Historia romántica
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Capítulo 15
Después de todo lo que había pasado con Marcos en la oficina, Elena y Martín quedaron sensibles, más unidos pero también más intensos. Se veían todos los días, hablaban todo el tiempo, y esa mezcla de amor, celos y necesidad hacía que su relación fuera cada vez más profunda.
Una noche, Martín llegó con una idea.
—Nos vamos de viaje —dijo apenas entró a la casa de Elena.
—¿Cómo que nos vamos de viaje?
—Sí. Unos días. Necesitamos irnos, despejar la cabeza, estar solos en otro lugar.
Elena sonrió.
—¿Así de impulsivo sos?
—Sí. Y con vos peor.
Elena lo besó.
—¿A dónde?
—Sorpresa.
Dos días después estaban en la ruta, manejando, escuchando música, cantando, riéndose. Era uno de esos momentos donde todo parece perfecto, donde el futuro parece algo fácil.
—Me gusta esta versión nuestra —dijo Elena mirando por la ventana.
—¿Qué versión?
—La que no tiene problemas, ni ex, ni celos, ni trabajo… solo nosotros.
Martín le tomó la mano mientras manejaba.
—Esa versión va a existir siempre si estamos juntos.
Elena lo miró y sonrió.
No sabía que esa iba a ser una de las últimas conversaciones que recordaría durante mucho tiempo.
La lluvia empezó de golpe. Fuerte. La ruta se puso resbalosa, la visibilidad bajó mucho y Martín redujo la velocidad.
—Se puso feo —dijo él.
—Sí, mejor bajá la velocidad.
Un camión pasó muy rápido por el otro carril y levantó una ola de agua que dejó el parabrisas completamente blanco por un segundo.
Un segundo.
Cuando Martín volvió a ver la ruta, el auto ya había patinado.
Elena solo llegó a escuchar:
—Agarrate.
El auto giró, el ruido de las ruedas, el golpe, el vidrio rompiéndose, todo en pocos segundos.
Después… silencio.
Oscuridad.
Elena abrió los ojos en una habitación blanca.
Le costó enfocar. La cabeza le dolía. Todo le dolía. Había máquinas, un suero, vendas en su brazo.
Una mujer estaba sentada al lado de la cama. Cuando vio que Elena abrió los ojos, empezó a llorar.
—Elena… hija…
—Mamá… —susurró Elena.
—Gracias a Dios… gracias a Dios…
Elena miró alrededor, confundida.
—¿Qué pasó?
Su mamá dudó. Ese segundo de duda fue extraño.
—Tuviste un accidente… en la ruta.
Elena frunció el ceño.
—¿Qué accidente? ¿Con quién?
Su mamá la miró con lágrimas en los ojos.
—Elena… ¿vos te acordás de Martín?
Elena la miró confundida.
—¿Quién es Martín?
Ese fue el momento en que todos entendieron.
Elena había perdido la memoria.
Pero no toda.
Solo los últimos dos años de su vida.
No recordaba la librería.
No recordaba la editorial.
No recordaba la casa de Martín.
No recordaba haberse enamorado.
No recordaba a Martín.
Pero sí recordaba a Marcos.
Dos años después
Elena estaba en la cocina de un departamento que no era el suyo originalmente, pero se había acostumbrado. Marcos entró y le besó la cabeza.
—¿Cómo estás? —preguntó.
—Cansada —respondió ella, acariciándose la panza.
Estaba embarazada de siete meses.
Para ella, la historia era simple: después del accidente, Marcos había estado con ella todo el tiempo, la había ayudado, la había acompañado, y con el tiempo volvieron a estar juntos.
Era lógico.
Era fácil.
Era la historia que ella recordaba antes del accidente.
Lo que Elena no sabía…
era que ese hijo no era de Marcos.
Era de Martín.
Martín, que había sobrevivido al accidente.
Martín, que había ido al hospital todos los días durante meses.
Martín, que había tenido que verla mirarlo como a un desconocido.
Martín, que se había alejado cuando Elena volvió con Marcos porque ella no recordaba haberlo amado.
Martín, que seguía amándola.
Y que todavía no sabía si algún día ella iba a volver a recordarlo.