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Aprisionada Por El Don

Aprisionada Por El Don

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Maltrato Emocional / Amor-odio / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:221
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

Después de la trágica e inesperada muerte de sus padres, Vitório Lombardi dejó de creer en la redención.
Criado por el dolor y moldeado por el odio, hizo una sola promesa: venganza.
Forjado en las sombras del poder, Vitório se convirtió en un hombre frío, implacable y peligroso.
Nada lo detiene.
Nadie está a salvo.
Su plan está perfectamente calculado.
Hasta que Natália cruza su camino.
Dulce, delicada y completamente ajena al mundo oscuro que él construyó, debería ser solo una pieza más en su juego.
Pero Natália despierta algo que Vitório creía muerto: sentimientos que amenazan con derrumbar todo lo que planeó.
Entre deseo y destrucción, pasión y venganza, Vitório tendrá que elegir:
seguir hasta el final, cueste lo que cueste…
o arriesgar su propio corazón.
Porque cuando un hombre está aprisionado por el odio, amar puede ser el precio más alto que se puede pagar.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Natália

Observo a Vitório salir apresuradamente, el paso duro, el rostro cerrado. Por un instante, realmente pensé que hoy se quedaría en casa. Que el almuerzo sería el comienzo de algo… diferente.

Últimamente siempre es así. Llega de madrugada, cuando la casa ya está en silencio, y sale antes incluso de que yo me despierte. A veces solo percibo que él estuvo allí por el olor dejado en el cuarto, por la cama levemente hundida del otro lado.

Isabela intenta romper el clima.

—Él ya regresa — dice, en un tono leve, casi bromeando. — Vitório nunca desaparece por mucho tiempo.

Fuerzo una sonrisa. Asiento, como si creyera plenamente en eso.

—Sí… lo sé.

Pero por dentro, siento ese vacío conocido abrirse otra vez. Intento disimular, continuar la conversación, volver la atención a la mesa, al jardín allá afuera. Hago de todo para no admitir que la ausencia de él me afecta más de lo que me gustaría.

Porque admitir eso…

Sería admitir cuánto Vitório ya ocupa un espacio peligroso de más dentro de mí.

El día pasa arrastrándose, lento de más para mi gusto. Cada hora parece mayor que la anterior, como si el tiempo supiera exactamente dónde apretar. Intento ocuparme, ayudo a Isabela en la cocina, caminar por el jardín, leer algo… nada atrapa mi atención por mucho tiempo.

Al final de la tarde, Helena aparece animada, jalándome de la mano.

—Ven, te voy a enseñar a tocar piano.

Acepto más para complacerla que por confianza en mí misma. Nos sentamos lado a lado en el banco, delante del piano enorme, imponente de más para alguien como yo. Helena se acomoda, postura perfecta, dedos leves. Cuando ella toca, la música sale fácil, bonita, como si siempre hubiera existido.

—¿Ves? Es simple — dice ella, sonriendo.

Mi turno.

Coloco los dedos en las teclas y todo sale mal. Me equivoco en el tiempo, confundo las notas, aprieto fuerte de más. El sonido sale torcido, casi sufrido.

Helena intenta aguantar la risa.

—Natália… eres un desastre.

Acabo riendo también, a pesar de mí.

—Un desastre completo — concuerdo, levantando las manos en rendición.

Ella toca de nuevo, paciente, intentando guiarme. Yo me equivoco otra vez. La música se pierde, pero la risa se queda. Y, por algunos minutos, entre notas equivocadas y dedos torpes, consigo olvidar el peso del día.

Aun siendo un desastre, es bueno no estar sola.

Helena es dulce de más. Toca el piano con una naturalidad que emociona, como si las teclas respondieran al toque de ella por cariño. Cada nota sale limpia, perfecta, llenando el salón con una calma que yo no sentía hacía días. Ella ni percibe lo buena que es. Apenas es.

Me quedo en silencio, observando.

Mientras ella toca, mi mente divaga. De aquí a algunos años ella será dada en matrimonio a la mafia Rusa.

Pienso en mi hermano.

Nikolai ya ha sufrido de más. Cargó dolores que no eran de él, responsabilidades demasiado pronto. Ahora carga un nombre, un poder que cobra más de lo que da. Él merece a alguien como Helena. Alguien dulce, entera, que aún sepa tocar música sin que el mundo la haya quebrado.

La música termina. Helena me mira, orgullosa, buscando aprobación.

—Quedó bonito, ¿verdad? — pregunta ella.

