Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 16
...⚔️...
Chiara necesitaba respirar. Después del operativo, del encuentro con Markus, de la inquietante aparición de Grace D’Angelo y de la conversación con su abuelo… todo dentro de ella estaba al borde de colapsar.
Así que hizo lo único que sabia hacer cuando el mundo se volvía demasiado pesado: seguir adelante, enterrar las emociones y enfocarse en el poder.
Decidió apartar todo lo demás. Los recuerdos. Las dudas. El dolor. Incluso ese sentimiento persistente que Markus seguía provocando en ella.
Se concentró en el negocio y con leonid.
La alianza con él había resultado ser más efectiva de lo que esperaba. No solo por su influencia, sino por su inteligencia estratégica. Leonid no era impulsivo como muchos en ese mundo… era paciente. Calculador.
Y eso a Chiara le gustaba.
Con su ayuda y la de su familia el negocio empezó a expandirse de manera agresiva. Nuevos territorios, nuevas rutas, nuevas conexiones.
Chiara volvió a sentirse viva.
No feliz.
Pero sí… poderosa.
Y en ese mundo, eso era lo más cercano a la felicidad.
Las noches se llenaron de operativos.
Ataques rápidos.
Precisión absoluta.
Chiara empezó a acompañar a Leonid en varias misiones, y contra todo pronóstico… lo disfrutaba.
Había algo en la adrenalina que la hacía olvidar.
Los enemigos menores caían uno tras otro.
Recintos destruidos, Mercancía robada, Mensajes enviados.
La DEA los perseguía sin descanso, obligándolos a moverse constantemente, a cambiar rutas, a ser más inteligentes.
Pero Chiara siempre iba un paso adelante.
O eso quería creer.
Había, sin embargo, una excepción.
Una sola.
Los Becker.
No los tocaba.
No todavía.
Porque Chiara no buscaba una victoria pequeña.
Buscaba destruirlos.
Y para eso, necesitaba algo más grande. Más letal.
Estaba reuniendo aliados pacientemente
Esperando el momento perfecto para dar un golpe que no solo los debilitara… sino que los hiciera caer de nuevo.
Como antes. Como siempre debieron estar.
Los viajes comenzaron poco después.
Europa se convirtió en su tablero de ajedrez.
Y Leonid, en su compañero constante.
Italia, Francia, Alemania.
Cada país tenía un propósito.
Negocios.
Alianzas.
Control.
Pero entre todo eso… también había momentos distintos.
Más ligeros.
Más humanos.
Cenas largas.
Conversaciones que no giraban solo en torno al poder.
Risas inesperadas.
Chiara no lo admitiría en voz alta…
Pero disfrutaba su compañía.
Leonid no la presionaba.
No le exigía nada emocionalmente.
Solo estaba ahí.
Y eso, para alguien como ella, era peligroso.
Aun así, la realidad nunca desaparecía del todo.
Cada segundo, su teléfono vibraba.
Notificaciones constantes, Reportes, Movimientos y, sobre todo…
Grace.
La vigilancia sobre ella era estricta.
Cada paso que daba.
Cada contacto.
Cada palabra.
Chiara no confiaba en ella.
Y esa desconfianza crecía con cada informe ambiguo.
Italia, mientras tanto, estaba al borde del caos.
La producción estaba bajo presión.
La violencia aumentaba.
Los enemigos se reorganizaban.
Pero la alianza con Leonid estaba funcionando
Lograban mantener el control.
Mientras tanto, en Alemania…
Los Becker se debilitaban, las tensiones internas eran evidentes.
Markus y su esposa discutían constantemente.
Bruno también tenía conflictos con su hermana.
La desconfianza crecía dentro de la familia.
Especialmente hacia Markus.
Eso no era una coincidencia.
Un día, en medio de todo ese caos, Chiara estaba en su oficina el ambiente era silencioso, frio, solo se escuchaba el sonido suave de los archivos al moverse.
En la pantalla de su portátil, observaba fotografías de los becker, de Markus, en reuniones, sus movimientos, sus expresiones. Analizaba cada detalle con una precisión casi obsesiva.
Como si al mirarlo lo suficiente… pudiera entenderlo.
O destruirlo.
Sus ojos se detuvieron en una imagen específica.
Él sonriendo.
Una sonrisa que conocía demasiado bien.
Y que odiaba recordar.
