La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
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La Sentencia del Lobo
El hospital San Judas olía a una mezcla estéril de desinfectante y desesperación. Para Alexander Thompson, ese olor se convirtió en el perfume de su nueva realidad. Caminaba por el pasillo de la Unidad de Cuidados Intensivos con una elegancia depredadora que hacía que las enfermeras se apartaran a su paso. A sus veintiocho años, Alexander no era solo el jefe de la familia Thompson; era un hombre que había construido un imperio sobre la base del control absoluto. Y ahora, lo único que no podía controlar era el latido irregular del corazón de su hermano menor.
Entró en la habitación privada. El sonido del respirador artificial era lo único que llenaba el vacío. Charly, el chico que siempre tenía una sonrisa brillante y un balón de baloncesto bajo el brazo, estaba reducido a una figura pálida conectada a una docena de cables.
—Señor Thompson —susurró su asistente, Marcus, apareciendo en la puerta—. Los médicos dicen que el impacto causó un trauma craneoencefálico severo. Está en un coma inducido. Solo queda esperar.
Alexander no respondió de inmediato. Sus ojos azules, usualmente fríos como el hielo ártico, ardían con una furia contenida que amenazaba con incinerar el lugar. Se acercó a la cama y tomó la mano inerte de su hermano.
—¿Quién fue, Marcus? —preguntó Alexander. Su voz era un susurro ronco, más peligroso que un grito.
—Encontramos el teléfono en el coche, señor. El último mensaje es claro. Menciona el apellido de la joven .De la Vega.
Alexander apretó los dientes. Los de la Vega. Sabía quiénes eran: una familia de rancio abolengo que se creía dueña de la ciudad.
—Quiero todo sobre ella —ordenó Alexander, soltando la mano de su hermano—. Cada secreto, cada pecado, cada lugar que frecuenta. No quiero justicia, Marcus. Quiero que sientan el mismo vacío que estoy sintiendo yo ahora mismo.
La Hermana Equivocada
Marcus regresó al día siguiente con una carpeta de cuero negro. Alexander no había dormido; se había quedado sentado en el sillón de la clínica, viendo a su hermano luchar por cada bocanada de aire.
—Aquí está la información, señor —dijo Marcus, dejando la carpeta sobre la mesa—. Hay dos hermanas. Cassandra pero de la otra no hay mucho.
Alexander abrió la carpeta. La primera fotografía que apareció fue una de la graduación reciente de la preparatoria. Debido a la broma pesada de Kattya y el hackeo del sistema, los registros que Marcus había obtenido de la base de datos de la escuela estaban alterados. En el sistema oficial de la junta escolar, que aún no había sido actualizado tras la intervención del padre de las chicas, Cassandra aparecía como la estudiante conflictiva que casi pierde el año por "mala conducta y manipulación de registros".
—Cassandra de la Vega —leyó Alexander, fijando su vista en la foto de la hermana mayor.
En la imagen, Cassandra sonreía tímidamente hacia la cámara. Alexander vio esa sonrisa y, en su mente retorcida por el dolor, la interpretó como la burla de una manipuladora experta. No se molestó en mirar la foto de Kattya, que aparecía en la página siguiente bajo un perfil de "estudiante promedio". Sus ojos estaban fijos en el nombre de la mayor.
—Ella es la mayor —dijo Alexander—. Ella fue la que Charly mencionó como "la que se burló de él". Es inteligente, según sus notas, lo que significa que sabe exactamente cómo destruir a un hombre desde adentro. Charly siempre fue blando... ella debió usar esa dulzura que finge en la foto para desarmarlo.
—Señor, hay un detalle —intervino Marcus—. Cassandra acaba de ingresar a la Universidad Central. Se mudó al campus hace una semana. Vive sola en un departamento cercano.
Alexander cerró la carpeta con un golpe seco. Una sonrisa cruel apareció en sus labios.
