo con voz ronca, acercándose un paso—. Qué perversa y vil eres. Disfrutaré el espectáculo a la perfección, jajajaja. Pero ya que te he ayudado en este menester, ¿ No me vas a dar un regalo? Después de todo, ya pasamos una rica noche hace cinco años.
Lo miré de reojo, con una expresión de desdén que no permitía réplicas. Mi sonrisa se amplió, pero era una sonrisa de hielo, carente de cualquier atisbo de calor.
—¿Regalo? —resoplé, riéndome con sorna—. ¡No seas estúpido, Leonel! Yo no te regalaré nada. Y te recuerdo que fuiste pésimo en la cama. Si te vendieras como gigoló en un burdel, no te darían ni propina. Tienes una herramienta grande, sí, pero eres un mueble en la cama. Yo hice todo el trabajo,. Así que sigue soñando, Leonel. Soy demasiada yegua para un potrillo prematuro como tú. Además, yo soy una mujer dominante. El hombre debe ser el sumiso, el que se someta a mi voluntad como un perrito bien entrenado.
Leonel, lejos de sentirse ofendido, pareció encantado. Su sonrisa se ensanchó aún más, revelando una fascinación que iba más allá de la mera atracción física.
—Mientras más me rechazas y me humillas, más deseo conocerte, Adelfa —confesó, sus ojos fijos en los míos con una intensidad casi salvaje. Se acercó un paso más, reduciendo la distancia entre nosotros.
En un movimiento rápido y certero, sin dudar un instante, levanté mi rodilla y le propiné una patada contundente en la entrepierna. El sonido resonó en el sótano, y Leonel se dobló sobre sí mismo, soltando un jadeo de dolor que intentó disimular con una mueca forzada.
—No te lo repetiré otra vez, Leonel —dije, mi voz calmada y sin una pizca de remordimiento, mi mirada fría como el acero.
Me di media vuelta y salí del sótano con paso firme y decidido, sin mirar atrás. Leonel, aún recuperándose del golpe, logró enderezarse a medias, su rostro contraído por el dolor, pero una sonrisa extraña, casi de satisfacción, se dibujó en sus labios.
—Vaya —murmuró para sí mismo, con la voz entrecortada—, es la primera vez que una mujer me pega y… tengo que admitir que me gustó. Joder, ¿Será que soy masoquista?
Mientras yo salía de la mansión, Marisa, la misma a la que le clavé mi tacón en la fiesta, me vio y se acercó a mí con una furia contenida. Su rostro aún mostraba los estragos de la humillación en el club.
—¡Perra! —exclamó con rabia, la voz estridente—. ¿Qué haces buscando al prometido de Julieta? ¡Eres una puta descarada! Además, no olvido lo que me hiciste en la fiesta. ¡Te arrepentirás de haberme provocado!
Antes de que pudiera reaccionar, me abofeteó con una fuerza inesperada. Leonel, que observaba por las cámaras de seguridad desde el interior de la mansión, soltó una risa gutural al ver la escena, anticipando el desastre inminente.
La rabia, contenida durante un segundo, estalló en mí con una ferocidad inaudita. Agarré a Marisa del cabello con una fuerza brutal, tirando de él hasta hacerla jadear de dolor. Con la otra mano, saqué unas pequeñas tijeras de mi bolso, sus filos brillando bajo la luz del sol. Lentamente, pasé el filo por sus labios, apenas rozándolos, haciendo que Marisa empezara a temblar, sus ojos desorbitados por el terror.
—Marisa —dije, mi voz un susurro cargado de amenaza—, qué labios tan hermosos tienes. Me pregunto cómo se verían si los corto con estas tijeras, ¿No crees? Podríamos experimentar.
Marisa se orinó del terror, el líquido cálido empapando su ropa. Su cuerpo entero se convulsionaba de miedo, su rostro pálido como la cera.
—¡Estás loca! —balbuceó, con la voz ahogada—. ¡No te atrevas!
—¿Crees que estoy loca, Marisa? —respondí con una sonrisa que no llegó a mis ojos, mi mirada helada—. Te enseñaré hasta dónde llega mi locura. ¡Presta atención, porque esto te va a encantar!
Leonel, en la pantalla de seguridad, se reía a carcajadas.
—Jejejeje —murmuró—. Esa mujer me pone loco. Está totalmente loca y eso me encanta.
Tomé las tijeras y, con una precisión escalofriante, empecé a cortar mechones de su cabello. No eran cortes limpios, sino rasguños irregulares y violentos, destruyendo su peinado con cada movimiento.
—¡No te muevas, Marisa, o cortaré tu cabeza por error! ¡Jajajajaja! —mi risa, fría y desquiciada, llenaba el aire, mientras sus mechones caían al suelo como hojas secas.
Después de dejar su cabello hecho un desastre, una burla cruel de lo que había sido, me marché con una última mirada de desprecio. Marisa se quedó allí, hecha un ovillo de terror y humillación, su cuerpo temblaba incontrolablemente, sus ojos fijos en el suelo donde yacían sus mechones de cabello.
—Esta mujer es una completa psicópata —murmuró, su voz apenas un hilo—. Es mil veces peor que Julieta. Le tengo miedo a Julieta, pero esta mujer es aterradora. No quiero volver a cruzarme con esa psicópata… ¡jamás!
porfis no te olvides de actualizar, gracias y perdona el abuso y fastidio.
un abrazo 🤗
solo que le cambiaron el nombre😬🫣🤔🤔