Sonrío, sincera.

—Quedó lindo.

Y, en aquel instante, hago una oración silenciosa: Que la dulzura de ella sea lo suficientemente fuerte para sobrevivir al mundo que insiste en engullir todo alrededor.

Despierto en medio de la madrugada con el cuarto oscuro y silencioso de más. Extiendo la mano hacia el otro lado de la cama por hábito… vacío. Vitório aún no ha llegado.

El pecho aprieta.

Pienso en llamar. El celular está allí, al alcance de los dedos. Bastaría un toque. Pero cambio de idea en el mismo instante. No quiero parecer débil. No quiero implorar por atención.

Me levanto en silencio y camino hasta el balcón. La noche está fresca. Los jardines allá abajo están inmóviles, iluminados por luces suaves. Me quedo allí, respirando hondo, intentando calmar la confusión dentro de mí. Intentando no pensar en lo peor.

Es cuando oigo la puerta del cuarto abrirse.

Giro despacio.

Es Vitório.

Él entra sin decir nada, cansado, el saco abierto… y entonces el olor me alcanza. No es el perfume de él. Es otro. Femenino. Dulce de más. Extraño de más.

Mi corazón se parte en el mismo instante.

Todo encaja rápido de más. Las llegadas tarde de más. Las salidas antes del amanecer. Él no está trabajando. Él tiene otra.

Siento los ojos quemar, pero no consigo contenerme. Camino hasta él con pasos firmes, el dolor volviéndose rabia.

—La próxima vez que me vayas a traicionar — digo, la voz baja, cortante — báñate antes de llegar a casa.

Él me encara, sorprendido.

Doy un paso más, tragando el nudo en la garganta.

—El olor de la puta aún está emanando en ti.

Vitório se ríe. No es burla. Es corto, bajo, casi incrédulo.

Antes de que yo consiga reaccionar, él se aproxima y pega el cuerpo al mío. Siento el calor, la presencia entera de él engulléndome. Mi corazón se dispara, confuso de más para acompañar a la cabeza.

—Solo puedes estar bromeando, ¿verdad? — dice él, la voz ronca.

Vitório se inclina un poco más y suelta la respiración bien cerca de mi rostro, como si quisiera que yo sintiera cada palabra.

—No follo hace dos semanas.

Mis defensas vacilan.

—Estoy con olor a puta porque tuve que separar una pelea en un club nocturno. Solo eso.

Él hace una pausa mínima, corta lo suficiente para que yo casi no respire.

—Pero confieso… — continúa — me gusta saber que mi esposa es celosa.

Antes de que yo consiga responder, la mano de él sube y se cierra en mis cabellos, en la nuca, firme lo bastante para obligarme a levantar el rostro. No duele. Pero es intenso. Inevitable. Él me fuerza a encarar.

Nuestros ojos se encuentran.

Y allí yo veo todo.

Veo la verdad, cruda, sin ensayo. Veo el deseo, oscuro, contenido, peligroso. Veo el hombre que miente para el mundo entero… menos cuando me mira de ese modo.

Mi rabia vacila. Mi corazón aún duele. Pero mi cuerpo reconoce al de él antes incluso de que yo quiera.

Y en aquel segundo, presa por la mirada y por la mano de él, yo entiendo lo perdida que estoy

porque incluso herida, incluso confusa,

es imposible fingir que no siento exactamente el mismo fuego que arde en los ojos de Vitório.

Vitório no me da tiempo de reaccionar.

Él me jala de una vez y me besa.

No es un beso calmo, ni contenido. Es ardiente, urgente, cargado de todo lo que quedó preso en esas semanas de silencio, rabia y deseo mal resuelto. Los labios de él presionan los míos con fuerza, como si quisiera callar cualquier duda que aún exista.

Por un segundo yo resisto, más por orgullo que por falta de voluntad.

Pero mi cuerpo traiciona a la cabeza.

Mis manos suben solas, sujetan la camisa de él, sintiendo el pecho subir y bajar rápido. El beso profundiza, caliente, intenso, y yo siento el sabor de él, siento la verdad que vi en los ojos ahora confirmada en el toque.

Mi corazón aún duele.

Mi cabeza aún está confusa.

Pero allí, en aquel beso, no existe traición, ni desconfianza, ni distancia.

Solo nosotros dos.

Colisionando otra vez.

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~°•CITO•°~
Me encantó! Es perfecta la historia❤✨
~°•CITO•°~
habrá historia de selene y nikolai? 🥰
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