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MI VIDA DESPUÉS DEL AÑO 3300

MI VIDA DESPUÉS DEL AÑO 3300

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Viaje a un mundo de fantasía / Romance
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Aoul

En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.

NovelToon tiene autorización de Luna Aoul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Bajo la luz que enferma

El aire en ese lugar era distinto.

No era algo que se notara de inmediato, pero a medida que Catalina caminaba, lo sentía más claro. Cada respiración era un poco más pesada, como si el oxígeno no fuera suficiente. Como si ese mundo… no estuviera hecho para sostener la vida completamente.

Sebastián caminaba a su lado.

Nani iba unos pasos adelante, saltando entre pequeñas flores que crecían en el suelo. A pesar de todo, había belleza en ese lugar. Alguien había intentado llenarlo de vida, de color, de algo que se pareciera a la esperanza.

—Intentamos que no se sienta tan vacío —dijo Sebastián, notando la mirada de Catalina.

Ella observó las plantas, las flores pequeñas, los caminos hechos a mano.

—Lo lograron… un poco.

Su voz fue suave.

Pero sus ojos…

seguían preocupados.

—¿Siempre viven aquí abajo?

—Sí.

—¿Nunca salen?

Sebastián negó lentamente.

—No es tan fácil.

Catalina frunció el ceño.

—Pero debe haber una forma.

El joven dudó.

—La hay.

El silencio se instaló.

—Pero no es para todos.

Antes de que Catalina pudiera preguntar más, un sonido llamó su atención.

Un pequeño golpe.

Seco.

Catalina giró la cabeza.

—¿Nani?

La niña estaba en el suelo.

Inmóvil.

Sus ojos cerrados.

Su cuerpo sin reacción.

—¡Nani!

Sebastián corrió hacia ella.

Se arrodilló.

La tomó en brazos.

—No… no otra vez…

Su voz se quebró.

Catalina se acercó rápidamente.

—¿Qué le pasa?

—Se desmaya…

Su respiración era agitada.

—Cada vez pasa más seguido…

Catalina observó el rostro de la niña.

Pálido.

Demasiado pálido.

Su piel casi no tenía color.

—Esto no es normal…

Su voz se volvió firme.

—Necesita un médico.

Sebastián bajó la mirada.

—Aquí no hay médicos.

Catalina lo miró.

—Entonces hay que subirla.

El silencio fue inmediato.

Sebastián negó lentamente.

—No podemos.

—¿Por qué?

—Porque no todos pueden subir.

Catalina frunció el ceño.

—Explícate.

El joven respiró profundo.

—Solo una persona tiene acceso.

El ambiente se volvió tenso.

—¿Quién?

Sebastián dudó.

—Él.

Catalina lo miró.

—Entonces llévame con él.

—No…

Su respuesta fue rápida.

—Él no ayuda a nadie.

Catalina dio un paso adelante.

—No me importa.

Su mirada cambió.

—No voy a quedarme mirando cómo una niña se muere.

Sebastián se quedó en silencio.

Sus manos temblaban levemente mientras sostenía a Nani.

—Por favor…

Susurró.

—Ayúdame…

Catalina lo miró.

Y entendió.

No era solo miedo.

Era desesperación.

—Vamos.

Su voz fue firme.

—Llévame.

Caminaron por un camino distinto.

Más oscuro.

Más profundo.

Las casas desaparecieron poco a poco.

Las flores también.

El ambiente se volvió más frío.

Más pesado.

Catalina sentía cómo el aire cambiaba.

Cómo su cuerpo reaccionaba.

—Aquí es diferente…

Sebastián asintió.

—Aquí casi nadie viene.

El camino terminó frente a una estructura distinta.

Más grande.

Pero deteriorada.

Como si hubiera sido importante alguna vez… y luego abandonada.

Sebastián se detuvo.

—Es aquí.

Catalina lo miró.

—Entonces entremos.

—Yo no puedo.

—¿Qué?

—No le gusta la gente.

