Dos salones, un pasillo y un futuro que está a punto de cambiar.
Valeria es la definición de la perfección académica en el 3º A. Con sus apuntes organizados por colores y la mirada fija en su título profesional, no tiene tiempo para distracciones. Para ella, la Escuela Normal es un peldaño más hacia el éxito, un lugar donde cada minuto debe ser aprovechado.
Al otro lado de la pared, en el 3º B, vive Julián. Él no busca las mejores notas, sino los mejores momentos. Relajado, carismático y con la habilidad de encontrar belleza en el caos, Julián cree que la vida sucede en los descansos, no en los libros.
Cuando un choque accidental en el pasillo cruza sus mundos, se desencadena una reacción en cadena que ninguno de los dos puede controlar. Lo que empieza como una curiosidad incómoda se transforma en una serie de encuentros robados bajo la sombra de los almendros y susurros en la biblioteca. Sin embargo, el camino no será fácil: las expectativas sociales, la presión de la graduación y la
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Capítulo 18: La Ecuación del Mañana
La noche terminó de caer sobre la Escuela Normal, pero el ambiente no se enfrió. Las luces del estadio y los faroles del patio central creaban un resplandor dorado que hacía que todo pareciera sacado de un sueño. El festival deportivo había terminado oficialmente, pero para el grupo, la verdadera celebración apenas comenzaba en las mesas de madera cerca de la cafetería, donde el olor a comida callejera y el sonido de las risas llenaban el aire.
—Sigo insistiendo en que mi caída en los 100 metros fue un movimiento de arte conceptual —decía El Chino, mientras devoraba una arepa con todo—. Daniel, ¿registraste el momento exacto del impacto? Porque quiero analizar mi coeficiente de rebote.
Daniel, que finalmente se había quitado los lentes para limpiarlos, soltó una carcajada relajada.
—Chino, lo único que registré fue el sonido de la gente riéndose. Pero oye, al menos saliste en la transmisión en vivo de la escuela. Eres una leyenda local.
Sofía, sentada justo al lado de un Mateo que todavía llevaba el uniforme sudado y la medalla de capitán colgando del cuello, revisaba las fotos en su cámara.
—Miren esta —dijo ella, girando la pantalla—. Es Mateo justo antes del tiro libre. Se nota que estaba mirando a alguien en las gradas para inspirarse.
Mateo se puso rojo como un tomate, pero no apartó la mirada de Sofía.
—Bueno, necesitaba un motivo para no fallar frente a todo el colegio. Y parece que funcionó.
Valeria observaba la escena con una paz que nunca creyó posible. A su izquierda, Valkra estaba sentado en el borde de una mesa, observando el movimiento de la gente con su habitual mirada de guardián, pero esta vez con una expresión mucho más suave. Había cumplido su promesa de cuidar al grupo, y ahora se permitía simplemente ser parte del momento.
—¿En qué piensas, Val? —le preguntó Julián en voz baja, acercándose a su oído.
—En que si alguien me hubiera dicho hace un mes que estaría celebrando un torneo de fútbol con un "demonio", un ninja fallido, un cronometrista nervioso y el chico que siempre se duerme en clase, le habría dicho que sus cálculos estaban mal —respondió ella, sonriendo.
Julián soltó una risa suave y le pasó un vaso de refresco.
—La vida no es una ciencia exacta, Valeria. Por mucho que intentes medir los ángulos, siempre hay una variable que te sorprende.
—Lo sé —dijo ella, mirando la cinta azul que aún llevaba en la muñeca—. Y creo que esa variable eres tú.
El grupo pasó las siguientes horas recordando cada momento del día. El Chino intentó explicar cómo su "técnica de rodamiento" podría aplicarse a otros deportes, mientras Daniel y Sofía discutían sobre cuál había sido el momento más emocionante. Valkra, por su parte, se encargó de espantar a un par de chicos de grados inferiores que intentaban molestar a Daniel, demostrando que aunque el peligro hubiera pasado, él seguía siendo el protector del equipo.
De repente, la música de la escuela cambió a una melodía más lenta. Era la señal de que la jornada estaba terminando. Los estudiantes empezaban a recoger sus cosas y a despedirse, prometiendo verse en el baile de la próxima semana.
—Bueno, señores y señoras —dijo El Chino, levantándose con esfuerzo y estirando su espalda—. El cuerpo del atleta necesita descanso. Daniel, vámonos, que mañana tienes que ayudarme a editar el video de mis "mejores momentos".
—Eso va a ser un video muy corto, Chino —bromeó Daniel, pero se levantó y se despidió de todos con un gesto alegre.
Mateo y Sofía también se despidieron, caminando juntos hacia la salida, hablando en voz baja sobre sus planes para el baile. Valkra se levantó, le dio un apretón de manos a Julián y le hizo un gesto de respeto a Valeria antes de perderse entre las sombras del estacionamiento, donde su moto lo esperaba.
Julián y Valeria se quedaron solos en la mesa. El bullicio se había convertido en un susurro.
—¿Te llevo a casa? —preguntó Julián, ofreciéndole su brazo de manera caballerosa.
—Me encantaría —respondió ella.
Caminaron hacia la salida principal de la Escuela Normal. Al pasar por el tablero de anuncios, Valeria vio los resultados finales del festival. El equipo azul había ganado en ajedrez y en logística, y el equipo de fútbol de Mateo se había llevado el trofeo principal. Pero para ella, los resultados reales no estaban escritos en ningún papel.
—Sabes, Julián —dijo Valeria mientras cruzaban el portón—, mañana tengo que volver a mis informes de geología. Hay un examen importante el lunes.
Julián se detuvo y la miró bajo la luz de la luna.
—Lo sé. Pero ahora sé que cuando te canses de las piedras y los minerales, siempre puedes venir a ver un partido de fútbol o a ver cómo el Chino intenta volar.
Valeria se acercó y, venciendo su timidez, le dio un beso rápido en la mejilla.
—No creo que necesite una excusa para buscarte, Julián.
El Capítulo 18 cerraba con los dos caminando por las calles tranquilas de Riohacha, bajo un cielo estrellado que parecía celebrar que, en una pequeña escuela del Caribe, una genio y un artista habían encontrado el punto de equilibrio perfecto. El festival deportivo había sido el inicio de algo nuevo, una historia de amor que apenas empezaba a escribir su prólogo.