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Ecos De Cenizas Y Ónix

Ecos De Cenizas Y Ónix

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Hombre lobo / Amor eterno / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yelina Lopez

Aethelgard Draconis (El Patriarca): Un vampiro de presencia imponente y fría elegancia, con siglos de existencia a sus espaldas. Su mente es una fortaleza inquebrantable.

Nyxandra Draconis (La Matriarca): De una belleza etérea y calculadora. Es la estratega del clan, capaz de leer las intenciones más ocultas antes de que sean pronunciadas.

Kaelen Draconis: El hermano mayor. Protector, de pocas palabras y con un aire de misterio melancólico que oculta una ferocidad implacable.
Vespera Draconis: La hermana menor. Ágil, perspicaz y con una fascinación peligrosa por el mundo efímero de los humanos.

Onyx Draconis (El Protagonista): El miembro más introspectivo de la familia. Vive con el peso de una eternidad que apenas comienza a comprender hasta que un giro del destino cruza su camino.

orden

- Ecos De Cenizas y Ónix

- El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno

- El Eclipse Del Tiempo: El Despertar Del Abierto Horizonte

- Eclipse Del Tiempo: El Umbral Del Amanecer

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Sombras Bajo La Lluvia

La tarde dio paso a un crepúsculo prematuro y opresivo cuando las nubes cargadas de agua oscurecieron por completo el cielo de Oakhaven, tiñéndolo de un tono gris pizarra que presagiaba una noche larga y helada. La salida del instituto fue un evento caótico, marcado por el bullicio de los estudiantes que corrían hacia sus vehículos para escapar de la llovizna implacable que comenzaba a intensificarse. Onyx caminaba en riguroso silencio junto a Kaelen y Vespera, sintiendo cómo las gotas de lluvia se evaporaban casi al instante al hacer contacto con su piel fría, un detalle insignificante pero peligroso que ocultaban con maestría milimétrica de las miradas curiosas de los transeúntes.

Mientras se aproximaban al automóvil familiar —un sedán oscuro que se fundía perfectamente con la estética sobria del clan—, Onyx percibió un cambio sutil y repentino en el flujo del viento. A unos cincuenta metros de distancia, apartada del bullicio principal, Lyra caminaba sola hacia la parada del autobús escolar. Su paraguas negro apenas lograba protegerla de las ráfagas heladas que bajaban de la montaña, y un leve temblor involuntario recorría su cuerpo a causa del frío penetrante que caracterizaba las tardes de ese rincón olvidado del mundo.

—Se está congelando allá afuera —murmuró Vespera con una mezcla de curiosidad distante y un toque de desdén divertido, observando la escena de reojo mientras abría la puerta del pasajero—. Los humanos son criaturas verdaderamente frágiles. Un simple descenso brusco de la temperatura o una corriente de aire desafortunada puede extinguir sus frágiles vidas en cuestión de horas. Es casi patético lo atados que están a su biología.

Kaelen detuvo la marcha por una fracción de segundo, apoyando la mano en el marco del vehículo. Sus ojos oscuros escanearon rápidamente la dirección en la que miraba su hermano, evaluando el riesgo con la fría eficiencia de un veterano de mil batallas.

—No te acerques, Onyx —advirtió Kaelen en un susurro grave, un tono de voz tan bajo que era totalmente imperceptible para cualquier oído humano que pudiera estar cerca—. Conoces perfectamente las reglas que rigen nuestra existencia y nuestra supervivencia. Nuestra cercanía física es un peligro inminente y constante para ellos, y nuestra verdadera naturaleza no puede ser expuesta bajo ninguna circunstancia, ni siquiera por un capricho momentáneo de la curiosidad.

—Solo estoy observando el entorno, Kaelen —replicó Onyx con tono cortante, aunque sus pies ya habían cambiado de dirección de forma casi imperceptible, traicionando la negativa de sus propias palabras—. No hay motivo para dramatizar una simple coincidencia logística.

La tentación de acortar la distancia entre ambos mundos —el de los depredadores eternos que habitaban en la penumbra y el de la efímera, pero vibrante, fragilidad humana— pesaba como una losa de plomo sobre sus hombros. Cada segundo que pasaba mirando a Lyra luchar contra el viento incrementaba la urgencia en su interior, un llamado sordo que desafiaba todas las advertencias impartidas por Aethelgard y Nyxandra a lo largo de los siglos.

Mientras el motor del automóvil familiar arrancaba con un ronroneo sordo y silencioso bajo la cortina de agua, Onyx dio un paso hacia adelante antes de detenerse en seco. A través de los cristales empañados del vehículo, Kaelen y Vespera lo observaban con una mezcla de advertencia y paciencia contenida. Sabían que, aunque en ese momento había decidido retroceder y subir al asiento trasero, la línea que separaba el secreto de la exposición ya se había roto.

El trayecto de regreso a la mansión transcurrió en un silencio absoluto, roto únicamente por el sonido rítmico de los limpiaparabrisas barriendo el agua del parabrisas. Ninguno pronunció una sola palabra, pero la atmósfera dentro del habitáculo era densa, cargada con la certeza ineludible de que los días de aparente tranquilidad en Oakhaven habían llegado a su fin definitivo. Al llegar a la imponente estructura victoriana, Onyx descendió del vehículo bajo la lluvia y miró hacia el horizonte brumoso, sabiendo que la tormenta real apenas comenzaba a desatarse en su interior.

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1
Dora Guzman Pacherres
Será su pareja y por eso el reacciona de esa manera.
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