fantacia urbana y drama psicológico
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Capitulo 16: El Contrabando
Jueves. Cabrera instaló la Santa Rita contra el paredón del fondo. Violeta. En tres años iba a tapar todo el ladrillo. Las hortensias fueron al cantero de la ventana de la cocina. Azules. "Para que cuando fría huevos vea algo lindo", dijo Cabrera.
El jardín ya no era pelado. Era un quilombo verde que prometía ser jardín. Los frutales tenían brotes nuevos. Las caléndulas asomaban. Olía a tierra y a flor y a cosa viva.
Newt regaba a las seis de la tarde. Sin que nadie lo mandara. Agarraba la manguera, la desenredaba, y le tiraba agua a todo. Con sistema. Primero los frutales, después los canteros, último las de la pared. Felix lo miraba desde la puerta, sin decir nada. Contaba los minutos. Por si tardaba mucho.
Ese jueves, a las cinco, Felix no estaba.
Cabrera terminó de atar la Santa Rita y entró a buscar agua. "¿Dónde está el chico?", preguntó. Así le decía a Felix cuando no estaba Newt. "Chico".
Newt apagó la manguera. "No sé. Hace dos horas que no lo veo. La ronda la hizo a las tres."
Las sombras, que estaban tomando sol en el marco de la ventana porque descubrieron que el sol de la tarde no quemaba, opinaron: _Se fue. Lo abandonó. Nos dejó con el viejo y el loco. Ahora sí es nuestro. ¿Viste? Nunca hay que confiar en..._
Se callaron. Porque por el portón del fondo, el que daba a la calle de atrás y siempre estaba cerrado con candado, se escuchó ruido.
Llave. Candado. Quejido de bisagra.
Newt y Cabrera se miraron. Cabrera tenía el bastón en la mano en dos segundos. Newt dejó la manguera y agarró lo primero que encontró: la pala de plantar. Las sombras se metieron abajo de la mesa. _Mala nuestra. Volvé, Felix, volvé._
La puerta del portón se abrió un poco. Se asomó primero una rama verde. Después una mano. Después Felix. Colorado, transpirado, con tierra en la campera. Y abrazando una planta como si fuera un bebé o una bomba.
Cerró el portón con el pie. Puso el candado. Dos vueltas. Recién ahí los miró.
Cabrera bajó el bastón. Newt bajó la pala. Las sombras se asomaron de abajo de la mesa. _¿Qué...?_
Felix cruzó el jardín sin mirar a nadie. Directo al medio, al lado del limonero. Puso la planta en el piso con cuidado. Era un mandarino. Chico, pero con tres mandarinas verdes colgando. Las miró. Las contó. Seguían siendo tres.
"¿Dónde estabas?", dijo Newt.
"Comprando", dijo Felix. No los miraba. Miraba el mandarino. "En el vivero de la otra cuadra."
"¿Y por qué entraste por atrás?", dijo Cabrera.
"Porque no quería que me vieran con esto", dijo Felix. Recién ahí los miró. Y se puso más colorado. "Del portón de adelante a la casa me ve todo el barrio."
Se hizo silencio. Newt miró el mandarino. Miró a Felix. Miró el mandarino otra vez.
"¿Te compraste una planta?", dijo Newt.
Felix se encogió de hombros, como si no fuera nada, pero no soltaba el mandarino. "Vi que estaban los otros. Limón, naranja, durazno. No había mandarina. A mí me gustan las mandarinas."
Cabrera se tapó la boca con la mano. No para no hablar. Para no reírse.
"¿Hace dos horas que fuiste a comprar una planta?", dijo Newt.
"Fui y vine", dijo Felix. "Pero el del vivero me explicó cómo plantarla. Y cuál era mejor. Y me dio tierra buena. Y vitaminas. Dijo que si la cuido, en dos años da como cincuenta."
Agarró la pala que Newt había soltado. Empezó a cavar al lado del limonero. Con ganas. Con sistema. Pozo redondo, hondo, prolijo.
Las sombras salieron de abajo de la mesa y se pegaron a la ventana para ver mejor. _No puede ser. No puede ser. El asesino planta. Planta. ¿Qué sigue? ¿Tejer?_
Cabrera ya no se aguantó. Se rió. No carcajada. Risita de viejo. "Así que el guardaespaldas es jardinero ahora."
"No soy jardinero", dijo Felix sin dejar de cavar. "Tengo una planta. Es distinto."
"Sí, sí", dijo Cabrera. Le brillaban los ojos. "Distinto. Vení, te ayudo. Ese pozo está muy chico para la raíz."
"No me ayudes", dijo Felix. "Yo la planto. Es mía."
Cabrera levantó las manos. "Tuya, tuya. Toda tuya."
Newt se sentó en el banco de piedra. Miró el show. Felix cavando, Cabrera dando instrucciones que Felix ignoraba, el mandarino esperando al lado con sus tres mandarinas verdes como semáforos.
"¿Le vas a poner nombre?", dijo Newt. Jodiendo. Medio.
Felix paró de cavar. Lo pensó en serio. "Todavía no", dijo. "Primero que agarre. Si se me muere y le puse nombre es peor."
Plantó el mandarino. Le puso la tierra buena. Le puso las vitaminas. Le echó agua con la regadera chica que Cabrera tenía, no con la manguera. "Mucha presión la mata", explicó, repitiendo lo que le dijo el del vivero.
Cuando terminó, se paró al lado. Se limpió las manos en el pantalón y miró el trabajo. Cuatro frutales ahora. Limón, naranja, durazno y mandarina. El suyo era el más chico. Pero tenía fruta ya.
"Está bien", dijo. Para él. O para la planta.
Newt se paró. Fue hasta el mandarino. Tocó una hoja. "Si da cincuenta, me das una."
Felix lo miró feo. "Si da cincuenta, te doy una. Si da diez, ninguna."
"Trato", dijo Newt.
Cabrera anotó en el Gloria, muerto de risa: _Felix - 1 mandarino. Nivel de peligro del jardín: bajo. Nivel de ridiculez: alto. Estado de la casa: mejorando._
Esa noche Felix no durmió en el sillón. Puso una silla al lado de la ventana que daba al jardín y se quedó ahí, vigilando. No el portón. No la calle. El mandarino. Por si venían hormigas.
Las sombras no lo jodieron. Estaban muy ocupadas tratando de procesar. _Tiene una planta. Le habla a la planta. ¿Y si nosotras tenemos una planta? No. Nosotras somos de muerte y... bueno, él también era y miralo. Confuso._
Newt pasó por el living a las tres AM a tomar agua. Vio a Felix en la silla, cabeceando, pero sin irse a dormir. No dijo nada. Solo le dejó una manta en el sillón por si se iba.
A la mañana el mandarino seguía ahí. Con sus tres mandarinas verdes. Felix le sacó una foto con el celular. La puso de fondo de pantalla.