Catalina apretó los labios.

—Bien.

Respiró profundo.

—Entro yo.

La puerta estaba entreabierta.

Catalina la empujó lentamente.

El sonido fue bajo.

Pero el ambiente…

cambió de inmediato.

El interior era oscuro.

Silencioso.

Pesado.

Había objetos antiguos.

Tecnología mezclada con cosas que no entendía.

Todo parecía detenido en el tiempo.

—¿Hola?

Su voz resonó suavemente.

No hubo respuesta.

Caminó unos pasos más.

Y entonces…

lo vio.

Un hombre.

Sentado.

Su apariencia…

la dejó en shock.

Era joven.

No más de treinta y cinco años.

Pero su cuerpo…

parecía enfermo.

Demasiado delgado.

Su piel era extremadamente pálida.

Casi blanca.

Sus ojos…

azules.

Pero apagados.

Como si llevara demasiado tiempo viviendo sin luz real.

Catalina se quedó quieta.

—…

El hombre levantó la mirada lentamente.

—No deberías estar aquí.

Su voz era baja.

Débil.

Pero clara.

Catalina no retrocedió.

—Necesito tu ayuda.

El silencio se instaló.

—No ayudo a nadie.

Catalina dio un paso adelante.

—Entonces empieza hoy.

Sus palabras fueron firmes.

El hombre la observó.

Con más atención.

—Eres diferente.

Catalina no respondió.

—No eres de aquí.

El corazón de Catalina latió más rápido.

—No.

El hombre entrecerró los ojos.

—Eso explica muchas cosas.

Catalina respiró profundo.

—Hay una niña.

Su voz se suavizó.

—Se está muriendo.

El silencio volvió.

Más pesado.

—El sol artificial…

Continuó.

—La está enfermando.

El hombre no respondió de inmediato.

Pero su mirada cambió.

—Lo sé.

Catalina frunció el ceño.

—¿Lo sabes?

—Todos aquí se enferman.

Su voz fue distante.

—Es cuestión de tiempo.

Catalina apretó las manos.

—Entonces ayúdala.

El hombre la miró.

Largo.

Profundo.

—¿Por qué debería hacerlo?

Catalina no dudó.

—Porque tú puedes.

El silencio fue absoluto.

—Y porque si no lo haces…

Su voz bajó.

—Nadie más lo hará.

El hombre cerró los ojos un segundo.

Como si esas palabras…

hubieran tocado algo que creía perdido.

Cuando los abrió…

ya no eran los mismos.

—Tráela.

Catalina no se movió.

—¿Qué?

—Dije que la traigas.

Su voz fue firme.

Por primera vez.

Catalina sintió cómo el aire cambiaba.

Como si algo…

estuviera por empezar.

Y sin darse cuenta…

no solo había encontrado ayuda.

Había despertado algo.

En alguien…

que llevaba demasiado tiempo dormido.

El aire dentro de aquella estructura seguía siendo pesado, pero ahora había algo más.

Esperanza.

Pequeña.

Frágil.

Pero real.

Conor se había levantado con esfuerzo, apoyándose en la mesa mientras observaba a Catalina con una mezcla de curiosidad y decisión.

—Mi nombre es Conor —dijo finalmente.

Su voz era baja, pero tenía un peso distinto al de antes.

Catalina asintió.

—Catalina.

Sebastián entró en ese momento, cargando a Nani con cuidado. Sus ojos estaban rojos, su rostro marcado por el miedo y el cansancio.

—Por favor…

Conor se acercó lentamente.

Observó a la niña.

Su expresión no mostró sorpresa.

Como si ya supiera.

—Está en una fase avanzada.

Sebastián apretó los labios.

—Sálvala.

No fue una orden.

Fue un ruego.

Conor no respondió de inmediato. Se giró hacia una mesa, tomó pequeños frascos, líquidos, herramientas improvisadas.

Trabajaba con precisión.

Con conocimiento.

Pero también con limitaciones.

