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Casada con el Señor Montero

Casada con el Señor Montero

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Maltrato Emocional / Malentendidos / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio / Completas
Popularitas:119.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Robles

Valentina Rossi sacrificó sus piernas por salvar a Sebastián Montero. A cambio, recibió un anillo de bodas y cinco años de indiferencia.

Mientras ella aprendía a caminar de nuevo, él soñaba con otra mujer. Mientras ella doblaba flores de papel rezando por su abuela enferma, otra se llevó el crédito. Mientras ella construía en silencio su plan de escape, él ni siquiera notó que ella se iba.

Pero Valentina no es una víctima. Es una bailarina que perdió el escenario pero no el fuego. Cuando por fin se va —a las cuatro de la madrugada, con su abuela y una maleta—, no mira atrás. En Europa, reconstruye su vida paso a paso: un nuevo escenario, una nueva compañía de danza, un nombre que el mundo empieza a conocer.

Sebastián no la busca por amor. La busca porque el silencio de la casa vacía le resulta insoportable. Pero cuando descubre la verdad sobre las flores de papel —quién las dobló, quién mintió, y a quién amó durante cinco años por error—, su mundo se derrumba.

Él intentará redimirse. Ella ya no lo necesita.

Y cuando una extraña enfermedad del sueño la arrastra de vuelta al pasado, Valentina descubrirá que hay destinos que ni siquiera el tiempo puede cambiar... y amores que solo se entienden cuando ya es demasiado tarde.

Una pulsera grabada con su nombre. Invisible para todos, excepto para una nieta que aún no ha nacido.

NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13 — Dos frentes

Las semanas que siguieron tuvieron el peso de algo que se acumula sin hacer ruido.

Los lunes, miércoles y viernes, Valentina tomaba el colectivo 39 hasta Villa Crespo y daba clase de ballet en tres departamentos distintos: Lucía, doce años, tímida como un gorrión; Martina, catorce, con la flexibilidad de alguien que nació para esto y la concentración de alguien que todavía no lo sabe; y Clara, once, que no tenía talento pero tenía una alegría al moverse que Valentina envidiaba en silencio. Las madres pagaban en efectivo al final de cada clase. Valentina guardaba los billetes en un sobre blanco dentro del bolsillo interior del abrigo, los contaba en el colectivo de vuelta, y los transfería al cuaderno negro apenas llegaba al vestidor.

Los martes y jueves eran los días del kinesiólogo, del supermercado, de las tareas domésticas que Carmen no cubría. Eran los días en que Valentina convivía con Sebastián en la misma casa sin cruzar más de diez frases, la mayoría logísticas: "¿Hay leche?", "La factura del gas está en la mesa", "Mañana ceno afuera." Sebastián cenaba afuera tres veces por semana. Antes eran dos. Antes de Camila, era una.

Los sábados, Valentina hacía los ejercicios de pierna durante una hora, estudiaba italiano durante dos, y después se sentaba en el piso del vestidor a actualizar el cuaderno negro. La columna de la derecha crecía, pero más lento de lo que necesitaba. Los cien mil de Hernán habían abierto un agujero en las cuentas que las clases todavía no terminaban de cerrar.

Y Hernán no se había quedado quieto.

El primer mensaje llegó cinco días después de la transferencia por Western Union. Un audio de WhatsApp que Valentina escuchó con los auriculares puestos, sentada en el baño con la puerta trabada, porque Hernán Rossi no era el tipo de persona cuya voz podía sonar en un espacio compartido sin generar preguntas.

"Nena, surgió otra cosa. No es mucho. Cincuenta mil. Es para pagar el alquiler de la pensión, que me dieron plazo hasta el jueves. Si no pago me quedo en la calle. Te lo devuelvo el mes que viene, te lo juro por tu madre."

Por tu madre. Hernán juraba por una mujer que lo había dejado cuando Valentina tenía siete años, que se había ido a Santa Fe con un camionero y nunca más había llamado, y que a efectos prácticos era tan real como un personaje de telenovela. Jurar por ella era jurar por nada, y Hernán lo sabía, y Valentina lo sabía, y los dos sabían que el otro lo sabía, pero el ritual se repetía de todos modos, como una obra de teatro que nadie quiere ver pero que sigue en cartel.

