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EL ALFA QUE ME ODIABA

EL ALFA QUE ME ODIABA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mitos y leyendas / Hombre lobo / Omegaverse
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Dyanne Valdez

"Los omegas tienen prohibido acercarse a mí. Esa es mi única regla." Damián es el Alfa más temido de la ciudad. Frío, cruel, y con un odio profundo hacia los omegas. Nadie sabe por qué, pero todos saben que acercarse a él es buscarse la muerte. Yo soy Lola. Una omega invisible, de esas que pasan desapercibidas. Mi olor es neutro, y así me gusta: invisible, viva. Hasta que una noche, un celo inesperado me toma por sorpresa justo cuando él cruza mi camino. Su olor me envuelve. El mío lo enloquece. Y sin quererlo, sin desearlo, contra toda lógica... Quedamos vinculados. Ahora el Alfa que me odia está atado a mí para siempre. Hará todo lo posible por romper este vínculo, pero cada intento lo acerca más a mí. Y cuando otro Alfa intente lastimarme... Su lobo desata el infierno para protegerme. Dicen que el odio y el amor son la misma cara de una moneda. Pero, ¿qué pasa cuando su mente me rechaza, pero su lobo me reclama? ¿Podrá Damián aceptar que soy su compañera? ¿O el vínculo nos destruirá a los dos?

NovelToon tiene autorización de Dyanne Valdez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Grietas en el Hielo

(POV Lola - Una semana después)

Una semana.

Siete días desde que Valeria descubrió que dormía con Damián. Siete días de miradas asesinas, comentarios pasivo-agresivos y una tensión que se podía cortar con cuchillo.

Pero también siete días de algo más.

Algo que no sabía nombrar.

Cada noche, Damián se tumbaba a mi lado. Cada noche, la distancia entre nosotros era un poco menor. No hablábamos de ello. Simplemente... pasaba.

Esa mañana desperté antes que él.

La luz del amanecer se colaba por las cortinas. Damián estaba de espaldas a mí, pero yo... yo estaba casi encima de él.

Mi cabeza apoyada en su hombro. Mi brazo sobre su pecho. Mi pierna enredada con la suya.

Y él, con un brazo rodeando mi cintura, me sujetaba contra su cuerpo sin esfuerzo.

Contuve la respiración.

Esto había pasado otras veces. Pero siempre, siempre, uno de los dos se apartaba en cuanto despertaba.

Hoy no.

Hoy, cuando Damián comenzó a moverse, cuando sus ojos se abrieron lentamente, cuando tomó conciencia de nuestra posición...

No se apartó.

Me miró. Yo lo miré.

Y por primera vez, ninguno de los dos huyó.

—Buenos días —susurré.

—Buenos días —respondió, con voz ronca.

Su brazo, en lugar de soltarme, me atrajo un poco más.

—¿No te vas a apartar? —pregunté.

—No.

—¿Por qué?

—Porque no quiero.

El calor me subió a las mejillas.

—Damián...

—Lola.

—¿Qué?

—Cállate un rato.

Sonreí. Apoyé la cabeza en su hombro. Cerré los ojos.

Y nos quedamos así.

Sin prisa. Sin miedo.

Solo nosotros.

(POV Lola - Más tarde, en la cocina)

Bajé a la cocina a buscar algo de desayunar. Damián se había quedado en la ducha, y yo necesitaba un té.

La cocinera me sonrió como siempre.

—Señorita Lola. ¿Lo de siempre?

—Sí, por favor.

Mientras esperaba, abrí la nevera. Había fruta. Yogures. Cosas ricas.

—¿Qué haces?

La voz de Damián me sobresaltó. Estaba en la puerta de la cocina, con el pelo aún húmedo y una expresión que no supe interpretar.

—Buscando algo de comer.

—Hay servicio para eso.

—Lo sé. Pero me gusta elegir.

Entró y se puso a mi lado. Cerca. Muy cerca.

—¿Y qué eliges? —preguntó, mirando la nevera.

—No lo sé todavía. Tú, ¿qué recomiendas?

—El yogur de fresa.

—No me gusta el yogur de fresa.

—Pues el de coco.

—Tampoco.

—Eres complicada.

—Tú lo has dicho.

Damián sacó un yogur de coco y me lo puso en la mano.

—Prueba este. Es bueno.

—Ya te he dicho que no me gusta el coco.

—Nunca lo has probado.

—Sí lo he probado.

—¿Cuándo?

—No me acuerdo. Pero seguro que sí.

—Eso no vale.

—Vale sí.

—No vale.

La cocinera nos miraba con una sonrisa, sin intervenir.

—Damián —dije, cruzando los brazos—. No voy a comer yogur de coco.

—Sí vas a comerlo.

—No.

—Sí.

—¿Me estás ordenando que coma yogur de coco?

—Si es necesario, sí.

Solté una risa incrédula.

—Eres increíble.

—Lo sé.

—Y terco.

—También.

—Y un tirano.

—Eso ya lo sabías cuando llegaste.

Abrí el yogur. Lo olí. Fruncí la nariz.

—Huele bien —admití.

—Prueba.

Probé.

—Está... bueno —dije, sorprendida.

Damián sonrió.

—Te lo dije.

—No me lo dijiste. Me lo ordenaste.

—Da igual.

—No da igual.

—Sí da igual.

—Eres imposible.

—Y tú, encantadora.

Me quedé helada.

Él también.

La palabra flotó en el aire como una brasa.

—Yo... —empezó.