—Esto no la va a curar —dijo sin mirar—. Solo la estabilizará.

El silencio cayó.

Catalina cerró los ojos un segundo.

—Pero es algo.

Conor asintió levemente.

Preparó el brebaje con cuidado y lo acercó a los labios de Nani. La niña reaccionó apenas, tragando con dificultad.

Pasaron segundos.

Largos.

Pesados.

Hasta que su respiración se volvió más estable.

Sebastián soltó un suspiro tembloroso.

—Gracias…

Pero Conor no respondió.

Porque sabía la verdad.

Eso no era una solución.

Era tiempo.

Y nada más.

Catalina lo miró.

—Esto no puede seguir así.

Conor levantó la vista.

—No va a seguir así.

Sus palabras fueron distintas.

Más firmes.

Más decididas.

Catalina frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Conor se acercó un poco más.

—Tenemos que salir de aquí.

El silencio se volvió denso.

Sebastián levantó la cabeza.

—¿Salir?

—Sí.

—Eso es imposible.

—No.

Conor negó lentamente.

—Es difícil.

Pero no imposible.

Catalina lo observó.

—Entonces dime cómo.

Conor dudó un segundo.

—Necesitamos ayuda externa.

Catalina sintió cómo su corazón se aceleraba.

—Yo tengo a alguien.

Conor la miró.

—¿Quién?

—Mariuz.

El nombre quedó en el aire.

—Es el hombre de confianza de Henry.

Conor entrecerró los ojos.

—¿Henry?

Catalina asintió.

—Él puede ayudarnos.

Conor se quedó en silencio.

Evaluando.

Pensando.

—Entonces necesitamos contactarlo.

Catalina respiró profundo.

—¿Tienes algo para escribir?

Conor asintió.

—Sí.

Le entregó una hoja y un instrumento improvisado.

Catalina se sentó.

Sus manos temblaban levemente.

Pero no dudó.

Comenzó a escribir.

“Mariuz…”

Sus ojos se llenaron de emoción.

“Estoy viva.”

Cada palabra llevaba peso.

Urgencia.

“Por favor… estoy en el subterráneo con mucha más gente.”

Respiró profundo.

“Tenemos un sol artificial… y están muy enfermos.”

Sus manos se apretaron.

“Viven hasta los 35 años…”

Una pausa.

Dolor.

“Ayúdame.”

Cerró los ojos un segundo.

Y escribió lo más importante.

“No le cuentes a Henry.”

Terminó.

Bajó la hoja.

—…

Se la entregó a Conor.

—Tienes que encontrarlo.

Conor tomó la carta.

—¿Dónde?

Catalina lo miró fijamente.

—Él siempre está cerca de Henry.

Eso fue suficiente.

Subir no era fácil.

Pero Conor sabía cómo hacerlo.

Caminos ocultos.

Pasajes olvidados.

Zonas que pocos conocían.

El trayecto fue largo.

Silencioso.

Pesado.

Pero finalmente…

llegó.

La ciudad brillaba arriba.

Como si fuera otro mundo.

Y lo era.

Conor observó.

Buscó.

Analizó.

Hasta encontrarlo.

Mariuz.

Moviéndose con rapidez.

Con tensión en el rostro.

Como si ya estuviera en alerta constante.

Conor se acercó.

—Mariuz.

El hombre giró.

Alerta.

—¿Quién eres?

Conor no respondió.

Le extendió la carta.

—Lee.

Mariuz dudó.

Pero tomó el papel.

Y leyó.

Sus ojos se abrieron.

—…

Su respiración se detuvo un segundo.

—Está viva…

Susurró.

Volvió a leer.

Más rápido.

Más atento.

—Subterráneo…

—Enfermos…

Su mirada cambió.

—…

—¿Dónde está?

Conor habló.

—No puedo decirlo aquí.

Mariuz lo miró.

—Ven conmigo.

El tiempo no podía perderse.

Mariuz actuó rápido.

Escribió una respuesta.

Clara.

Directa.