Antes de que pudiera profundizar más, la puerta se abrió.
Chiara cerró el portátil de golpe.
—Señorita Vindicta, no me dio tiempo para avisarle, el señor Massimo ya había entrado —dijo Klara, ligeramente nerviosa.
Chiara suspiró.
—Tranquila. Aquí ya no respetan nada. Déjame sola con él.
Klara asintió y salió rápidamente.
Massimo ya estaba dentro.
Observándola.
Chiara se acomodó lentamente en su asiento, dejando claro sin decirlo que estaba molesta.
—Bene… —dijo con frialdad—¿Quieres un café agrio… o uno con un toque especial de veneno mortal? Ese que hace que una persona se retuerza antes de morir.
Massimo soltó una pequeña risa.
—Muy graciosa. Aunque quisieras, no puedes matarme. Somos hermanos, sorella minore.
Chiara arqueó una ceja.
—¿Quién dijo que eso me detendría?
Pausa.
Pero luego, su expresión cambió levemente.
—¿Cómo voy a matar a mi fratello del alma? —añadió con ironía—Dime, ¿cómo te ha ido con Daniela?
El rostro de Massimo se suavizó.
—Bene. Muy bien. Es… especial. Cariñosa. Creo que encontré a la mujer perfecta.
Chiara lo observó con detenimiento.
—Antes no la apreciaba… pero me alegra verte así. Eso es lo que importa.
Pausa.
—Ahora dime, ¿a qué viniste? No te estoy echando, pero tengo demasiados problemas que resolver en estos momentos.
Massimo asintió.
—Lo sé. Tu papel como capo di tutti capi te tiene atrapada aquí o en la mansión así que no te quitare mucho tiempo.
Chiara no respondió.
—Quería invitarte a mi mansión.
Ella frunció ligeramente el ceño.
—¿Y eso? ¿Quieres que delante de todos diga que Daniela ahora me cae bien?
—No —respondió él—Queremos reunir a la familia. Dar una noticia importante.
Chiara se tensó apenas.
—¿Una reunión… ahora?
—Sí.
—¿En medio de una guerra?
Massimo sostuvo su mirada.
—Precisamente por eso. Todos están tensos. Separados. Esto… puede unirnos, aunque sea por unas horas.
Chiara guardó silencio.
Pensando, Analizando la situación de la propuesta.
—¿La seguridad?
—Ya hablé con el tío Vicenzo. Habrá refuerzos. Solo estaremos nosotros.
Pausa.
—Puedes invitar a Leonid si quieres.
Chiara negó levemente.
—Si el abuelo estará allí… mejor no.
Massimo sonrió.
—Lo imaginé.
Silencio.
—Está bien —dijo finalmente Chiara—Acepto. Envíame la invitación.
Massimo sonrió con sinceridad.
—Sabía que no me darías la espalda.
Se levantó y se acercó a ella.
La abrazó con fuerza.
Y besó su frente.
Chiara se tensó de inmediato.
—Vamos, Massimo… aléjate. Sabes que no me gustan los abrazos.
—Pero antes sí te gustaban… —dijo con tono provocador—Sobre todo los de Markus en Alemania.
El aire se congeló.
Chiara lo miró con frialdad absoluta.
—Cuida tus palabras… u olvidaré que eres mi hermano.
Massimo levantó las manos en señal de rendición.
—Como gustes, sorella. Cuidaré mis palabras.
—Hazlo.
Pausa.
—Y ahora… ¿mi hermanito del alma me dejará trabajar?
Massimo río suavemente.
—Deberías tomarte unas vacaciones cuando todo esto termine.
Chiara lo miró.
Por un segundo.
Solo uno.
—Lo pensaré.
Massimo se retiró.
Y el silencio volvió.
Chiara se quedó sola.
Inmóvil.
Pensando.
“Deberías tomarte unas vacaciones…”
Eso mismo le habían dicho antes.
Antes de la muerte de su padre.
Antes de que todo se rompiera.
Cerró los ojos un instante.
Respiró hondo.
Pero no fue suficiente.
Porque la verdad seguía ahí.
Intacta.
Dolorosa.
No había podido olvidar a Markus.
Por más que lo odiara.
Por más que quisiera destruirlo.
Una parte de ella…
Seguía atrapada en él.
Y eso…
Era más peligroso que cualquier enemigo.
...CONTINUARÁ ...