—No digas nada —lo interrumpí.

—Pero...

—Damián, por favor.

Asintió. Dio un paso atrás.

Y en ese momento, un ruido en la puerta.

Los dos nos giramos.

Nadie.

Pero yo juraría haber visto una sombra alejarse.

(POV Konstantin - La cocina)

Konstantin se alejó de la puerta de la cocina con una sonrisa que no podía ocultar.

Había visto suficiente.

Su hijo, el frío, el impasible, el que nunca cedía ante nadie... discutiendo por un yogur. Con una omega. Y perdiendo.

Porque sí, Damián había perdido esa discusión. No en palabras, pero en todo lo demás.

La forma en que la miraba. La forma en que se acercaba. La forma en que, sin darse cuenta, sonreía.

Mi hijo está enamorado, pensó.

Y por primera vez en años, Konstantin sintió algo parecido a la esperanza.

(POV Damián - Encuentro con Valeria)

Esa tarde, mientras caminaba hacia su despacho, Valeria le salió al paso.

—Damián. Necesito hablar contigo.

—Estoy ocupado.

—Siempre estás ocupado. Pero con ella tienes tiempo.

Se detuvo.

—¿Qué quieres, Valeria?

—Quiero saber qué está pasando. Entre tú y esa omega.

—No es asunto tuyo.

—Claro que es asunto mío. Yo...

—¿Tú qué?

Valeria tragó saliva.

—Yo he estado aquí siempre. Desde niños. Siempre he estado para ti.

—Nunca te lo pedí.

—Pero yo quise. Yo quise estar. Y ahora llega ella, una desconocida, y de repente todo cambia.

Damián la miró fijamente. Frío. Impasible.

—Valeria, escúchame bien. Nunca hubo nada entre nosotros. Nunca lo habrá. Lo que sientes no es amor, es obsesión. Y no voy a alimentarla.

—¡No es obsesión!

—Sí lo es. Y necesitas aceptarlo.

—¿Por ella? ¿Por esa omega de m**rd*?

La mano de Damián se cerró en un puño.

—No la insultes.

—¿La defiendes? ¿Después de todo lo que yo he hecho por ti?

—No has hecho nada por mí. Solo has estado ahí, esperando. Y yo nunca te di esperanzas.

Valeria palideció.

—Eso no es cierto —susurró.

—Sí lo es. Y lo sabes.

El silencio cayó entre ellos.

—Vete, Valeria —dijo Damián con cansancio—. Vuelve con tu madre. Olvídame.

—No puedo.

—Tienes que intentarlo.

Se giró y se alejó.

Valeria se quedó allí, con las lágrimas rodando por sus mejillas.

Y en sus ojos, algo más que tristeza.

Algo peligroso.

(POV Elara - El plan)

—Ya está —dijo Elara, entrando en la biblioteca donde León la esperaba—. He hablado con la cocinera.

—¿Y?

—Mañana en la cena, ella se asegurará de que Lola y Damián tengan que compartir plato. Literalmente.

León arqueó una ceja.

—¿Compartir plato?

—Sí. Un postre especial. Con una sola cuchara. La cocinera dirá que se equivocó y que solo había uno.

—Eso es... retorcido.

—Es genial.

—Y un poco infantil.

—También.

León sonrió.

—Me encanta.

—Lo sé.

—¿Algo más?

—Sí. He convencido a Valeria de que Damián quiere hablar con ella mañana en el jardín.

—¿Y no es verdad?

—No. Pero ella irá, y mientras tanto, Lola y Damián estarán en la cena. Solos. Bueno, con nosotros, pero nosotros fingiremos no ver nada.

León la miró con admiración.

—Eres peligrosa.

—Lo sé.

—Me gusta.

—A mí también me gustas.

Se miraron.

Y por primera vez, no hubo bromas.

Solo ellos.

(POV Lola - El mensaje)

Esa noche, cuando volví a la habitación, mi teléfono vibró.

Un mensaje.

Número desconocido.

Lo abrí.

"Sé que su familia está de visita. Sé que duermes con él. También sé que tu loba sigue dormida. ¿Cuánto crees que tardará en despertar? Y cuando lo haga, ¿crees que él querrá lo que realmente eres? —K"

El mundo se detuvo.

Las manos me temblaron.

—¿Lola?

Damián estaba en la puerta.

—¿Qué pasa?

No pude hablar. Solo le mostré el teléfono.

Lo leyó.

Su rostro no cambió. Pero a través del vínculo, sentí su furia. Fría. Mortal. Controlada.

—Kael —dijo.

—Sí.

—Sabe demasiado.

—¿Cómo?

—No lo sé. Pero va a pagarlo.

—Damián...

—No voy a dejar que te toque.

—Pero...

—Lola. —Se acercó y me sujetó la cara con ambas manos—. No voy a dejar que te toque. ¿Entiendes?

Asentí.

—Voy a descubrir cómo sabe todo esto —dijo—. Y cuando lo haga, Kael va a arrepentirse de haber nacido.

Su voz era un susurro. Pero había algo en ella que helaba la sangre.

No era furia descontrolada.

Era promesa.

Y por primera vez, sentí miedo.

Pero no por mí.

1
Carola Videla 😈🇦🇷
si eso es el problema, lo que siente y no quiere sentir. Pobres omegas tanto odio por ellos , que injusto
tomatito
podra mandar él, pero en la cama manda ella y el obedece 🤣🥰
tomatito
me enamore de la historia y apenas es el caitulo dos😶
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