Valentina no respondió. No al primer audio. No al segundo, que llegó al día siguiente ("Nena, necesito que me contestes, por favor"). No al tercero, que llegó dos días después con un tono distinto — más seco, más urgente, con el ruido de fondo de una calle que podía ser cualquier calle de la provincia de Buenos Aires.

"Valentina, si no me contestás voy a tener que ir a hablar con tu marido."

La amenaza era predecible. Hernán siempre llegaba ahí: cuando la súplica no funcionaba, quedaba la amenaza.

La imagen le produjo un frío en la nuca. Si Hernán aparecía, vendrían las preguntas. ¿De dónde sacó los cien mil? ¿Por qué tenía un segundo celular?

Un hilo suelto. Un hilo del que Camila pudiera tirar.

Valentina le respondió a Hernán esa noche, con un mensaje de texto seco como un parte médico:

**Vale**: *No vengas a mi casa. Si venís, no te abro y llamo a la policía. Te mando treinta mil mañana. Es lo último.*

**Hernán**: *Gracias nena. Sos la mejor hija del mundo.*

La mejor hija del mundo. Valentina apagó el iPhone y lo guardó en el cajón de la mesita de luz boca abajo. Se acostó. La cama era grande, king size, del tipo que compran las parejas que planean compartir un futuro y que terminan usando como un territorio dividido por una frontera invisible. El lado de Sebastián estaba vacío. No era medianoche; eran las diez. Pero Sebastián no estaba en casa. "Cena con clientes," había dicho por mensaje a las siete. Valentina no le había preguntado con qué clientes ni en qué restaurante ni a qué hora volvía, porque las respuestas a esas preguntas habían dejado de importarle el día que descubrió que la contraseña del departamento era el cumpleaños de otra mujer.

---

El viernes, algo cambió.

Valentina estaba dando la clase de Martina —la alumna de catorce años, la que tenía talento— en el departamento de Villa Crespo cuando el Samsung vibró en el bolsillo del abrigo que había colgado en la percha de la entrada.

Terminó la clase. Cobró. Se despidió de la madre de Martina con la cortesía cálida que reservaba para la gente que la trataba bien. En la vereda, antes de caminar hacia la parada del colectivo, sacó el Samsung.

Un correo de Alejandro.

*Valentina:*

*La carta de invitación está lista. Te la mando adjunta en PDF. Es para presentar en el consulado español con la solicitud de visa de artista. En el documento figuran los datos de la residencia, las fechas, y mi firma como director del programa.*

*Un dato importante: la visa de artista tarda entre cuatro y seis semanas en procesarse. Si querés estar en Madrid para el 8 de febrero (una semana antes de que empiece la residencia), tendrías que presentar la solicitud antes de fin de diciembre.*

*¿Cómo vas con la documentación?*

*Alejandro*

Valentina se sentó en un banco de la plaza de enfrente. Abrió el PDF. La carta de invitación era un documento formal, en español e inglés, con el membrete de la Escuela Internacional de Danza Contemporánea de Madrid y la firma de Alejandro Vidal, Director de Residencias Artísticas. El documento la nombrada a ella — Valentina Rossi, nacionalidad argentina, disciplina danza contemporánea — como artista invitada para la residencia de febrero a abril.

Su nombre. En un documento oficial. Con una firma. Con fechas.

La abstracción se estaba convirtiendo en realidad. Ya no era un plan en un cuaderno negro ni un correo esperanzador ni un video filmado en un living de Villa Crespo. Era un PDF con membrete y firma, el tipo de cosa que se presenta en una ventanilla, que un funcionario lee con cara de aburrimiento, que se sella con tinta, y que se convierte en un pasaporte hacia otro lugar.

Valentina le respondió desde la plaza, con los dedos rígidos por el frío del otoño porteño.

*Alejandro: Recibí la carta. Gracias. Presento la solicitud la semana que viene. La documentación está casi lista — me falta un pasaporte (no el mío). Te aviso cuando tenga la fecha de la cita consular. — V.*

Guardó el Samsung. Se levantó del banco. Caminó hacia la parada del colectivo con el abrigo cerrado hasta el cuello y el sobre blanco con los billetes de la clase de Martina apretado contra el pecho, debajo de la tela.

