La chica invisible del colegio soporta el bullying del más lindo hasta que él se enamora de ella por celos, que pasará con ellos???
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Capítulo 17: Abril
Abril llegó con llovizna y el olor a hojas mojadas en la vereda. Thiago se operaba el miércoles 9. Lo sabía de memoria porque lo anoté en la primera hoja del cuaderno azul: 9/4 - operación rodilla - hospital San Jorge 7:30.
No me dejó que fuera con él a la mañana. “Va mi vieja y mi viejo, ya es mucho quilombo”, me dijo el lunes en el banco. “Andá después, cuando salga.”
Le dije que bueno. Mamá me miró raro cuando le pedí ir al hospital a la tarde.
—¿Qué le vas a hacer vos ahí? —me preguntó.
—Nada. Estar.
—¿Te llamó él?
—Sí.
Suspiró. —Volvés antes de las nueve.
—Sí.
No me preguntó más.
El miércoles falté al colegio. Le dije a la preceptora que tenía turno médico. No era mentira del todo: tenía el estómago cerrado desde las seis de la mañana.
Thiago me mandó mensaje a las 7:15: “ya estoy. cagado en las patas.” Le contesté: “respirá. te espero.”
A las doce me escribió la madre: “salió bien. está dormido todavía. si querés venir a las 4.”
Fui a las tres y media. El hospital olía a lavandina y a comida de bandeja. La madre de Thiago me vio en el pasillo y me abrazó.
—Está en la 214 —me dijo—. Está medio boludo por la anestesia.
Entré. Estaba en la cama con la pierna vendada levantada y cara de dormido. Cuando me vio abrió los ojos y sonrió chueco.
—Ríos —dijo con voz rara.
—Benitez.
—¿Viniste?
—Te dije.
—Sos buena.
—Sos un drogado.
Se rio y le dolió y puso cara de dolor.
—No te rías —le dije.
—Vos me hacés reír.
Me senté en la silla al lado. Le agarré la mano. La tenía fría.
—¿Te duele?
—Ahora no. Creo que por la droga.
—¿Tenés miedo?
—Un poco. Pero ya está.
La madre entró con un vaso de agua y se quedó un rato. Después dijo “los dejo” y salió.
Thiago me miró.
—¿Tu vieja te dejó venir?
—Sí.
—Bien.
—¿Bien qué?
—Bien tu vieja.
Me reí. —Está aprendiendo a aguantarte.
—Ya era hora.
Nos quedamos así. Él dormitando, yo mirándolo. Cada tanto me apretaba la mano y decía alguna boludez: “te amo aunque esté drogado” o “no me dejes si quedo rengo”.
—No te voy a dejar —le dije cada vez.
A las seis la enfermera lo hizo tomar agua y le preguntó si tenía dolor. Dijo que sí. Le pusieron algo en el suero.
—Me voy a dormir —dijo después.
—Dormí.
—¿Te quedás hasta que me duerma?
—Sí.
Me quedé hasta que se le cerraron los ojos. Le acomodé el pelo de la frente y le di un beso ahí.
—Chau, Thiago —le dije bajito.
—No te vayas —murmuró medio dormido.
—No me voy todavía.
Cuando se durmió de verdad le solté la mano y salí. La madre estaba en el pasillo.
—Gracias por venir —me dijo.
—De nada.
—Él habla de vos todo el día. Desde que salieron del colegio.
No supe qué contestar. Me sonrió y me acompañó hasta el ascensor.
Lo operaron miércoles y le dieron el alta el viernes. El sábado fui a la casa. Estaba en el sillón con muletas al lado y cara de aburrido.
—No puedo jugar hasta junio —dijo como si fuera un velorio.
—Ya va a pasar.
—Son dos meses.
—Pasan.
—Vos venís?
—Sí.
—Todos los días?
—No, Thiago. Pero vengo.
—Bueno.
Me senté al lado y le apoyé la cabeza en el hombro. Él me pasó el brazo por arriba y me dejó ahí.
La madre nos trajo mate.
—Gracias por venir —me dijo otra vez.
—Me gusta venir —le contesté.
Thiago me miró.
—¿Sí?
—Sí.
Me dio un beso en el pelo.
El lunes no fue al colegio. Yo sí. A la salida pasé por la casa. Estaba haciendo los ejercicios que le dio el kinesiólogo con cara de odio.
—Esto es una mierda —dijo.
—Pero hay que hacerlo.
—Ya sé.
Me senté a mirarlo. Después le revisé los ejercicios de Matemática que le mandó la profe.
—Sos más buena que yo —dijo.
—Ya sé.
Se rio. —No te agrandes, Ríos.
—Me agrando si quiero.
Me tiró un almohadón. Se lo devolví.
Cuando me fui me acompañó hasta la puerta con las muletas.
—Te amo —dijo.
—Yo también.
—Aunque esté rengueando.
—Aunque estés rengueando.
—Bueno.
En el cuaderno puse esa noche: abril. Lo operaron. Fui. Me quedé. Me dijo te amo sin estar drogado. Yo también. Dice dos meses. Yo le dije que vengo. Voy a ir.
Cerré el cuaderno y lo metí abajo de la almohada.
me gustaría una segunda parte
si quisiera saber de Lautaro pero que no intervenga en la vida de ellos el ya fue historia