TEMPORADA 2 DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
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CAPÍTULO 17
Los dos cachorros me miraron con ojos enormes llenos de esperanza.
Y yo… no tuve corazón para decir otra cosa que no fuera verdad.
—Sí… —murmuré avergonzada finalmente.
Los dos cachorros saltaron de alegría.
—¡MAMÁ Y PAPÁ SIEMPRE JUNTOS!
En el pasillo, varios sirvientes sonrieron con ternura hacia los cachorros discretamente.
Y Aethon… simplemente me miró con esos ojos verdes llenos de satisfacción, como si todo hubiera salido exactamente como él quería.
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Cada vez que recordaba ese día, soltaba una pequeña risa avergonzada.
Pero en el fondo de mi mirada siempre había algo más profundo.
Una alegría sincera.
Como si ese momento hubiera sido el inicio de todo lo que vendría después.
Y así… lo fué.
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— DOS AÑOS MAS TARDE —
Seis años habían pasado desde que los pequeños llegaron a nuestras vidas.
Seis años de risas, carreras interminables por los pasillos del palacio… y travesuras que a veces me hacían preguntarme si realmente eran niños o pequeños huracanes con patas.
Esa mañana todo parece tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Y en una casa con dos cachorros… eso nunca era buena señal.
Estaba revisando unos documentos en el salón cuando noté algo extraño.
Silencio.
Un silencio sospechoso.
Fruncí ligeramente el ceño.
Normalmente a esa hora los pasillos estaban llenos de pequeñas pisadas, risas, algún gruñido juguetón o discusiones infantiles por algún juguete.
Pero ahora…
Nada.
—Eso no me gusta… —murmuré para mí misma.
Me levanté lentamente y caminé hacia el pasillo.
Entonces lo vi.
Un pequeño rastro de harina blanca cubría el suelo de mármol, como si alguien hubiese dejado un camino de nieve improvisado que se extendía por el corredor.
Seguí el rastro.
Cada paso revelaba más señales del desastre.
Huellas de harina de pequeñas patas.
Y lo que parecía… chocolate.
—Hay no... Que alguien me diga que no es lo que me imagino... Dije casi susurrando mientras me tallaba la sien.
El rastro terminaba frente a la puerta de la cocina.
Empujé la puerta lentamente.
Y me quedé completamente inmóvil.
La cocina parecía haber sido atacada por una tormenta culinaria.
Harina flotaba en el aire como polvo mágico.
El suelo estaba cubierto de manchas de chocolate y pequeños trozos de fresas y duraznos.
Los recipientes estaban abiertos, algunos volcados, otros rodando por el suelo.
Y en el centro del caos…
Estaban ellos.
Mis dos pequeños cachorros.
Fenrael estaba completamente cubierto de harina, tan blanco que parecía una pequeña bola de nieve viviente.
Naevira tenía la cara llena de chocolate y estaba intentando pegar trozos de fruta en una masa pegajosa que claramente no tenía forma de nada.
Los dos se congelaron cuando me vieron.
Durante unos segundos nadie habló.
Luego Naevira levantó las patas llenas de masa.
—Mamita linda~ —dijo con una sonrisa inocente— estábamos haciendo un pastel.
Parpadeé lentamente.
—¿Pastel?
Fenrael cubierto de harina asintió con entusiasmo.
—¡Como los que hace papá! ¡Hoy es su cumpleaños, queremos hacerle uno nosotros mismos!
Antes de que pudiera responder, una voz conocida habló desde la puerta.
—Veo que decidieron aprender mis secretos culinarios~
Giré la cabeza y vi a Aethon apoyado contra el marco de la puerta, observando la escena con una expresión tranquila… aunque claramente estaba conteniendo la risa.
—Aethon… —dije lentamente— tus hijos destruyeron la cocina.
—Nuestros hijos —corrigió Aethon suavemente.
Entonces Naevira levantó el cuenco con orgullo.
—¡PAPI! ¡Estamos haciendo un pastel por tu cumpleaños!
Aethon conmovido caminó hacia ellos y se agachó a su altura.
Observó la mezcla pegajosa, la harina por todas partes… y luego a los dos pequeños que lo miraban con ojos llenos de expectativa esperando elogios por su esfuerzo.
—Hm… —dijo pensativo.
Luego asintió solemnemente.
—Creo que es el pastel más caótico y... hermoso que me han regalado en toda mi vida.
Los dos cachorros se miraron preocupados e incrédulos.
—¿Está mal, papi? —preguntó Naevira.
Aethon sonrió suavemente.
—No.
Tomó un poco de la masa con su dedo índice y la probó.
Hizo una pausa dramática.
Los dos cachorros contuvieron la respiración.
Entonces su expresión se suavizó.
—Pero creo que aún necesita un poco de chocolate. A tu madre le gustará más así.
A pesar de que el pastel estaba siendo hecho para él, Aethon aún pensaba en los gustos de su esposa.
Los pequeños soltaron un suspiro de alivio.
Yo crucé los brazos, intentando mantener una expresión seria mientras observaba el desastre absoluto que alguna vez fue mi cocina personal.
—Van a limpiar todo esto —dije.
Los dos cachorros bajaron las orejas.
Pero entonces Fenrael señaló mi vestido.
—Mamá…
Miré hacia abajo.
Había una pequeña huella de harina en mi ropa.
Aethon tosió ligeramente para ocultar su risa.
Suspiré.
—Está bien —dije finalmente—. Pero la próxima vez me avisan antes de convertir mi cocina en un campo de batalla.
Los dos cachorros saltaron de alegría.
Y antes de que pudiera reaccionar…
Fenrael salto sobre mi y se acomodo con el cuerpo lleno de harina para darme un besito y luego bajarse.
Me conmovio el gesto de mi hijo, pero ahora yo también estaba cubierta de harina.
Aethon finalmente soltó una risa fuerte.
—Ahora sí pareces parte del experimento.
Lo miré con falsa indignación.
—Esto es tu culpa.
Él levantó las manos con calma.
—Yo solo inspiro a la próxima generación de reposteros~
Los cachorros comenzaron a reír.
Y mientras los miraba jugar entre harina, chocolate y frutas…
No pude evitar sonreír.
Porque, aunque el caos fuera absoluto…
Era el tipo de caos que hacía que nuestro hogar se sintiera vivo.
Pero el sentimiento de alegría fue interrumpido repentinamente.
Aethon, al percibir el fuerte olor de la miel que se había derramado en el suelo por el descuido al jugar de Naevira, frunció el ceño de repente.
Su expresión cambió.
Llevó una mano a su boca mostrando claros signos de asco, como si estuviera a punto de vomitar.
Me preocupé de inmediato y me acerqué a él.
—¿Estás bien? —pregunté con inquietud y preocupación.
En mi mente pensé que quizá se había sentido mal por haber probado el extraño intento de pastel que habían hecho los niños.
Los pequeños también lo notaron.
De inmediato dejaron de jugar.
Sus pequeñas orejas y colitas bajaron con preocupación.
Se acercaron lentamente.
—¿Papi… fué nuestro pastel? —preguntó Naevira con culpa en la voz.
—¿Te cayó mal, papá? —añadió Fenrael, mirándolo con ojos llenos de angustia.
Pero entonces…
Sin previo aviso…
Aethon me levantó en sus brazos.
Su rostro estaba completamente transformado.
Una sonrisa enorme iluminaba su cara.
Sus ojos verdes brillaban intensamente… y lágrimas de felicidad se acumulaban en ellos.
Entonces gritó con una emoción imposible de contener:
—¡Aelina Moonveil,...