—Perfecto. Estará lejos de la protección de su padre. Empezaremos allí. No quiero que la toques, Marcus. Quiero ser yo quien la encuentre. Quiero que vea mi rostro mientras le quito todo lo que ama, pieza por pieza.
Dos semanas después, la vida de Cassandra en la universidad era un sueño hecho realidad. Por fin estaba lejos de las intrigas de Kattya y de la atmósfera tóxica de su casa. Se sentía libre. Ese lunes, salía de la facultad de medicina cargada de libros, disfrutando del aire fresco de la tarde.
Mientras caminaba hacia la cafetería del campus, un hombre se interpuso en su camino. No era un estudiante; vestía un traje de tres piezas que gritaba poder y dinero. Su sola presencia parecía absorber la luz del lugar.
—Se te cayó esto —dijo el hombre, extendiendo un bolígrafo de plata que Cassandra ni siquiera sabía que había perdido.
Cassandra levantó la vista y se encontró con unos ojos azules tan profundos que se sintió pequeña.
—Oh, gracias... no me había dado cuenta —dijo ella, sonrojándose levemente.
—Soy Alexander —se presentó él, manteniendo una expresión de cortesía perfecta que ocultaba el odio que le quemaba las entrañas. Al verla de cerca, se sorprendió. Ella no se veía como la "Reina de la escuela" que su hermano había descrito. Se veía... inocente. Es una actuación, se recordó a sí mismo. Es una depredadora con piel de cordero.
—Soy Cassandra. ¿Eres nuevo por aquí? No pareces un estudiante de primer año —dijo ella con una pequeña risa.
—Tengo algunos negocios con el consejo de la universidad —mintió Alexander con fluidez—. Pero me he perdido un poco. ¿Podrías indicarme dónde está la biblioteca principal?
Cassandra, siempre amable y dispuesta a ayudar, sonrió de par en par.
—Claro, voy hacia allá. Te acompaño si quieres.
Alexander caminó a su lado, observando cada uno de sus movimientos. La escuchaba hablar sobre sus clases y su pasión por la medicina. Cada palabra de bondad que salía de la boca de Cassandra era, para Alexander, una capa más de la mentira que él juraba desmantelar.
"Disfruta tu libertad, Cassandra", pensó él mientras la miraba de reojo. "Porque voy a hacer que te enamores de mí, y cuando estés en la cima de tu felicidad, te soltaré para que sientas cómo se rompe el suelo bajo tus pies, tal como lo sintió mi hermano".
Mientras tanto, en la mansión de los de la Vega
Kattya estaba furiosa. Su vida era un infierno. Sin tarjetas, sin auto y con el desprecio evidente de su padre, se pasaba los días planeando cómo recuperar su gloria. No sentía ni un ápice de remordimiento por Charly. Para ella, el accidente de Charly era solo un inconveniente que le había quitado a su "perro faldero" más leal.
—¿Has sabido algo de Charly? —le preguntó una de sus antiguas amigas por teléfono, en un tono lleno de morbo.
—Por favor, no me hables de perdedores —respondió Kattya, limándose las uñas—. Charly Thompson siempre fue un dramático. Si decidió estrellar su auto por un berrinche, no es mi problema. Además, ahora tengo un objetivo más grande. Un tal Alexander Thompson está haciendo preguntas por la ciudad. Dicen que es millonario y soltero.
Kattya sonrió frente al espejo de su habitación.
—Si ese hombre quiere unirse a los de la Vega, yo le daré esa oportunidad. Pero primero... tengo que ver cómo quitar a la tonta de mi hermana del camino, por si acaso se le ocurre fijarse en ella.
Lo que Kattya no sabía es que Alexander ya se había fijado en Cassandra, y que su propia maldad había sellado el destino de la única persona que alguna vez la amó de verdad. La red de mentiras estaba tejida, y el cazador ya estaba dentro del jardín de la víctima.