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Error 44

Error 44

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Amor prohibido
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es de la Dea se infiltra en la mafia para buscar un arma química llamada Error 44 Pero nada será tan fácil, la corrupción la mafia y el jefe mafioso obsesionado con ella

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Capitulo 4

A la mañana siguiente, el sol entraba a rachas por las persianas del consultorio improvisado. Renata ahora Cielo había llegado temprano, como cada día. Ordenó las gasas. Revisó el instrumental. Colocó una sábana limpia sobre la camilla. El reloj marcaba las siete y cincuenta y ocho cuando la puerta se abrió sin que llamaran.

Sloan entró como quien entra a su casa. Como quien entra a un reino que le pertenece. Pero había algo diferente en él aquella mañana. Algo que Cielo percibió antes de que pronunciara una sola palabra.

Ya no era el hombre herido y derrotado de la noche anterior. Ahora vestía una camisa negra de algodón italiano, abierta en los dos primeros botones. El cabello, cuidadosamente peinado hacia atrás. Y en sus ojos, una luz nueva. Una luz que Cielo reconoció de inmediato porque la había visto en los expedientes de las agentes desaparecidas.

Seducción.

—Hola, preciosa —dijo Sloan, recostándose en el marco de la puerta con una elegancia estudiada.

Su voz era distinta. Más grave. Más lenta. Como un gato que ronronea antes de arañar. El aura que lo envolvía aquella mañana era la misma que había cautivado a todas las que renunciaron. La misma que las había llevado a creer que podían amar a un monstruo.

Renata no levantó la vista de la bandeja de instrumental.

—Buenos días, jefe —respondió.

Corta. Seca. Cortante como una hoja de afeitar.

No hubo en su tono ni un gramo de calidez. Ni una pizca de interés. Ni el más mínimo temblor que delatara que la presencia de aquel hombre le afectaba en algo.

Sloan parpadeó. Una vez. Dos veces. Como si hubiera recibido un golpe inesperado.

—He venido por el cambio de vendaje —dijo, enderezándose y avanzando hacia la camilla.

—Siéntese —ordenó Renata señalando el borde de la camilla con un gesto seco.

Sloan obedeció. Pero no apartó los ojos de ella. Mientras Renata tomaba las gasas limpias y el antiséptico, él la devoraba con la mirada. Observaba cada uno de sus movimientos. La forma en que sus dedos enguantados cortaban la gasa con precisión quirúrgica. La forma en que su respiración no se alteraba aunque él estuviera a apenas un metro de distancia. La forma en que su nuca, blanca y tersa, permanecía inclinada sobre el trabajo, ignorándolo.

Renata sentía su mirada. Como una mano invisible recorriéndole la espalda. Como un cuchillo apoyado en la nuca. Pero no se inmutó. No se volvió. No le dio el placer de verla temblar.

—¿Siempre eres así? —preguntó Sloan, y esta vez su voz había perdido parte de la seducción. Algo de fastidio se filtraba entre las palabras, como veneno entre las grietas.

Ella no respondió de inmediato. Mojó una gasa en antiséptico y comenzó a limpiar los bordes de la herida. Los puntos seguían firmes. La inflamación había bajado.

—¿Así cómo? —preguntó al fin, sin levantar la vista.

—Así —dijo Sloan, y su tono era el de un niño mimado al que le han negado un juguete—. Tan indiferente. Tan lejana. Como si nada de lo que te rodea te importara.

Renata detuvo la mano. Solo un segundo. Luego continuó limpiando.

—Soy una persona racional, honestamente —dijo, y su voz fue un muro de piedra—. Estoy aquí para hacer mi trabajo. No para hacer amigos. No para impresionar a nadie. Y ciertamente no para alimentar egos.

Sloan apretó la mandíbula. Se le marcaron los músculos de la cara.

—¿No sientes? —preguntó, y la pregunta flotó en el aire como un cuchillo.

Renata levantó la vista entonces. Lo miró directo a los ojos. Los mismos ojos que la habían mirado con odio la noche anterior. Los mismos que ahora la miraban con un deseo mal disimulado.

—Si —dijo, y su voz era hielo—. A veces siento.

Sloan se inclinó ligeramente hacia ella. Una victoria anticipada.

—¿Qué sientes?

—Mucho fastidio —respondió Renata—. Por las personas.

Y le clavó la mirada.

No fue un gesto sutil. No fue una indirecta. Fue un puñetazo verbal directo a la mandíbula. El mensaje era claro: tú incluido, especialmente tú, más que nadie, tú.

Sloan se puso de pie de un salto. La camilla chirrió bajo su peso. Su rostro, antes seductor, ahora era una máscara de furia contenida.

—Insolente —siseó, y su voz vibraba con una ira que apenas podía controlar—. ¿No sabes que podría acabar contigo con solo chasquear los dedos?

El consultorio se encogió. El aire se volvió denso, irrespirable. Renata sintió el peligro, sí. Lo sintió en cada poro de su piel. Pero no retrocedió. No bajó la mirada. No dejó caer la gasa ensangrentada que sostenía entre los dedos.

—Lo sé —dijo, y su voz fue tan tranquila como si estuviera pidiendo la hora—. Y no me importa. De todas maneras, algún día vamos a morir. Todos. Usted, yo, Vargas, el médico que está de vacaciones en Cancún. Si quiere matarme, máteme. No voy a rogarle. No voy a llorar. No voy a darle el espectáculo que busca.

El silencio que siguió fue eterno. Sloan la miró como si viera un fantasma. Como si delante de él no hubiera una mujer, sino un fenómeno imposible, una ecuación sin solución, un error en la matrix de su mundo perfectamente controlado.

Renata sostuvo su mirada sin pestañear. Luego, como si nada hubiera pasado, tomó el rollo de gasa limpia.

