A los once años, Rutila Pavlov desapareció cuando su familia perdió todo. Hoy, Moscú tiembla ante "Miss Diablo" – una asesina invisible que azota la mafia.
Para vengarse, se casa con Xavier Orlov, el capo más temido de Rusia, obligado a cumplir una extraña voluntad familiar.
Nadie sabe que la esposa de Xavier es la asesina que todos buscan. Cuando él descubre la verdad, el amor podría ser su mayor peligro... o su única salvación.
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¿Eres Casada?
Los días siguientes transcurrieron bajo una calma tensa, de esas que gritan peligro y, una de esas que precede a las tormentas más devastadoras... Ruth no había vuelto a su casa, convirtiendo su ausencia en un grito silencioso que retumbaba en cada rincón, y más en Xavier, Federick, fiel como una sombra y hermético como una tumba, como simpre sería con Ruth, cumplía con ir a visitar a Iván, limitándose a darle a Xavier solo la información estrictamente necesaria, o más bien la que Ruth le ordenó decir, ni una palabra más, ni una palabra menos...
—¡Ya basta, Federick!, dime dónde está o con quién —exigió Xavier una vez más, deteniedolo en el pasillo, de la mansión, la frustración empezaba a agrietar su máscara de control, estaba a punto de estallar.
Federick lo miró con esa seriedad gélida que tenia para los que no consideraba cercanos, y Xavier aún no formaba parte de esos, aunque fuera el esposo de Ruth, no se inmutó ante la mirada de Xavier o el poder que tenía...
—Ya te lo he dicho, que no lo se, ese día que se fue, solo dijo que tenía un asunto pendiente y que debía arreglarlo sola, que ella avisaría si necesitaba que fuera apoyarla —respondió Federick, manteniendo el tono serio que siempre usaba cuando intentaba querer saber de más y el no planeaba decir más...
—¿Cómo es posible que se haya ido sin escolta? ¿Sola?, de verdad, no lo entiendo —preguntó Xavier, entre la curiosidad y una punzada de algo que se parecía peligrosamente a la preocupación, o tal vez eran celos y no planeaba admitirlos...
Federick dejó escapar una media sonrisa, casi imperceptible, pero Xavier logró verla
—Xavier, deberías empezar a entender quién es tu esposa, cuando Ruth dice que solucionará un asunto por su cuenta, lo hace, ya sea una entrega, una negociación o un ajuste de cuentas, ella no necesita que nadie le cuide la espalda, ella es quien cuida las espaldas de toda su gente, por eso tiene el respeto de todos los que trabajamos bajo su mando, no lo olvides Xavier .
Xavier soltó un suspiro cargado de cansancio, se pasó una mano por el rostro, sintiéndose como un extraño en su propio matrimonio, no sabía que hacer, ni como entender a su esposa
—Esto es una estupidez. ¿Por qué huye de este problema? ¿Por qué se niega a hablar conmigo sobre lo de Olivia?
Federick se detuvo y lo miró fijamente, con la sabiduría de quien ha visto a Ruth crecer entre lobos, desde muuy niña, y jamás a bajado la cabeza, no cualquiera conocía su lado noble, pero tampoco conocían su lado oscuro, al menos no todos
—Ruth jamás huye de sus problemas, Xavier, ella los aplasta, oero para ella, una amante que se siente especial por un embarazo no es un problema para ella, es solo un mosquito, Olivia no llega a ser ni una piedra en su zapato, créeme, en el mundo de Ruth, a los mosquitos simplemente se les pisa sin mirar atrás, creeme que si Ruth quisiera Olivia ya no existiera en esta planeta, ella debería agradrecer que para tu esposa, los indefensos no se tocan y ese bebé le está salvando la vida a esa mujer... Tengo trabajo que hacer, con permiso Xavier
Xavier se quedó solo en el pasillo, analizando cada palabra, seguía sin entender con quién se había casado, Ruth era un enigma y misterio envuelto en seda y pólvora, un misterio con unos ojos que hipnotizaban tanto como podían destruir, a quien creyera que era débil solo por ser mujer, con la mente hecha un caos, tomó sus cosas y se dirigió a su oficina, aún tnía una empresa que dirigir y un liderasgo en la mafia rusa que mantener, aunque su vida personal se estuviera desmoronando, y no tenía ni medio año casado
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^^^San Petersburgo^^^
Mientras Xavier lidiaba con la incertidumbre en Moscú, el aire salino de San Petersburgo recibía a Ruth en una de sus bodegas privadas frente al puerto, el sonido de las grúas y el movimiento de contenedores formaban la música que ella prefería escuchar, antes que explicaciones que no estaba pidiendo, estaba allí para supervisar personalmente el nuevo cargamento de los italianos, a Ruth le gustaba el orden, y en su mundo, el ordeen solo se mantenía si la jefa estaba presente, y supervisaba cada cosa, movimiento o cargamento que ella mandaba o recibida
—Mi Señora —una voz profunda y con un marcado acento extranjero resonó a sus espaldas.
