En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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De Sudor y Esfuerzo
El cielo lucía de un azul profundo hermoso y cristalino, adornado con nubes blancas tan esponjosas que recordaban al algodón de azúcar de las ferias de los "sin magia".
Pero Selene no tenía tiempo para admirar el paisaje.
El sonido agudo y metálico del timbre de la Academia resonó por los pasillos de piedra, clavándose en los oídos de Selene como una sentencia.
-¡Quítate! ¡Lo siento! ¡Permiso!- gritaba mientras zigzagueaba entre grupos de estudiantes que caminaban tranquilamente hacia sus aulas de teoría.
Selene era un torbellino, desalineada y cabello revuelto. En su carrera desesperada, chocó contra un par de alumnos de tercer año, derribándolos como si fueran pinos de boliche. No se detuvo a ayudarlos; la imagen del profesor Ledian ya acechaba en su mente.
Llegar tarde a Alquimia era una cosa, pero llegar tarde a Deportes y Combate Físico era un suicidio. El profesor Ledian no solo era un instructor exigente, era un hombre lobo de pura cepa. Su olfato podía detectar el miedo a kilómetros, y su paciencia era tan corta como sus garras eran largas.
-Si me ve entrar tarde, me va a despellejar!- jadeó Selene, sintiendo el ardor en sus pulmones.
Sabía perfectamente cuál sería el castigo: 12 vueltas completas al campus principal. Para un humano normal, era agotador; para Selene, cuyo cuerpo aún estaba procesando la energía del mapa de plata de la noche anterior, era una tortura física que la dejaría vulnerable. Ledian creía firmemente que la disciplina física era la única forma de controlar la inestabilidad de la magia, y no hacía excepciones, ni siquiera para la "favorita" del Consejo.
Cruzó el umbral hacia el campus exterior, donde el sol golpeaba con fuerza. A lo lejos, vio la imponente figura de Ledian: un hombre de espalda ancha, brazos fuertes y una mirada amarillenta que ya estaba escaneando la formación de estudiantes.
Selene divisó a Eitan ya en la fila, con los brazos cruzados y una expresión de "te lo dije" en el rostro. Leo, por su parte, estaba bajo la sombra de un gran roble, sostenía un libro en mano con su habitual elegancia gélida.
Justo cuando Selene estaba a punto de integrarse a la fila, Ledian sopló su silbato de plata. El sonido fue ensordecedor.
-¡Señorita Selene!- la voz del profesor retumbó como un trueno en el campo abierto -Qué amable de su parte unirse a nosotros. Supongo que el cielo estaba demasiado "esponjoso" como para apresurarse-
Selene se detuvo en seco, con el corazón martilleando contra sus costillas. La mirada de Ledian se entrecerró, oliendo el rastro de la plata... y algo más..
-Ya conoce el procedimiento- continuó el hombre lobo, señalando la pista de tierra que rodeaba el campus -Doce vueltas. Y si veo que el brillo de su piel disminuye, empezará de nuevo. ¡CORRA!-
El sol de mediodía no tenía piedad. Selene comenzó la primera vuelta con los pulmones ardiéndole.
-Uno...- gruñó Ledian, cruzando sus brazos musculosos mientras la veía pasar por la línea de meta.
A la cuarta vuelta, el aire se volvió denso. Selene sentía que sus piernas pesaban como si estuvieran hechas de plomo. Pero lo más extraño no era el cansancio, sino el Vínculo de Plata. Con cada latido acelerado de su corazón. El sudor que resbalaba por su frente no era transparente; tenía un brillo iridiscente, como mercurio líquido.
Eitan, desde la formación, apretó los puños. Podía olerlo. No era solo el aroma a esfuerzo de Selene, era el olor de la plata antigua reaccionando con el oxígeno.
-¡Se está sobrecalentando, profesor!- gritó Eitan, rompiendo el silencio de las actividades de sus compañeros.
-¡Silencio, alumno Eitan!- rugió Ledian sin apartar la vista de Selene -Si no puede completar doce vueltas, ¿cómo espera sobrevivir a un encuentro real con el Consejo? ¡Siga corriendo, Selene!-
En la octava vuelta, ocurrió lo inevitable.
Cuando los pies de Selene impactaron el suelo del campus, dejaron una huella que brilló con una luz plateada intensa. No era una simple mancha; era un símbolo. Una runa de navegación. Con cada paso, Selene estaba "dibujando" involuntariamente el mapa prohibido sobre el césped sagrado de la Academia.
-¿Qué es eso?- murmuró uno de los estudiantes, señalando el rastro luminoso.
Ledian se puso tenso. Sus instintos de lobo le advirtieron que aquello no era un simple truco de estudiante. Era magia de sangre de alto nivel.
-¡Selene, deténgase!- ordenó el profesor, dando un paso adelante.
Pero Selene no podía. Sus ojos se habían vuelto de un color plateado cegador y sus pies se movían por instinto, guiados por la memoria muscular de sus vidas pasadas. Estaba en trance. El mapa se estaba completando en el suelo del campus, revelando la ubicación exacta de la entrada al Monasterio de las Sombras.
Eitan no esperó órdenes. Salió disparado de la fila, transformando parcialmente sus garras para ganar tracción, y se lanzó hacia Selene para interceptarla antes de que el mapa fuera visible para todos, incluyendo los espías del Consejo que merodeaban por las torres.
Sin embargo, antes de que pudiera tocarla, una barrera de hielo negro surgió del suelo, separándolo de ella. Leo se había movido desde la sombra del roble con una velocidad sobrenatural.
-No la toques, lobo- advirtió Leo, su voz como el filo de una navaja -Si cortas el flujo de energía ahora, su corazón estallará-
Ledian, viendo la insubordinación y la magia prohibida manifestándose, dejó escapar un gruñido profundo. Sus colmillos se alargaron y sus ojos brillaron con un amarillo salvaje.
-¡Atrás todos!- bramó el profesor -¡Esta clase ha terminado! ¡Despejen el campus ahora mismo!-
Pero era demasiado tarde. El brillo plateado alcanzó un punto crítico. Un rayo de luz se disparó desde el centro del campus hacia el cielo, rasgando las nubes de "algodón de azúcar" y señalando un punto exacto en las montañas del norte.
Selene cayó de rodillas, agotada, justo cuando el mapa en el suelo comenzaba a arder, consumiendo el césped en llamas plateadas.