Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 5
Luego miró a Omar, con el ceño ligeramente fruncido.
—Deberías haberla detenido… o ayudado antes.
Omar sostuvo su mirada.
—No sabía si te habían mordido.
Una pausa.
—Pero tienes razón… debí actuar antes.
Exhalé, intentando calmarme.
—Eso ya no importa. Lo importante es que estamos vivos.
Enrique asintió.
—Sí… mientras permanezcamos juntos, superaremos esto.
Pero algo en su expresión no estaba del todo bien.
Lo conocía.
Me acerqué un poco y le susurré:
—¿Estás bien?
Él dudó un instante.
—Es solo que… dije que te protegería… y terminaste salvándome.
Negué suavemente.
—¿Qué dices? Tú me salvaste primero. Ese hombre iba a morderme. Si no fuera por ti…
No terminé la frase.
No hacía falta.
Enrique dejó escapar una pequeña sonrisa.
Y al verla—
sentí alivio.
Por un instante, todo pareció estabilizarse.
Pero entonces—
—Silencio.
La voz de Omar cambió todo.
Nos quedamos quietos.
Escuchando.
Un sonido.
Seco.
Irregular.
Como algo… rompiéndose.
Los tres giramos al mismo tiempo.
Y lo vi.
El mismo hombre.
El que había golpeado.
El que debería estar muerto.
Mi respiración se detuvo.
No…
Su cuerpo se movía.
De forma antinatural.
Lenta.
Torpe.
Pero inevitable.
Se estaba levantando.
Un sonido gutural salió de su garganta.
Profundo.
Vacío.
Pensé que lo había matado…
El miedo regresó.
Más fuerte.
Más frío.
El hombre abrió la boca.
Y emitió un ruido.
Alto.
Arrastrado.
Como un llamado.
El sonido no se detuvo.
Se extendió por el pasillo como una vibración viva, arrastrándose por las paredes, filtrándose en el aire…
como si algo invisible lo transportara más allá de lo que podíamos ver.
Y entonces…
algo respondió.
Primero fueron pasos.
Lejanos.
Difusos.
Pero demasiado numerosos para ignorarlos.
Luego se volvieron más claros.
Más rápidos.
Más cercanos.
Sentí cómo el estómago se me hundía.
No estamos solos…
Omar tensó la mirada, observando el fondo del pasillo como si ya supiera lo que venía.
—Corran.
No levantó la voz.
No hizo falta.
El hombre frente a nosotros volvió a emitir ese sonido, más fuerte esta vez, más desgarrado…
como si estuviera llamando a algo que realmente podía escucharlo.
Y entonces aparecieron.
Primero uno.
Luego otro.
Y después… muchos más.
Una multitud.
Mi respiración se detuvo.
No… esto no puede estar pasando…
Corrían hacia nosotros.
Pero no como personas.
Sus movimientos eran erráticos, violentos, torcidos de una forma antinatural.
Sus cuerpos parecían desobedecer cualquier lógica, avanzando con una velocidad desesperada, como animales guiados por un instinto ciego.
La sangre cubría su piel, sus ropas, sus rostros.
—¡Vamos! —Enrique tiró de mi mano, obligándome a reaccionar.
Corrí.
O al menos lo intenté.
Mis piernas se sentían pesadas, como si el miedo se hubiera instalado dentro de mí y me arrastrara hacia atrás.
Pero ellos…
ellos se acercaban.
Cada vez más.
Podía escuchar sus pasos.
Su respiración.
Ese sonido… húmedo… irregular.
Nos van a alcanzar…
—¡No mires atrás! —gritó Enrique.
Pero no pude evitarlo.
Volteé.
Y en ese instante supe que había sido un error.
Sus rostros…
Vacíos.
Sus ojos…
Muertos.
Sus bocas abiertas en una mueca imposible, como si el hambre los estuviera consumiendo desde dentro.
Venían directo hacia mí.
El aire se atoró en mi garganta.
Aceleré, obligando a mi cuerpo a moverse más rápido de lo que creía posible.
Mis pulmones ardían, cada respiración era más corta que la anterior.
—¡Por aquí! —indicó Omar.
Giramos.
Las escaleras de emergencia estaban a solo unos pasos.