—Ahora quédese quieto —dijo, señalando la camilla— y déjeme hacer mi trabajo en paz.

Y Sloan, el hombre que había matado por menos que eso, el hombre que tenía un ejército a sus pies, el hombre que nunca, jamás, en toda su vida, había recibido una orden sin responder con sangre…

Se sentó.

En silencio.

Como un perro castigado.

Renata se acercó y comenzó a vendarle la herida con la misma parsimonia con la que una madre vendaría la rodilla de un niño. Ni una palabra más. Ni una mirada más. Solo el roce de la gasa contra la piel y el sonido de la respiración de Sloan, que poco a poco volvía a su cauce.

Cuando terminó, dio un paso atrás.

—Listo —dijo—. En cuarenta y ocho horas vuelvo a revisarlo. Si nota fiebre, enrojecimiento o supuración, avise.

Sloan se puso de pie. La miró. Quiso decir algo. Quiso amenazarla. Quiso poseerla. Quiso matarla. Quiso todo y nada al mismo tiempo.

Pero solo atinó a decir:

—Cielo…

Ella ya estaba de espaldas, ordenando el instrumental.

—La puerta está a su izquierda, jefe —dijo sin volverse.

Sloan apretó los puños. Sus nudillos se volvieron blancos. Dio media vuelta y salió del consultorio como una exhalación.

Pero en el pasillo, antes de doblar la esquina, se detuvo.

Respiró hondo. Tres veces.

Y sonrió.

No era una sonrisa de triunfo. No era una sonrisa de deseo.

Era la sonrisa de un hombre que, por primera vez en su vida, había encontrado a alguien que no podía comprar, no podía doblegar, no podía poseer.

Y eso, para Sloan, era más adictivo que cualquier droga, más peligroso que cualquier arma, más letal que el propio Error 44.

—Qué interesante —murmuró para sí mismo, y se perdió en el corredor.

Adentro, Renata soltó el aire que había estado conteniendo. Sus manos, por primera vez, temblaron.

Pero solo por un segundo.

Luego volvió a ser la misma de siempre. Fría. Calculadora. Inalcanzable.

Un día a la vez, se dijo. Un día a la vez.

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Tere Roque 🇨🇺
claro Renata xq x algo el refrán "" el amor 💘 es la fuerza k mueve la tierra 🌎 y k todo lo puede"" ❤️❤️❤️❤️💛💛💛💛💜💜💜💜💚💚💚💚
la potaxia 63
🥰🥰
la potaxia 63
/Frown//Frown/
Tere Roque 🇨🇺
CLARO """ÉSOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO LOOOOO SABE LA BLIBLIA ""
Tere Roque 🇨🇺
🤣🤣🤣🤣SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ
Tere Roque 🇨🇺
🤣🤣🤣🤣 nada k tuvo lo k kería y a kien desdaba desde siempre, a su niña antes y ahora mujer Renata y cm dice el refrán ""el amor 💘 es la fuerza k mueve la tierra 🌎 y k todo lo puede ""🤣🤣🤣
Tere Roque 🇨🇺
❤️❤️❤️❤️💛💛💛💛WAOOOOOOO 🔥 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ
Tere Roque 🇨🇺
fuete y claro 👍🏻 sin miedo 😨 al éxito ❤️❤️❤️
Tere Roque 🇨🇺
x algo el amor 💘 es la fuerza k mueve la tierra 🌎 y k todo lo puede 🤣🤣🤣❤️❤️❤️❤️🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺: 🤣🤣🤣🤣🤣
total 2 replies
Tere Roque 🇨🇺
❤️❤️❤️❤️❤️WAOOOOOOO 🤣 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
Renata trankila k x imprudente te puede costar la vida 💛 o k el plan de la DEA pa'l ""error 44"" kde sin solución y sin resolver 🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
😬😬😬😬 uyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy k será lo k pasará ahora con ell@s 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
🔥🔥🔥🔥🔥 y ahora k arda 🔥 Troya y lo k tenga k arder 🔥 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Tere Roque 🇨🇺
EPALE xq tb tú Renata-Cielo lo reconocistes a él cm mismo él te reconoció sólo k el mandó a investigarte 1ro y x éso llegó a tí mientras tú lo recordaste siempre lo conociste en todo mmto 😬😬😬🤣🤣🤣🤣🔥🔥🔥💕💚💘
Tere Roque 🇨🇺
hayyyyyyyyyy k tierno y lindo mmto n recuerdo duro 🔥 pa' él pr tb hermoso 💚 💕 🔥💘
Tere Roque 🇨🇺: sííííííííííí ya lo leí, y de verdad 👍🏻 me encanta 💖 la novela nuevamente gracias x ✍️ y compartirlas con nostr@s 💕💚❤️
total 2 replies
Tere Roque 🇨🇺
mira tú 🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
WAOOOOOOO EPALE vaya promesa 🔥🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
debe ser 1 amor 💘 bonito tb en su mundo 🌎
Tere Roque 🇨🇺
¿¿¿ Será????🤭🤭🤭🤣🤣🤣🔥🔥🔥😬😬😬
Bunny 🐇: 🤣 es que si la descubre no dirá nada porque no quiere que le hagan daño a su cuchurumina jajajaj 🤭
total 1 replies
Tere Roque 🇨🇺
WAOOOOOOO HASTA AHORA ENCUENTRO SÚPER BUENA LA NOVELA SON 🤏🏻 CAP PR SIEMPRE EL K CAP K SIGUE ESTÁ MEJOR K EL ANTERIOR ASÍ K YO SEGUIRÉ LEYENDO Y EN ESPERA DE LAS ACTUALIZACIONES
Tere Roque 🇨🇺: x nada y a ml me está encantando leerla
total 2 replies
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