Dieciocho años han pasado desde que un collar de luna y un león de ónix sellaron un destino en la terraza de la Torre Vane. Lo que comenzó como una conexión infantil en medio de una guerra de mafias, se ha transformado en algo mucho más oscuro y complejo.
Aria Vane ya no es la bebé que buscaba refugio en los brazos de Eithan Smirnov. Ahora es una mujer con la inteligencia gélida de su padre, Killian, y la belleza indomable de su madre, Elara. Pero para Eithan, el heredero de la Bratva italiana, ella sigue siendo su única prioridad, su "Luna". Y el León está listo para reclamar su trono.
Tercera parte de:
__Mis hijos hackearon al CEO
__Heredero del pecado
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Capítulo 12: Lodo, Orgullo y la Caída del Conde
El sol empezaba a asomar por el horizonte, tiñendo el Caribe de tonos violetas y dorados. Ethan y Aria regresaron a la mansión caminando por la playa, con el cabello desordenado por el salitre y una calma en el rostro que gritaba victoria. Él llevaba su camisa de lino abierta y ella caminaba descalza, con sus tacones en la mano y la chaqueta de Ethan sobre los hombros.
Sin embargo, la paz se terminó al llegar a la entrada principal.
Killian Vane los esperaba sentado en un escalón de piedra. Estaba cubierto de lodo seco de pies a cabeza, con una rama de palmera todavía enganchada en su pantalón y una mirada que prometía el apocalipsis. A su lado, Leo intentaba morderse el labio para no estallar de risa, mientras Damián disfrutaba de un habano con una calma exasperante.
—Vaya, vaya... —dijo Killian, su voz era un susurro gélido—. Miren quiénes han decidido honrarnos con su presencia después de su "patrullaje" de diez horas.
—Papá, estás... sucio —dijo Aria, tratando de mantener la compostura.
—¡Estoy enlodado porque estuve buscando a mi hija por toda la selva mientras ella estaba "patrullando" la arena con este animal! —rugió Killian, levantándose y señalando a Ethan—. ¡Smirnov, te dije que si escuchaba un ruido sospechoso estabas muerto! ¡Y pasé toda la noche escuchando el silencio más sospechoso de mi vida!
Ethan dio un paso al frente, protegiendo a Aria con su cuerpo por puro instinto, y miró a su suegro con una sonrisa que no llegó a sus ojos, pero que rebosaba de una nueva confianza.
—Killian, puedes bañarte o puedes seguir gritando. Pero nada de lo que digas va a cambiar el hecho de que Aria está a salvo. Y feliz.
—¡No hables de felicidad, hables de distancia! —exclamó Killian.
—¡Basta, Killian! —intervino Elara, apareciendo con una toalla—. Ve a lavarte. Pareces un jabalí enojado. Los chicos están bien. Ahora tenemos trabajo que hacer.
Mientras Killian se retiraba refunfuñando promesas de venganza, la familia se reunió en el despacho principal de la mansión, donde Lorenzo Cavalli estaba atado a una silla de oficina, rodeado por la tecnología de los gemelos.
Lorenzo ya no era el hombre arrogante de las rosas. Tenía el rostro pálido y temblaba cada vez que Dimitri se acercaba con sus herramientas de precisión.
—Lorenzo, vamos a saltarnos la parte donde me ruegas por tu vida —dijo Aria, sentándose frente a él con una elegancia letal—. Mi hermano Evans encontró algo en tu servidor. Un archivo llamado "Proyecto Eclipse Original". ¿Qué es?
Lorenzo guardó silencio, mirando hacia el suelo. Ethan se acercó por detrás y le puso una mano pesada en el hombro, apretando justo en el nervio.
—Contesta a mi Luna, Lorenzo —susurró Ethan en su oído—. O dejaré que el tío Dimitri te enseñe por qué le llaman "El Carnicero de los Urales".
—Es... es una herencia —balbuceó Lorenzo—. Mi abuelo... él no quería solo las rutas comerciales. Él creía que los Vane y los Smirnov tenían una deuda de sangre con los Cavalli desde la guerra. El Proyecto Eclipse era un plan para sabotear sus sistemas de comunicación y hacer que se mataran entre ustedes.
—¿Y qué hay de la mujer que mencionaba el diario de Helena? —preguntó Edans, analizando las micro-expresiones de Lorenzo—. Dijiste que la unión del León y la Luna ya se había intentado.
—Fue hace cien años —confesó Lorenzo, con lágrimas de pánico—. Una Smirnov y un antepasado de los Vane. Mi familia los separó... y los eliminó. Pensamos que si hacíamos lo mismo con Ethan y Aria, el poder de sus familias se desmoronaría por la guerra civil entre Killian y Damián.
Desde la esquina, Evans y Edans intercambiaron una mirada de asombro. Pero el momento serio fue interrumpido por Vera y Nadia, que habían entrado sigilosamente.
—¡Ves, te lo dije! —gritó Vera, dándole un codazo a Edans—. ¡Era una historia de amor trágica! ¡Lorenzo es solo un envidioso porque nadie le regala rosas a él!
—¡Callate, Vera! —susurró Nadia—. ¡Estamos en medio de una confesión de mafia!
—¡Me da igual! —Vera se acercó a Lorenzo y le dio un golpe en la cabeza con su abanico—. ¡Eso es por enviarle flores a Aria! ¡Y esto... —le dio otro golpe— es por hacer que Edans no me preste atención en toda la noche!
—¡Vera, suéltalo! —exclamó Evans, tratando de apartarla—. ¡Es un prisionero de guerra, no un saco de boxeo!
Evans volvió a su pantalla, tecleando furiosamente.
—Hay más, familia —dijo Evans, su voz volviéndose seria—. Lorenzo no trabajaba solo. Hay una cuenta vinculada a un banco en Suiza que sigue activa. Alguien recibió un pago masivo hace apenas una hora.
—¿Quién? —preguntó Damián Smirnov, su mano buscando su arma.
—No es un nombre —respondió Evans, palideciendo—. Es una dirección en Nueva York. La antigua mansión de los Forrest.
El silencio que cayó en la habitación fue total. Killian, que acababa de regresar ya limpio y con ropa nueva, se tensó tanto que sus nudillos se volvieron blancos.
—Los Forrest están muertos —dijo Killian—. Yo mismo me encargué de eso.
—Parece que alguien sobrevivió, papá —dijo Aria, mirando a Ethan—. Y parece que Lorenzo era solo el peón de alguien que conoce nuestra historia mejor que nosotros mismos.
Ethan tomó la mano de Aria, apretándola con fuerza.
—No importa quién sea —sentenció el León—. Ya destruimos a los Cavalli. Si hay un Forrest vivo, lo único que ha hecho es comprarse un boleto directo al infierno.