Tan cerca…
Y aun así—
tropecé.
El mundo se inclinó.
El suelo me recibió con un golpe seco que me dejó sin aire.
Intenté incorporarme—
pero ya era tarde.
Uno de ellos se lanzó sobre mí.
Su sombra me cubrió.
Su boca abierta descendiendo—
Este es el final.
Pero entonces—
un impacto.
Un sonido seco.
El cuerpo sobre mí se detuvo.
Un cuchillo atravesaba su cráneo.
El peso desapareció.
El tiempo volvió a moverse.
Parpadeé, aturdida, mientras me incorporaba con dificultad.
Y entonces lo vi.
Una figura encapuchada.
Se movía entre ellos con una rapidez imposible, fluida, precisa… como si cada paso estuviera calculado antes de existir.
Se inclinó, tomó el cuchillo incrustado en el cráneo del hombre y lo extrajo con un movimiento limpio.
No dudaba.
No se detenía.
En cada giro, en cada desplazamiento, sus manos encontraban un objetivo.
Ojos.
Puntos débiles.
Lugares exactos.
Dos cuchillos brillaban entre sus dedos.
Y uno a uno… los hacía caer.
Mi mente no podía procesarlo.
—Va a hacer que lo maten… —murmuré, aún sin poder apartar la mirada.
—Más importante —respondió Omar con frialdad—, nos está dando tiempo.
Sentí la mano de Enrique sujetar la mía con urgencia.
—Vamos.
Tiró de mí.
Pero antes de irme—
no pude evitarlo.
—¡Ven con nosotros! —grité hacia la figura—. ¡Subamos las escaleras!
No hubo respuesta.
Ni una mirada.
Nada.
El encapuchado siguió moviéndose entre la multitud, completamente enfocado en lo que hacía… como si nosotros no existiéramos.
Como si su única intención fuera una sola.
Eliminar.
......................
Subimos.
Un escalón tras otro, casi sin sentir las piernas, impulsados únicamente por el miedo que nos respiraba en la nuca.
El eco de nuestros pasos rebotaba en las paredes estrechas de la escalera, mezclándose con gritos lejanos… y otros no tan lejanos.
El segundo piso ya estaba perdido.
Al pasar junto a la puerta entreabierta, alcancé a ver movimiento… cuerpos… sombras que se arrastraban y chocaban entre sí con violencia.
El tercero no era diferente.
Un destello de sangre en la pared.
Un grito ahogado que se cortó demasiado rápido.
No.
Ya no podía seguir llamándolos gente violenta.
Eran otra cosa.
Algo que ya no pertenecía a este mundo.
Muertos.
Seguimos subiendo.
Más rápido.
Más desesperados.
Hasta que—
nos detuvimos en seco.
El paso hacia arriba estaba bloqueado.
Completamente.
Escombros, muebles, estructuras arrancadas… una barrera improvisada que hacía imposible avanzar un solo escalón más.
Sentí cómo el corazón se me hundía.
No…
Solo quedaba una opción.
La puerta del cuarto piso.
Omar se adelantó y la empujó con fuerza.
No cedió.
Intentó de nuevo, esta vez con más presión.
Nada.
Estaba cerrada.
Sellada.
Como si del otro lado hubieran decidido que nadie más debía entrar.
Un silencio pesado cayó sobre nosotros.
Y entonces—
una voz.
Del otro lado de la puerta.
Femenina.
Tensa.
Cargada de miedo.
—¡Si nos encerramos aquí, nadie más podrá llegar a los pisos superiores! ¡Todos morirán, Logan!
Mi respiración se detuvo.
No éramos los únicos.
Otra voz respondió.
Masculina.
Dura.
Cortante.
—¡Cállate! ¡Es el maldito apocalipsis! ¡Es demasiado tarde para salvar a alguien!
Sus palabras golpearon más fuerte que cualquier cosa que hubiera visto hasta ahora.
No era solo el horror allá afuera.
También era esto.
La gente… rompiéndose por dentro.
Tomando decisiones.
Eligiendo quién vive…
y quién no.
Sentí un escalofrío recorrerme lentamente.
Porque en ese momento entendí algo.
No solo estábamos huyendo de los muertos.
También estábamos huyendo de lo que los vivos podían llegar a hacer.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo