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Justicia Entre Las Sombras

Justicia Entre Las Sombras

Status: Terminada
Genre:Mafia / Venganza / Romance / Completas
Popularitas:77.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria L C

La noche en que mataron a sus padres, Vanessa de la Vega dejo de ser una niña.
Criada a golpe de disciplina por su abuelo, un hombre con más sangre en las manos que perdón en el alma aprendió que el poder no se mendiga: se arranca. Hoy es la Reina de la mafia. Inteligente, seductora y letal, gobierna un imperio donde la lealtad es todo y la traición se paga con la vida.
Pero la venganza que la sostiene también amenaza con destruirla. Porque en su mundo, las alianzas son frágiles, los enemigos tienen rostros ocultos y el amor es un lujo más peligroso.

NovelToon tiene autorización de Maria L C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

Carlo caminaba con una sonrisa en sus labios. Había algo en su forma de moverse, en ese leve descuido al cruzar la calle, en esa sonrisa que aparecía sin permiso cuando nadie lo miraba. Como si una parte de él se hubiera desprendido de la rutina y ahora flotara, ligera, siguiendo un pensamiento constante que tenía nombre propio.

Vanessa.

Esa tarde, mientras cruzaba el campus con los auriculares puestos pero sin música, y las manos hundidas en los bolsillos, volvió a perderse en ella. No en su imagen superficial, no en lo evidente, sino en esos pequeños detalles que se le quedaron grabados sin querer.

La forma en que bajaba la voz cuando decía algo importante.

Cómo sostenía la mirada, firme, como si desafiara al mundo a no mentirle.

Ese gesto casi invisible cuando algo la incomodaba, pero no lo decía.

—Te estás jodiendo solo —murmuró, sacudiendo la cabeza.

Pero ni eso logró espantar la idea.

Porque no era solo atracción. No era solo curiosidad. Era algo más incómodo, pero bonito. Algo que lo hacía querer acercarse y, al mismo tiempo, le gritaba que se alejara.

—Carlo —escuchó a lo lejos.

Levantó la mirada. Mariana venía hacia él con una sonrisa amplia y una carpeta bajo el brazo.

—Por fin aparecés —dijo ella, parándose frente a él—. Te estuve buscando como media hora.

—Estaba… distraído.

—No me digas —respondió, arqueando una ceja—. ¿Vanessa?

Carlo no contestó de inmediato. Solo la miró, como evaluando si valía la pena mentir.

—Eres demasiado obvio —siguió Mariana—. Hasta Laura se dio cuenta.

—Laura se da cuenta de todo.

—Sí, pero tú no ayudas. —Carlo soltó una risa baja.

—No estoy haciendo nada.

—Claro —replicó ella, con una sonrisa de costado—. Solo la miras como si el resto del mundo fuera ruido blanco.

Caminaron juntos hacia el edificio principal. El murmullo de los estudiantes llenaba el ambiente, pero Carlo apenas lo registraba.

—¿Dónde está? —preguntó, sin poder evitarlo.

Mariana sonrió, triunfante.

—En la biblioteca. Y antes de que digas algo, no, no te voy a llevar de la mano.

—No lo iba a pedir.

—Mentiroso.

Se detuvieron frente a la entrada. Mariana se giró hacia él y se cruzó de brazos.

—Solo… ten cuidado, ¿sí? —Carlo frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

—A que Vanessa no es como las demás. No es un juego, Carlo.

Él sostuvo su mirada un segundo más de lo normal.

—Lo sé. —Y era verdad, lo sabía desde el primer momento.

Vanessa estaba sentada en una de las mesas del fondo, rodeada de libros abiertos, pero sin leer realmente ninguno. Tenía la mirada fija en una página, pero la mente en otra parte.

En él, en Carlo; en la forma en que había dudado antes de hablar.

En ese intento fallido de decir algo importante, en lo que no dijo.

—Te vas a volver loca —susurró para sí.

Cerró el libro con más fuerza de la necesaria.

—Concéntrate —se dijo, respirando hondo.

Pero justo en ese momento sintió esa presencia.

No necesitó levantar la vista de inmediato para saber que era él... Aun así, lo hizo.

Carlo estaba de pie frente a la mesa, con esa expresión entre relajada y nerviosa que parecía no pertenecerle del todo.

—¿Interrumpo? —preguntó.

—Siempre —respondió ella, sin apartar la mirada.

Pero había un brillo distinto en sus ojos.

—Entonces me voy.

—No —dijo rápido, y luego aclaró la voz—. Quédate.

Carlo se sentó frente a ella, apoyando los codos en la mesa.

—¿Qué hacés?

—Intento estudiar.

—¿Intentás?

—Sí. No está funcionando —él sonrió.

—Te entiendo.

—No lo creo.

—¿Por qué?

Vanessa inclinó un poco la cabeza.

—Porque tú pareces demasiado tranquilo para tener problemas de concentración. —Carlo soltó una risa suave.

—No sabes nada de mí.

—Ni tú de mí.

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue… cargado. Como si los dos estuvieran midiendo hasta dónde podían avanzar sin romper algo.

—Ayer —empezó Carlo—… quise decir algo.

Vanessa no parpadeó.

—Lo noté.

—Y no lo hice.

—También lo noté.

Él bajó la mirada un instante y se pasó la mano por la nuca.

—No soy bueno explicando ciertas cosas.

—Entonces no las expliques —respondió ella —solo dimelas.

Carlo levantó la mirada otra vez. Había algo distinto en su expresión ahora. Más serio.

—No soy alguien… fácil de tener cerca.

Vanessa sostuvo su mirada sin titubear.

—Nadie lo es.

—No, yo hablo en serio.

—Yo también.

Él apretó un poco los labios.

—Hay cosas que no puedo contar. No ahora.

—No te las estoy pidiendo.

—Pero están ahí —Vanessa se recostó un poco en la silla.

—Carlo, todos tenemos algo que ocultar. La diferencia es qué hacemos con eso.

—¿Y tú qué haces?

Ella desvió la mirada hacia la ventana.

—Sobrevivo. —La palabra quedó flotando entre ellos.

Carlo la observó con atención. Por primera vez, no como alguien que le atraía, sino como alguien que… entendía.

—Entonces estamos en el mismo equipo —dijo en voz baja.

Vanessa volvió a mirarlo. Y por un instante, muy breve, su máscara se quebró.

—Eso es lo peligroso.

Desde otra mesa, Mariana los observaba con una sonrisa divertida.

Laura, de pie cerca de la entrada, también los miraba, pero su expresión era distinta. Más analítica.

—Se están acercando demasiado —murmuró Laura.

—Era inevitable —respondio Mariana, encogiéndose de hombros—. Era cuestión de tiempo.

—El tiempo no siempre es un aliado.

—Ay, Laura, relajate un poco —dijo Mariana, apoyando el mentón en la mano—. Mirálos. Son adorables.

Laura no respondió. Porque no veía lo mismo.

Veía tensión. Riesgo. Algo que no terminaba de encajar, Y eso no le gustaba.

Los días empezaron a repetirse con una normalidad engañosa.

Clases. Pasillos. Cafetería. Biblioteca. Y entre todo eso, ellos.

Carlo encontraba excusas para acercarse. Vanessa dejaba de poner tantas barreras.

A veces caminaban juntos después de clases.

A veces se quedaban hablando más tiempo del necesario.

A veces el silencio entre ellos decía más que cualquier palabra.

—¿Te acompaño? —preguntó Carlo una tarde.

Vanessa dudó un segundo.

—Solo hasta la entrada.

—Está bien.

Caminaron lado a lado, sin prisa.

—¿Siempre te siguen? —preguntó él, mirando de reojo a los guardaespaldas a cierta distancia.

—Siempre.

—Debe ser… pesado.

—Es lo que hay.

—¿No te molesta?

—Claro que me molesta —respondió ella, girando la cabeza hacia él—. Pero no puedo hacer nada al respecto.

—Siempre hay algo que hacer.

Vanessa soltó una risita.

—Eso lo diría alguien que no vivió así.

—Tal vez.

Se detuvieron frente al edificio.

Los guardaespaldas ya estaban más cerca.

—Hasta acá —dijo ella.

Carlo asintió, pero no se movió.

—Vanessa…

—¿Sí?

Él dudó y ella lo notó.

—Vas a tener que dejar de hacer eso —dijo.

—¿Qué cosa?

