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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

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capitulo 13

Dicen que el número trece trae mala suerte, pero para mí, esa mañana en la mansión Blackwood se sentía como el amanecer de una era dorada. Me desperté antes de que el servicio empezara a moverse por los pasillos, envuelta en las sábanas de seda negra que ya se habían convertido en mi segunda piel. Alexander dormía a mi lado, una imagen de poder absoluto incluso en el reposo. Su brazo, pesado y cálido, cruzaba mi cintura, anclándome a una realidad que hace apenas unos meses habría parecido un delirio de fiebre.

Me quedé quieta, observando cómo la luz grisácea de Nueva York se filtraba por los ventanales blindados. Mi mente ya estaba trabajando. Hoy no era un día cualquiera; hoy era la primera revisión trimestral de los gastos personales de los miembros de la familia. Y Liam, mi "sobrino", estaba en el primer puesto de la lista de ejecución financiera.

Sentí el movimiento de Alexander. Sus dedos rozaron mi piel, subiendo lentamente por mis costillas hasta detenerse justo debajo de mi pecho. Su respiración se volvió profunda, y supe que estaba despierto.

—Estás planeando algo —murmuró su voz, ronca y cargada de una vibración que me hizo estremecer.

—Solo estoy pensando en la eficiencia de nuestros recursos, querido —respondí, girándome entre sus brazos para encontrar sus ojos oscuros—. Liam ha solicitado un adelanto para el depósito de un nuevo deportivo. Dice que el suyo ha tenido "problemas mecánicos".

Alexander soltó una risa seca, un sonido peligroso que me encantaba. Me atrajo hacia él con una fuerza que no admitía réplica. Sus labios buscaron mi cuello, dejando un rastro de calor que borró por un segundo todos mis pensamientos sobre balances y auditorías. La sensualidad que compartíamos no era solo física; era una comunión de ambiciones. Cada caricia suya era un recordatorio de que él me había dado el arma, pero yo era quien sabía exactamente dónde clavar el puñal.

—Hazlo sufrir, Luna —susurró contra mi piel—. Que entienda que cada gota de gasolina que quema tiene que ser autorizada por la mujer que él despreció.

Me perdí en su contacto durante un tiempo que no sabría medir. Alexander no era un hombre de palabras suaves, era un hombre de hechos contundentes. Su cuerpo contra el mío era la única verdad en un mundo de mentiras y traiciones. Cuando finalmente me levanté, me sentía cargada de una energía eléctrica, lista para la batalla.

A las diez en punto, estaba sentada en el despacho pequeño, el que daba al jardín de invierno. Había elegido un vestido de punto color carbón que se adhería a cada curva, sencillo pero insultantemente caro. Liam entró poco después. Ya no vestía el uniforme de los muelles, pero la arrogancia que intentaba proyectar con su traje italiano se veía empañada por la sombra de derrota en sus ojos.

—Siéntate, Liam —dije, señalando la silla frente a mí—. Tenemos mucho de qué hablar.

—¿Es necesario esto, Luna? ¿Tengo que pedirte permiso hasta para respirar? —Se dejó caer en el asiento, cruzando las piernas con un desafío fingido.

—No para respirar, pero sí para gastar el dinero de los Blackwood —abrí la carpeta que tenía sobre la mesa—. He revisado tu solicitud para el deportivo. Denegada.

Liam se tensó, sus nudillos volviéndose blancos al apretar los reposabrazos.

—¡Es una necesidad! No puedo presentarme en los eventos de la fundación Miller en ese sedán que me asignaste. Es una humillación.

—Humillación es gastar doscientos mil dólares cuando todavía no has devuelto el fondo que malgastaste el mes pasado —me incliné hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio—. He decidido que, como parte de tu "rehabilitación financiera", usarás el transporte de la empresa. Un chófer te llevará y te traerá, y cada ruta será registrada.

—¡Me estás tratando como a un criminal! —gritó, levantándose bruscamente.

—Te estoy tratando como a un subordinado que ha demostrado no tener criterio —me levanté yo también, rodeando el escritorio con una lentitud que sabía que lo ponía nervioso. Me detuve a escasos centímetros de él. Podía oler su rabia, pero también ese rastro de desesperación que siempre emanaba cuando estaba cerca de mí—. ¿Sabes qué es lo que más te duele, Liam? No es el coche. Es que cada vez que subes a ese transporte, recuerdas que yo tengo las llaves de tu libertad.