En la cabeza, las cuentas se reorganizaban. Los cien mil de Hernán. Los treinta mil adicionales. Las clases que daba tres veces por semana. Los artículos que vendía por Mercado Libre. El pasaporte de Abuela Rosa que Doña Marta había confirmado por mensaje ayer: "Salió, mi niña. Lo retiro la semana que viene." La carta de invitación. La cita consular. Fin de diciembre como plazo límite.

Todo encajaba — apretado, sin margen de error, como una coreografía que solo funciona si cada paso cae exactamente donde debe.

Y en el medio de esa coreografía, dos fuerzas que tiraban en dirección contraria: un marido que no la veía y un padre que no la soltaba. Sebastián, que cada noche llegaba más tarde y olía a un perfume que no era el de Valentina. Hernán, que cada semana enviaba un audio más y pedía un poco más y prometía que era la última vez.

Los dos la necesitaban quieta. Los dos la necesitaban predecible. Los dos contaban con que Valentina Rossi hiciera lo que siempre hacía: quedarse.

El colectivo 39 apareció en la esquina. Valentina subió, buscó un asiento junto a la ventana, y miró la ciudad pasar. Buenos Aires de otoño: árboles que perdían hojas, cielos que amenazaban lluvia, gente que caminaba rápido con la cabeza baja.

Dentro de tres meses, si todo salía bien, iba a estar mirando otra ciudad desde otra ventana. Y las dos fuerzas que tiraban de ella — el hielo del marido, el fuego del padre — iban a quedarse tirando de un espacio vacío.

1
Juana Francisca López
yo tampoco la entiendo
Pany Rojas
esta muy tediosa la novela, la verdad, ya me aburrio.
Mari Cruz
🤔😲No entiendo esta novela de pana que no. 😏
Nadia Leonila Borjas Borjas
que largo el viaje para salir con el secuestro que malo
Nadia Leonila Borjas Borjas
la novela no es mala lo mala es la esperas de tanta fechas de viaje de separación de visa y ahora la espera para el viaje
lauritha
no sé supone que el padre es el apostador por el cual la secuestraron y pidieron el rescate? no entiendo. hay muchas inconsistencias en la historia
AnayAlexreyes Falcon
hola autora me gusto mucho tu historia de,casada con el señor montero, pero quiero preguntarte si tambien escribiste la historia de, herida por tu odio, ya que tienen mucha similitud, espero no molestarte, pero tengo curiosidad, felicidades escribes muy bien👏👏👏🥰🥰
Mari Cruz
😏Que aburrido esperando algo interesante y nada 🙄😏
Grciela Calanducci
ufffff.... qué pesada
Dosthy Muñoz
Maravilloso
Dosthy Muñoz
Autora eres una escritora con todas las letras he vivido y sentido está historia, no sé si algún día leas mi comentario, Pero te envidió no con una envidia fea y egoísta sino de la que se mezcla con admiración. Está historia merece sentir el papel. No sé si has logrado publicarla,.espero que si. Para que quienes no tienen acceso a medios digitales. Bendigo el talento que Dios ha puesto en tí.
Mari Cruz
😏Q aburrido 🤔yo sigo esperando algo nuevo y nada. 🙄
Mari Cruz
🤔Y ahora que biene 😏si Sebastián no ama a Valentina. Y tiene una Relación con la cuema de camilla 😡 Q quiere el de Valentina si la ignoro x 5Años. No entiendo deveras🤔😏
Mari Cruz
😡Ese Sebastián sos un perro 😏
Mari Cruz
X Dios yo Valentina le digo llevale te a camilla 🤣🤣🤣
Mari Cruz
😲
Mari Cruz
😏 Yo tenia las esperanzas de Q el Sebastián amara a Valentina 🤔Q clase de serie Ho no vela es esta 🤔 no entiendo esta drama 😏
Bianca Sand0
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣😉
Bianca Sand0
Espero leerlo con ansías 😉😌
Bianca Sand0
Desgraciada
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