“Vamos a hacer una fiesta.”

“Será para derrocar a Henry.”

Una pausa.

“Aparece ahí para ayudarlo.”

Sus ojos se endurecieron.

“Después de la fiesta… sacaremos a todos.”

Levantó la mirada.

—Esto va a ser peligroso.

Conor asintió.

—Lo sé.

Mariuz le entregó la carta.

—Explícale todo.

—Lo haré.

El regreso fue más rápido.

Pero más pesado.

Porque ahora…

había un plan.

Cuando Conor bajó, Catalina estaba esperando.

De pie.

Inquieta.

—¿Y?

Conor le entregó la carta.

Catalina la tomó.

Y leyó.

Sus ojos se movían rápido.

Su corazón latía fuerte.

—…

—Van a hacer una fiesta…

Levantó la mirada.

—Para derrocar a Henry…

Sebastián frunció el ceño.

—¿Qué?

Catalina continuó.

—Tengo que aparecer ahí…

—¿Estás loca?

—No.

Su voz fue firme.

—Es la única forma.

Miró a Conor.

—¿Después?

—Después… sacaremos a todos.

El silencio se volvió distinto.

No de miedo.

Sino de algo más.

Determinación.

Catalina cerró la carta.

—Entonces tenemos que prepararnos.

Miró a Sebastián.

—Esto no es solo por Nani.

Miró alrededor.

Por todos.

—Es por todos.

El aire cambió.

Por primera vez…

no eran solo sobrevivientes.

Eran personas…

a punto de luchar.

Y arriba…

sin saberlo aún…

Henry estaba a punto de enfrentarse a algo mucho más grande.

Porque esta vez…

no solo era una batalla por el poder.

Este capítulo… tiene algo muy especial

Porque ya no es solo tristeza…

ya no es solo dolor…

es ese momento donde, en medio de la oscuridad… empieza a nacer una pequeña luz

Catalina pasó por tanto…

perdió su mundo, su lugar…

y aun así… sigue de pie

Y ahora… no solo lucha por volver…

también empieza a luchar por otros

Ese lugar oculto…

esas personas olvidadas…

esa niña que necesita ayuda…

todo eso… cambia algo dentro de ella

Y la carta…

esa carta no es solo un mensaje…

es esperanza, es conexión, es un puente entre dos mundos

Pero también… es peligro

Porque mientras ella intenta salvarlos…

afuera… todo está a punto de explotar

Una fiesta…

un plan…

una oportunidad única…

y decisiones que pueden cambiarlo todo

Este capítulo marca un antes y un después…

porque ya no se trata solo de sobrevivir…

sino de elegir qué hacer con el destino

Gracias por seguir acompañándome en esta historia…

por leer, por sentir, por estar

Si te gustó, deja tu mensaje

quiero leerte, saber qué te hace sentir todo esto

Con cariño,

Luna Auol 🌸

1
Leydi
Es esperanza y una vida mejor.... 💕💕💕😭😭😭
Leydi
Wooow😭😭😭, que capitulo/Whimper/💖💖
Leydi
Hermoso capítulo y tremendo como volvió Catalina 💖
Leydi
😭😭😭😭😭💕💕💕💕
Leydi
😭
Mati🥰
😱me encantó su entrada
Leydi
Espero con ansias ese encuentro juro que voy a 😭😭😭
Leydi
😭💕Me encantó este capítulo, es super emocionante..
Julius
wueeee
Julius
será que vuelva
Leydi
Se siente tanto que emociona 🤭🤭🤭
Leydi
Muy bien determinado Henry
Leydi
Ja te encontró maldito
Leydi
Me encanto este capítulo, mas allá de la situación, hay esperanza
Leydi
Nooo, que gente mala 😭
Leydi
Hay algo una esperanza 😭😭💕
Leydi
😭😭😭😭😭 El también la quiere de vuelta 😭😭😭😭
Leydi
😭😭😭😭😭😭
Toyota
que paso aquí como que volvió
Toyota
jajaja
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