Ruth se giró con elegancia, frente a ella estaba un hombre alto, de hombros anchos y ojos marrones tan intensos que parecían querer lerle el alma, era un hombre acostumbrado a mandar, pero Ruth no era una mujer acostumbrada a obedecer, ni mucho menos era sumisa
—Señor Rovere —dijo ella, su voz cortando el aire con la autoridad de una reina, con esa autoridad que ella misma se ganó con el paso de los años siendo la líder de su propia mafia
—Solo Giovanny, por favor —respondió él con una media sonrisa seductora, acortando la distancia entre ambos, aunque a Ruth parecía no darle importancia
—Perfecto, y para ti, solo soy Ruth —replicó ella, sin ceder un centímetro de terreno, sabía que era mejor llevar la fiesta en paz, no a tenidos problemas con ellos, ni con nadie, y no pensaba tenerlos ahora —vamos a mi oficina —diji ella
Caminó delante de él con esa elegancia unica que hacía que los hombres olvidaran cómo respirar, en su presencia, Giovanny la seguía, observando no solo su belleza, sino la forma en que los escoltas, y soldados se tensaban a su paso, el respeto que le tenían era real, casi religioso, y eso le gustaba más, por qué jamás había visto a una mujer tener a tantos hombres a sus pies, sin necesidad de mostrar más de lo necesario, ella no mostraba, con su simple presencia bastaba
Una vez instalados en la oficina, con el aroma del café recién hecho mezclándose con el olor al perfume dulce de Ruth, Giovanny rompió el protocolo profesional, sin importar ganarse una bofetada de la mujer frente a el.
—Me disculparás, pero debo preguntar... —comenzó él, apoyándose en el borde del escritorio, y mirandola fijamente a los ojos
—Habla —cortó Ruth, yendo directo al grano, ella siempre odio los rollos largos
—¿Eres casada? —Ruth lo miró sin mostrar emoción alguna, no había rastro de duda, ni de dolor, ni de arrepentimiento en su expresión, ni mucho menos felicidad, pero si una deteerminación
—Así es, estoy casada con Xavier Orlov —dijo ella sin titubear, sin parpadear
Giovanny asintió lentamente, mientras una chispa de malicia brillaba en sus ojos, Ruth no lo sabía, pero Giovanny y Xavier compartían un pasado lleno de fricciones, no eran enemigos declarados, pero tampoco amigos, eran rivales en varias cosas, desde mujeres hasta negocios, esperando el momento de debilidad del otro para atacar, y Giovanny creía haberlo encontrado ya
—¿Xavier Orlov? —Giovanny sonrió como si guardara un secreto —quién diría que el tendría la suerte de casarse con una mujer tan maravillosa y guapa como tú, espero que sepa tratarte como la diosa que eres, porque una joya así no se encuentra dos veces en la vida y si no, pues ya sabes
El tono de Giovanny era peligrosamente seductor, pero Ruth simplemente lo ignoró, estaba acostumbrada a los hombres que intentaban usar cualquier cosa para llevarla a la cama creyendo que ella era débil por ser mujer
—No estamos aquí para hablar de mi matrimonio, Giovanny —sentenció ella, apoyando las manos sobre el escritorio con un gesto frío —estamos aquí para hacer negocios, si quieres hablar de diosas, busca un templo, que aquí ni la encontrarás, si quieres ganar dinero y mantener nuestra alianza, siéntate y revisemos los números, y las nuevas rutas, que para eso viajaste desde Italia, no viniste hasta aquí solo para apreciarme.
Giovanny asintió, genuinamente impresionado, no solo era exageradamente hermosa, era letalmente eficiente, e inteligente, se sentó frente a ella, reconociendo que, por fin, había encontrado a una mujer que no solo estaba a su altura, sino que probablemente estaba varios pasos por delante de el, y eso le gustaba y excitaba a la vez...