"Cuatro esposos, cuatro muertes misteriosas, una viuda sospechosa. El detective Eduardo Rizzo se infiltra en la vida de Julieta Vera, la enamora y se casa con ella. Pero cuando la verdad sobre su investigación salga a la luz, ¿podrá su amor sobrevivir al peligro y la traición?"
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Capítulo 19
«Julieta herida»
Eduardo le sostenía la cabeza a Julieta en posición de protección cervical mientras llegaba la ambulancia. Pero por la gravedad de sus heridas, ella volvió a perder el conocimiento.
Cuando llegaron los paramédicos, la subieron a la ambulancia y Eduardo se fue con ella, mientras que la policía hacía el croquis del accidente y entrevistaba a algunos testigos.
Durante el traslado, el personal de salud luchaba por estabilizar a Julieta: su presión arterial caía peligrosamente y le pasaban líquidos a chorro.
Al llegar al hospital más cercano, la llevaron directo al TAC para evaluar el daño. Descubrieron una hemorragia interna que explicaba la hipotensión, así que la trasladaron de inmediato a quirófano, donde los cirujanos lucharon por salvarle la vida.
Eduardo esperó en la sala. Debía ir a la comisaría a dar su informe semanal a su jefe, pero se excusó y solo fue Betty a rendir cuentas ante el comisario y los policías que atendieron el "accidente" fueron hasta el hospital para tomar su declaración para empezar a buscar los posibles responsables del atentado a Julieta.
«¿Quién querrá ver muerta a Julieta?» Eduardo se pregunta.
Justo luego de un mes de investigaciones infructuosas, la chispa de la duda entró en Eduardo, abriendo la posibilidad de que Julieta fuera simplemente una víctima de alguna persona ambiciosa que la quiere sacar del camino.
Luego de tres horas de cirugía, y siendo un poco más de las nueve de la noche, un médico salió del quirófano:
―¿Familiares de la señora Julieta Vera? —Eduardo se acercó rápido.
―No hay familiares, pero soy su socio, Eduard Rossi. Yo la traje al hospital, fui testigo del accidente. —Eduardo se presentó ante un médico de aspecto serio y cansado.
―Señor Rossi, la señora Vera sufrió un trauma cerrado de abdomen con hemorragia interna, que fue controlada. Además, tiene fractura de pierna y brazo izquierdo. Ortopedia ya le puso yeso. Estará tres horas en recuperación y luego pasará a cuidados intermedios por 24 horas para observación. La recuperación será lenta, así que le pido que avise a su familia —dijo el médico antes de volver al quirófano.
Eduardo no tenía cómo comunicarse con la familia de Julieta. Una hora después, una enfermera le entregó las pertenencias de ella, incluido el celular. Tenía varias llamadas perdidas de un contacto guardado como “Mi Viejo”, pero el teléfono estaba bloqueado y no pudo devolver la llamada.
Después intentó comunicarse varias veces con Betty, pero nunca contestó. Supuso que estaba ocupada o dormida, así que decidió hablar con ella al día siguiente. Mientras tanto, esperaría a que Julieta pasara a cuidados intermedios, con la esperanza de que alguien llamara a su celular.
Tres horas más tarde, trasladaron a Julieta a la sala de cuidados intermedios. No le permitieron ingresar porque ella seguía bajo el efecto de los analgésicos fuertes. Entonces decidió irse a su casa y volver temprano al día siguiente para preguntar cómo había pasado la noche.
Cuando iba saliendo del hospital, sonó el celular de Julieta. Era su papá. Al ver que ella no llegaba al pueblo como cada viernes, había llamado insistentemente. Eduardo contestó:
📱 Señor Vera, soy Eduard Rossi, socio de Julieta. Ella sufrió un accidente. Está en el Hospital Central, pero no se preocupe, está estable y ahora está en observación.
