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Siempre Te Espere

Siempre Te Espere

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor de la infancia / Pareja destinada
Popularitas:589
Nilai: 5
nombre de autor: sarais

novela juvenil de romance que demuestra que tanto se puede esperar a una persona por amor , también lo que es capaz de hacer una persona por proteger a ser que ama desde la niñez en sus vidas habrá mucho tropiezos y tendrá que salir de ese mundo oscuro para llegar a la persona que siempre la espero

NovelToon tiene autorización de sarais para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que se hereda

El fin de semana llegó con una sensación distinta.

No fue un grito.

No fue una amenaza.

Fue una imagen.

Eric estaba sentado en el suelo, jugando solo otra vez. Callado. Demasiado callado para su edad.

Amber lo observó desde la cocina y algo le dolió en el pecho.

No era solo ella la que estaba viviendo bajo tensión.

Era él su hijo era demasiado callado para su edad y aquie ella sabía que si padre era tranquilo sabía que su hijo no tenía por qué serlo

Había aprendido a no hacer ruido cuando Franco estaba en casa.

Había aprendido a mirar antes de reír.

Había aprendido a quedarse quieto cuando las voces subían de tono.

Y Amber entendió algo que la paralizó:

Lo estaba aislando.

Así como Franco la aislaba a ella y le dolió por qué se dió cuenta que si lo cuidaba tal vez de golpes o malas palabras a hacia el pero algo estaba mal .

—No —susurró para sí misma—. Esto no.

Su hijo no iba a crecer creyendo que el encierro era normal.

Lo vistió sin pensarlo demasiado. Preparó una pequeña bolsa y salió.

Antes de perder la valentía que sintio.

El teléfono vibró antes de que arrancara el auto.

Franco:

¿A dónde vas?

Te dije que el niño no sale sin mí.

No me provoques.

Amber no respondió.

Llegó a casa de sus padres y, al cruzar la puerta, el aire fue distinto.

Risas.

Movimiento.

Vida.

Marian lo recibió con un abrazo que duró más de lo habitual.

Diego observó en silencio, entendiendo que esa visita no era casual.

Amber pasó el día allí.

Comieron juntos.

Eric jugó en el jardín.

Corrió sin miedo y ella sintió paz sabía que su hijo en ese lugar no se sintió amenazando y por primera vez en meses sintió la verdadera felicidad de su hijo y eso le dolió en el fondo.

Pero el teléfono no dejó de vibrar.

Eres una irresponsable.

Te advertí que habría consecuencias.

No me desafíes.

Cada mensaje era más agresivo que el anterior.

Amber sabía leer el patrón.

Sabía que Franco estaba entrando en su peor versión.

Y por eso, cuando el sol empezó a caer, tomó una decisión más difícil que la primera.

Se arrodilló frente a su hijo.

—Te quedas esta noche con los abuelos, ¿sí?

Diego la miró fijo.

—¿Estás segura? Aunque el era el más feliz con esa decisión por qué sentía que no disfrutaba a su nieto .

Ella asintió.

—Sí.

Porque sabía que al llegar a casa, lo que la esperaba no era bueno.

Y no quería que él lo viera.

No quería que absorbiera eso.

__Se que va a estar bien y tiene derecho a estar aquí con ustedes.

salió de la mansión sabiendo lo que pasaría

Cuando entró a la casa, el silencio era pesado.

Franco estaba de pie.

—¿Dónde está el niño? Pregunto y Dio unos paso adelante

—Se quedó con mis padres _ dijo caminando a la habitación pero sintió como el se pocisiono detrás de ella

El golpe no fue inmediato.

Primero vino la incredulidad.

—¿Lo dejaste?

—Sí.

Su respiración cambió.

Te dije que no salía sin mí. ¿Y ahora lo dejas allá?

Amber sostuvo la mirada, aunque el cuerpo le temblaba.

—Necesitaba estar con su familia.

Franco se acercó con pasos duros.

—Yo soy su familia.

La tomó del brazo con fuerza.

—Me desobedeciste.

La empujó contra la pared. Esta vez con más violencia.

—No decides por encima de mí.

Las palabras fueron cuchillas.

Sabes que el no puede salir de aquí le gritó mientras la tomaba del cabello con brusquedad.

La acuso de humillarlo.

De hacerlo quedar como un mal padre.

La sacudió.

No fue solo físico.

Fue psicológico.

Le dijo que sin él no tenía nada y que en cuanto todm el mundo supiera lo del vídeo .

Que nadie le creería.

Que estaba sola.

Amber cerró los ojos un segundo.

Y mientras él descargaba su furia, algo más se formaba en su interior.

El video.

Ese archivo que Franco guardaba.

Ese secreto que nadie conocía.

Esa cadena invisible que la mantenía atada.