Él me miró con un odio puro, pero debajo de eso, vi un destello de algo más. Una nostalgia sucia. Intentó tomarme del brazo, un gesto instintivo de dominio que ya no le pertenecía.

—Tú no eres esta mujer fría, Luna. Recuerdo quién eras en el orfanato. Recuerdo cómo me mirabas...

—Esa Luna murió de hambre y de pena —le solté el brazo con un movimiento seco, como si me hubiera rozado algo asqueroso—. La mujer que tienes delante es la esposa de Alexander Blackwood. Y a diferencia de ti, ella no olvida las deudas.

Saqué un sobre pequeño de mi bolsillo. No era rojo, era blanco, con el sello de la administración.

—Aquí tienes tu asignación para gastos personales de este mes. Ha sido reducida un treinta por ciento debido a tus "incidentes" en el puerto. Úsala bien, porque no habrá más hasta el próximo mes.

Liam tomó el sobre con una mano temblorosa. Por un segundo, nuestras miradas se cruzaron y vi el abismo de su fracaso. Se dio la vuelta y salió del despacho sin decir una palabra, sus pasos resonando pesadamente en el pasillo de mármol.

La tarde cayó y con ella llegó una tormenta que azotó los cristales de la mansión. Me encontraba en la biblioteca principal, revisando unos informes de la fundación, cuando Alexander entró. Se había quitado la chaqueta y llevaba las mangas de la camisa blanca remangadas, mostrando sus antebrazos poderosos.

—He visto salir a Liam. Parecía que acababa de ver un fantasma —dijo, acercándose a la barra de bar para servirse un whisky.

—Solo ha visto la realidad de su cuenta bancaria —respondí, cerrando la carpeta.

Alexander dejó el vaso y caminó hacia mí. Se situó detrás de mi silla, apoyando sus manos en mis hombros. Su tacto era firme, una presencia que llenaba la habitación.

—Estás haciendo un trabajo magnífico, Luna. Pero no dejes que el rencor te consuma demasiado. El poder es más dulce cuando se disfruta, no solo cuando se usa como látigo.

Se inclinó, besando la parte superior de mi cabeza, y luego bajó por mi sien hasta encontrar mi boca. El beso fue lento, posesivo, una reafirmación de que en esta casa, nosotros éramos los únicos dueños del destino. Me levanté y rodeé su cuello con mis brazos, sintiendo la solidez de su cuerpo contra el mío. La sensualidad de ese momento era nuestro refugio, el único lugar donde no teníamos que ser estrategas, sino simplemente dos personas unidas por un hambre común.

—No es solo rencor, Alexander —susurré contra sus labios—. Es justicia. Y la justicia sabe mejor de lo que imaginaba.

Él me alzó con una facilidad asombrosa, sentándome en el borde de la gran mesa de la biblioteca, apartando libros y documentos. El contraste entre la frialdad de la madera y el calor de su piel me hizo soltar un suspiro. En la penumbra de la sala, iluminada solo por los relámpagos que cruzaban el cielo, Alexander me recordó por qué lo había elegido a él. No solo por el dinero o el apellido, sino por la forma en que me veía: no como una víctima, sino como su igual en la cima del mundo.

Nuestra unión esa noche fue salvaje, un reflejo de la tormenta que arreciaba afuera. No había sombras del pasado en esa habitación, solo el presente abrasador de dos personas que habían decidido que el mundo se arrodillaría ante ellas.

Mientras descansaba en sus brazos, escuché el sonido de un coche alejándose por el camino de entrada. Sabía que era Liam, huyendo de la realidad de su nueva vida. Pero no importaba cuánto corriera; mañana tendría que volver, tendría que pedir permiso, y tendría que recordar que ahora, el sol salía y se ponía según mi voluntad.

 el eco de los truenos y la certeza de que el cambio de tablero era definitivo. La jerarquía no era solo una cuestión de papeles; era una cuestión de voluntad. Y la mía acababa de empezar a imponerse.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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