📱 Yo sí temia que a mi niña le había pasado algo; ella jamás deja un viernes sin venir al pueblo sin antes avisarnos. Ya mismo salgo para Buenos Aires.
📱 No se apresure señor Vera, viaje mañana, igual no van a dejarla ver ahora.
Eduardo convenció a don Alfonso de ir al día siguiente a ver a su hija.
Julieta era aquella chiquita que una novia de juventud le dejó a Alfonso que no quiso ser madre porque sentía que serlo le cortaba las alas y quería irse del pueblo.
Desde entonces, Alfonso se dedicó a ser padre y madre, con la ayuda de sus padres. A pesar de la precariedad en que vivían, criaron a Julieta con valores y, sobre todo, con mucho amor.
Alfonso ya había vivido la angustia de casi perder a su hija cuando se accidentó con Fabio. Ahora, nuevamente, pasaba por la angustia de casi perderla.
Al día siguiente, al llegar de Uribelarrea, pudo ver a su hija y ya su corazón se calmó, pues Julieta se estaba recuperando satisfactoriamente de sus heridas y fue pasada a una habitación.
Eduardo visitó a Julieta, pero ella aún no sabía que él le había salvado la vida.
Todavía estaba algo desubicada, y Eduardo entendió que no era momento de contarle lo que pasó. Tampoco de indagar sobre posibles enemigos o sobre quién la querría tres metros bajo tierra.
Debia reunirse con Betty, así que fue a buscarla en su apartamento. Cuando iba llegando al edificio donde ella vive, vio salir apurado a su jefe, el comisario Nelson Falcon, quien al verlo se asustó, pero hizo como que no lo vio.
A Eduardo le pareció muy extraña la actitud de su jefe, pero no le echó mente. Así que siguió su camino y llegó a la recepción del edificio para que le autorizaran el ingreso al apartamento de Betty López, su compañera en la división de homicidios no resueltos.
Lo que no sabe Eduardo, es que en ese apartamento, dos cuerpos se volvieron a encontrar después de tres años.
El día anterior, Betty debió presentarse ante el comisario sola. Sin la compañía de Eduardo, se sentía vulnerable ante la presencia de ese hombre que la ponía tan nerviosa.
«A su mente llegaron los recuerdos de hace tres años»
***
Por entonces, ella era la novata de la división. Hacía sus pasantías con el comisario inspector de la división de investigaciones criminales, amigo de su papá el comisario general.
Y un día, tuvo que ir a buscar a su jefe a un bar.
El comisario acababa de terminar una relación de diez años con su esposa y se había emborrachado en un bar que frecuentaba. Los encargados del lugar llamaron al primer contacto que apareció en su lista de llamadas: ella.
Betty estaba disponible 24/7 para su jefe, así que fue sola a buscarlo. Grave error. En los seis meses que llevaba trabajando con él, había desarrollado un amor platónico por el hombre mayor que ella por doce años.
Cuando el comisario la vio, creyó que la culpable de sus desvelos le había llegado en bandeja de plata. Poseído por la lujuria del licor, empezó a besarla como un poseso:
—Mi pequeña gatita, he esperado tanto este momento.
Después de eso, Betty ya no tuvo voluntad. El hombre que amaba la estaba besando. Como pudieron, salieron del bar y el conductor designado los llevó a un hotel, donde pasaron una noche apasionada.
Él lo olvidó. Solo recuerda fragmentos que cree que son sueños recurrentes con la chica que ama en silencio.
****
Esa tarde en la oficina, él la miraba más de la cuenta. Esta vez estaban solos y podía hacerlo sin quedar en evidencia.
Reparaba cada gesto: cómo mordía la tapa del lapicero, cómo murmuraba lo que iba escribiendo en el informe.
—López, esta oficina ya me tiene harto. Toda la semana acá metido me agobia. Vamos a otro lugar para que me pase el informe.
Asi fue como el comisario llevó a Betty a aquel bar, donde cruzaron la línea y algo nació entre ellos.