—Quedarte a medias. —Carlo sonrió, incómodo.

—Estoy trabajando en eso.

—Apurate.

Vanessa dio un paso atrás.

—Buenas noches, Carlo.

—Buenas noches.

Ella entró. Y él se quedó ahí, un momento más de lo necesario.

Esa noche, Vanessa no pudo dormir. Daba vueltas en la cama, mirando el techo, escuchando el silencio demasiado fuerte.

—Esto es un error —se repitió.

Pero su mente no le obedecía, porque cada vez que intentaba convencerse, aparecía su voz.

Su mirada, su forma de estar cerca sin invadir.

—No lo necesitas —susurró.

Pero tampoco quería negarlo. Había algo en Carlo que la desarmaba. Y eso la asustaba más que cualquier otra cosa.

Al día siguiente, Mariana no perdió la oportunidad.

—Entonces… ¿cuándo es la boda?

Vanessa casi se atraganta con el café.

—¿Qué?

Carlo soltó una carcajada.

—Estás exagerando.

—No estoy exagerando —replicó Mariana—. Solo digo lo que todos vemos.

—Nadie ve nada —dijo Vanessa, seria.

—Ajá.

Mariana los miró a los dos, divertida.

—Se miran raro.

—No es cierto.

—Sí es cierto.

Carlo apoyó la barbilla en la mano.

—¿Raro cómo?

—Como si estuvieran a punto de decir algo importante… y nunca lo hicieran.

El silencio que siguió fue revelador.

Mariana alzó las cejas.

—¿Ven? No me equivoco.

Vanessa puso los ojos en blanco.

—Eres insoportable.

—Pero tengo razón.

Carlo no dijo nada, porque en el fondo, sabía que sí.

Los días siguieron pasando. Y con ellos, la distancia entre Carlo y Vanessa se hacía cada vez más chica.

Pero también más peligrosa, porque no era solo lo que sentían. Era todo lo que no estaban diciendo.

—Si esto se rompe —dijo Carlo una tarde—, no va a ser bonito.

Vanessa lo miró fijo.

—Entonces no lo rompas.

—No depende solo de mí.

—Nada depende de una sola persona. —Él asintió, despacio.

—Eso lo complica todo.

—Siempre lo hace.

Se quedaron en silencio, pero ninguno se movió. Porque, en el fondo, los dos sabían lo mismo ya era demasiado tarde.

Demasiado tarde para fingir que no pasaba nada.

Demasiado tarde para retroceder. Y justo en ese punto, donde todo empezaba a sentirse real… también comenzaba a ser peligroso.

Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a parar.

No cuando, por primera vez en mucho tiempo, algo valía el riesgo.

1
Lupita Garcia Esparza
excelente trabajo escritora felicidades
Maigualida Ramirez
que bueno que mato a todas esas miserables ratas
Maigualida Ramirez
que lindo es Carlos
Maigualida Ramirez
eso sí descansa y no dejes ni una rata viva
Maigualida Ramirez
ella debió ponerle protección a sus amigos
Maigualida Ramirez
que misterio
Maigualida Ramirez
ya tiene al novio y a la amiga
Maigualida Ramirez
yo creo alberti que te va a tocar pagar también por traidor
Maigualida Ramirez
bastante crudo este capitulo pero tiene que ser así no hay de otra
Maigualida Ramirez
así pueden luchar juntos por una misma causa
Maigualida Ramirez
Justicia al fin hablaron ya era hora
Maigualida Ramirez
ella no está comiendo cuentos va por lo seguro
Maigualida Ramirez
aquí lo que reina es la desconfianza y la maldad y nada mas
Maigualida Ramirez
mariana tuvo mucho que ver en esto
Maigualida Ramirez
la Mariana es tremenda siempre les pone un cable a tierra
Maigualida Ramirez
gelatina y hielo juntos que locura el pobrecito Carlos con lo que siente y ella intentando no sentir eso es de locos
Maigualida Ramirez
está trama es un mar
de secretos
Maigualida Ramirez
está novela es puro misterio
Maigualida Ramirez
será Carlos que se está intentando meter a su sistema puede ser
Maigualida Ramirez
no es fácil comenzar otro lugar pero con fé convicción y determinación todo se puede el querer es poder
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