Nadie sabe que existe, pensó.

Ni su padre.

Ni su madre.

Ni siquiera Eros.

Y entonces tomó una decisión silenciosa.

Lo iba a encontrar.

No sabía cómo.

No sabía cuándo.

Pero iba a buscar cada rincón, cada dispositivo, cada contraseña.

Iba a romper esa última arma.

Franco la soltó bruscamente.

—Vas mañana temprano por el niño.

Amber no respondió.

Pero por dentro ya no estaba en el mismo lugar.

Había elegido a su hijo.

Y ahora, en secreto, estaba empezando a elegir su libertad.

________

La noche anterior había sido brutal.

Amber apenas había dormido. El brazo le dolía donde Franco la había sujetado y un dolor de cabeza producto de los jalones de cabello y todavía sentía el eco de sus palabras clavadas en la piel.

Pero esa mañana no volvió por Eric.

No de inmediato.

Porque sabía que Franco iría.

sabía que el no esperaría a que ella fuera por el .

Y no se equivocó.

Franco fue solo.

No llamó antes.

No avisó.

Solo llegó.

La puerta de la casa de Diego se abrió y el silencio en la sala cambió de forma.

Allí estaba Eric, sentado en la alfombra… y en el sofá, inclinado hacia él, Eros lo sostenía en brazos.

El niño reía, agarrándole la camisa.

Franco se quedó quieto un segundo.

Demasiado quieto.

¿Por qué tienes a mi hijo en tus brazos?

La pregunta no fue un grito.

Fue peor.

Eros levantó la vista despacio.

No soltó al niño.

—Está jugando.

—Bájalo.

No era una petición.

Eros sostuvo la mirada con calma.

—Para ser tu hijo… no se parece mucho a ti _ dijo si n más ya que no le gustó el tono de franco y ya mucho a hecho con no salir días atrás mientras hablaba con Amber.

Lo dijo con una ironía suave, casi elegante.

Eric tenía los ojos verdes, y todos el que conociera a Eros fácilmente sacaría cuentas

Franco, en cambio, tenía la mirada oscura, dura.

El comentario no era genético.

Era emocional.

Franco dio un paso adelante.

—No te quiero cerca de mi hijo. No tienes derecho a tocarlo.

Eros ladeó la cabeza.

—¿Derecho?

Pausa.

—Tú lo has dicho. Es tu hijo.

Sus labios se curvaron apenas.

—¿Cuál es el miedo? Dijo mirando directamente a franco y con una media sonrisa que sacaría la rabia de cualquiera

La sala se tensó.

Desde el pasillo apareció Diego.

Marian —que había salido de la cocina al escuchar las voces— y al ver la escena supo que tenía que intervenir y miro a Diego y el supo .

—¿Por qué no vino Amber a buscar a Eric? —preguntó Diego con firmeza.

Franco no apartó la vista de Eros.

No tenía que venir ella. Soy su padre. Puedo recogerlo cuando quiera.

Diego lo miró con un odio que no disimuló.

No dijo nada más.

Pero lo estaba midiendo.

Calculando.

Esperando.

Eros finalmente bajó al niño con cuidado.

No por sumisión.

Por estrategia.

Eric corrió hacia Marian, ajeno a la guerra silenciosa.

Franco se inclinó apenas hacia Eros.

—No vuelvas a tocarlo.

Eros sostuvo la mirada verde, firme.

—Entonces compórtate como alguien que no teme que lo toquen.

Fue un golpe directo.

Franco apretó la mandíbula.

Había demasiados testigos.

Demasiadas miradas evaluándolo.

No podía perder el control allí.

Se giró hacia Marían

Puede prepara sus cosas.

Marian sintió el corazón acelerarse.

—Yo lo llevo más tarde—dijo Marian antes ir

—Suegra me disculpa pero es mi hijo .

Diego dio un paso adelante.

—Está bien aquí.

Franco lo miró

—Es mi hijo y ya tiene mucho tiempo fuera no está acostumbrado.

La tensión volvió a subir.

Pero esta vez Franco respiró hondo.

Tomó a Eric en brazos sin pedir permiso.

El niño lo miró serio.

Sin sonrisa.

Sin risa.

—Nos vamos —dijo Franco.

Antes de cruzar la puerta, Eros habló una última vez, sin elevar la voz:

—El miedo siempre delata algo.

Franco no respondió.

Pero su mano se tensó alrededor del niño.

Y todos en esa casa lo notaron.

Diego observó cómo se alejaba con su nieto.

Quería sacar a su hija de esa vida.

Quería hacerlo ya.

Pero seguía esperando el momento exacto.

Porque cuando ese momento llegara…

No habría marcha atrás.

DIego esto tiene que acabar ya dijo intentando no perder el control.

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