Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.
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Capitulo 16
Danilo no era un hombre de corazonadas, sino de hechos. Había crecido en una familia donde las paredes tenían oídos y las sombras, ojos. Por eso, cuando notó que el ángulo de la pequeña figura de bronce en su escritorio —un regalo de bodas de Helenina— había variado apenas un par de milímetros, su sangre se congeló.
Sacó un pequeño detector de frecuencias, un dispositivo del tamaño de una pitillera que guardaba en el doble fondo de su maletín. Lo pasó cerca de la estatuilla y un leve zumbido, casi imperceptible para el oído humano, vibró contra la palma de su mano.
*Micrófono de alta sensibilidad.*
Danilo no se movió. No maldijo. Se limitó a dejar el detector a un lado y se sentó, mirando la figura de bronce. Helenina ya no solo sospechaba; lo estaba diseccionando en tiempo real.
En lugar de arrancar el micrófono, Danilo sonrió para sus adentros. Un micrófono es un arma, pero también es una oportunidad para mentir.
***
Mientras tanto, en el ala oeste de la mansión, Helenina contemplaba un viejo retrato al óleo de su padre, Octávio Hawser. El hombre que le había enseñado que el amor es simplemente una transacción mal gestionada.
Sus pensamientos retrocedieron veinte años.
*Flashback: Río de Janeiro, 2004.*
Una joven Helenina, de apenas veintiún años, estaba de pie frente a su padre en esa misma biblioteca. No era la mujer de hielo que el mundo conocía ahora; sus ojos tenían un brillo que la ambición aún no había extinguido. Estaba enamorada de un joven arquitecto, un idealista sin apellido que trabajaba en los barrios bajos.
—¿Crees que él te ama, Helenina? —preguntó Octávio, sin apartar la vista de sus estados financieros—. No te ama a ti. Ama el edificio Hawser. Ama la cuenta bancaria que heredarás.
—Él es diferente, papá. Él quiere construir hogares, no solo monumentos al ego —respondió ella con firmeza.
Octávio soltó una carcajada seca. Una semana después, el joven arquitecto desapareció. No hubo cadáveres, ni sangre. Solo una carta de renuncia y un resguardo bancario por un millón de reales firmado por su padre. El joven había aceptado el dinero a cambio de no volver a verla nunca.
Meses después, Helenina descubrió que estaba embarazada. Cuando se lo confesó a su padre, esperando un mínimo de humanidad, Octávio simplemente llamó a su médico personal.
—Un Hawser no nace de una traición, Helenina —le dijo su padre mientras ella lloraba—. Si quieres ser la reina de este imperio, no puedes tener debilidades colgando de tu pecho. Los herederos se deciden, no se "tienen" por accidente.
Aquella pérdida, impuesta por la frialdad de su padre, quebró algo en el alma de Helenina. Desde ese día, decidió que nunca más sería víctima de una emoción. Si iba a haber un heredero, sería bajo sus condiciones, con un hombre que ella pudiera controlar, y solo cuando sirviera para expandir su poder.
*Fin del Flashback.*
Helenina acarició el marco del cuadro. Por eso el embarazo de Davina —del cual ya tenía sospechas casi confirmadas por Rocha— la enfurecía tanto. No era solo celos; era el hecho de que Danilo y esa "nadie" habían logrado lo que a ella se le negó: una vida que no fuera una transacción.
***
De vuelta en el despacho de la constructora, Danilo puso en marcha su "Caballo de Troya".
Se aseguró de que la puerta estuviera cerrada, pero no bajo llave. Tomó el teléfono fijo —sabiendo que también estaría intervenido— y marcó el número de Giulia , su abogada de confianza.
—Giulia , necesito que prepares los documentos de la propiedad en Paraty —dijo Danilo, bajando el tono de voz lo justo para que el micrófono lo captara con claridad—. Sí, la casa cerca de la Ensenada del Sombrío. Es un lugar perfecto. Nadie pensaría en buscarla allí después de lo de Itacaré.
Hizo una pausa, fingiendo escuchar.
—Exacto. Mañana por la noche haré el traslado. Necesito que el servicio de lancha esté listo a las 22:00. No podemos arriesgarnos a que Helenina mande a sus hombres a Bahía. Si ella cree que Davina sigue en el norte, tenemos ventaja. Paraty es nuestro lugar seguro. Gracias, Giulia .
Colgó el teléfono y se recostó en su silla. Había lanzado el anzuelo. Paraty estaba en dirección opuesta a Itacaré. Si Helenina mordía el anzuelo, movería a sus mejores hombres, incluido a Tulio, hacia la costa de Río, dejando a Davina con una vigilancia mucho más débil en Bahía.
Danilo sabía que estaba jugando con fuego. Si Helenina descubría el engaño, no habría más juegos de palabras. Pero por ahora, necesitaba que su esposa mirase hacia el sur, mientras su corazón seguía latiendo en el norte.
Lo que Danilo ignoraba era que Helenina, escuchando la grabación desde su tableta, no se movió de su silla.
—Paraty... —susurró ella, con una sonrisa gélida—. Qué predecible eres, Danilo. Crees que soy mi padre, pero yo aprendí a jugar mucho mejor que él.
Llamó a Tulio inmediatamente.
—Tulio, Danilo acaba de mencionar una casa en Paraty. Quiero que mandes a tres hombres allí. Que hagan ruido, que parezca que estamos buscando. Pero tú... tú no te muevas de Itacaré. Si Danilo miente, es porque ella sigue allí. No le quites el ojo a la chica de la posada.
El laberinto se hacía cada vez más estrecho...